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Que no cunda el pánico
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24 jul 12 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce (15/07/2012)

El domingo 15 de julio salí a rodar en solitario en la que hasta la fecha ha sido la etapa más larga que he realizado en Sevilla: 72 kilómetros. El germen de esta etapa estaba en un recorrido de 101 kilómetros que estoy preparando en la zona de la Sierra Norte de Sevilla, y que combina varios trazados habituales en nuestras salidas sevillanas. Sin embargo, había una zona a recorrer por la que nunca había circulado: el tramo de la Ruta del Agua entre Las Pajanosas y Gerena. Así que, no teniendo mejor plan para un domingo a primera hora de la mañana, decidí recorrer ese tramo, partiendo desde casa. En realidad se trataba de hacer media 101. Pero las cosas no salieron como lo esperaba.

De acuerdo a mi plan, empecé a pedalear desde Santiponce al filo de las 8:00h. Tomé el trazado de la Vía de la Plata en dirección Guillena. La mañana se presentaba agradable, y daban ganas de rodar. Pronto dejé atrás la carretera y tomé la pista que, en línea recta como una flecha, conduce en dirección Guillena durante unos interminables 7 kilómetros por la pista de mantenimiento del sistema de suministro de aguas a Sevilla. En este tramo apenas me crucé con un par de ciclistas, un caminante y un peregrino, que descansaba en su larga marcha camino de Santiago. Al llegar al final de la pista seguí las indicaciones que por caminos agrícolas conducen a Guillena, teniendo para ello que salvar un maloliente arroyo justo antes de la entrada de Guillena.

Eran las 8:30h cuando estaba entrando en este pueblo. Dado que mi objetivo era salir de él por el Cordel de la Cruz de la Mujer, y luego girar al oeste en dirección a Las Pajanosas por la Ruta del Agua, estaba viendo que la etapa se me iba a quedar algo corta. Así que una idea se empezó a formar en mi cabeza: ¿por qué no combinar el recorrido con la subida del Cordel de la Cruz de la Mujer hasta La Cantina y volver por el tramo restringido? Si hubiera tenido algo de sentido común habría desechado recorrer 22 kilómetros extra de etapa, sobre todo sabiendo que había salido apenas con 1’5 litros de agua en el Camelback. Pero como no lo tengo, al menos no cuando salgo a dar pedales, al llegar al cruce del Cordel con la Ruta del Agua continué ascendiendo.

Realicé el ascenso hasta la cima de la Cuesta de la Lenteja en unos 35 minutos. No había dejado de pedalear ni un segundo desde mi salida de Santiponce (salvo para salvar el pestilente arroyo), por lo que llevaba ya hora y 20 minutos de etapa… y no tenía intención de detenerme. Bajé la siempre divertida Cuesta de la Lenteja, y acto seguido, sin parar en la Cantina, inicié la vuelta hasta el cruce por el tramo restringido.

Mantuve en la vuelta un ritmo bastante alegre. No tanto como el que Rafa y yo nos marcamos en la etapa nocturna de la semana anterior, pero sí lo suficiente como para mantener una media superior a los 19 km/h en el trazado pestoso del tramo restringido. Y eso contando con dos paradas para echar sendas fotografías del Pantano de Gérgal en un nivel asombrosamente bajo de agua.

Pantano de Gérgal

Pantano de Gérgal

No pude menos que volver a tomar una fotografía del trazado del ferrocarril del Cala, por donde dos semanas antes habíamos transitado en una etapa sumamente divertida. Y el nivel del agua seguía bajando. ¿Hasta dónde se podrá llegar ya?

Vista del ferrocarril del Cala

Vista del ferrocarril del Cala

Salí del Tramo Restringido a las 10:00h. Mi pequeña excursión me había llevado una hora y cuarto, pero había valido la pena. Me acercaba a los 40 kilómetros de etapa, y aún tenía mucho que ver por delante. Seguí avanzando por la Ruta del Agua hasta llegar al Zoo de Guillena, lo que representaba un camino ya conocido. Era a partir de ahí, y hasta llegar al cruce con la Vía Verde de Itálica, donde empezaba lo desconocido.

