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Me encanta el olor del napalm por la mañana
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12 abr 11 Etapa ciclista: Guillena – Burguillos – Castilblanco de los Arroyos (09/04/2011)

El pasado sábado 9 de abril salimos Rafa, Jesús, Miguel y yo a rodar por el entorno de Guillena y Castilblanco. Fue una etapa un tanto anómala: salíamos un sábado por la tarde, e íbamos a realizar una subida a Castilblanco por un camino diferente: en vez de subir por la trialera del Camino de Santiago, nos íbamos a desviar hasta Burguillos, para ascender desde allí a Castilblanco. Además, era la primera etapa de Jesús en subida. En fin, lo que sobre el papel era simplemente una etapa diferente, puestos sobre la marcha acabó convirtiéndose en un disparate como recuerdo pocos. Pero no adelantemos acontecimientos.

Salimos pasadas las 18:00h del polígono El Cerro de Guillena en dirección Burguillos, por la carretera que une ambas localidades. Con Rafa en cabeza, marcamos un ritmo bastante rápido, sobre todo por quitarnos los siete kilómetros de asfalto que teníamos por delante lo antes posible. No llegaba a la media hora de etapa cuando nos plantamos en Burguillos. Algo que Jesús no dejó de acusar, pese al excelente balance de su anterior etapa por Mairena y alrededores.

Una vez en Burguillos, rápidamente encontramos el camino que ascendía hacia Castilblanco, conocido como Camino de los Hoyos. Poco a poco empezamos a ascender, y a medida que lo hacíamos, íbamos dejando atrás el paisaje típico de campiña, para ir entrando en un ambiente más de dehesa. El punto de cambio más acusado lo tuvimos al llegar a una zona habilitada para hacer perol, en la que se notó claramente que entrábamos en la sierra. Y por supuesto, pronto lo notamos en el perfil de la etapa. Llevábamos recorridos 12 kms. de etapa, y teníamos por delante una subida de 9 kms. hasta Castilblanco.

Empezamos el verdadero ascenso, donde tuvimos que afrontar rampas del 9%. Miguel y yo abríamos cabeza sin mayor problema, pero Rafa y Jesús empezaban a sufrir los rigores de la subida. Aun así, se defendían bien. Para mi sorpresa, vadeamos varios arroyos de aguas cristalinas, alguno de ellos más profundo de lo que esperaba. Tras dos kilómetros de ascenso, afrontamos una durísima rampa con un desnivel del 10,6% a lo largo de un kilómetro… que subimos para nada. Poco después llegamos a una verja, y al consultar el GPS, ví que nos habíamos desviado del camino… justo al inicio de la subida. Tocó descender hasta el lugar del error, donde encontramos una cerca de palos, que pasamos sin problema. Y tal y como me temía, nos volvió a tocar ascender. Al principio tuvimos una breve bajada, salvamos un regato… y de nuevo ascenso, esta vez con rampas del 11.3%, y un firme bastante más quebrado. Aunque sobre el papel era una pared más dura, la verdad es que a mí se me hizo más asequible que la anterior.

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Llegamos a un pequeño collado, donde nos reagrupamos. En el collado, cerca del cual había una casa en ruinas, encontramos indicaciones sobre una ruta cicloturista de Castilblanco de los Arroyos. Estábamos en el camino correcto, aunque el despiste anterior nos había costado recorrer un par de kilómetros de más. Pero al menos, ya habíamos subido lo peor del día. Continuamos por el camino en dirección a Castilblanco, por un tramo de dehesa bastante despejado, magnífico para rodar por él, aunque fuera en un ligero ascenso.

Al poco de rodar por esta zona, salimos a un camino que bordeaba una finca con un muro de piedra. Empezamos una bajada bastante rápida, pero algo peligrosa por los frecuentes tramos de grandes piedras que habían utilizado para allanar el camino. Y así, tras un breve descenso, volvimos a afrontar una nueva pared, con firme bastante irregular, que obligaba a afinar la técnica para no irse al suelo en el ascenso. Era la penúltima subida antes de llegar a Castilblanco. Una subida de kilómetro y medio con ramas del 8.5%.

