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Asociado al gabinete del Doctor Caligari
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28 feb 16 Vía de la Plata Mérida – Zamora: Mérida – Cáceres (28/III/2015)

Esta entrada es la parte 2 de 7 de la serie Camino de Santiago 2015

El Sábado de Pasión empezamos nuestro rodar. Seis jornadas que comenzaban, como no podía ser menos, con un buen desayuno. Para ser el primer día, y pese a que teníamos por delante la segunda etapa en longitud de todo nuestro viaje, no empezamos especialmente temprano. Desayunamos prácticamente solos en el restaurante del hotel, y empezamos nuestra marcha al filo de las 9:00h.

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Pese a que no era demasiado temprano, incluso para un sábado, no había prácticamente nadie en la calle. Mérida aún dormía. Ascendimos por la calle Suárez Somonte hasta las cercanías del Teatro y el Anfiteatro Romanos. No fue posible obtener ninguna buena foto, pero sí pudimos, al menos, tomar una frente al Museo Nacional de Arte Romano, cuya visita recomiendo encarecidamente. A continuación nos dispusimos a cruzar el río Albarregas, para lo cual bajmos hasta la estación de tren, pasamos junto a la basílica de Santa Eulalia, y pasamos junto al espectacular Acueducto de los Milagros, donde pudimos inmortalizar nuestro viaje en la que, a la postre, sería una de las mejores imágenes del viaje:

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Cruzamos el río Albarregas sobre el puente romano -el segundo de nuestro viaje, y de muchos que habríamos de cruzar-, y nos encaminamos hacia el embalse -romano, cómo no- de Proserpina. Tomamos en ligero ascenso, bien acompañados de flechas amarillas, la carretera del Lago, en la que se ha construido un carril bici que lleva al ciclista hasta el mismísimo embalse. Algo de agradecer, desde luego.

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El ascenso se fue haciendo un suave ascenso, que nos llevaría desde los 208 m. al cruzar el Albarregas hasta casi 300 m. de altitud, para luego volver a bajar al llegar al embalse. La mañana estaba algo fresca, y pelín ventosa, pero despejada y agradable para rodar.

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Llegamos al embalse al filo de las diez menos cuarto. Tras las obligadas fotos de rigor, y tomarnos un rato para contemplar la maravillosa obra de ingeniería, seguimos avanzando, siempre hacia el norte. Nos encontramos con numerosos ciclistas, paseantes, y también un continuo goteo de peregrinos, nunca demasiados, pero nunca ausentes.

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Bordeamos durante un rato el embalse, antes de tomar una vieja carretera llena de baches durante unos cuantos kilómetros. Una de esas carreteras por las que parece que, más que pasar los años, pasan las centurias. Tres kilómetros después de dejar atrás el embalse, tomamos una pista que nos introdujo directamente en la dehesa extremeña, camino del pequeño pueblo de EL Carrascalejo.

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El camino era ancho, agradable y cómodo, si bien en un pequeño y suave ascenso, que marcaría su máximo (307 m.) poco antes de llegar a El Carrascalejo. Un camino cómodo y sin demasiados sobresaltos.

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Dejamos atrás El Carrascalejo y su sólida iglesia de estilo tardomedieval -apenas hay mucho más para ver en el pueblo-, camino de la que sería la primera pausa de nuestra jornada: Aljucén. Esta población se encuentra en una vaguada cercana al río del mismo nombre, y llegamos a ella en una suave bajada tras un pequeño alto en el que pudimos encontrar una de las cruces de Santiago hechas en forja que decoran esta parte del Camino:

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En el mismo Aljucén encontraríamos otra de estas cruces, colocada en un miliario romano que se alza en un parque junto a la iglesia local. Eran las once menos veinte, y llevábamos ya 16 kilómetros de etapa. Apenas una pequeña porción de lo que teníamos por delante. Hicimos una pausa para tomar un café, y pegamos algo la hebra al camarero del bar. Nos comentó la posibilidad de visitar un cercano dolmen ibérico, pero ello hubiera añadido unos 28 kilómetros más a nuestra etapa, ya larga de por sí, así que optamos por descartarlo.

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Por delante teníamos dos alternativas: seguir rodando por la N-630, o continuar por el Camino. Creo que no es necesario decir quién optaba por cada una de las alternativas. Tras un pequeño debate, optamos por seguir el plan previsto: el Camino. Sin embargo, algo más adelante, y de acuerdo a nuestra guía, había dos variantes en el Camino. A este respecto, la Junta de Extremadura hizo hace algunos años un trabajo interesante: delimitó la Vía de la Plata con una serie de cubos de granito, a los que hay adheridos unos azulejos. En color verde indican el trazado original de la Vía de la Plata. En amarillo indican alguna alternativa transitable en caso de que el trazado original esté perdido o sea de difícil acceso, y bicolor en caso de que ambos trazados coincidan. En este caso concreto, la Vía presentaba algún problema de tránsito por la finca de un particular.

