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¿Era necesario que te fumigaras a toda la comisaria? La señora de la limpieza se pondrá furiosa
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16 dic 12 Etapa ciclista: Sierra de Aznalcóllar (09/12/2012)

El domingo 9 de diciembre salí a rodar con Miguel y Sergio por Sevilla. La etapa consistió en una reedición de la etapa por la Sierra de Aznalcóllar que Miguel y yo habíamos realizado en verano de 2011. Salimos de Aznalcóllar a las 9:15h, con un frío bastante acusado, que había hecho caer la temperatura hasta los 8ºC.

Dejamos atrás Aznalcóllar, tomando la carretera del pantano del río Agrio. Cruzamos una de las colas del pantano, que se encontraba bastante lleno de agua, e incluso estaba desaguando. Poco después abandonamos la carretera, realizando una divertida bajada hasta el vado de la Sebastiana. Vado que, como no podía ser menos, nos llevó a una acusada subida.

Tras un rato de subida, llegamos al desvío que nos habría de llevar, de nuevo en bajada, al arroyo Crispinejo. La etapa era un verdadero rompepiernas, y no tardamos en volver a subir de nuevo. Tras unos kilómetros de ascenso, nos reincorporamos a la pista principal, que nos acabaría llevando de nuevo a la carretera que habíamos dejado atrás, a las 10:55h.

Hicimos una pequeña pausa, que aprovechamos para reponer algo de fuerzas, antes de continuar con nuestro recorrido. Un kilómetro después, volvimos a dejar atrás la carretera -esta vez de manera definitiva- para iniciar un rápido y largo descenso en dirección al arroyo Cañaveroso. Pero no pudimos menos que deternos a contemplar en intenso verdor del paisaje, que contrastaba con el recuerdo que guardaba del entorno, de la vez anterior: un paisaje seco y polvoriento, agostado por el sol, en una zona arrasada por un incendio forestal. Este día se encontraba radiante:

IMAG0325.jpg

Retomamos el descenso, para llegar poco después al arroyo, que llevaba una cantidad increíble de agua, lo que daba al entorno, de lo poco que se había salvado del incendio de 2004, un aspecto inmejorable:

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Pero tras la gran bajada del día, quedaba la intensa subida de 2 kms. hasta la Pata del Caballo. Ahí Miguel dio todo lo que tenía dentro, alcanzando la cima en cabeza. Afortunadamente, casi todo lo que quedaba de etapa era en descenso, por la Cañada Honda, hasta la carretera del pantano, primero, y Aznalcóllar, después. Realizamos el trayecto de la Cañada a toda velocidad, y afrontamos la rampa final de la subida a Aznalcóllar por el parque cercano al pantano. Allí, hice un demarraje final, que me hizo llegar en primera posición a los coches. Dimos por finalizada la etapa a las 12:51h.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 47’927 km.
  • Distancia (según el GPS): 47’847 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 51m 13s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 33m 33s
  • Velocidad media: 16’8 km/h
  • Velocidad máxima: 48’7 km/h
  • Pulsaciones medias: 120 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 181 pulsaciones/m
  • Consumo medio de calorías: 800 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1400 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: 2978 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 67AC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Sierra de Aznalcóllar

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04 feb 12 Etapa ciclista: Sierra de Aznalcóllar II (22/01/2012)

El pasado 22 de enero (y como está siendo una tónica, últimamente, vuelvo a retrasarme en escribir una crónica de etapa) salimos a rodar por la Sierra de Aznalcóllar mis compañeros de trabajo y yo: esta vez el grupo estuvo formado por Miguel, Fran, y un invitado de última hora: Jose, conocido del trabajo y cliente nuestro. En principio el grupo iba a ser más amplio, ya que Jose venía con dos amigos, pero estos se tuvieron que volver, al haber perdido uno de ellos la rosca de ajuste de una de las ruedas de la bici.

Reducido, pues, el grupo a cuatro personas, salimos de Aznalcóllar a las 10:25h. Y para empezar haciendo el bestia, no se me ocurrió otra cosa que -en vez de tomar la carretera de Aznalcóllar o la pista por el interior del parque minero, hacer que nos encamináramos a un farallón de roca que hay a la salida del pueblo, para probar la doble en esa zona tan quebrada. Un disparate como otro cualquiera, pero muy divertido para ir con la doble.