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De nuevo agrupados, afrontamos el último valle antes de llegar a Castilblanco. Una bajada intensa, con una subida dura a continuación. Al inicio de la subida Rafa tuvo el primer percance de la jornada: al salvar un pequeño vado relleno de grandes piedras, clavó la horquilla delantera de la bici, y salió despedido. Pero eso no era sino un presagio de lo que íbamos a sufrir más adelante.

Superada la cuesta, alcanzamos la cota máxima de la etapa: 370 m. sobre el nivel del mar. Habíamos ascendido desde los 70 m. en algo menos de 12 kms. No estaba mal para un rato. Bajamos hasta Castilblanco, e hicimos una pequeña parada para reponer fuerzas. Lo malo es que habíamos tardado en llegar al pueblo más de lo que tenía previsto. No en balde pasaban de 20:30h, y aún teníamos que llegar hasta la trialera del Camino de Santiago, y volver a Guillena. Y la puesta de sol estaba prevista a las 20:52h…

Sin mucha dilación, salimos de Castilblanco hacia la trialera. Pronto empezaron los problemas. Acusando el esfuerzo, Jesús empezó a sufrir calambres en los cuadríceps, lo que hacía que casi no pudiera dar pedales, especialmente en ascenso. Se vio forzado a ir a un ritmo moderado. Y la noche se nos estaba echando encima. Bajamos lo más rápido que Jesús podía tolerar hasta el desvío del Camino de Santiago, pero no empezamos el descenso hasta las 20:52h. Justo a la puesta de sol. Lo que no era muy buena noticia, teniendo en cuenta que teníamos por delante 11 kms. de terreno complicado: primero un tramo de pista buena, luego un tramo con grandes roderas y piedra suelta, hasta llegar a unas portelas. Luego un tramo de piedra suelta, seguido de un descanso, al que le sucedía otro tramo traicionero, con piedra suelta y roderas, un nuevo descanso, un tramo de pizarras, que desemboca en una dehesa, antes de salir a una rápida bajada entre olivares. Bastante divertido, pero no para hacerlo de noche.

El primer tramo de descenso hasta las portelas no tuvo excesivos problemas, aunque Rafa se fue al suelo, y Miguel y Jesús se vieron obligados a bajar a un ritmo bastante prudente. La cámara, por su parte, empezaba a acusar la falta de luz, lo que hizo que la grabación adquiriera un asoeci bastante ónirico. A partir de las portelas, la falta de luz se hizo cada vez más acusada, lo que incrementaba la dificultad del descenso. Especialmente porque no habíamos llevado luces. Pronto nos encontramos guiándonos por el traicionero camino a la escasa luz de la luna creciente, intentando distinguir las partes más pulidas -y que reflejaban mejor la luz- indicio de que ese estrecho surco era el lugar indicado para transitar.

Derrochando optimismo, intentaba animar a mis compañeros diciéndoles que en peores me las había visto. Y si bien eso era cierto al principio del descenso, a medida que caían los minutos, y con ellos la luz del ocaso, se iba convirtiendo cada vez más en sólo eso: un alarde de optimismo. Y para colmo, Rafa también empezó a sufrir calambres en los cuadriceps. Y así, llegó el momento en que nos quedamos completamente a oscuras, sin la posibilidad siquiera, dado lo abrupto del camino, de utilizar nuestros móviles a modo de linternas, ya que no era factible bajar a oscuras con una sola mano. Móviles que, por otro lado, tampoco disponían de cobertura en tan apartados lares.

Aún no sé cómo no nos abrimos la cabeza en la bajada. Incluso el tramo que más sudores fríos me provocaba, el de las pizarras -una caída ahí podía hacerte filetes- lo salvamos razonablemente bien, teniendo en cuenta que ahí ni siquiera se veía marca de zona más pulida por el paso de la gente. Y una vez pasado este tramo, llegamos a lo que creía que era el final de la pesadilla: la dehesa.

