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¡¡Corred insensatos!!
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17 may 11 Etapa ciclista: Vereda de las Pedrocheñas (08/05/2011)

El 8 de mayo Ángel, Javi Aljama, Mané y yo salimos de nuevo a rodar por la Sierra de Córdoba. La etapa elegida: la vereda de las Pedrocheñas. Es un recorrido que llevábamos mucho tiempo con ganas de hacer, y habíamos decidido no dejarlo pasar. La vereda parte de Cerro Muriano y llega hasta la urbanización El Sol, cercana a Alcolea, recorriendo unos 15 kms. de sierra, que nos lleva en su parte más oriental a las cercanías del pantano de San Rafael de Navallana. Para llegar hasta la vereda habíamos decidido subir la Loma de los Escalones, y para complementar la vuelta, queríamos tomar la vereda de Linares hasta el Santuario, y volver a Córdoba descendiendo el arroyo Pedroche.

Quedamos a las 8:30h junto al parque de la Asomadilla, pero Javi se quedó dormido, por lo que en realidad no pudimos partir hasta las 9:07h. Ese rato de espera lo aprovechamos probando un poco las suspensiones de las bicis, y la cámara GoPro de Mané:

Iniciada la etapa, bajamos por Chinales hasta la joroba de Asland, que subimos, antes de dirigirnos al puente romano del arroyo Pedroche. Desde ahí tomamos el camino Mozárabe para alcanzar la Carrera del Caballo, Torreblanca, y desde ahí dirigirnos a la Virgen de Linares. Iniciamos el ascenso de la Loma de los Escalones justo a las 10:00h, mezclados con un amplio grupo de ciclistas de un club. Esto condicionó un poco nuestro ascenso, ya que este grupo no estaba formado precisamente por unos pros, por lo que nos podíamos rodar demasiado a gusto. Teníamos dos opciones: o reventábamos y los dejábamos atrás, o bien nos lo tomábamos con calma, y esperábamos a que se adelantaran. Teniendo en cuenta los más de 50 kms. de recorrido que teníamos por delante, optamos por lo segundo. Nos esperaba un ascenso bastante relajado de la Loma de los Escalones. O al menos, eso parecía. Porque se ve que tan relajado era el ascenso, que tenía que buscar una manera de montar el taco. Y la manera fue intentar partirme los cuernos con un árbol en plena subida: iba en ese momento abriendo camino, y al llegar a uno de los escalones que se pasa a la izquierda, pegado a la pendiente, se me fué un poco la rueda delantera, desplazándoseme la bici a la izquierda. Fui a dar con las ramas de un árbol y, al intentar soltarme dando una pedalada para liberarme del abrazo, las ramas me atraparon aún más, quedándome completamente clavado en el follaje, deteniéndome en seco, y escuchando un crujido que durante unos instantes no tuve completamente claro si eran las ramas cediendo, o mi cuello haciendo lo propio. Al quedarme completamente clavado estorbé el rodar de Javi, que venía justo detrás mío. Sorprendido por el inesperado obstáculo, no pudo soltar a tiempo los pedales automáticos, yendo a dar de culo en el suelo, cayendo con todo el equipo. Al menos cayó en plano, y no en ninguno de los abundantes peñascos de la zona. Tengo que admitirlo: hicimos el ridículo más espantoso.

Una vez repuestos del incidente, continuamos con el ascenso. Terminamos sin más incidentes el tramo de los escalones, y llegamos al camino de la cantera. Como el grupo que nos precedía había quedado bastante adelantado entre la subida cómoda y el incidente anterior, pudimos hacer una subida hasta la curva del frenazo bastante alegre, en la que Javi y yo íbamos en cabeza, y Mané y Ángel un poco más retrasados. Decidimos no detenernos en la curva, y seguimos inmediantamente hasta el inicio de la cuesta de Arrastraculos. íbamos a hacer una subida bien completa. En Arrastraculos Ángel y Mané pasaron en primer lugar, siguiéndolos Javi y yo. Y llegamos al tramo más duro de la subida. Mané lo subió como un campeón en primer lugar, y aprovechó para tomar el siguiente vídeo:

En mi caso, era la primera vez que subía Arrastraculos sin detenerme. Hay que admitirlo. Estábamos pletóricos. Sin detenernos salvo para recuperar un poco el resuello, realizamos el descenso desde la Ermita hasta Cerro Muriano, a donde llegamos a las 11:00h. Nos habíamos ganado un buen descanso y un mejor desayuno. Paramos en el bar que hay justo a la entrada de la barriada, donde saciamos nuestro apetito antes de continuar la etapa. Habíamos terminado la parte más dura del recorrido, pero empezaba lo desconocido. :)

