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Me encanta el olor del napalm por la mañana
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15 nov 20 Camino del Cid 2019. Etapa 1: Cella – La Puebla de Valverde (3/VI/2019)

Esta entrada es la parte 3 de 3 de la serie Camino del Cid 2019

La primera de nuestras etapas del Camino del Cid la empezamos bien temprano, con la clara idea en mente de recorrer los aproximadamente 50 kilómetros que nos separaban de nuestro final de recorrido antes de la hora de comer, a fin de evitar las horas de más calor del día. Con este objetivo en mente, a las 7:30h ya estábamos desayunando en un bar cercano a la Fuente de Cella, que habíamos tenido la precaución el día anterior de averiguar si abría temprano, como era el caso. Era el típico bar de pueblo, donde puedes encontrar a tales horas de la mañana a labradores y trabajadores que se preparan para afrontar la jornada metiéndose algo caliente entre pecho y espalda, y no me refiero sólo a las buenas tostadas que nos sirvieron, sino bebidas con algo más de cuerpo. Lo que ya sí que me sorprendió era que la partida de cartas ya se estuviera jugando, y por el tono de las conversaciones y la dinámica de la misma, desde hacía un tiempo apreciable. Una vez que desayunamos, nos dirigimos al Ayuntamiento para obtener el primer sello de nuestro viaje.

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Tiene Cella un ayuntamiento hermoso como pocos, ubicado como era de esperar en la plaza mayor -lugar donde, por cierto, finalizaba el acueducto Albarracín-Cella, y donde se ha encontrado una gran cisterna de aguas-, en el que nos atendieron amablemente para sellarnos las credenciales. Lamentablemente no disponían de chapa del Camino. Solventado el trámite, volvimos a la Avenida de la Fuente, y bordeamos el pueblo, buscando la salida hacia la estación, en cuyas cercanías tendríamos que enlazar con el trayecto de la Vía Verde de Ojos Negros, que comparte trayecto durante algunos kilómetros con el Camino del Cid.

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No tiene mucha problemática seguir el trazado, ya que se encuentra con señalizaciones abundantes, y el Consorcio del Camino ha hecho un buen trabajo proporcionando mapas del recorrido y ficheros de GPS para descargar. En este caso, además, era bastante sencillo: carretera hasta llegar hasta la maderera que se encuentra junto a la estación. Nada complicado, pero con algo de tráfico pesado, que conviene tener en cuenta. Llegados a la rotonda de la maderera, se bordea ésta por una carretera secundaria, hasta la entrada de la Vía Verde, donde ya se deja atrás el asfalto, y empieza a rodarse por una buena plataforma terriza, que es utilizada para dar servicio a las fincas agrícolas que bordean la misma.

Es un trazado sin grandes problemáticas, recto como una flecha, y en suave descenso que nos acompaña desde la salida de Cella (1039 msnm en el Ayuntamiento), y que no cesará hasta llegar a la misma Teruel. Esta linealidad del camino apenas se ve interrumpida al pasar junto al Aeropuerto de Teruel. Es éste un caso sorprendente en la aeronáuta española: antigua base militar, cuando ésta fue cerrada y pasó a convertirse en un aeródromo civil, en vez de intentar convertirlo en un aeropuerto de pasajeros, condenado al fracaso por la escasa población de la zona y la cercanía del aeropuerto de Zaragoza, optaron por especializarlo en aparcamiento de larga duración para aviones, lugar de reparación de los mismos y, de manera ocasional, de zona de lanzamiento de microsatélites, con el resultado de que es uno de los aeropuertos más rentables de España. Todo un acierto.