Tras algunas dudas al respecto, conseguí encontrar la continuación de la Ruta del Agua, que resurge de la carretera justo enfrente del zoo. Avancé a un buen ritmo por ella, deteniéndome tan sólo para corregir mi rumbo en una bifurcación que a punto estuvo de hacer volver erróneamente a Guillena por una pista que -por otro lado- tiene una pinta bastante interesante. Corregido este error, crucé la vieja N-630 al sur de Las Pajanosas, y pasé por un paso subterráneo bajo la A-66. Inicié una breve bajada, preludio de un tramo bastante sinuoso y con abundantes toboganes camino de Gerena. Este tramo de la Ruta del Agua se encuentra bastante bien señalizado, por lo que es complicado perderse, aunque no hay que despistarse en los abundantes cruces que jalonan este tramo. Tramo que, por otro lado, marca el fin de las zonas arbóreas en lo que restaba de recorrido: a partir de ahí tenía 24 kilómetros a pleno sol. Y nos empezábamos a acercar peligrosamente a las 11 de la mañana…

En las cercanías de Gerena la Ruta del Agua abandona las faldas de Sierra Morena, para adentrarse de manera definitiva en la Campiña sevillana. Y lo hace descendiendo en línea recta en dirección a esta, como para marcar distancias con lo sinuoso del tramo anterior. Esta recta tan sólo se ve interrumpida por la variante de Gerena, que hace necesario tomar un desvío hasta llegar a una rotonda, antes de reincorporarse a la Ruta del Agua.

A esas alturas del recorrido empezaba a preocuparme la falta de agua. El calor apretaba, las sombras habían desaparecido, y no veía sitio donde poder repostar en las cercanías. Por suerte para mí -o al menos eso pensaba yo- divisé una gasolinera en la distancia. Era mi salvación. Abandoné la Ruta del Agua y me dirigí a la cercana gasolinera… para descubrir que llevaba vaya usted a saber cuánto tiempo cerrada. Mi gozo en un pozo. Menos mal que había sido lo suficientemente prudente como para no agotar de maner anticipada mi exigua reserva de agua.

Así pues, me reintegré a la Ruta del Agua, y me preparé para seguir la marcha, economizando agua en la medida de lo posible. Un esfuerzo futil, ya que la sequedad de la campiña, sus continuas subidas y bajadas y el inclemente sol, hicieron que apenas 5 kilómetros después agotara el agua. Llevaba en ese momento casi 60 kilómetros de etapa.

Por suerte para mí -o al menos eso pensé en mi inocencia- poco después divisé un pozo, con abrevaderos para animales. Corrí hacia él y con un rudimentario cubo saqué algo de agua del pozo, con la que pensaba saciar mi sed. Iluso de mí: el pozo era salobre. Apenas pude tomar un par de sorbos antes de escupir el resto. Pero al menos había calmado la sequedad de mi boca. Algo era algo, pero tenía por delante aún un buen puñado de kilómetros que recorrer. Iba a ser duro, muy duro…

Apenas 200 metros después del pozo llegué hasta el cruce con la Vía Verde de Itálica. Durante todo el recorrido había sopesado continuar con la Ruta del Agua hasta las cercanías de Valencina, para volver a Santiponce por la Cañada Real de las Islas y la Vía Verde. Pero viendo lo negro que pintaba el asunto, decidí finiquitar la etapa por la vía rápida, y volver a casa por el trazado más directo.