Salimos de Aljucén y tomamos por un corto período de tiempo la N-630, hasta cruzar sobre el río Aljucén, justo tras lo cual abandonamos la carretera y tomamos, a nuestra derecha, una pista que iba paralela al río. Algo menos de 2 kilómetros después, llegamos hasta los restos del puente romano sobre el río, atribuido al emperador Trajano, y del que tan sólo se conservan los cimientos:

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…y, en efecto, encontramos el punto de la polémica. Se podía apreciar cómo los cubos marcaban diferentes trazados, así como las flechas amarillas del Camino. Optamos por descartar el camino presuntamente problemático (pero fiel al original), y continuamos por el trazado alternativo.

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Continuamos, por tanto, por el camino señalizado en amarillo, camino del Cruce de las Herrerías, cercano a Alcuéscar. Unos 13 kilómetros hasta el Cruce, en lo que iba a convertirse en la segunda de las dos mayores subidas del día, en la que pasaríamos de los 261 m. hasta los 492. El paisaje continuaba siendo una dehesa extremeña, plagada de encinas ocasionalmente de monte bajo, en lo que constituía parte del Parque Natural de Cornalvo y Sierra Bermeja. El camino, pese a todo, no era malo, pese a que en algún momento fuera necesario vadear algún arroyo, que se cobró su peaje en forma de pies mojados. Cosas de calcular mal la profundidad y la consistencia del fondo.

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Afrontamos la subida, que en ocasiones se hacía ciertamente pesada, sobre todo con alforjas, con la obligada paciencia. No se trataba de reventar, sabiendo que aún teníamos por delante más de la mitad de la jornada, y especialmente, las dos principales cotas del día. El clima, por lo demás, ayudaba: un viejto fresco, que no molestaba demasiado, y una temperatura agradable, que invitaba a quitarse capas de ropa. Algo que, a la larga, se revelaría como un error.

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La subida al Cruce de las Herrerías acabaría atragantándosenos un poco. Por el camino encontramos a unos cuantos peregrinos más, especialmente centroeuropeos. Nos llamaba la atención verlos ya coloraditos por el sol, pese a que -pensábamos- no estaba picando tanto. Qué poco aguante tienen estos extranjeros, bromeamos.

Coronamos el puerto a las 12:46h. Allí teníamos dos alternativas: dirigirnos hacia Alcuéscar, y desde allí ir a Casas de Don Antonio por el trazado de la Vía, o bien desviarnos hasta el Cruce y tomar la N-630. En este caso, y tras la exigente subida, optamos por esta segunda opción. Rodamos rápidamente por la Nacional, para llegar, en suave bajada, tras 7 kilómetros hasta Casas. Hicimos una pequeña pausa en un decrépito bar de carretera para tomar unos Acuarius. La idea era parar allí a comer, pero el sitio no invitaba especialmente a ello.

Seguimos otros 6 kilómetros por carretera hasta Aldea del Cano. Poco antes de llegar encontramos el Puente de Santiago, medieval…

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…y una reproducción de un miliario romano, en concreto del miliario XXV. Entre miliarios originales y reconstrucciones llevábamos ya unos cuantos en el cuerpo.

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Seguimos nuestra ruta, para llegar poco después a Aldea del Cano, donde sí encontramos un sitio más acogedor para parar a comer. Nada del otro mundo, en cualquier caso. Un par de bocadillos y a seguir. Pero disfrutamos la pausa. No en balde llevábamos ya 50 kilómetros de etapa y 5 horas largas de recorrido. Viendo que la jornada iba a ser larga, y la llegada a Cáceres tardía, optamos por buscar algún albergue por Internet en Cáceres. Encontamos y reservamos en el Albergue Las Veletas, cercano a la Plaza Mayor. Un problema menos en mente.

Reanudamos la marcha a las 15:00h. Dado que en el tramo de Nacional habíamos recuperado un buen tiempo, optamos por abandonar -pese a las protestas de mi padre- la carretera para seguir un rato más por el trazado de la vía, pese a que con ello nos íbamos a perder una pequeña atracción de la carretera: el paso junto al castillo del Garabato.

Cruzamos sobre la autovía A-66 para internarnos, de nuevo, en la más pura dehesa extreñema. Tras un tramo de pequeñas subidas y bajadas llegamos hasta el aeródromo de La Cervera, que se encontraba poco menos que abandonado. Parecía más un escenario de una película que un verdadero aeródromo. Cruzamos -no quedaba más remedio- por mitad de la pista. De todas maneras, parecía poco probable que un avión fuera a aterrizar en ese preciso momento. Obvio es decir que no fue así.