Bromas de salida aparte, nos dirigimos hacia el embalse del Agrio por carretera. La verdad, el día en lo climatológico era excelente, pero todo hacía presagiar con que íbamos a tener una etapa movida: mientras nos preparábamos para la salida, no habíamos dejado de ver pasar todoterrenos con cazadores y lebreles de caza. Quizás no era el mejor domingo de los posibles para salir a dar pedales por la zona… Ajenos a ello, seguimos rodando para afrontar las primeras rampas de subida por carretera. Cruzamos la cola del pantano, y empezamos la subida por carretera, hasta completar los siete kilómetros de asfalto desde la salida del pueblo, antes de empezar a rodar por pista.

Salimos por una amplia pista forestal, que empezaba con una fuerte bajada. Terreno ya conocido para Miguel y para mí, pues no en balde ya habíamos rodado por la zona en otra ocasión. Jose también lo conocía bien, ya que es -como pudimos ir viendo en la etapa- un avezado rodador.Tras la bajada, emprendimos la primera de las paredes del día, un muro de 800 metros con rampas cercanas al 10%. Y que para colmo, nos empeñamos en hacer bastante dura.

Seguimos ascendiendo durante un par de kilómetros más, en terreno pestoso, con frecuentes cambios de nivel que, si bien permitían respirar de cuando en cuanto, también te arreaban un buen latigazo en las piernas a poco que te despistaras. Y así, llegamos al punto crítico de la etapa. En la vez anterior habíamos tomado un desvío a mano derecha que surgía de la pista principal. Apenas nos habíamos detenido allí para descansar un punto (y solucionar un problema con el camelback de Jose), cuando nos empezaron a pasar todoterrenos de cazadores. El último de ellos se detuvo, y nos informó de que se iba a celebrar una montería en la zona, y que por cualquiera de los dos caminos íbamos a dar de bruces con los puestos de tiro. Así que para evitar problemas, decidimos dar media vuelta, y tomar un desvío anterior, esta vez a mano izquierda, que Jose conocía, y que presumíamos que nos permitiría evitar la montería. Eran las 11:15h., apenas llevábamos en el cuerpo 11 kilómetros de etapa, y ya parecía que podía tocar a su fin de una manera imprevista.

Retrocedimos unos 600 metros, y tomamos dicho desvío. Desvío que nos llevó en fuerte bajada a una brusca pared, preludio de una bajada a una pequeña represa de agua, que marcó el inicio de una pared brutal: apenas 800 metros de durísima subida, que por poco nos nos hizo echar los pulmones. Llegamos razonablemente bien a la cima, con Miguel dándolo todo en la subida, y Jose y yo por detrás, seguidos a no mucha distancia por Fran, que estaba empezando a sufrir sus meses de poca actividad ciclista. Una vez reagrupados, afrontamos los dos kilómetros largos de subida que teníamos por delante, hasta llegar de nuevo a la pista principal, que habíamos dejado tras el encuentro con los monteros. De camino nos encontramos con otro grupo ciclista, que nos avisaron de que el camino se encontraba cortado por los cazadores. Aun así, nos decidimos a subir hasta el cruce, por ver si había alguna manera de evitar los puestos de caza. Llegamos al cruce a las 11:50h, y a esas alturas era patente que la montería había empezado. Nos paramos un momento a descansar, y a decidir qué hacer a partir de ese punto.

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Finalmente optamos por seguir subiendo por la pista, en dirección a los barracones de la Carnicería, ya que en esa zona no había señalización de la montería, en caso de encontrárnoslas, siempre podríamos dar la vuelta y empezar el descenso. Así pues, reanudamos la marcha pasado el mediodía. Teníamos por delante otros 4 kilómetros de subeybaja antes de llegar a la carretera. En efecto, no encontramos ningún obstáculo en nuestro avance, si bien en uno de los cruces dejamos a nuestra derecha la señalización de la montería, y cruzamos un puesto de avituallamiento de los monteros, en el que estaban empezando a preparar un perol, algo que -al menos a mí- me abrió el apetito.

Llegamos a la carretera a las 12:20h, tras afrontar una pequeña pared de pista. Rápidamente enfilamos la subida, decididos a realizar la larga y trepidante bajada hasta el arroyo Cañaveroso, y sufrir la espantosa subida posterior. Pero al poco de abandonar la carretera, y justo antes de empezar la bajada, sufrí un reventón en la rueda trasera, que nos obligó a detenernos.