Reanudamos la etapa a las 11:30h, y tras repostar agua, nos dirigimos hacia el comienzo de la vereda, en la bajada de Cerro Muriano hacia la Piedra Horadada. Esta es una zona minera que tiene su origen en tiempo de los romanos, pero que también fue explotada por los ingleses en los siglos XIX y XX. Iniciamos un fuerte descenso, que no pudimos menos que interrumpir para admirar las construcciones mineras de los ingleses…

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…así como la propia Piedra Horadada, que no es sino la bocamina de la excavación romana:

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Continuamos el descenso, en fuerte pendiente, hasta que encontramos la primera sorpresa desagradable de la etapa: una cancela con un letrero que advertía que el camino estaba cortado, pese a que la vereda supuestamente se encuentra deslindada. Tras asegurarnos con el GPS que no habíamos errado el camino, ignoramos la cerca y continuamos nuestro camino. Una vez terminada la bajada, llegamos a un pequeño claro en el que vimos una nueva valla. Esta vez la vereda no transcurría por el camino principal, sino por una pequeña senda que se abría a la derecha, y que bordea la cerca que bloquea la citada pista. La senda, estrecha casi comida por la vegetación, se abre paso en dirección sureste, y aunque en algunos momentos pasamos por los espinos más grandes que recuerdo desde Zuheros, nos permitió rodar de una manera bastante alegre, en la que disfrutamos del paisaje.

Tras unos 700 metros de sendero, desembocamos en el camino de la cuesta del Gallo, que tuvimos que remontar un poco para seguir por la vereda, en un corto aunque duro repecho, que nos llevó a una divertida bajada de casi 3 kms. trufada de pequeñas subidas, en la que acabamos encontrándonos con la intersección con el camino de Decalamano, que comunica con la vereda de la Alcaidía, pasando junto a la conflictiva casa de la Armenta Baja.

Siempre en dirección sureste, seguimos por la vereda, convertida en una amplia pista. Empezamos una subida sostenida de 4 kms., en los que nos encontramos de nuevo con una verja. La diferencia en este caso es que el letrero indicando -falsamente- que no circulábamos por una vereda se encontraba por fuera. Escamados, seguimos un camino en bastante mal estado bordeando por la derecha una verja, que nos condujo en ascenso, hasta que nos apartamos bastante de la verja, y del camino que transcurría por fuera de ella. Verificamos nuestra posición en el GPS, y vimos que el trazado de la vereda correspondía con el camino que transcurría por fuera de la verja. No nos quedó más remedio que saltar la cerca de alambre de espinos.

Corregido el rumbo, seguimos de manera invariable en dirección sureste. Poco a poco nos íbamos acercando al punto en que la vereda gira en dirección sur, cerca de la casa de la Clavellina, aunque por el camino tuvimos que ver varios letreros más que advertían de que no circulábamos por una vereda pública. Y por fin alcanzamos a contemplar una excelente vista del pantano de San Rafael de Navallana:

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No mucho después de detenernos a contemplar el pantano, llegamos a la altura de la casa de la Clavellina. Vimos que la pista giraba en dirección sur. Teníamos intención de realizar el descenso del pico Clavellina por un sendero que transcurre algo más al este de la vereda de las Pedrocheñas, pero viendo la situación, decidimos abandonar la finca por el trazado estricto de la vereda. No fue algo precisamente fácil, pues una enorme puerta -con su correspondiente cartel de aviso- nos bloqueaba la salida. Por suerte, alguien había realizado algunos agujeros en la puerta, por donde fuimos capaces de introducirnos. No se trataba de una situación agradable: una vereda pública, reconocida y que había sido deslindada, se encontraba de nuevo invadida por terratenientes sin escrúpulos. Y para colmo, se trataba de un precioso recorrido por una de las zonas menos conocidas de la sierra. Estábamos indignados.