Como decía, en una de las ampliaciones de la pista del aeropuerto se realizó un pequeño cambio de trazado de la vía verde, que quedó afectada por la zona de seguridad del aeropuerto, siendo por ello que se abandona el trazado rectilíneo que veníamos trayendo, para realizar un pequeño rodeo, que además nos lleva a rodar por encima del ramal ferroviario que da servicio al aeropuerto, retomando poco después el trazado original de la vía. Sin embargo, nuestro rodar por la misma no se prolongará durante mucho tiempo, ya que apenas 1,3 km después, a la entrada de Caudé, el trazado del Camino del Cid se separa del de la vía verde. Al ser ésta la heredera de un antiguo ferrocarril minero, sin servicio de pasajeros, su trazado evita las poblaciones, alejándonos de éstas. Aunque es perfectamente posible seguir el trazado de la vía en su totalidad, por nuestra parte optamos por seguir el trazado del Camino del Cid, que nos conducía a través de diversas poblaciones hasta llegar a Teruel: Caudé y Concud, las más destacadas.

Dejamos, pues, la vía verde, para seguir por una pista, y posteriormente girar en una carretera a mano izquierda y entrar en el casco urbano de Caudé. Es esta una pequeña población que se atraviesa en escasos minutos. Nos dirigimos al ayuntamiento, con la idea de sellar el salvoconducto, pero lo encontramos cerrado. Salimos del pueblo por una nueva pista agrícola, que nos condujo en permanente bajada hasta Concud, donde se repitió el escenario de Caudé. Seguimos descendiendo por la misma pista agrícola, hasta que llegamos a las cercanías de una granja. Allí es necesario cruzar una verja de mallazo para poder continuar. La pista poco a poco se iba convirtiendo en sendero, hasta que llegamos al cauce del arroyo de Concud, que fue necesario vadear para seguir nuestro camino.

Al poco de cruzar el arroyo, y llegar a un nuevo camino que discurría junto a algunas casas aisladas, tuvimos un encuentro ciertamente extraño: un lugareño que paseaba por la zona se puso a darnos algo de conversación, al vernos llegar con alforjas y ropa ciclista. Amablemente nos dio algunas indicaciones de cómo llegar a la cercana Teruel, y conversamos un poco del trayecto que estábamos haciendo. Todo muy amable y correcto, por la mera salvedad de que el lugareño iba vestido tan sólo con un bañador deportivo que no dejaba nada a la imaginación. Era casi como estar hablando con un nudista, a 100 kilómetros de la playa más cercana, y en una hora de la mañana en la que el calor, precisamente, no había hecho acto de aparición. Con cara de póker mantuvimos la conversación, y poco después, seguimos nuestro camino. Apenas un kilómetro después llegamos a la vieja N-234, y tomamos para entrar en Teruel. Habíamos llegado a Teruel, recorriendo unos 23 km de distancia en algo menos de hora y 40 minutos. Nos encontrábamos además en la cota mínima de nuestro viaje, a 877 msnm. A partir de ahí, todo iba a ser en subida.

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Y en subida, cómo no, entramos en Teruel. Capital de la provincia homónima, es una verdadera joya del mudéjar, cuyos mejores representantes en la ciudad son las torres mudéjares: Santa María de Mediavilla, San Pedro, San Martín y el Salvador. Entramos en la ciudad medieval pasando bajo la torre de El Salvador, y nos dirigimos a la cercana Plaza de Caros Castel, más conocida -al menos para los foráneos- como la plaza del Torico, al ubicarse en la misma la famosa estatua.

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Nos dirigimos a la Oficina de Turismo, junto a la cercana iglesia de San Pedro, lugar de reposo de los Amantes de Teruel, y que cuenta con otra de las torres mudéjares de la ciudad. En la oficina, un nuevo sello, y una nueva decepción: tampoco tenían chapas, andaban algo cortos de ellas. En fin. Seguimos recorriendo el centro de la ciudad, que cada vez se iba animando más, y visitamos la Catedral de Santa María de Mediavilla, que tuvimos la suerte de encontrar abierta.

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Tras una visita rápida, pasamos a la torre de San Martín…

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…y salimos del casco histórico para llegar al acueducto medieval que abastecía la ciudad. A cuyo pie descansamos un rato.