Vacas. Vacas bravas. Vacas bravas con terneritos. Sin saber cómo, nos encontramos en mitad de un rebaño de vacas. Rafa -que en ese momento abría camino- fue el primero que se las encontró, al percibir un enorme bulto negro en mitad del camino, al que le brillaban dos cosas blancas en la cabeza. Era ya lo que faltaba. Algunas se apartaban -lo que era bueno- pero otras -las de los terneritos- no. Así que nos tocó apartarnos a nosotros, lo que era bastante complicado, por el hecho de estar en mitad del rebaño: apartarse de una, claro, suponía acercarse a otras. Y eso saliéndose del camino, sin ver tres en un burro. Aunque creo que más que tres, eran cuatro. Y no precisamente en un burro.

Al final conseguimos escapar de las vacas, y salir de la dehesa. Llegamos sin muchos más percances a un campo de naranjos, antelasa de la bajada por olivares hasta el polígono donde teníamos los coches. Lo peor ya había pasado, pero lo que teníamos por delante no era tampoco cosa sencilla: 4’5 kms. de pista entre olivos, rápida y con abundantes roderas. Muy peligrosa para hacerla de noche. No nos quedó más remedio que afrontarlo de la misma manera: bajar con cuidado, con alguien en cabeza cantando las irregularidades del terreno a medida que íbamos avanzando. Miguel, que se había quedado descolgado, sufrió algunas caídas sin grandes consecuencias más allá de la pérdida del bidón de agua. Jesús, por su parte, llegó completamente acambrado, de tal modo que tuve que ayudarle a hacer estiramientos cuando por fin alcanzamos el polígono. Lo hicimos a las 22:15h. Habíamos tardado en descender una hora y media desde Castilblanco, algo que en condiciones normales no nos habría llevado más de 40 minutos. Había sido una etapa disparatada como ninguna. Lo malo del asunto es que ya llevo unas cuantas semanas acumulando disparates sobre la bici. Y lo peor es que cada vez me gusta más hacer estas cosas. :mrgreen:

El mapa de la etapa es el siguiente:


Ver 2011/04/09. Guillena – Burguillos – Castilblanco – Trialera del Camino de Santiago en un mapa más grande

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 36’424 km.
  • Distancia (según el GPS): 36’9 km
  • Tiempo de etapa: 2h 35m 11s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 2m 49s
  • Pulsaciones medias: 133 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 186
  • Consumo medio de calorías: 930 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1440 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 31m 32s
  • Consumo total de calorías: 4153 kcal
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23 ene 11 Etapa ciclista: Guillena – Castilblanco – La Cantina (23/01/2011)

Después del lote de escribir que me pegué ayer tengo que admitir que estaba como loco por salir a rodar un poco. El caso es que había estado toda la semana intentando quedar con mis compañeros de trabajo para salir a rodar, y por unas cosas y otras, no habíamos conseguido quedar en nada. Así que ayer por la tarde decidí salir a rodar, lloviera, tronara o nevara. Y la verdad, menos mal que iba con esas intenciones, ya que una de las tres cosas sucedió, y otra de ellas estuvo a punto de hacerlo.

Esta mañana subí a Guillena con la intención de realizar el recorrido que efectuamos el pasado 17 de octubre: El Guillenazo. La salvedad es que decidí hacerlo en sentido inverso: subir por la trialera del Camino de Santiago hasta Castilblanco de los Arroyos, enlazar con La Cantina a través del pantano de Los Molinos y del embalse de Guillena, y bajar de vuelta a Guillena por la Ruta del Agua. Un recorrido conocido, de algo más de 50 kilómetros. No me voy a extender demasiado en él, ya que lo he narrado en ocasiones anteriores, salvo para comentar algún detalle llamativo.