Salimos de la finca para iniciar el descenso, que prometía ser trepidante. No nos equivocábamos. Aunque tuvimos que pasar un par de cercas más -en una de ellas, curiosamente, solicita por favor que fuera cerrada tras pasar, que suele ser el reconocimiento implícito de que se trata de un camino público-, llegamos rápidamente hasta la parte superior de la urbanización El Sol. Y de nuevo, nos vimos interrumpido el paso por una enorme puerta metálica, que no nos quedó más remedio que saltar, con el considerable enfado. De nuevo en descenso, rodeamos un cerro con un curioso camino ascendente en espiral, y continuamos nuestra bajada hasta llegar a la vereda de Alcolea, por una cuesta final pedregosa y traicionera. Aunque bastante divertida. :mrgreen: Y así, llegamos hasta el vado del arroyo Guadalbarbo, que no podíamos menos que cruzar:

Superado el arroyo, nos tocaba de nuevo subir. Pasaba de la una de la tarde, llevábamos 31 kms. de etapa en las piernas, y el sol estaba empezando a hacer estragos. Y apenas faltaba una hora para el inicio del G.P. de Fórmula 1 de Turquía. Visto lo visto, y que Ángel no podía retrasarse mucho en volver a casa, decidimos acortar el recorrido, dejando para mejor ocasión la vereda de Linares. Optamos por volver directamente a Córdoba por la vereda de Alcolea. Afrontamos la breve pero dura subida de pizarra que sigue al arroyo, y seguimos hasta el cruce de veredas (Alcaidía, Linares y Alcolea). Tomada la decisión, volvimos por la vía rápida. Y no es metafórico: realizamos una bajada trepidante hasta el arroyo Rabanales, con saltos incluidos en la pedregosa bajada que precede al cruce por el puente romano. En la Campiñuela giramos a la derecha para volver por la carretera de mantenimiento del canal, y ganar algo de tiempo. Volvimos a pasar por el puente romano del arroyo Pedroche, y giramos a la izquierda para pasar por debajo de las vías, y entrar en Fátima cerca de la antigua prisión. Luego cruzamos por debajo de la joroba de Asland, y atravesamos por el parque que comunica con el Vial Norte. Haciendo una broma sobre mi sentido de la orientación y esos pequeños atajos, Javi me preguntó si había algún camino de Córdoba que no conociera. Y mi respuesta no pudo menos que ser la siguiente: “Seguro que sí, pero no lo conozco”. :mrgreen: Entre risas, enfilamos el Vial Norte y nos dirigimos a Santa Rosa. Al llegar a Cruz de Juárez, nos despedimos de Ángel, y subimos la Cuesta Negra, donde Javi también se despidió. Mané y yo llegamos a nuestra calle a las dos menos cinco de la tarde, con el tiempo justo para ver la salida del Gran Premio. Habíamos recorrido 43’1 kms. de una magnífica etapa, que por desgracia me temo que no repetiremos mientras el estado de la vereda de las Pedrocheñas no se aclare

El recorrido de la etapa en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/05/08: Cerro Muriano – Pedrocheñas en un mapa más grande

Los datos de la etapa, por su parte, son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 42,9 km.
  • Distancia (según el GPS): 43’1 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 22m 9s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 49m 54s
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02 mar 11 Etapa ciclista: Vereda de la Alcaidía – Loma de los Escalones (28/02/2011)

El pasado día de Andalucía volvimos a salir a rodar Javi Aljama, Mané y yo. Una etapa tranquila, en principio, pero en la que queríamos probar varias cosas: Mané, por su lado, una nueva cámara deportiva, la Go Pro Hero. Yo, por el mío, mi navegador Tomtom al que le había cargado los mapas 1:25.000 del Ministerio de Fomento geolocalizados y un sistema para registrar el recorrido en formato gpx. Eso, y cómo se llevaba la Ghost ASX 5100 de Mané con una cubierta trasera Maxxis Larsen TT de 1.9”. Nuestra idea inicial había sido ir por las cercanías de Trassierra, y recorrer la zona de Valdejetas, Puerto Artafi y el cerro del Trigo, pero ese era el recorrido que se iba a efectuar en la Andalucia Bike Race, por lo que tuvimos que cambiar de recorrido. Y aprovechando que la zona este de la ciudad era la menos conocida por mis amigos, nos decidimos a realizar el siguiente recorrido: salir desde el puente romano del arroyo Pedroche, subir por la vereda de la Alcaidía hasta el cortijo homónimo, para desembocar en la vereda de la Pasada del Pino (también conocida en esa zona como la vereda de la Armenta). Posteriormente, bajar por la Cuesta del Gallo a la vereda de las Pedrocheñas, y entrar en Cerro Muriano por las minas. Por último, bajar a Córdoba por la Loma de los Escalones y regresar por Puente de Hierro. Así a ojo, unos 35 kms.