Aun así, fue sumamente duro: el tramo de 8’5 kms. entre el cruce y el puente sobre el Arroyo del Judío se encuentra sin habilitar, por lo que es abundante en balasto, traviesas y zonas de tránsito deteriorado. Esos 8 kilómetros se me hicieron bastante duros, sobre todo porque, contra mi costumbre, tuve que procurar respirar casi todo el tiempo por la nariz, para evitar que se me resecara la boca. Pese a todo, pude pasar a varios grupos de ciclistas, y mantener una media de 19 km/h, con picos de 24 km/h. Tampoco era plan pasar más tiempo de la cuenta bajo el sol que empezaba a caer a plomo.

Sin embargo, todo esfuerzo se paga. Alcancé el tramo rehabilitado de la vía verde a las 11:42h, exhausto y muerto de sed. No tardé en ponerme a más de 171 pulsaciones, lo que indicaba que empezaba a deshidratarme, ya que me encontraba en un tramo completamente plano. Por suerte estaba ya a menos de 5 kilómetros de casa. Salvé la distancia hasta el puente de los Vinateros como buenamente pude, y me desvié a la izquierda, para emprender la acostumbrada bajada por la parte norte de Itálica. Bajada que tuve que hacer sentado, pues casi no era capaz de mantenerme en pie sobre la bici. Por último, entré en Santiponce por la vieja nacional.

Llegué a casa un minuto antes del mediodía. Entré en casa como una exhalación y me bebí del tirón un litro de agua. Me senté a ver pasar la vida en la entrada de casa, amarrado a la botella de agua. Más que nada porque no tenía fuerzas para entrar la bici. Al cabo de un rato, cuando estuve en condiciones de hacerlo, di por finalizada la etapa. En el transcurso de la mañana bebería otro litro de agua, medio de zumo y medio de gaseosa. Había sido una etapa que me había hecho llegar al límite: y no tanto por su dureza -que no lo era en exceso- sino por la falta de previsión en lo referente a las reservas de agua. Una lección que no hay que olvidar.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 74’050 km.
  • Distancia (según el GPS): 72’047 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 42m 19s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 01m 34s
  • Velocidad media: 20’0 km/h
  • Velocidad máxima: 50’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 173
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1290 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 3h 44m 14s
  • Consumo total de calorías: 5735 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 68BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce

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23 jul 12 Etapa ciclista: Guillenazo inverso nocturno (07/07/2012)

El sábado 7 Rafa y yo salimos a rodar con la sana intención de darle un buen estreno a su recién recibida Lupichin. Y qué mejor manera que volver a rodar por uno de los mejores recorridos que existen en el entorno de Sevilla capital: el Guillenazo. Quedamos relativamente temprano, con la idea de que no se nos hiciera demasiado tarde a la hora de terminar esta etapa de casi 55 kms. Quedamos a las 20:00h al inicio del Cordel de la Cruz de la Mujer, en Guillena, pero con el objetivo de tener los coches justo al final de la bajada, al terminar la etapa: íbamos a realizar el recorrido en sentido inverso, subiendo por la trialera del Camino de Santiago, camino de Castilblanco de los Arroyos.

Antes de partir tuvimos que solucionar un pinchazo en la rueda trasera de Rafa, por lo que no iniciamos la etapa hasta pasadas las 20:15h. A esa hora el calor era aún muy intenso, por encima de los 33ºC. Yo llevaba dos litros de agua en el Camelback, y Rafa llevaba dos bidones de agua. Aún no lo sabíamos, pero no nos iba a sobrar el agua, precisamente.

Salimos de Guillena por la carretera de Burguillos, y al llegar al polígono industrial nos desviamos a la izquierda, siguiendo las flechas amarillas del Camino. El calor era sofocante, y el polvo del camino resultaba asfixiante, lo que bastaba para explicar que no encontráramos a nadie en toda la subida. Una subida en la que el calor hizo estragos, aunque esta vez no sufrimos percance alguno en forma de caídas o pinchazos.