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Pasadas las 11:00h seguimos con nuestro recorrido. Cruzamos el viaducto que une la parte antigua con la parte moderna de la ciudad, y salimos de la misma junto a Dinópolis Teruel, tomando por unos momentos la N-234. Allí tomamos a mano izquierda un camino que, tras un breve ascenso, nos llevó en fuerte bajada a una zona boscosa, donde estaríamos rodando un buen rato, en sueave pero constante ascenso, hasta pasar por debajo de la Autovía Mudéjar y encontrarnos, poco después, de nuevo con la vía verde de Ojos Negros, a la que hubo que subir desde el fondo del valle en el que nos encontrábamos. Estábamos en el km 35 de la etapa, y de nuevo por encima de los 1000 msnm. Eran las 11.45h.

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A partir de ese punto, teníamos unos 9 km de ascenso constante hasta la cota máxima de la etapa, el puerto de Escandón. A esas alturas los kilómetros se empezaban a notar, pero seguimos rodando a buen ritmo, pasando sobre viaductos y por túneles que jalonan la vía verde en su ascenso por el sistema montañoso. Tras coronar Puerto Escandón y pasar junto a la estación de tren que allí se encuentra, empezamos un suave descenso, marcado por la presencia de la vía de tren a Sagunto a nuestra derecha, y la Autovía Mudéjar a nuestra izquierda. A las 12:45h hicimos una breve parada en un calvero completamente pelado, que no ofrecía ninguna sombra, pero sí algunos bancos hechos con antiguas traviesas de ferrocarril, junto a las ruinas de lo que supongo era una casilla de ferroviario. Menos era nada.

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Como no era plan tostarse bajo el sol, no tardamos en continuar con nuestro trayecto, que iba ya tocando a su fin. Continuamos en bajada durante otros 5 kms hasta llegar a la estación de tren de La Puebla de Valverde. Allí abandonamos de nuevo la vía verde, para tomar la carretera al pueblo en sí, nuestro final de etapa, al que no tardamos en llegar. Llegamos a nuestro hotel, el Horno, a las 13:20h, tras 54 km de etapa. Y allí, por fin, conseguimos la tan ansiada chapa del recorrido. Se trata de un hotel-restaurante pequeño y agradable, donde están acostumbrados a acoger a viajeros del Camino del Cid y de la Vía Verde, por lo que no hay problemas para ir a él con bicicletas, que se guardan en una cochera cercana.

Tras un estupendo almuerzo y mejor siesta, salimos a recorrer las calles del pueblo, en el que destacan su iglesia y dos puertas de las cuatro existentes en la muralla, siendo quizás la más destacada la Puerta de Valencia.

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Terminado el día, tocaba prepararse para la siguiente jornada, a recorrer íntegramente por la Sierra de Gúdar, y que nos tendría que llevar hasta el castellonense pueblo de Montanejos. Era el primer día y había sido el más sencillo. A partir de ahí, las cosas iban a ponerse más interesantes. :mrgreen:

Datos de la etapa

  • Distancia: 56,482 km
  • Distancia (según el GPS): 54 km
  • Altitud ascendida: 595 m
  • Tiempo de etapa: 3:31:51
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4:45:51
  • Calorías consumidas: 3008 kcal

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09 nov 20 Camino del Cid 2019: Introducción

Esta entrada es la parte 1 de 3 de la serie Camino del Cid 2019

Quien conmigo quisiera venir para cercar a Valencia (…) sepa que le esperaré tres días en el Canal de Cella

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A principios del mes de julio de 2019 mi padre y yo recorrimos en bici el recorrido entre Cella (Teruel) y Valencia, siguiendo el trazado del Camino del Cid. Era éste un recorrido que llevaba casi quince años queriendo recorrer, camino que sigue las andanzas del gran héroe castellano, uno de los grandes personajes que se alza entre la historia y la leyenda, y que es en parte mito fundacional de la Corona de Castilla y, por ende, del concepto de España.

Es, sin embargo, el Cid un personaje histórico, al que grandes literatos como Menéndez Pidal dedicaron su vida, y al que se le puede seguir la pista con razonable exactitud histórica, a diferencia de otros personajes medievales. Fruto de esta capacidad de ser seguido, plasmada en una serie de documentos, cantares, y leyendas, se diseñó a principios del Siglo XXI un recorrido que une Burgos con Valencia, además del gran cantidad de sitios históricos relacionados con el Cid. Tuve conocimiento de este recorrido en torno a 2006, y desde entonces estuve soñando con poderlo recorrer. Tendrían que pasar 13 años hasta poder realizarlo.