En primer lugar, la trialera tenía algunos tramos bastante perjudicados por las últimas lluvias: enormes torrenteras se habían llevado prácticamente el camino en ellos, y lo que quedaba era un auténtico barrizal que se desmoronaba al pasar por él. Otros tramos, en cambio, se encontraban bastante bien. Las partes de pizarra y caliza se encuentran entre estos últimos. Las partes menos abruptas, por el contrario son las más perjudicadas. Las cubiertas Kenda han tenido un comportamiento desigual: en las partes abruptas se han comportado de manera excelente. En cuanto a las de barro, en las zonas de barro grueso han dado un buen rendimiento, pero en las zonas de barro fino (arcilloso y similares) he sufrido algunos sustos, debido a que el barro se acumulaba en ellas, perdiéndose el dibujo completamente (tanto en la Blue Groove como en la Small Block Eight).

El resto de tramos han sido bastante tranquilos, con muy poca gente, comparado con días anteriores. He realizado la etapa casi sin parar (apenas un rato para intentar fotografiar unos almendros en flor), y dos pequeñas paradas para orientarme a la salida de Castilblanco y llegada a La Cantina.

Lo realmente llamativo del día ha sido la climatología. Toda la etapa ha estado cubierto, con abundante viento racheado, y con un frío bastante intenso. En toda la mañana no se ha subido de los 8ºC, y la mínima la he tenido en Castilblanco, con 5ºC. Esto hacía que en las partes de descenso (aprox. 30 km/h) llegara a tener una sensación térmica de -6ºC. Por suerte, la lluvia no hizo acto de presencia hasta que me encontraba realizando el tramo de la Ruta del Agua, de camino ya a Guillena. A eso me refería antes cuando decía que a punto estuvo de nevar. Tronar, la verdad es que no, salvo que nos refiramos metafóricamente a los continuos disparos de cazadores que me fueron acompañando durante las más de tres horas de etapa.

El recorrido, como decía antes, se corresponde con la etapa del Guillenazo (si bien en sentido contrario), cuya representación en Google Maps es la siguiente:


Ver 2010/10/17 El Guillenazo en un mapa más grande

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según mi velocímetro): 51,590 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 24m 33s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 32m 7s
  • Pulsaciones medias: 154 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 182
  • Consumo medio de calorías: 1170 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1450 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 7m 44s
  • Consumo total de calorías: 3999 kcal
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17 oct 10 Etapa ciclista: El Guillenazo

En la pasada etapa del 12 de octubre nos quedamos con una sensación agridulce: la etapa había sido una auténtica gozada, pero se nos había quedado algo corta. Así que para este fin de semana decidimos recuperar una etapa que hacía tiempo que tenía ganas de hacer: El Guillenazo

El Guillenazo es un recorrido circular en los alrededores de Guillena, que ya habíamos realizado -en parte- en etapas anteriores. Comienza saliendo de Guillena por el cordel de la Cruz de la Mujer, hasta tomar la pista que rodea el embarse de Gérgal, y que constituye el tramo principal de la Ruta del Agua. Una vez alcanzada La Cantina, cruza por la presa de Guillena, para enlazar con Castilblanco de los Arroyos por el embalse de Castilblanco, haciendo uso de la pista SE-186. Por último, se desciende de vuelta a Guillena por la Vía de la Plata. Unos 53 kms. sobre el papel, con bonitas subidas, tramos intensos, y bajadas trialeras que hacen las delicias de los ciclistas de montaña más técnicos.

Quedamos, pues, Miguel, Rafa y yo a las 9:00h en la gasolinera de Guillena, para posteriormente dirigirnos al comienzo del Cordel de la Cruz de la Mujer. Ya a esas horas la cantidad de ciclistas que frecuentaban la zona era desmesurada. La cantidad de vehículos aparcados en la zona nos hacía suponer -de manera muy acertada- que nos íbamos a estar precisamente solos en el camino. Comenzamos la etapa al filo de las 9:20h. con el ascenso del cordel. Llegamos rápidamente hasta la pista que bordea el embalse, donde empezamos el largo ascenso que habría de llevarnos hasta la Cantina. Este tramo no presenta especiales dificultades, con la excepción de algunas pequeñas paredes que jalonan el recorrido, aunque Miguel tuvo el primer susto de la jornada al irse a la cuneta en un tramo de bajada con abundante arena, y una curva de derechas peraltada al revés. Salida, por otro lado, sin mayor consecuencia. Rafa, por su parte, empezaba a experimentar los problemas mecánicos que habrían de perseguirle a lo largo de toda la etapa: en este caso, problemas con el cambio del plato y la cadena.