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Poco después llegamos hasta un curioso pozo con el mal nombre de La Reventada, y seguimos, siempre al norte, en constantes subidas y bajadas, hacia el río Salor y el puente romano de La Mocha, que permite cruzarlo.

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Una vez pasado el puente, llegamos a la cercana población de Valdesalor. Hicimos una nueva parada, la última ya, antes de Cáceres. No era para menos. Teníamos por delante el mayor desafío del día. El puerto de Las Camellas. Aunque en altitud era inferior al Cruce de las Herrerías (477 m. frente a 492), tenía la desventaja de ser más corto, y de llevar nosotros más kilómetros en las piernas. En esta ocasión tocaría subirlo por asfalto.

Dejamos atrás Valdesalor y tomamos de nuevo la N-630, que ya no abandonaríamos hasta coronar el puerto, junto a la base militar de Santa Ana. El viento, que nos había acompañado durante todo el día se dejaba notar con gran fuerza en el puerto. Pero después de lo que llevábamos encima, no quedaba sino apretar lo dientes, y seguir avanzando. Tras coronar el puerto abandonamos la carretera y, por un descampado bastante desolado, junto a la cerca de la base, emprendimos la bajada hacia la cercana Cáceres. Entramos por un polígono industrial sin nada que destacar para, poco después, llegar a una versión más amable de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, al llegar a la plaza del puente de San Francisco. Desde allí bordeamos la muralla por la calle de San Roque, y entramos en el casco antiguo por la Puerta del Concejo.

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Deambulamos un poco por el casco de Cáceres, para llegar a la Concatedral, donde sellamos las credenciales, y posteriormente a la Plaza Mayor, pasando por el Arco de la Estrella, y pasando junto a la Torre Bujaco. La primera jornada había terminado.

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Pero no así el primer día. Nos dirigimos al albergue de Las Veletas, una bonita casa antigua convertida en casa de huéspedes. Allí compartimos habitación con un peregrino a caballo. Nos duchamos, preparamos bicis y arreos para el día siguiente y… ¡vimos que estábamos quemados como cangrejos! Tanta brisa y tan poca sombra, y nos habíamos quemado como vulgares guiris sin darnos cuenta.

Empleamos el resto de la tarde en buscar una farmacia donde comprar crema para después del sol y protector solar, mi padre escuchó misa en las cercanías de la Plaza Mayor, mientras yo leía, en una terraza en la Plaza, tomando un vermú. Luego cenamos en otra terraza, con una excelente vista de la torre de los Galarza, y nos recogimos temprano.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 76,9 km
  • Distancia (según el GPS): 74,4 km.
  • Tiempo de etapa: 6h 0m 9s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 8h 34m 19s
  • Velocidad media: 12’4 km/h
  • Velocidad máxima: 36’4 km/h
  • Pulsaciones medias: 129 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 163 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 2607 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: S/D kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: S/D kcal
  • Índice IBP de dificultad: 59 BYC

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20 feb 16 Vía de la Plata Mérida-Zamora: Prólogo (27/III/2015)

Esta entrada es la parte 1 de 7 de la serie Camino de Santiago 2015

En la Semana Santa de 2015, fieles a una tradición que en 2015 cumplía 10 años, mi padre y yo nos volvimos a poner en marcha para completar una aventura jacobea. En este caso, se trataba de culminar el Camino Mozárabe entre Córdoba y Santiago de Compostela, del que ya habíamos hecho dos tramos:

  • Vía de la Plaza entre Zamora y Santiago de Compostela. Realizado en 2010, acompañados por Pablo, y Ana con el coche escoba.
  • Camino Mozárabe entre Córdoba y Mérida. Realizado en 2013.

Se trataba, en este caso, de culminar el tramo intermedio, entre Mérida y Zamora. 358 kilómetros a realizar en 6 jornadas, alternando asfalto, pista, senderos y -gracias, gracias, gracias- antiguas vías romanas que cruzan la Península de Sur a Norte, con 2000 años de historia a sus espaldas.

La fecha escogida, como en otras ocasiones, fue la Semana Santa, al disponer de una serie de días de vacaciones que facilitaban enormenente estas tareas logísticas. A fin de poder aprovechar la Semana Santa de manera íntegra, decidimos realizar entre el Sábado de Pasión y el Jueves Santo, y poder tener algunos días para otros menesteres: mi padre -el auténtico héroe- salir el Viernes en procesión con la Hermandad de Los Dolores, y yo pasar unos días de vacaciones en Galicia con Ana.