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Es costumbre de mi padre y mía dedicar a finales de primavera o principios de verano algunas jornadas para hacer un viaje juntos. Por lo general habíamos realizado distintos trazados del Camino de Santiago. Pero para el primer recorrido tras mi vuelta de Irlanda había pensado en realizar algo especial. No pudo ser algo que hiciéramos de inmediato, pero pronto tuve claro que el escogido sería el Camino del Cid. Faltaba por determinar el tramo. El punto de destino, cómo no, tenía que ser Valencia, pero no tenía claro el origen. ¿Burgos? Ojalá, pero hubiéramos necesitado muchos días. Al final la respuesta la dio el propio Camino, gracias a una estupenda herramienta para calcular trayectos en función de tu medio para recorrer el Camino del Cid, y tu disponibilidad. Teníamos cuatro jornadas. Y la respuesta fue Cella, punto de partida del recorrido denominado La Conquista de Valencia.

Cella, una pequeña población cercana a Teruel, y mencionada en El Cantar de Mío Cid con las palabras que abren este artículo. Una excelente opción. Nos permitía viajar desde la zona de Teruel (capital que sí conocía) atravesando la parte sureste del Sistema Ibérico, descender hasta Sagunto, y desde allí enlazar con Valencia, todos estas zonas desconocidas para mí. Y como guinda del pastel, recorriendo dos trazados de vías verdes: la de Ojos Negros y la de Xurra. La primera de ellas un impresionante recorrido por un antiguo ferrocarril minero, desde la mina de hierro más importante de Europa, y la segunda, un precioso recorrido por la huerta valencia, entre campos de naranjos, verduras y… chufas. Algo a lo que no podía resistirme.

Determinamos empezar nuestro recorrido el 3 de junio de 2019, y contar con algunas jornadas adicionales para los desplazamientos. Finalmente, el plan de viaje escogido fue salir de Córdoba el 2 de julio, y dirigirnos a Cella en coche. Allí nos hospedaríamos en una casa rural durante una noche y donde el coche nos esperaría hasta nuestra vuelta. Viajaríamos durante 4 jornadas hasta Valencia, para volver en tren regional hasta Cella (donde hay parada de tren), volver a hacer noche en la casa rural, y posteriormente volver a Córdoba. Un plan redondo. Y que, en mi caso, implicaba a mi vez viajar el 1 desde Sevilla a Córdoba en tren.

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En cuanto a nuestras monturas, escogimos lo siguiente: mi padre su por entonces flamante bicicleta de montaña eléctrica, que le permitía rodar con alegría en cualquier tipo de trazado, como los que nos íbamos a encontrar: vía verde, carreteras secundarias, algún que otro puerto de montaña y algo de pista. Por la mía, mi vieja y querida Fuji Sundance SE, cuyo cuadro rajado hacía no demasiado tiempo que había hecho restaurar, y que había equipado para ciclismo urbano, a fin de utilizarla en mis desplazamientos al trabajo.

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Sin embargo, sobre este punto de partida hice un par de modificaciones. Sabiendo lo que se me venía encima, reemplacé la corona de piñones de ciudad, un grupo de carretera adecuado para rodar rápido y bien, por la corona XT de montaña. Con el único plato de 48 dientes, y sabiendo que había que superar puertos de montaña, consideré necesario disponer de un poco de ayuda a la hora de subir. Nunca podré dar suficientes gracias por haber realizado dicho cambio. Y el segundo, sustituí el sillín Selle de carretera por uno de gel de cicloturismo. Nunca podré lamentarlo lo suficiente. Y es que, si en el Camino de Santiago se dice que nunca has de estrenar botas para recorrerlo, tendría que haber imaginado que algo similar se ha de tener en cuenta en el caso de los sillines. Pero no adelantemos acontecimientos.

Esta es la introducción de las jornadas que vivimos recorriendo el fascinante trayecto del Camino del Cid: La Conquista de Valencia.

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