De camino a La Cantina encontramos una importante razón para el desmesurado número de coches que nos habíamos encontrado en Guillena: se disputaba el I Trail Turdetania, carrera de ultrafondo cuyo recorrido, precisamente, coincidía exactamente con nuestra etapa. Su primer punto de avituallamiento, que coincidió con nuestra primera parada importante, estaba precisamente en La Cantina. Allí, precisamente, se nos unieron dos ciclistas, Ángel y Willy, con los que trabamos conversación, y tras conocer nuestro recorrido, se decidieron a acompañarnos.

Una vez reanudada la etapa, descendimos hasta la presa de Guillena, sobre la cruzamos. Poco después, tras rodar un poco junto a las plácidas aguas el embalse, empezamos el ascenso hacia la dehesa del Oreganal. Éste comenzaba con un tramo en S que, a la postre, era menos duro de lo que cabía suponer, pero, una vez pasado éste, el ascenso se hacía más intenso. Ahí poco a poco empezó a írseme Miguel. Rafa, por su parte, seguía con sus problemas de cambio, por lo que se quedó rápidamente descolgado. Nos reagrupamos, poco después, en la cima de la subida, junto a un cercado de cerdos, en el que comentamos la dura subida.

Continuamos camino de la pista SE-186, pasando junto a la Casa del Oreganal. La pista, que inicialmente pensaba que iba a tener firme de grava y alquitrán, era en realidad de tierra, del mismo estilo que habíamos venido trayendo desde la salida. Tenía la pista algunas subidas y bajadas, no demasiado duras, empezamos un vertiginoso descenso hasta el embalse existente a unos 4 kms. de Castilblanco. En ese descenso, como descubriría poco después, se me aflojó el cierre rápido de la rueda delantera. No quiero ni pensar qué podría haber pasado si en él hubiera levantado algo la horquilla delantera por algún bache o pequeño salto. Llevábamos a esas alturas unos 28 kms. de etapa.

Lo malo de descender hasta un pantano es que posteriormente, claro, hay que ascender. Fue una subida intensa, aunque no excesivamente exigente, hasta las cercanías de Castilblanco, en el que rebasamos a varios grupos de corredores del Trail Turdetania. Tras descansar un poco, y aprovechar para ajustar la posición del sillín de Rafa, que le venía dando problemas, completamos un breve descenso hasta Castilblanco de los Arroyos, donde aprovechamos para detenernos un rato en otro de los puntos de avituallamiento del Trail. Por cierto, algunos corredores, amablemente, nos hicieron entrega de algunos tetra-bricks de agua de la prueba ya que empezábamos a estar algo escasos de agua.

Salimos de Castilblanco por el camino de Toledilla, que nos ahorró tener que subir hasta la parte alta de Castilblanco para tomar la carretera de Burguillos. Recorrimos a velocidad de vértigo los 3 kms. que nos separaban de la pista de la Vía de la Plata, y empezamos el descenso por sus tramos trialeros, conmigo en cabeza y Willy a mi estela. Esta vez pude hacer un descenso sumamente rápido, ya que conocía bastante mejor sus entresijos y recovecos, y en esos momentos no había ninguno de los corredores del Trail. Hicimos una parada para reagruparnos una vez pasado el tramo trialero que hay justo debajo de las dos portelas, y retomamos el descenso por los tramos de piedras y de pizarra. Un bonito descenso, hasta la dehesa, donde llegué con Ángel y Willy. Tras un rato de espera, Miguel y Rafa no aparecían, por lo que decidimos dar la vuelta, por si se hubieran despistado o tenido algún problema. En el ascenso, algunos de los corredores me comentaron que habían visto a dos ciclistas que se ajustaban a la descripción de Miguel y Rafa reparando un pinchazo. Subí el tramo de pizarra y el de piedras, sin encontrarlos. ¡Prácticamente subí de nuevo hasta el lugar donde habíamos descansado! Y entonces vi a Miguel y a Rafa bajar: Rafa había pegado un llantazo y reventado la cámara de la rueda trasera en uno de los primeros tramos de piedra.