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En esta ocasión, y para evitar dolores de cabeza, decidimos salir juntos desde Sevilla el mismo Viernes de Dolores. Tras finalizar mi jornada laboral, me dirigí a Santiponce, cerré la casa, y con la bicicleta ya preparada, me dirigí a la estación de autobuses de Plaza de Armas.

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Mi padre, por su parte, tomó el regional entre Córdoba y Sevilla, para llegar a la estación de tren de Santa Justa. Desde allí cruzó Sevilla hasta llegar a Plaza de Armas, donde nos encontramos. El día era caluroso y seco. Qué diferencia con la Semana Santa de 2013. No había color.

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En Plaza de Armas empaquetamos las bicis y nos dispusimos a esperar el autobús. Era un día de mucho trasiego de viajeros, y se notaba. Comienzo de vacaciones para muchos, y de aventuras para unos cuantos, entre los que nos encontrábamos. Las aventuras, en realidad, empezaron pronto. El autobús venía con retraso, a resultas de lo cual no llegamos hasta Mérida hasta el filo de las once de la noche. Al menos no tuvimos que preocuparnos de buscar restaurante para cenar, ya que lo hicimos en una de las paradas del autobús. Y, al llegar tan tarde, pudimos captar alguna bonita fotografía del Puente Lusitania, desde el Puente Romano de Mérida. Que hubiera sido el interesante de fotografiar, pero no se puede tener todo…

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La noche en Mérida la pasamos en el Hotel Nova Roma, que ya conocía de haber visitado Mérida con Ana unos años antes. Céntrico y con un precio razonable, nos permitía hacer una salida temprana desde una ubicación inigualable en nuestra primera jornada.

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12 abr 15 Vía de la Plata, marzo-abril de 2015

Esta Semana Santa he estado rodando con mi padre entre Mérida y Zamora. Hemos hecho la Vía de la Plata, siguiendo -en líneas generales- el trazado de la antigua vía romana:

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Vía romana, con la Sierra de Béjar al fondo

Unos días espectaculares, que espero poder contar próximamente.

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14 abr 11 Vía de la Plata. Etapa 7: Estación de Lalín – Santiago de Compostela

Esta entrada es la parte 8 de 8 de la serie Camino de Santiago 2010

El 6 de agosto iniciamos la séptima y última etapa de la Vía de la Plata. La iniciamos a las 8:45h en las cercanías de la estación de tren de Lalín, donde se suponía que tendríamos que haber terminado la jornada anterior, en la que, por diversos avatares, acabamos atravesando una sierra, y a unos 20 kilómetros de distancia de nuestro objetivo. Ana nos dejó con el coche, y partió en dirección Santiago. Nosotros, por nuestra parte, de nuevo los tres después de desventuras varias, nos dispusimos a afrontar los últimos kilómetros que nos quedaban para culminar nuestro viaje.

Empezamos, por variar, con un suave descenso a través de genuino bosque gallego: corredoiras entre tupida vegetación, alternadas con claros sometidos al imperio del agro. Pasamos por diversas aldeas, en las que alternamos el camino forestal con la carretera comarcal: Bouza, Donsión, Laxe… En este último pueblo volvimos a tomar nuestra vieja amiga, la N-525, si bien la abandonamos poco después para seguir un viejo trazado de la carretera, y volver a salir a ella algo más adelante. Estas entradas y salidas empezaron a molestar a mi padre, y durante un rato, nos ceñimos al trazado de la N-525. Cuando ascendíamos por la N-525, nos empezó a anirmarnos el guardián de la iglesia parroquial de Santiago de Taboada, quien se ofreció, amablemente, a enseñarnos la iglesia. Bien bonita, nos detuvimos gustosos a visitarla, y a realizar el correspondiente donativo. Eran las 9:30h de la mañana.

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A la salida de la iglesia abandonamos de nuevo la carretera, para internarnos en un pequeño tramo de bosque antes de alcanzar el pueblo de Silleda. En este tramo el Camino era una auténtica calzada de piedra, que recorrimos en subida, primero, y en peligrosa bajada, por piedras mojadas y llenas de barro, después. De hecho, tan peligrosa era que Pablo sufrió una caída que, aparte de dañarle la rodilla, tuvo una consecuencia inadvertida en ese momento, que marcaría el resto de la etapa.

Atravesamos Silleda, nos detuvimos a sellar las creenciales y seguimos hasta el pueblo de Bandeira, siete kilómetros después, por nuestra querida nacional. A partir de Bandeira tomamos una comarcal que, en fuerte descenso, nos llevó por las aldeas de Piñeiro y Dornela. Seguimos descendiendo, con alguna breve aunque dura subida, por comarcales prácticamente paralelas a la nacional hasta que, cerca de As Carballas, abandonamos la carretera y nos metimos en el bosque.