Llegamos a Castilblanco tras hora y veinte minutos de asfixiante subida. Entramos en Castilblanco por la parte baja del pueblo, ya que tomamos una pista que bordea la urbanización de La Colina, y permite evitar el tener que ascender a la parte alta del pueblo. Allí lo primero que hicimos fue buscar una fuente en la que reabastecernos de agua. Una búsqueda infructuosa, ya que -según nos enteramos- las fuentes del pueblo estaban cortadas. Por suerte, una vecina se apiadó de nosotros, y nos regaló una botella de 2 litros de agua bien fría, que hizo nuestras delicias.

Reemprendimos la marcha a las 21:50h, saliendo de Castilblanco en dirección al Pantano de Castilblanco. A esas horas el sol se encontraba ya en su ocaso, y la temperatura había bajado por debajo de los 28ºC, por lo que la temperatura era excelente para rodar. Y pronto sería hora de hacer uso de las luces de la bici. En realidad, tuvimos que emplearlas antes de la cuenta, ya que el camino que conducía al pantano tenía un nivel de tráfico inusitado, y formado por todo tipo de vehículos: coches, todoterrenos, camiones e incluso ciclomotores.

No tardamos demasiado tiempo en emprender la bajada hacia el pantano, en la que sufrimos un pequeño susto -mutuo, por otra parte- al encontrarnos en mitad de la bajada con una vaquilla que pastaba a la vera del camino. Vaquilla quee huyó despavorida al vernos bajar, vestidos de astronautas y con más luces que la nave de E.T. Una vez que bajamos hasta el nivel de la presa, aprovechamos para inmortalizar el momento bajo las luces de los focos. Una foto curiosa, para haber sido tomada en noche casi cerrada.

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Lo malo de bajar es que luego, como no podría ser menos, toca subir. Casi 4 kilómetros de subida, con 140 metros de desnivel acumulado, que nos hicieron sudar la gota gorda, y que subimos a un ritmo contenido, para no desfondarnos. A esas alturas era ya noche cerrada, y nos convenía rodar agrupados, para evitar el riesgo de cruzarnos con algún vehículo y no resultar lo suficientemente visibles.

Alcanzamos el kilómetro 30 tras 2 horas y 22 minutos de etapa, y con ella, el comienzo de la segunda bajada del día: la Cuesta del Toro. Abandonamos la pista principal, que conduce a los Lagos del Serrano, y nos dirigimos a un ritmo bastante vivo al contraembalse de Guillena. A un ritmo, por parte de Rafa, endiablado, que realizó el descenso de la Cuesta como si el mañana no existiera. Nos volvimos a encontrar con ganado, dos nuevas vaquillas, pero que en esta ocasión pasaron olímpicamente de nosotros.

Llegamos al pantano, y sin dilación alguna nos dirigimos a la Cantina, con la esperanza de encontrarla abierta, pese a que nos encontrábamos ya al filo de las 23:00h. Y por suerte para nosotros, la encontramos abierta, si bien éramos los únicos clientes del local a tan menguada hora. Según nos comentó Paco, el dueño, la noche anterior pasó un grupo de no menos de 60 ciclistas, también en marcha nocturna.

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Nosotros, por nuestra parte, dimos buena cuenta de sendos bocadillos, además de hincharnos a bebida isotónica y agua, antes de retomar nuestro camino. Tan sólo nos quedaba ya por delante la Ruta del Agua. Y lo íbamos a disfrutar. La bajada fue una auténtica delicia. Marcamos un ritmo muy vivo, en torno a los 22-24 km/h en todo el trayecto, que nos llevó a realizar el recorrido de 14 kilómetros en menos de 45 minutos. Un recorrido delicioso, fresco, fragante y muy revirado, ideal para recorrer a la luz de los focos. Como más de una vez había pensado, era una etapa ideal para una nocturna.