De nuevo en descenso, vi que uno de los ciclistas de la organización del Trail había sufrido un pinchazo. Le ofrecí ayuda, que gustosamente aceptó, ya que al reemplazar la cámara pinchada, había roto la válvula en el interior de la bomba, por lo que era incapaz de inflar la tercera cámara que llevaba. Una vez solventado el problema, continué el descenso para agruparme con mis compañeros justo antes de la bajada del tramo de pizarra. Habíamos perdido algo más de media hora, pero me había dado el gustazo de bajar los tramos más excitantes de la Vía de la Plata por partida doble.

De nuevo en la dehesa, salvamos la penúltima subida de la etapa, para salir de nuevo a los olivares y al campo de naranjos. Afrontamos la bajada hasta el polígono a una buena velocidad, pero notamos que Rafa había vuelto a quedarse: en este caso, por una salida de cadena que casi le había hecho irse al suelo, y obligado a detenerse derrapando con los pies durante unos 50 m.

La vuelta hasta Guillena tuvo poco misterio. Llegamos a los coches al filo de las dos de la tarde. La etapa había durado algo más de cuatro horas y media. Había sido larga, dura… y magnífica. Una etapa que espero repitamos en más de una ocasión.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según mi velocímetro): 57’055 km. (Hay que tener en cuenta los 3-4 kms. recorridos de más en el ascenso de la Vía de la Plata)
  • Tiempo de etapa: 3h 34m 20s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 34m 56s
  • Pulsaciones medias: 146 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 1860
  • Consumo medio de calorías: 1090 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1490 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 35m 28s
  • Consumo total de calorías: 4969 kcal
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13 oct 10 Etapa ciclista: Guillena – Castilblanco de los Arroyos por la Vía de la Plata

Ayer día 12 de octubre Rafa, Miguel y yo salimos a rodar de nuevo. Hacía ya algún tiempo que no rodábamos, y decidimos quitarnos el mono de ciclismo con una bonita etapa: realizar el recorrido entre Guillena y Castilblanco de los Arroyos que sigue la Vía de la Plata. Esta etapa ya habíamos intentado recorrerla Manolo, Fran y yo el pasado 21 de julio, pero se nos echó la noche encima en aquella ocasiíón, y no pudimos alcanzar Castilblanco.

Quedamos a las 9:00h en Guillena, y tras acondicionar las bicis, partimos de Guillena, cruzando el puente que salva el río Ribera de Huelva. Seguir el trazado no era nada complicado, ya que sólo había que limitarse a seguir las flechas amarillas de la Vía de la Plata. Una vez llegamos al polígono de El Cerro, dejamos el asfalto y empezamos con el verdadero camino. ¡Y lo empezamos con un barrizal! En efecto, las lluvias de los últimos días habían provocado que el primer tramo del camino, que transcurre entre olivares, apareciera embarrado. Sin embargo, confiaba en que más arriba, en las primeras estribaciones de la sierra, sólo tuviéramos el terreno más compactado. Y no me equivocaba.

Seguimos en continuo ascenso hasta el campo de naranjos que marca un breve descenso hasta la zona de alcornocales. El cambio de paisaje es enormemente llamativo, pues se pasa de un paisaje olivarero a un paisaje serrano. Y con zonas trialeras muy apetecibles. Las cubiertas Maxxis Larsen TT, pese al desgaste de la trasera, se portaron de fábula, permitiéndome salvar todos los tramos comprometidos sin demasiados apuros. Así, pronto llegamos a la zona de las dos portelas.

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Tras pasar las portelas, continuamos ascendiendo por la última zona trialera, que a diferencia de la primera vez pude salvar sin echar pie a tierra. Poco después emprendimos el descenso hasta alcanzar el camino que desemboca en la carretera de Burguillos a Castilblanco, y que fue la zona donde nos tuvimos que volver la primera vez. Desde ahí, se asciende por la carretera durante 4 kms. hasta Castilblanco, terreno en el que Miguel aprovechó para tirar con ganas.