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Detención providencial, ya que en ese momento Jose recibía una llamada que le hacía tener que abortar la etapa. Consecuentes con el principio de que no se abandona a un compañero en plena etapa, decidimos volvernos con él. Así que volvimos grupas, y afrontamos la vuelta a Aznalcóllar por la carretera que acabábamos de abandonar. Eran las 12:40h.

Una bajada engañosa, ya que en vez de tratarse de un contínuo descenso, era más bien una sucesión de rampas de descenso trufadas de pequeñas tachuelas rompepiernas -más de lo mismo, en realidad, sólo que por asfalto-. Terreno en el que Miguel y Jose se movían como pez en el agua, pero en el que no me sentía especialmente cómodo, sobre todo con la doble equipada con una High Roller de 2.35” de descenso, delante, y una Michelin Country Mud de 2.00”, detrás. Además, en plena bajada, me vi obligado a detenerme, ya que tras el arreglo de la rueda trasera, la cubierta no había quedado bien encastrada en la llanta, y se había desllantado en la parte de la válvula.

Una vez reintegrado en el grupo, aproveché para comer algo, ya que tenía síntomas de visita del tío del mazo. Una barrita de cereal que me vino como anillo al dedo. Y es que los más de 30 kilómetros que llevábamos, a un ritmo intenso, entre pecho y espalda se estaban empezando a notar. Cinco kilómetros de bajada después, volvimos a llegar al punto donde habíamos dejado la carretera. Continuamos descendiendo hasta alcanzar de nuevo la cola del Agrio. En esa subida Fran sufrió un desfallecimiento, que le obligó a bajar el ritmo. Así, fuimos haciendo un poco la goma con Miguel y Jose durante algunos kilómetros, hasta que llegamos de vuelta a Aznalcóllar, al filo de las 13:45h., tras casi 43 kms. de etapa que habíamos hecho bastante dura. Tan dura habíamos hecho, que dos días después aún tendría las piernas cargadas de la etapa.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 43’25 km.
  • Distancia (según el GPS): 42’729 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 27m 33s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 16m 21s
  • Velocidad media: 17’58 km/h
  • Velocidad máxima: 55’45 km/h
  • Pulsaciones medias: 141 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 178
  • Consumo medio de calorías: 1010 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1370 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 27m 32s
  • Consumo total de calorías: 3306 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 48AB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Sierra de Aznalcóllar (II)

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26 jun 11 Etapa ciclista: Sierra de Aznalcóllar (23/06/2011)

El pasado jueves 23 de junio, aprovechando que era fiesta en Sevilla, salimos a rodar Miguel y yo por Aznalcóllar. Llevábamos tiempo con ganas de salir a rodar por la zona, ya que era un lugar por que yo, personalmente, no había rodado nunca, y en el caso de Miguel, era el primer lugar donde había cogido su nueva bicicleta de montaña, una Cube AMS que es una auténtica virguería.

Sin embargo, no las tenía todas conmigo. Había sacado algunos recorridos por la zona, y todos ellos coincidían en una cosa: transcurrían por la zona de la sierra de Aznalcóllar que salió ardiendo en el catastrófico incendio de Riotinto de 2004. Para preparar la etapa, había estado consultando la zona en Google Earth, y su aspecto bastante árido. Pero es que además íbamos a empezar la etapa bastante tarde, a las 9:00h. Prometía ser un día duro. Y no me equivocaba.

Acabamos empezando la etapa a las 9:20h, con un calor bastante sofocante. Salimos del pueblo por carretera en dirección al embalse del río Agrio. que abandonamos en el kilómetro 7’5 para tomar una pista forestal. Por desgracia, no me había equivocado. En los siete años transcurridos desde el incendio la zona ha avanzado bastante en la repoblación, pero los árboles plantados apenas levantan un metro del suelo, por lo que todo hacía presagiar que no íbamos a tener una sola sombra en casi 50 kilómetros de etapa. No me equivoqué mucho en el cálculo.