El resto de la etapa fue un mero trámite, descenso por el Cordel de la Cruz de la Mujer hasta los coches. Dimos por finalizada la etapa a las 00:22h del domingo, tras 54 kilómetros de magnífica etapa nocturna. Aunque en mi caso, la etapa tuvo un curioso epílogo: sufrí un control de tráfico de la Guardia Civil a la salida de Guillena. sin mayor inconveniente que tener que dar algunas explicaciones relativos a la etapa y a llevar un coche matrícula de Córdoba a tan menguada hora por un pueblo de Sevilla.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 53’761 km.
  • Distancia (según el GPS): 54’045 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 07m 12s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 01m 51s
  • Velocidad media: 17’2 km/h
  • Velocidad máxima: 33’7 km/h
  • Pulsaciones medias: 137
  • Pulsaciones máximas: 182
  • Consumo medio de calorías: 970 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1410 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 50m 30s
  • Consumo total de calorías: 3808 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 62BB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Guillenazo Inverso Nocturno

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04 feb 12 Etapa ciclista: Cordel de la Cruz de la Mujer (21/01/2012)

Como aperitivo a la etapa de Aznalcóllar que describí en mi anterior entrada, el sábado anterior salí a rodar un poco con Ana por Guillena. Hacía tiempo que no salíamos a dar pedales juntos, y la verdad es que el día lo pedía.

Teníamos como idea subir desde Guillena por el cordel de la Cruz de la Mujer, realizar la bajada de la cuesta de la Lenteja hasta la Cantina, y volver a Guillena por la Ruta del Agua. Un bonito plan de 39 kilómetros, la verdad. Pero plan que no ere previsible que pudiéramos realizar, ya que entre unas cosas y otras, salimos de casa con el coche pasadas las 17:00h. Y no empezamos a dar pedales hasta las 17:40h. Eso quería decir que apenas íbamos a tener por delante una hora de luz. A todas luces insuficiente para poder realizar la etapa completa. Por suerte esta vez había estado previsor, y había echado en la mochila la Lupichin que me compré, tras comprobar el limitado éxito que había obtenido con mi luz casera en la etapa nocturna que había hecho con Mané el verano anterior.

Como era de esperar, apenas pudimos realizar los 9’3 kilómetros de subida hasta la cima del Cordel, antes de que la noche se nos echara encima. Subida en la que tardamos una hora cabal. Un buen ritmo, sin lugar a dudas, para Ana. Vista la hora, no nos quedó más remedio que dar media vuelta. Sobre todo teniendo en cuenta que la pista se encontraba bastante transitada de todoterrenos que venían de montería, lo que no hacía especialmente apetecible aventurarse a oscuras por esos andurriales.

Pese a todo, la vuelta, iluminados por la lupichin, fue bastante divertida. E incluso Ana descubrió que se lo pasaba bastante bien en una etapa nocturna, ya que el frescor de la noche hacía que pudiera rodar de manera más cómoda, y sin temor a las migrañas que suelen darle cuando se le recalienta la sesera durante una etapa al sol. Buen descubrimiento. :mrgreen:

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 19’02 km.
  • Distancia (según el GPS): 18’705 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 22m 18s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 40m 30s
  • Velocidad media: 13’86 km/h
  • Velocidad máxima: 33’18 km/h
  • Pulsaciones medias: 114 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 148
  • Consumo medio de calorías: 740 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1080 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 0h 39m 29s
  • Consumo total de calorías: 1227 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 33BB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Cordel de la Cruz de la Mujer (Guillena)

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14 nov 10 Etapa ciclista: Ruta del Agua (12/11/10)

Una bonita fecha para una bonita etapa. El pasado viernes salimos de nuevo con la bici Manolo, Fran y yo, a realizar de nuevo el recorrido de la Ruta del Agua desde Guillena, pero en sentido inverso, tal como lo realizamos Pedro y yo el pasado 30 de octubre. Una etapa conocida, con un tiempo de recorrido conocido, para realizarla en una tarde en la que no sabíamos si se nos echaría la noche encima. O mejor dicho, en la que sabíamos que la noche se nos iba a echar encima, pero esperábamos que no lo hiciera.