La presencia otros de peregrinos, que había sido una constante a lo largo de todo el recorrido, se hizo mucho más acusada a partir de este punto. Fue de destacar un grupo de niñas de un colegio de monjas, que bajaban por la corredoira en una auténtica marabunta humana. La primera muestra del grupo la tuvimos, curiosamente, circulando en contra nuestra: una de las chicas había sufrido una lesión y tenía que retirarse. Volvía entre lágrimas, medio de dolor, medio de tristeza, acompañada por sus amigas y por una de las monjas.

Una vez superado el grupo, seguimos en fuerte descenso hasta el valle del río Ulla. Llegamos a las obras del AVE, que han alterado el trazado normal del Camino, y que nos obligaron a descender por un cortado de la montaña.

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Una vez en el valle, nos dirigimos al puente que da nombre a la primera población de La Coruña que pisamos siguiendo el Camino: Puente Ulla. Eran las 11:45h, y habíamos alcanzado el punto más bajo de toda la etapa: 63 m. sobre el nivel del mar. Habíamos descendido desde los 563 m, y tendríamos que volver a subir hasta los 261. Lo bueno era que ya habíamos recorrido 3/5 partes de la etapa: llevábamos 30 kilómetros.

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Descansamos un rato a la salida de Puente Ulla, parada que aprovechamos para decidir qué camino seguíamos hasta Santiago. Las alternativas eran ceñirnos al trazado del Camino, que zigzagueaba en torno a la nacional, o bien seguir la nacional, que al fin y al cabo, quizás fuera el trazado más fiel al Camino original. En principio se impuso el criterio de seguir el camino, dado que la cercanía de Santiago hacía la nacional bastante peligrosa.

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Curiosamente decidimos salir de Puente Ulla por la nacional, lo que constituyó, como vimos poco después, un error, ya que la carretera era, por una vez, la que daba rodeos en torno al camino. Seguimos ascendiendo por la nacional, pasando por las parroquias de Ribadulla, Francés y Picón, todas ellas pertenecientes al municio de Vedra. En esta última nos vimos obligados a detenernos en la oficina de turismo (donde aprovechamos para sellar las credenciales), porque vimos que la rueda trasera de Pablo oscilaba peligrosamente, como si tuviera algún radio partido. Al observarla detenidamente, nos dimos cuenta del problema: la cubierta se encontraba cortada a lo largo de la llanta, con un corte de unos 8 cm. Entonces caímos en la cuenta: en la caída que Pablo había sufrido en las cercanías de Silleda una de las piedras había dañado la cubierta, que poco a poco se había ido rajando, sin que lo percibiéramos. Ante el peligro de que al rodar por el Camino la cubierta se acabara rajando del todo, no nos quedó más remedio que tener que realizar los últimos kilómetros de la etapa por carretera.

El resto de la etapa no tuvo grandes novedades. Seguimos ascendiendo un poco más hasta salir del valle del Ulla, para iniciar un descenso casi ininterrumpido de 8 kms. hasta Piñeiro, donde encontramos algo que no podía faltar: una última subida antes de llegar a Santiago. Y a esas alturas de la jornada -rondaban las 13:45h- no se hizo precisamente fácil.

Y así, entramos en Santiago justo a las 14:00h, por la Rúa del Hórreo, que nos llevó desde la estación de Renfe hasta la Catedral en ascenso -cómo no- junto al Parlamento de Galicia y la plaza homónima. Llegamos a la Plaza del Obradoiro a las 14:22h., tras 51’2 kms. de etapa. Habíamos terminado, una vez más, el Camino de Santiago.

Una vez terminado el Camino, nos tocó cumplir -cosas de España- con la burocracia. Siendo Año Santo, las colas para obtener la Compostela eran casi tan largas como el propio Camino. En nuestro caso, no conseguimos hacernos con ella -en mi caso concreto, con la carta de saludo- hasta las 16:00h. Momento en el que nos hicimos la última foto del Camino:

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Ya reunidos con Ana, buscamos algún sitio en el que comer. Dado lo tardío de la hora, y lo atestado de la ciudad, optamos por una comida internacional: compamos unos kebabs y nos fuimos a comerlos a la cercana Carballeira de Santa Susana, donde disfrutamos del frescor de la arboleda en una agradable tarde de verano. Acabada la comida, recogimos las bicis, las montamos en el coche, y nos dirigimos a nuestro hotel, emplazado a las afueras de Compostela. Esa tarde nos tomamos un merecido descanso en forma de siesta. Caída la noche, nos dirigimos de nuevo a Santiago, donde cenamos de tapas en una terraza del casco viejo, y dimos un agradable paseo por la ciudad. Aún quedaba hacer la visita al Apóstol, pero eso tendría que quedar -cosas de las aglomeraciones- para la siguiente jornada.