Teníamos previsto empezar la etapa a las 9:30h, pero un inoportuno pinchazo en la bici de Javi hizo que éste se retrasara, con lo que no pudimos empezar la etapa hasta cerca de las 10:00h. Una vez salimos, dejamos Córdoba por la joroba de Asland, y cruzamos por el puente romano. Seguimos la carretera hasta la urbanización de la Campiñuela baja, donde tomamos la vereda de la Alcaidía. Todo transcurría sin mayor novedad, hasta que un problema mecánico hizo mella en la bici de Javi: sufrió una salida de cadena que dobló algunos eslabones de ésta. La enderezamos como pudimos y seguimos adelante. Pero a partir de este momento, Javi empezaría a sufrir problemas con la cadena, cada vez más graves.

Rebasamos el canal y pasamos sobre el puente romano sobre el arroyo Rabanales, siguiendo la vereda. En la pequeña subida que sigue al paso del arroyo se volvieron a reproducir los problemas de Javi, lo que nos obligó a detenernos de nuevo. Pese a todo, pudimos continuar. Salvamos la zona embarrada que precede al cruce de la vereda de la Alcaidía con la vereda de Linares, y empezamos el ascenso. Todo lo que habíamos dejado de ascender, mientras nos aproximábamos poco a poco a la Sierra tuvimos que realizarlo de golpe. Se me hizo durísimo el tramo de subida conocido como Cañada de la Víbora: una subida por un estrecho valle, en línea recta hacia el norte. La Ghost no se portaba mal con la Larsen TT atrás, pero el exagerado peso de la High Roller de 2.35”, junto con el de la horquilla de 120 mm. me hacían notar la bici excesivamente cabezona, acostumbrado como estaba a mi ligera Fuji Sundance SE.

Javi, por su parte, había encontrado un ritmo razonable dejando el piñón en un punto en el que no le daba problemas, y Mané seguía subiendo a un ritmo muy alegre. Alcanzamos la cancela que cierra el paso, una vez pasada la casilla que hay a media subida, y continuamos ascendiendo. Una subida dura y atravesada, pero que prometía un descanso no demasiado lejano. Al fin y al cabo, estábamos ascendiendo todo lo que se podía ascender. Y así, llegamos al cortijo abandonado de la Alcaidía. Lo más duro del día había quedado atrás.

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Nos echamos unas fotos y seguimos avanzando en dirección norte. El GPS realizaba su función perfectamente, y podíamos leer en las cartas nuestra posición sin ningún problema. Desde la Alcaidía iniciamos un rápido descenso que no tardó mucho en conducirnos a un valle, que se abría ante nosotros espectacular en un precioso día de invierno que empezaba a ser primavera. No pudimos menos que detenernos un rato a tomar unas fotos.

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Aprovechando la parada, Mané se decidió a sacar la cámara deportiva, para empezar a filmar algunos tramos de la etapa. Y abrimos fuego filmando el descenso… marcha atrás. Bastante divertido. Seguimos descendiendo hasta que alcanzamos una bifurcación en el camino. Vimos un cartel que indicaba “Camino real” hacia la izquierda, por lo que tomamos ese camino. Aún no lo sabíamos, pero a partir de entonces dejamos de ver los postes de la Junta de Andalucía que indicaban que seguíamos una vereda pecuaria. Entrábamos en los conflictivos terrenos de la Armenta.

Desde hace algunos años hay problemas con los dueños de los cortijos de la Armenta Baja y la Armenta Alta. Éstos han cortado el acceso a caminos públicos que pasan por el interior de sus fincas y se muestran bastante hostiles hacia todo aquel que trata de ejercer su derecho de paso. Nosotros no íbamos a ser una excepción. Seguimos avanzando por la vereda de la Alcaidía hasta que nos tropezamos con una reja que nos impedía el paso. Anunciaba con un cartel que no existía ningún camino público por su interior. Alguien se había molestado en tachar esta indicación, y existía un sendero que rodeaba la verja, hasta alcanzar de nuevo el camino, que tomamos, dado que el GPS nos indicaba que seguíamos por la vereda.

Un poco más adelante, la cadena de Javi dijo basta. Volvió a salirse, quedando atrancada entre cuadro y platos. Cuando conseguimos liberarla, había quedado completamente doblada. No nos quedó más remedio que quitar una sección de la cadena, haciendo uso del tronchacadenas que, por suerte, Javi llevaba encima. El día se nos echaba encima, por lo que tuvimos que desechar la opción de bajar por la cuesta del Gallo y llegar a Cerro Muriano: seguiríamos por la vereda de la Pasada del Pino hasta llegar hasta la N-432, y desde allí bajaríamos por la Loma de los Escalones.

