Acabo de terminar de abrir una puerta en la buhardilla de la casa. Ha sido una ardua tarea que empezó a principios de semana. Radial y martillo en mano, monté un pifostio infernal al marcar la zona de derribo. Las tareas pronto se vieron interrumpidas porque partí el mango del martillo con los golpes, y no se reanudaron hasta que me hice con un cortafríos y una machota (no, no es esa clase de machota, sino esta).
Tenía desde hace tiempo ganas de abrir la buhardilla, pero hasta esta semana no se ha convertido en una necesidad perentoria: tienen que venir a arreglarnos a los vecinos algunas humedades que han salido con las últimas lluvias, y quería comprobar el estado de la cubierta para ver cuánto nos tienen que arreglar. Lo bueno es que puedo utilizarla de trastero, mientras pensamos qué hacemos con ella. Y ya de paso, ha constituido una solución antiestrés altamente gratificante.
¿Que qué tamaño tiene? Unos 22 m^2 de superficie, con una altura bastante buena en la mayoría de ellos: la altura mínima que tiene es de 1’40 m. Un espacio bastante aprovechable, sin duda.
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Dentro de poco será mi santo. Como cada año, Ana me ha heho un pequeño regalito. Sin embargo, este año está siendo un poco diferente: no ha tocado ningún libro, ni alguna colonia. Ni siquiera una cena por ahí. Este año, lo que Ana me ha regalado ha sido esto:
Un juego de brocas para el berbiquí (por cierto, ya podrían ir actualizando un poco la definición de la palabra en el DRAE). ¡Diox santo, qué vida más triste!
Por lo menos las brocas son Black & Decker con su estuchito y tal, muy bien presentado. Si hubieran sido de los chinos, habría alcanzado un nuevo hito en la historia de la depresión…
Esta es una lámpara realizada de manera artesanal por un maestro vidriero. La compramos, junto a una del mismo estilo, hace unas semanas en un pueblo de la costa.
Está colocada en la escalera de casa.
Fotografía tomada hace un rato en el patio, de uno de los nuevos colgadores de forja. Está tomada a la luz de la vela del farol. La apertura del diafragma era 5.1, y la velocidad de obturación 8 segundos. Salvo una pequeña corrección de gamma (para eliminar un exceso de rojo provocado por una corrección de exposición forzada por la cámara, al utilizar una lámpara para poder enfocar), la foto está tal cual:
La cámara es una Samsung Digimax S800. El farol, del Ikea.
Seguimos con los progresos en casa. En estos días he puesto el espejo cuarto de baño principal, así como dos estanterías de cristal. Hace casi un año compré un espejo para ese cuarto de baño, pero resultó ser demasiado pequeño. Mientras compraba uno adecuado, lo puse sobre el bidé. El caso es que, entre unas cosas y otras, a fuer de provisional, ese espejo se convirtió casi en definitivo. Hasta esta semana. Así que una vez colocado el nuevo, el pequeño quedaba libre para ser colocado en el aseo de la planta baja.
Además he colocado un farol de forja cordobesa en el patio. En realidad es el farol que tenía puesto en la entrada, y el que había comprado para el patio, algo más pequeño, lo he colocado en la entrada. La razón para ello es que la lámpara electrónica de 20W era demasiado grande para el farol nuevo.
Para esta semana tengo previsto colocar un par de colgadores de macetas, también de forja, en el patio. Pero eso ya quedará para la semana entrante. Que no es cuestión abusar…
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