El recorrido de la etapa, en Google Maps, es el siguiente:


Ver Vía de la Plata. Etapa 7: Estación de Lalín – Santiago de Compostela (06/08/2010) en un mapa más grande

Los datos de la etapa, por su parte, son los siguientes:

  • Distancia (según la guía): 55’7 km.
  • Distancia (según el velocímetro): 49’378 km.
  • Distancia (según el GPS): 51’2 km
  • Tiempo de etapa: 3h 48m 38s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 5h 3m 1s
  • Pulsaciones medias: 100 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 149
  • Consumo medio de calorías: 630 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1120 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 22m 5s
  • Consumo total de calorías: 3205 kcal
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03 feb 11 Vía de la Plata. Etapa 6: Orense – Rodeiro

Esta entrada es la parte 7 de 8 de la serie Camino de Santiago 2010

La sexta etapa del Camino arracó a las 7:35h desde el hotel en el que nos estábamos hospedando, a la entrada de Orense, justo en el trazado de la Vía de la Plata. Como mi padre aún se encontraba bastante débil por su enfermedad, optó por no recorrer la etapa, con lo que fuimos Pablo y yo los que la afrontamos en solitario. La mañana se presentaba fría, con unos 13.5ºC de temperatura, pero no tanto como en días anteriores. Descendimos desde Cumial hasta Orense atravesando Seixalvo. Este tramo de la Vía transcurre por el antiguo trazado de la N-525 (ahora desviada por una variante), salvo algunos tramos en que la abandona para atravesar las aldeas de la entrada de Orense.

Entramos en Orense un poco antes de las 8:00h. Paramos en una cafetería de la entrada de la ciudad a tomar algo de desayunar, y unos minutos después emprendíamos nuestra marcha. Siguiendo las indicaciones del Camino, atravesamos la ciudad, pasando por la Plaza Mayor y el casco histórico. Y cuando aún no habíamos llegado al Puente Romano, afrontamos el primer contratiempo del día: Pablo rompió el tensor metálico de uno de los brazos del freno V-brake de su rueda trasera. Aún fantaban al menos dos horas para que abriera cualquier tienda de bicicletas, y no teníamos manera alguna de repararlo. Por ello, no nos quedó más remedio que romper el otro tensor, ya que habíamos observado que al quedar sólo uno de ellos hacían que el freno se desplazara completamente, tocando con la rueda. De esta manera, al menos, el freno no se quedaba completamente bloqueado, aunque es cierto que bailaba un poco.

Una vez realizada la ñapa del día, continuamos hasta llegar al Puente Romano de Orense, donde nos echamos unas fotos.

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Subimos el puente, y poco después llegamos a la bifucarcación de caminos. Hay dos posibles trazados a seguir para salir por la Vía de la Plata desde Orense. El primero de ellos discurre por Amoeiro y Cima da Costa, y es el más fiel al trazado de la antigua vía romana. El segundo, por Tamallancos, sigue por el antiguo Camino Real, volviendo a encontrarse con el primer camino en Casasnovas. Optamos por tomar la primera opción, así que, una vez llegados a la bifurcación, tomamos el camino de la izquierda, pasando frente a la estación de ferrocarril, camino al pueblo de Canedo, siguiendo el viejo trazado de la N-120 durante un rato, para girar posteriormente a la derecha en un polígono industrial. Atravesamos las obras del AVE, y así, tras pasar por un túnel bajo el viejo ferrocarril, afrontamos la primera pared del día: la infernal costiña de Canedo.

Una de las cosas que he aprendido es que hay que desconfiar cuando los gallegos se refieren a algo con un diminutivo. La costiña de Canedo permite salir del valle del Miño, salvando un desnivel de 275m (desde los 125 hasta los 400) es un trayecto de menos de 2 kms., lo que supone una pendiente media del 14%. Y era la primera vez que veía una carretera con bolardos de hormigón. La subida fue dura, durísima, hasta llegar a la aldea con el apropiado nombre de Cima da Costa. Conseguí afrontarla del tirón, con la sola excepción de un instante que paré para apoyarme en un muro, antes de seguir dando pedales.

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Al menos al final de la subida teníamos dos buenas noticias esperándonos. La primera era que había una fuente donde saciar nuestra sed. La segunda, como rezaba una inscripción en piedra, era que ya sólo nos quedaban 99 kms. hasta Santiago. La contrapartida es que la fuente estaba llena de los mosquitos más molestos que imaginarse pueda, por lo que tuvimos que abandonar rápidamente el lugar.