Una vez arreglada la cadena, arrancamos de nuevo, aunque Javi se vio obligado a no usar más que un piñón alto, ya que el resto de la cadena, todavía dañado, no le permitía cambiar sin sufrir problemas. Una vez llegamos al cruce de la vereda de la Alcaidía con la vereda de la Pasada del Pino, giramos a la izquierda en dirección a la Nacional. Poco a poco, y en ascenso, fuimos dejando una vegetación típica de dehesa para ir encontrando poco a poco la vegetación de pinos que es propia del Muriano. Así, tras un rato de marcha, llegamos hasta la confluencia de la vereda con la Cuesta del Gallo, y la entrada del cortijo de la Armenta Alta.

No nos habíamos detenido aún para orientarnos, cuando nos salió al paso un todoterreno en el que iba un guarda de la finca. Con malos modos, al ver la cámara que Mané llevaba en su casco, y tras asegurarse de que estaba apagada, nos quiso hacer creer que ahí no había camino público alguno y que habíamos invadido una propiedad privada. Haciéndome el tonto, aducí que nos habíamos despistado siguiendo la vereda de la Alcaidía, y que gustosamente tomaríamos la vereda de la Pasada del Pino para llegar al Muriano, tan pronto como nos indicará la manera de alcanzarla. Nos respondió que siguiéramos adelante por el propio camino que llevábamos (y que realmente es la vereda pública) hasta llegar a la vía abandonada de Almorchón, y que saliéramos de la finca por ella, ya que según él, la entrada del camino estaba cerrada. Para evitarnos mayores problemas, así lo hicimos, no sin comentar medio enfadados, medio divertidos, la jugada. Eso, y la cara de susto que tenían los pobres chavales que acompañaban al guarda.

Dicho y hecho. Poco después llegamos a la vía del tren y, dado que apenas quedaba kilómetro y medio hasta la curva del frenazo, la recorrimos. No pude alegrarme más en todo el día de llevar una bici con doble suspensión, ya que este es uno de los pocos tramos de la vía que aún conserva raíles, traviesas y balasto, y el rodar sobre todo ello se hacía francamente duro. Más que duro, movido. Como para aflojarte las muelas. Nuevo cambio de paisaje. Pasamos a recorrer una trinchera de ferrocarril abandonada, con abundante vegetación. Y así, sin mucha novedad, llegamos hasta el túnel de la Mocha, cuya entrada norte se hallaba casi bloqueada por un derrumbe y la vegetación.

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Eso lo que respecta a la entrada norte. La sur estaba prácticamente impracticable por la maleza. Tras abrirnos paso entre las zarzas, conseguimos salir a una zona más despejada, cercana a una casilla del guarda del tren, donde nos detuvimos a reponer fuerzas.

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A esas alturas del día, estaba bastante claro. Habíamos estado hablando de seguir la vía hasta la estación de la Balanzona, que es bastante llamativa, pero al ver que la vía describía un rodeo de varios kilómetros, optamos por salir directamente a la curva del frenazo, y empezar el descenso por la Loma. Dejamos atrás la vía a la altura de la casilla, y empezamos el descenso. Un descenso muy rápido por la pista de la cantera, y que Mané grabó íntegro. Nos detuvimos al comienzo de la calzada, para ajustar la altura de los sillines, y reemprendimos el descenso.

Tengo que admitirlo: el descenso con la Ghost por la Loma fue sencillamente brutal. Soy aficionado a las rígidas, y a realizar descensos técnicos con cuidado, pero era una auténtica delicia descender con esa bici. Posteriormente Mané me comentaría que le había sorprendido el aplomo con el estaba bajando, pese a ser sólo la segunda vez que cogía una doble, y la primera en ese tipo de trazado. Y es que estaba disfrutando. Hice el descenso íntegro, salvo un pequeño repecho en que que no le eché el suficiente valor. Pero aun así, me di por satisfecho.

Nos detuvimos unos instantes frente a la ermita de la Virgen de Linares, antes de continuar la vuelta por el trazado del Camino Mozárabe, hasta llegar a Torreblanca. Desde allí nos encaminamos hacia el arroyo Pedroche, que vadeamos, para realizar el descenso hasta Puente de Hierro. De nuevo, nos lo pasamos bomba con la bajada, que quedó registrada en vídeo. Por último, subimos hasta el barrio Naranjo, y por la cuesta Negra volvimos a casa, a las 14:35h. Una magnífica etapa pese a todos los avatares que sufrimos en su realización.