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Estuvimos un rato en la entrada de Castilblanco, nos refrescamos en una fuente, que también aproveché para kimpiar un poco la bici del barro en el que me había metido un par de veces, y emprendimos la vuelta. El descenso por carretera no tuvo mayor novedad, pero una vez recuperamos el camino, aproveché para utilizar la cámara deportiva, y grabar todo el descenso, que fue largo, técnico, y divertido a horrores.
También tuvimos un par de caídas protagonizadas por Rafa, que se vinieron a sumar a la de Miguel de la subida. Todas ellas sin mayores consecuencias.

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Una vez alcanzamos de vuelta el polígono de El Cerro, aprovechamos para lavar las bicicletas, y solventado este trámite, finalizamos la etapa en Guillena.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según le móvil de Rafa): 31’35 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 57m 15s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 12m 48s
  • Pulsaciones medias: 138 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 184
  • Consumo medio de calorías: 1010 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1470 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 44m 18s
  • Consumo total de calorías: 3223 kcal

El trazado de la etapa, registrado con AndAndo, es el siguiente:


Ver Guillena – Castilblanco por la Vía de la Plata (12/10/2010) en un mapa más grande

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22 jul 10 Entrenamiento ciclista: Guillena – Castilblanco de los Arroyos

Esta vez -aunque por poco- no se nos fue de las manos. Fran, Manolo y yo realizamos ayer un fragmento de la Vía de la Plata entre Guillena y Castilblanco de los Arroyos. Teníamos previsto, en realidad, realizar el recorrido completo hasta Castilblanco, pero dado que empezamos la etapa a las 20:20h, con 50 minutos de retraso sobre el horario previsto, nos vimos obligados a hacer recortes en la distancia.

En efecto, la distancia entre Guillena y Castilblanco es de unos 19 km, de reocrrido en continuo ascenso, a través de las últimas estribaciones de la campiña sevillana y, sobre todo, por las primeras rampas de la Sierra Norte de Sevilla. Salimos de Guillena por la carretera que se dirige a Burguillos, siguiendo todo el rato las flechas amarillas de la Vía de la Plata. Llegamos hasta la rotonda de entrada de un polígono industrial, donde abandonamos la carretera, y tomamos la pista que nos tendría que haber llevado hasta Castilblanco.

En esta etapa iba estrenando un nuevo juego de cubiertas, unas Maxxis Larsen TT de 1.9”, que me habían recomendado para el firme que espero encontrar en el Camino: asfalto y camino de tierra en buenas condiciones. Y la verdad, las cubiertas, muy estrechas en su banda de rodadura, dejaban rodar de una manera sumamente cómoda.

El camino describía un ascenso continuo a través de sembrados y olivares, con ocasionales respiros y pequeña bajadas. El camino continuaba con esta tónica hasta llegar a un campo de naranjos, donde empezamos un descenso que nos habría de llevar hasta una zona boscosa eminentemente mediterránea: alcornoques, encinas y fincas de ganado, con sus correspondientes pasos canadienses. A esas alturas de la etapa empezaron las complicaciones para mí desde el punto de vista físico. Pese a que iba en un estado de forma sumamente bueno, empecé a tener sensaciones desagradables en los gemelos, cual si fuera a darme un tirón. Parecía que la etapa de la semana pasada me estaba pasando factura en forma de algún tipo de lesión muscular. Esto me obligó a utilizar unos desarrollos más cortos, que me descargaran de esfuerzo, pero que me obligaban a mantener una cadencia mayor.

El terreno, poco a poco, se fue haciendo más abrupto: abundante grava, zona en las que afloraban piedras pizarrosas, y camino estrecho y revirado: algo que me resultaba sumamente familiar, a lo que estoy acostumbrado después de tanto tiempo saliendo en Córdoba. Y que, a decir verdad, echaba en falta en Sevilla. Por fin lo había encontrado. Y si bien este terreno hacía mis delicias, no puedo decir lo mismo de Fran y de Manolo. Al menos, al inicio. Después me consta que lo disfrutaron como enanos.