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Continuamos el camino con un perfil mucho más asequible: prácticamente plano, con sólo subidas y bajadas suaves. Seguimos un rato por una carretera rural, pasando por Liñares y, poco antes de llegar a Alfonsín, continuamos por un camino que poco a poco se iba internando en el clásico bosque gallego en galería, que tan en falta había echado en las jornadas anteriores.

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El camino se podia seguir en este tramo muy fácilmente, ya que era ancho y se encontraba bien cuidado, aunque en algunos momentos anunciaba, por su perfil quebrado y algo sinuoso lo que más adelante nos íbamos a encontrar. Y así, a las 10:00h llegamos a la pequeña población de Ponte Mandrás, cuyo nombre viene dado por el puente medieval que cruza sobre el río Barbantiño.

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Cruzamos el río y atravesamos Mandrás. Dejamos la carretera rural para tomar de nuevo un camino que nos condujo de manera bastante cómoda por las poblaciones de Pulledo y Pereda, antes de llegar a Casasnovas, al pie de la N-525. Con un suave ascenso, marcado por ocasionales rampas, llegamos a Cea, la primera gran parada del día. Habíamos recorrido aproximadamente dos tercios del camino hasta el Monasterio de Oseira. En Cea, pueblo famoso en toda Galicia por la calidad de su pan, aprovechamos para sellar la credencial en el Ayuntamiento, tomar un tentempié a base de horrorosas barritas de cereales (la mía, incomible, acabó en una papelera) y de unos razonables plátanos, y descansar un rato.

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A partir de Cea, el perfil de la etapa se hizo más duro. Salimos del pueblo por un camino que pasaba junto al campo de fútbol de la localidad, y nos internamos poco a poco en el bosque. Pasaban de las 11:15h cuando abandonamos Cea, y el calor se iba dejando notar. El camino, a diferencia del que habíamos venido trayendo, se hizo más complicado, con abundantes tramos de piedra, suelta en ocasiones, que nos hacían avanzar con más dificultad. Cerca de la aldea de Mosteirón salimos a una pista asfaltada, que nos condujo poco a poco hasta un puerto de montaña. Cerca de unas casas que se encontraban antes de subir el puerto nos encontramos con la típica abuela rural gallega: robusta, con botas de campo, traje de faena y un pañuelo en la cabeza. Nos dio ánimos para la subida y nos deseó un buen camino. Se agradecieron sus palabras, porque la subida, por mitad de un cerro pelado y con abundante calor se hicieron de agradecer.

Salvado el alto, seguimos por un suave descenso de unos 3 kms. hasta llegar a Oseira, pueblo formado en torno al famoso Monasterio, donde llegamos recién pasado el mediodía. Habíamos completado los 32 kms. de la etapa más corta que teníamos previsto realizar. Llamamos por teléfono a mi padre y a Ana, que venían de camino. Habíamos estado comentando qué hacer en caso de terminar demasiado pronto esta etapa: bien volver a Orense, y realizar dos etapas más hasta Santiago, o continuar avanzando hasta Lalín, para recortar una etapa y llegar con algo más de margen a Santiago. Si decidíamos continuar, teníamos 24 kms. de etapa aún por realizar, vía Castro Dozón. Nada que no hubiéramos hecho otros días.

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Mientras esperábamos, sellamos las credenciales en el Monasterio, y aprovechamos para interrogar al chaval que actuaba como encargado sobre el resto de la etapa hasta Lalín. Si estábamos dispuestos a seguir, nos recomendó evitar el trazado del Camino. Él, decía, lo había efectuado tres días antes y se encontraba bastante embarrado por unas recientes lluvias, y muy complicado. Nos recomendó salir de Oseira por la carretera que comunicaba con Rodeiro, y seguir desde allí hasta Lalín. Maldita fue la hora en la que le hicimos caso.

Ana y mi padre llegaron pasadas las 13:00h. Como ya era tarde para hacer la visita al monasterio, tomamos la decisión de ir a Rodeiro. Según el guía, no tendríamos más de 10 kilómetros hasta allí. Salimos de Oseira por carretera a las 13:30h, mientras Ana y mi padre se adelantaban para buscar dónde comer. Y pronto la cosa empezó a torcerse. La subida por carretera se hacía cada vez más dura, sazonada con un fuerte calor, que nos hacía sudar la gota gorda sobre la bici. Al pasar por la aldea de Aspera le preguntamos a un lugareño la distancia hasta Rodeiro. Su respuesta nos dejó helados: unos 18 kms., subiendo por los cerros. Aquello tenía mala pinta.