El GPS, por su parte, llegó a casa justo de batería y quejándose desde Puente de Hierro. Aun así, registró perfectamente el recorrido, que subido a Google Maps queda como sigue:


Ver 2011/02/28: Alcaidía – Loma de los Escalones en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes:

  • Distancia (según el GPS): 33’618 km.
  • Tiempo empleado: 4h 38m 39s

En cuanto tenga tiempo, pondré alguno de los vídeos.

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02 feb 11 Etapa ciclista: Loma de los Escalones – Postes – Meseta Blanca (30/I/2011)

El pasado domingo volví a salir con la bici por Córdoba con mis viejos amigos. En esta ocasión salimos a dar pedales Marcos, Mané y yo. Había estado planificando la etapa con Mané a lo largo de la semana, en la que habíamos definido tres hitos clave: subida de la Loma de los Escalones, pasar por Villa Alicia y enlazar con la carretera del 14%, y bajar a Córdoba por Los Postres, cortafuegos que coincide en su recorrido con el gasoducto a Badajoz (y cuyas tomas de ventilación son los que dan el nombre a la bajada). No conocíamos el punto de comienzo exacto de Los Postes, ante lo cual decidí echar en la mochila el mapa topográfico de la zona.

El domingo amaneció con una intensa niebla, y con frío, mucho frío. Habiamos quedado a las 9:00h en casa de Mané, y cuando asomé por la puerta, teníamos una temperatura de 7ºC, que prometía bajar cuando saliéramos de la ciudad. Marcos llegó con un poco pasadas las 9:00h, y nos encaminamos a Santa Rosa. Había propuesto tomar la subida de la Loma de los Escalones desde el puente romano del arroyo Pedroche, siguiendo el trazado del Camino Mozárabe, cosa que hicimos. Por suerte conocía bien el trayecto, ya que la intensa niebla apenas nos permitía seguir las flechas amarillas, en especial una vez pasado el puente y el Molino de los Ciegos. Pronto llegamos a la zona de Torreblanca, donde el espanto constructor que ha destrozado la zona hizo mella en nuestro ánimo. La primera dificultad vino porque parte del trazado del Camino se encuentra perdido, vallado por una obra inconclusa. Esto nos obligó a desviarnos por una calle paralela al trazado, si bien pudimos recuperar el Camino poco después, para internarnos en una zona boscosa, donde hicimos la primera parada del recorrido.

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Descendimos por el trazado trialero hasta retomar la carretera de la Virgen de Linares justo a su final. Siempre siguiendo las flechas amarillas, nos dispusimos a realizar el ascenso de la Loma de los Escalones. Subimos como buenamente pudimos el primer repecho de sendero quebrado, con una niebla que nos hacía gotear humedad condensada, y con 5.5ºC. Enormemente agradable.

Conseguí pasar las primeras paredes con un razonable éxito, pero a costa de desfondarme completamente, lo que pagaría posteriormente. Seguimos ascendiendo por el trazado de la calzada romana, con sus impresionantes cortados en la roca de la loma. Una vez pasada la primera pared, seguimos ascendiendo por un tramo algo más favorable, antes de llegar a la bifurcación que hay junto a un poste de la luz, donde empecé a pagar el esfuerzo del tramo anterior. A medida que íbamos ascendiendo se veía que la niebla estaba despejando en las partes altas, por lo que no debíamos de tardar mucho tiempo en salir de ella por encima.

Así fue, al llegar a la parte de los escalones de caliza asomamos a un día radiante por encima del banco de niebla. Pasamos los escalones con algún percance y haciendo bastante equilibrismo sobre la caliza mojada, lo que le daba un extra de complejidad a la subida. De esta manera asomamos a la parte superior de la loma, donde se encuentra la parte arrasada por la cantera en explotación.

Desde allí seguimos ascendiendo por el camino de cantera que lleva hasta la curva del Frenazo, en el trazado antiguo de la N-432. Hacía tiempo que no transitaba por allí, y tengo que admitir que no recordaba ese ascenso tan duro como se me hizo. Estaba empezando a arrastrarme sobre la bici. Por suerte, no mucho después llegamos a la Curva, donde hicimos una segunda parada, en la que Mané y yo aprovechamos para reponer algo de fuerzas a base de barritas de cereales.