Teníamos por delante 15 kilómetros de subida rompepiernas, con contínuas subidas y bajadas, si bien con una interesante bajada en medio de 2 kilómetros, zigzagueando por la pelada sierra. Miguel empezó con bastante fuerza la primera de las subidas que teníamos entre manos, una rampa da más de 2 kms. con pendientes máximas del 10%. Pronto tuvimos que bajar el ritmo, porque estaba claro que la etapa iba a ser larga, dura, y calurosa. Así fue. Tras realizar el descenso anteriormente citado, tuvimos que afrontar una subida 3’5 kms. que al principio era bastante llevadera, pero que poco a poco fue empinándose, alcanzando pendientes del 20%. Horroroso. A medida que íbamos ascendiendo, empezaron a aparecer pequeñas lagunas empleadas para abrevar ganado o actuar de reserva ante incendios. Daban ganas de pegarse un chapuzón en ellas, pese a presentar un aspecto de agua estancada bastante sospechoso.

A las 10:40h llegamos a la parte superior de la cresta de la sierra por la que estábamos ascendiendo. Habíamos finalizado la primera de las dos subidas más duras que teníamos en la etapa, y las vistas de la zona eran espectaculares. O mejor dicho, debieron de haberlo sido antes del incendio: teníamos ante nosotros una gran cantidad de cerros y valles, todos ellos en mayor o menor grado repoblados, pero que en esta época del año eran un secarral polvoriento en donde no había lugar en el que guarecerse del sol. Sin embargo, la etapa tenía posibilidades… en invierno, o para una etapa nocturna.

Barracones de las Carnicerías (Fotografía de El-genio-de-Sibenik)

Barracones de las Carnicerías (Fotografía de El-genio-de-Sibenik)

Continuamos con la etapa, pasando cerca de unas ruinas que posteriormente pude identificar con los Barracones de las Carnicerías. Seguimos avanzando durante unos kilómetros, de nuevo en trazado rompepiernas, para volver a salir de nuevo a la carretera del embalse del Río Agrio. Aprovechando una de las escasas sombras que había en el trayecto, nos detuvimos a descansar unos instantes. Eran ya las 11:05 de la mañana, y el sol picaba bastante. No era plan detenerse demasiado, por desgracia.

Tomamos la carretera, en ascenso, para abandonarla 2 kms. después por una pista que surgía a mano izquierda. Empezaba una trepidante bajada de 5 kms. por una buena pista que nos permitió alcanzar los 45 km/h en el descenso, y en el que salvamos bajadas del 15’8%. Y llegamos al vergel de la etapa: el valle del arroyo Cañaveroso. Debe de ser una de las escasas zonas que se salvó del incendio de 2004, y mostraba lo que debía de haber sido la zona en otro tiempo: una zona arbolada, llena de vida, y con un gran frescor, proveniente de un arroyo amplio, poco profundo, y de aguas cristalinas que invitaban a bañarse en ellas.

Arroyo Cañaveroso (Imagen de Guadiato16)

Arroyo Cañaveroso (Imagen de Guadiato16)

Lamentablemente, la bajada, y el disfrutar de ese arroyo, suponían pagar un precio: remontar una terrorífica cuesta de 2 kms. con una pendiente media del 10%, que nos hizo sufrir en conjunción con el sofocante calor del mediodía, hasta unos extremos inusitados: llegamos a las 12:00h al final de la pendiente, al filo de la extenuación y el desfallecimiento. Lamentablemente no teníamos mucho tiempo para detenernos, por lo que reanudamos rápidamente la etapa, y nos aprestamos a finalizar los 8’5 kms. de descenso rompepiernas que teníamos por delante, antes de cerrar el anillo, volviendo al embalse del Río Agrio, que marcaría en ocaso de la etapa. Finalizamos el recorrido, rodando los últimos 4’6 kms. hasta Aznalcóllar por la misma carretera que habíamos tomado por la mañana. Entramos en Aznalcóllar a las 12:36h, tras 46’3 kms. de asfixiante etapa. Y en mi caso, con los brazos achicharrados: era el primer día en el que había decidido desechar el maillot de manga larga, que solía llevar para protegerme del sol, y había optado por uno corto, para primar el frescor. Una mala idea. La etapa había sido calurosa en extremo, y sin sombras: ello se reflejaba en mi consumo de agua. Había agotado el camelback de 2 litros, y un bidón auxiliar de 750 cc. Jamás había bebido tanta agua en tan poco trayecto.