En efecto, estábamos subiendo por una carretera de montaña que, por lo que pudimos ver, no hacía sino alejarnos de nuestro recorrido previsto. Al cabo de unos kilómetros nos incorporamos a otra carretera que subía aún más en la montaña. Pasamos junto a las aldeas de Cabana y Povadura, y seguimos ascendiendo a lo alto de un monte coronado de repetidores y de un parque eólico. Al llegar a la cima me percaté de que no sólo estábamos dando un rodeo de unas decenas de kilómetros, sino que el guía nos había hecho subir al monte más alto de los alrededores, con el sugerente nombre de Monte Faro, en la Sierra de Faro. Como es de imaginar, estaba que se me llevaban los demonios.

Llegamos a la cima del monte a las 14:10h. La suerte es que a partir de ahí todo era descenso, que hicimos rápidamente. Poco después de pasar Couso, y en una curva bastante cerrada a izquierdas, nos encontramos con una nueva dificultad, esta vez en forma de rebaño de vacas. Ocupaban toda la carretera, y por lo que pudimos ver, no tenían la menor intención de apartarse de ella. El vaquero que las guiaba nos miraba divertido, y con poca intención -más bien ninguna- de actuar para que pudiéramos pasar. Así que le echamos valor y muy lentamente pasamos junto a aquellas enormes vacas, que nos miraban fijamente. Si una vaca no se aparta a tu paso, malo. Y peor aún si alguna lleva -como era el caso- un ternerillo.

Salvado el trance de las vacas, seguimos nuestro descenso hasta llegar a Rodeiro, pueblo de Pontevedra en el que entramos pasadas las 14:45h. 18 kilómetros de carretera de montaña nos habíamos metido entre pecho y espalda, en una hora y veinte minutos. Y lo que es peor, nos habíamos alejado de nuestro destino, ya que aún nos quedaban 16 kms. hasta Lalín. Estábamos dando un rodeo de 10 kms. por la Sierra. Valiente consejo habíamos ido a seguir. Así que, visto lo visto, y lo tarde que era ya, decidimos dar por concluida la etapa en Rodeiro. Almorzamos en un excelente restaurante, que sirvió para compensar en parte las penurias de la jornada.

Por la tarde volvimos al Monasterior de Oseira, ya que había una visita guiada. Guiada por el chaval que nos había mandado a la quinta puñeta por lo alto de las montañas. La charla, aunque interesante, nos dejó claro cuál era el defecto del guía: ser un charlatán que contaba las cosas de oídas, mezclando churras con merinas. Hubiera sido un digno colaborador de Fríker Jiménez en sus programas. Aún chirrían en mis oídos las perlas filosófico-matemático-esotéricas con las que iba trufando la visita al Monasterio. Pese a todo, la majestuosidad del entorno compensaba semejantes deslices.

Finalizada la visita, volvimos a Orense. Por segundo día consecutivo bajamos a las Termas A Chavasqueira para darnos unos baños termales. Tras la paliza del día, no pude menos que agradecerlo. En esta ocasión Ana no nos acompañó, prefiriendo quedarse en el hotel. Al salir de los baños quisimos cenar en Orense. Misión imposible. Pese a ser un jueves de agosto, nos encontramos cerrados todos los restaurantes, pizzerías o tascas de la zona. Y eso que sólo eran las 23:00h. Cuando creíamos que nos íbamos a tener que ir a la cama sin cenar, nos encontramos una bocatería regentada por latinoamericanos. Nos hicimos con unos deliciosos bocatas, y volvimos al hotel para cenar. Ana se había quedado dormida viendo la tele.

Preparamos el equipaje y lo dejamos todo listo para la jornada siguiente. La última, con final en Santiago. Nuestro Camino estaba llegando a su fin.

A continuación se puede ver el mapa con el recorrido que hicimos en azul. En color rojo se aprecia la variante de Cudeiro, en primer lugar, y en segundo, el recorrido que deberíamos haber efectuado desde Oseira:


Ver Vía de la Plata. Etapa 6: Orense – Estación de Lalín (05/08/2010) en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes. Los he dividido en dos partes: la primera hasta Oseira, y la segunda desde Oseira hasta Rodeiro:

  • Distancia (según la guía): 33,3 km.
  • Distancia (según el GPS): 37,55 km
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 38m 52s
  • Pulsaciones medias: 120 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 175
  • Consumo medio de calorías: 830 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1380 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 9m 5s
  • Consumo total de calorías: 3982 kcal
  • Distancia (según el GPS): 17,5 km
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 19m 45s
  • Pulsaciones medias: 98 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 163
  • Consumo medio de calorías: 620 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1260 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 47m 29s
  • Consumo total de calorías: 2052 kcal
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