Una vez descansados, y disfrutando de un agradable sol, continuamos nuestro ascenso, siempre ciñéndonos a las indicaciones del Camino Mozárabe, lo que implicó cruzar el viejo trazado del ferrocarril de Almorchón. Subimos por una parte bastante abrupta donde existe una placa que recuerda a Vicente Mora Benavente, gran impulsor del Camino Mozárabe, ya fallecido:

Placa conmemorativa (Imagen original de bgs en Picasa)

Placa conmemorativa (Imagen original de bgs en Picasa)

Durante un rato circulamos en paralelo a la vieja Nacional, hasta que llegamos al comienzo de la cuesta que tiene por mal nombre Arrastraculos, y que forma parte del trazado original de la calzada romana que veníamos siguiendo. Afrontamos razonablemente bien las primeras rampas del ascenso, aunque con gran cansancio por mi parte. Iba necesitando un descanso. Pese a ello, Marcos y Mané no se me fueron tanto como pensaba, y nos reagrupamos en la pared final de subida a la Ermita. Atacamos la pared con desigual éxito: Marcos consiguió subirla al segundo intento, Mané lo hizo a la primera, y por un inoportuno bloqueo de la rueda delantera me quedé en clavado en mitad de la subida. Creo que hubiera podido subirla, porque, como bien comentó Mané, era una cuesta más de pulmones que de piernas, y las piernas me habían respondido bien.

Desde la ermita bajamos hasta Cerro Muriano, pasando junto al comienzo de la vereda de la Posada del Pino, que atraviesa la finca de Villa Alicia. Como nos temíamos, el propietario tenía vallada de manera ilegal el comienzo de la vereda, imposibilitando el acceso a ella. De momento decidimos bajar hasta el Muriano, y allí hacer un descanso. Durante éste, que aderezamos con unas bien merecidas tostadas, nos encontramos con un grupo ciclista de amigos de mis compañeros de etapa. Les comentamos nuestra intención de pasar por Villa Alicia, cosa que nos desaconsejaron debido a los pleitos que desde hace tiempo mantiene el propietario, y las dificultades que pone a los transeúntes.

Aun así, decidimos volver a la vereda. Vimos que estaba completamente cercada por vallas, restos de escombros, que se había cavado una zanja para impedir el paso, y arrasado la cobertura vegetal para intentar hacer desaparecer el camino. Estuvimos dudando un rato, hasta que vimos en el topográfico un posible trazado a seguir, intentando evitar la casa principal. Dicho y hecho. Con la ayuda de mi amiga Roberta salvamos la cerca, y nos adentramos en una antigua cantera. Pronto salimos a un camino que habría de llevarnos hasta una edificación. Viendo que había coches decidimos dar la vuelta para evitar problemas. Volvimos al trazado original de la vereda, y nos encontramos otro coche apostado en ésta. Al oír ladridos de perros, y para evitar males mayores, volvimos sobre nuestros pasos y salimos de la finca. El segundo objetivo del día había quedado frustrado.

Así pues, bajamos de nuevo al Muriano, y tomamos a la izquierda la carretera que comunica con la variante de la N-432. Al llegar a la incorporación, nos detuvimos. Desde allí teníamos dos posibilidades: ir por la N-432 hasta divisar la vereda, que pasa por debajo de la Nacional, salir de ésta, y tomarla hasta su final, en la carretera del 14%; o bien tomar directamente la carretera del 14%. Optamos por la segunda opción, debido a la peligrosidad de la N-432, si bien con la idea de quedarnos con la zona en la que la vereda enlazaba con la carretera.

Afrontamos el ascenso por carretera. Rápidamente Mané empezó a sufrir sus ruedas de 2.35”, así como el llevar una doble suspensión, frente a las rígidas con suspensión que llevábamos Marcos y yo. No tardamos en abrir hueco, ante lo que tuvimos que moderar el ritmo. No era plan de descolgarnos.

Seguimos subiendo hasta llegar a la zona donde teníamos que tomar el desvío para el cortafuegos de Los Postes, entre el campo de tiro olímpico y la entrada al club de golf. Localizamos el desvío justo al final de la rampa existente, y nos dirigimos hacia la estación de control del gasoducto. Empezaba el descenso de Los Postres. Bajamos un primer tramo hasta unos postes eléctricos, donde disfrutamos de una impresionante vista del valle bañado aún en la niebla. Espectacular.

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El primer descenso era terrible: con un enorme desnivel, erizado de pinos a nuestra derecha, con un abrupto barranco a la izquierda, y una curva a derechas al final del trazado. Al menos no se veía con tierra suelta. Mané tardó poco tiempo en decidirse a bajar, y lo hizo como un campeón.