El recorrido de la etapa en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/06/23: Sierra de Aznalcóllar en un mapa más grande

Los datos de la etapa son los que siguen:

  • Distancia (según el velocímetro): 46,420 km.
  • Distancia (según el GPS): 46,3 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 40m 18s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 15m 47s
  • Pulsaciones medias: 148 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 184
  • Consumo medio de calorías: 1080 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1420 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 20m 50s
  • Consumo total de calorías: 3489 kcal
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22 mar 09 Etapa 22/III/2009: Vía Verde de Itálica. Santiponce – río Guadiamar

Esta mañana he estado rodando un poco por la Vía Verde de Itálica. La mañana se presentaba buena para rodar: algo cubierto el día y fresco, pero agradable. Mi intención era tomar la vía verde hasta donde fuera posible, que no tenía muy claro si se trataba del río Guadiamar (donde la vía salvaba el río mediante su correspondiente puente), o bien Aznalcóllar.

El recorrido en sí tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera de ellas es desde Camas hasta el puente sobre el Arroyo del Judío, donde la vía verde se cruza con la Cañada Real de las Islas.

Puente de la Vía sobre el arroyo del Judío (Fotografía cortesía de Urbanismo en Valencina)

Puente de la Vía sobre el arroyo del Judío (Fotografía cortesía de Urbanismo en Valencina)

Hasta ahí la vía se encuentra adaptada al uso para senderismo y ciclismo. Desde el puente, sin embargo, la vía se encuentra abandonada. Si bien se puede circular aceptablemente bien por todo su recorrido, en algunos tramos (los más cercanos al arroyo) hay abundante balasto, por lo que se bota un poco y el rodar es un poco más complicado. En cuanto a perfil, no hay ningún problema: es ligeramente ascendente en todo su recorrido, pero sin llegar a resultar pesado.

El paisaje no destaca precisamente por su variedad: una campiña cerealista con ocasionales apariciones de olivares y frutales, en la que las perdices campan a sus anchas. Aun así, tiene una cierta belleza que tampoco se puede ignorar.

El típico fondo Windows, en su versión sevillana

El típico fondo Windows, en su versión sevillana

El trazado sigue sin muchas variaciones, salvando dos carreteras, la SE-3409 y la SE-3405, siendo esta última la que marca prácticamente el límite del recorrido. Poco después se encuentra el río Guadiamar, que no se puede salvar debido a que el puente del ferrocarril se encuentra derruido; el río, además, presenta abundante agua en esta época del año, como se puede apreciar en el polar derrumbado, que está casi cubierto por las aguas.

Puente derruido sobre el río Guadiamar

Puente derruido sobre el río Guadiamar

Hubo algo que me llamó la atención. Por lo general, todo el trayecto del antiguo ferrocarril se ha mantenido conservado, salvo en dos puntos. El primero de ellos es poco después de la SE-3409, en la que un par de derrumbes han provocado que la vía no sea transitable, ante lo que la gente ha trazado caminos que bordean los derrumbes, pegados a la propia vía. El segundo de ellos es ya llegando al puente del Guadiamar: esta vez la causa es diferente. Todo el trazado de la vía ha desaparecido bajo una plantación, que ha enajenado el trazado de la vía. Afortunadamente no presenta mucho problema, ya que hay un camino que permite llegar hasta el río, pero no deja de ser llamativo, ya que, pese a que la vía ya no existe, salvo que me equivoque, el terreno por el que discurría sigue siendo público.

Otra cosa que me llamó la antención fue la existencia de flechas amarillas en el puente y sus cercanías. En un primer momento pensé que podrían estar relacionadas con la Vía de la Plata, pero su recorrido, por Guillena y Castilblanco, cae bastante lejos. No he encontrado mucha información al respecto, pero cabe la posibilidad de que exista otro ramal diferente que lleve desde Santiponce hasta Gerena. Seguiré investigando.

La vuelta, habiendo visto que no se podía avanzar hacia Aznalcóllar, la hice por el mismo camino. Tuve la ocasión de contemplar unas llamativas estructuras en la lejanía: una especie de torres que despedían bastante luz por su parte superior. No sé si se tratarán de algún tipo de centrales de energía solar, o algo por el estilo, por lo que agradecería información al respecto.

Torres en la lejanía

Torres en la lejanía

Por desgracia, las fotos están tomadas con mi teléfono móvil, por lo que no se pueden apreciar demasiado bien.

El recorrido total de la etapa fue de unos 40 km., y empleé en ellos aproximadamente dos horas. El trazado con Google Maps es el siguiente:


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