Tras un rato de ascenso trialero, llegamos a un primer punto significativo: el paso por una zona de dos portelas consecutivas, donde aproveché para tirar una bonita foto:

Manolo y Fran entre las portelas

Manolo y Fran entre las portelas

Tras el paso de las portelas, continuamos por un camino con condiciones algo mejores en lo referente al afloramiento de piedras, pero igualmente abrupto y estrecho. Un bonito y excitante tramo en el que, por vez primera tras el primer amago de tirón del gemelo derecho, tuve que echar pie a tierra para salvar un desnivel. Las cubiertas, pese a ser estrechas, me estaban proporcionando un magnífico agarre.

Y así, continuamos avanzando hasta cruzar una segunda portela, junto a la que había un manso de enorme cornamente, y poco después desembocamos en un camino de mejor firme (que después averiguaría que desembocaba al poco en la carretera comarcal que nos tendría que haber conducido a Castilblanco). Continuamos avanzando hasta que dieron las 21:15h, hora que nos habíamos marcado como límite antes de emprender el regreso, cosa que hicimos tras un breve refrigerio.

La vuelta fue sumamente emocionante, por el mismo trazado revirado, traicionero y trialero que habíamos tenido a la ida, y que disfruté enormemente y que realicé abriendo camino, hasta llegar de nuevo al campo de naranjos. Eché enormemente en falta mi cámara deportiva, que no había podido llevar a la etapa por haberme olvidado el soporte en Córdoba. Una vez abandonado la zona de dehesa, tomaron el relevo en el encabezado del descenso Fran y Manolo.

Y fue en esta parte final del descenso, camino del polígono, donde sufrí la incidencia de mayor importancia de la jornada. Cuando descendíamos a bastante velocidad, me metí por entero en una rodera bastante profunda y estrecha, que estuvo a punto de hacerme salir despedido de la bici. Conseguí controlarla forzando una fuerte pedalada para salir de la trampa, pero a costa de dañarme el gemelo izquierdo -que ya notaba tocado-, en el que volví a sufrir un tirón, bastante más fuerte que el anterior en el gemelo derecho. A diferencia de éste, con cada pedalada notaba cómo volvía a montárseme el músculo. Así que me vi obligado a sacar el pie izquierdo de la cala, y pedalear con apenas el talón apoyado en el pedal. De esta manera, no me acometían nuevos tirones.

Una vez llegados al polígono, la noche casi nos había caído encima, así que aproveché para estrenar el otro pedido que realicé hace semanas a DealExtreme: una linterna de LED para la bici:

Linterna LED para bici

Linterna LED para bici

Recorrimos a un ritmo tranquilo el escaso trayecto que nos separaba de Guillena, donde tomamos un magnífico refrigerio en una venta de la entrada del pueblo. El recorrido total de la etapa fue de 24’917 km, que recorrimos en 1:34:35. La velocidad máxima alcanzada fue de 35’9 km/h.

En cuanto mi rendimiento, mi media de pulsaciones fue de 152 pulsaciones/min de media, con un máximo de 186. El consumo energético medio fue de 1150 kcal/h, con una máxima de 1490 kcal, y un consumo total de 1974 kcal.

El recorrido de la etapa, trazado en Google Maps, es el siguiente:


Ver 2010/07/21 – Guillena – Castilblanco de los Arroyos en un mapa más grande

El balance de la etapa es el siguiente: es un recorrido magnífico, el que más he disfrutado desde que llevo cogiendo la bici en Sevilla. Se le puede sacar un partido enorme, especialmente combinado con otras rutas que llevan hacia los Lagos del Serrano y la Ruta del Agua. Sin embargo, estoy preocupado por lo que puede ser una molesta lesión a una semana vista de empezar el Camino. Por lo pronto, estoy con vendajes compresivos en los gemelos, y con unos días de reposo por delante. Espero que el problema no vaya a mayores.

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