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Marcos lo afrontó poco después, con razonable éxito. Yo, por mi parte, tenía reciente la caída de hacía dos semanas en Avionetas Express, por lo que decidí bajar este tramo con algo más de tranquilidad. Desde abajo, la verdad, la vista tampoco animaba demasiado a lanzarse por él. Al menos, no con la bici que llevaba.

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Teníamos aún más de 2,5 kms. de descenso por el cortafuegos por delante, y llevábamos ya 25 kms. de etapa entre pecho y espalda. El cortafuegos constituía una sucesión de bajadas aderezadas con ocasionales subidas que nos hacían desesperar. Empezábamos a acusar el esfuerzo de toda la jornada, y pasábamos ya de la una de la tarde. Y así, entre subidas y bajadas, llegamos al desvío. Al principio nos costó identificarlo, ya que era un sendero bastante estrecho que surgía a la derecha, pero las inconfundibles marcas de motocicleta, y la vista de la Meseta Blanca a nuestra derecha ayudaron a despejar nuestras dudas.

Afrontamos el cambio de terreno, pasando de descender por un cortafuegos a seguir un sendero de cazadores sobre los riscos de una loma, entre abundantes arbustos, y pasando por zonas embarradas que me hicieron temer por mi integridad física, merced a que mi cubierta trasera se había convertido en un bloque de barro uniforme. Y la caída, por un sendero que hacía equilibrios en una ladera enormemente empinada, no era precisamente moco de pavo.

Poco a poco nos íbamos acercando a nuestro objetivo: la meseta blanca. Pasamos por una zona de cuevas, en donde vimos a una solitaria oveja pastando. No pudimos menos que echarnos unas fotos. Primero en la entrada de la cueva…

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…y después con la oveja:

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Al fondo del valle pudimos ver una casa, justo a la que llevaba el cortafuegos de Los Postes. Pudimos ver que de la casa surgía un camino que llevaba a la N-432, pero no era plan precisamente de tirarse por esa cuesta abajo. Además, estábamos ya muy cerca de la Meseta. Retomamos nuestro camino, y llegamos hasta la ella. Pasaban de las dos de la tarde. Era la primera vez que estaba en ella, y las vistas eran espectaculares. No pude menos que echar una panorámica en 360º. La vista lo merecía:

A esas alturas me había quedado ya sin agua, y Mané se quejaba de estar hambriento. No era para menos. Llevábamos ya 5 horas de etapa, por lo que decidimos volver a Córdoba por la vía rápida: bajar de la Meseta por el descenso del Alimonao, y seguir por el valle del arroyo Pedroche hasta Puente de Hierro. De nuevo, una bonita bajada, muy técnica, y peligrosa en mi caso, por el abundante barro y la cubierta poco adecuada que llevaba atrás.

Una vez abajo, y un poco antes de llegar al cruce con el camino de la cantera de Santo Domingo, Mané empezó a quejarse de molestias en su rodilla izquierda. Seguimos descendiendo a un ritmo algo más relajado, pero no mucho después notó que la cosa iba realmente mal, con un dolor bastante intenso. Por suerte, nos encontrábamos ya muy cerca de Córdoba, pero esos últimos kilómetros lo pasó bastante mal. Así que a un ritmo bastante tranquilo llegamos hasta Puente de Hierro, y subimos hasta el Barrio Naranjo. Nos dirigimos a casa de Mané, donde lavamos las bicis, y dimos por concluida la etapa, al filo de las tres menos cuarto de la tarde.

El recorrido en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/01/30: Loma de los Escalones – Postes – Meseta Blanca en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes:

  • Distancia (según mi velocímetro): 35,425 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 24m 52s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 5h 43m 24s
  • Pulsaciones medias: 143 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 190
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1530 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 36m 20s
  • Consumo total de calorías: 5530 kcal
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25 sep 10 Panorámica 360º desde San Cebrián Alto

Hace ya algunos años Pablo, Manolo y yo realizamos una etapa por el corazón de Sierra Morena: subimos la Loma de los Escalones, donde nos desviamos para alcanzar el cortijo de San Cebrián Alto, y posteriormente volvimos completando el descenso de la Loma desde la curva del Frenazo de la antigua N-432.

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Nos detuvimos en el cortijo para contemplar una panorámica de la zona, que aproveché para fotografiar. Hace un rato he enlazado las imágenes en una panorámica 360º, en la que pueden apreciarse la cantera de la Loma de los Escalones, Sierra Morena, el cortijo, y una panorámica de la ciudad:

Una bonita etapa, que no hemos vuelto -por desgracia- a repetir.

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