Y es que, en efecto, sabíamos que la etapa nos iba a tomar un par de horas en realizarla, y que salíamos del trabajo los tres a las 15:15h. Vamos, que entre que comes y llegas a Guillena, es difícil estar allí antes de las 16:15h. Y como la puesta de sol ese día estaba anunciada a las 18:15h, íbamos a ir, como poco, justos de tiempo.

Así fue. No llegamos a Guillena hasta las 16:30h, y empezamos en un tiempo récord de 7 minutos tras dejar el coche. Afrontamos rápidamente el ascenso. Quizás demasiado rápidamente, ya que los primeros 3 kilómetros de subida sentaron bastante mal, con las croquetas (en mi caso) y las hamburguesas (en el de Fran y Manolo) aún en el gaznate. Los siguientes 6 kilómetros de ascenso no fueron mucho mejores, aunque los sufrió especialmente Manolo, que llevaba 3 meses sin dar pedales en serio, y empezó a sufrir calambres. Aun así, realizamos esos 9’5 kms. de ascenso en unos 50 minutos.

En la cima de la etapa, justo antes de iniciar el vertiginoso descenso hasta la Cantina, realizamos una pequeña parada, lo justo para que nos recuperáramos un poco, y para colocar la minicámara deportiva en la bici, y poder grabar el descenso de la cuesta del Caracol. Habíamos decidido seguir adelante. Aún no eran las 17:15h, y nos quedaban los dos kilómetros de descenso de la cuesta, y los algo más de 17 kms. desde la Cantina hasta Guillena. Podíamos conseguirlo.

Iniciamos el descenso, que tuve que interrumpir rápidamente. La cámara, con el cierre de plástico algo deteriorado, no había aguantado los traqueteos del camino. Se había ido al suelo.

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Maldiciendo el no haberme acordado de traer gomas elásticas para asegurarla, volví a colocar la cámara en su sitio. En vano, ya que no tardó demasiado tiempo en volver a soltarse. Esta vez pude, por suerte, cogerla al vuelo, y decidí llevarla en un lugar bastante socorrido: en la boca. Cosa que a Fran le hizo bastante gracia.

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No tardé en ponerme en cabeza del descenso, y afrontar a toda velocidad las curvasn enlazadas, tomando todos los recortes posibles para hacerlo aún más emocionante. El descenso, desde luego, valió la pena, aunque como pude ver a posteriori, la grabación no. Al llevarla en la boca iba más inclinada de lo deseable, y prácticamente sólo se grabó suelo. Aunque, no hay mal que por bien no venga, me sirvió para descubrir que el molesto silbido aerodinámico quedaba solucionado, al llevar sellada la tapa trasera de la cámara. La próxima vez lo haré con cinta aislante. ^_^

Justo al llegar a mi altura Manolo y Fran, emprendimos el descenso. Y es que no habíamos tenido en cuenta que al estar encajonados en un valle, para nosotros la puesta de sol se adelantaba. No teníamos tiempo que perder. Fue entonces cuando hizo acto de presencia el segundo inconveniente grave de la etapa para Manolo: el frío. El descenso en una zona de umbría, húmeda y con el sol ya puesto lo estaba helando hasta los huesos, ya que aún llevaba ropa de verano. Teníamos, pues, que descender rápido, pero no demasiado, para no incrementar la sensación de frío.

Afrontamos el descenso con un precario equilibrio entre el rodar rápido, y el no forzar demasiado a Manolo. Aun así, en algunos momentos alternamos breves ataques para disfrutar del sinuoso trazado. Y así, llegamos hasta el final de la Ruta del Agua. El sol se había puesto ya hacía rato, pero aún teníamos suficiente luz, lo que nos permitió realizar un descenso hasta Guillena sin más incidente que el tener que rebasar a un rebaño de cabras que ocupaban toda la pista. Finalmente, llegamos a los coches al filo de las 18:40h, con una luz francamente escasa. Aun así, había merecido la pena.

El mapa de la etapa, muy parecido al de ocasiones anteriores, es el siguiente:


Ver 2010/11/12: Cordel de la Cruz de la Mujer- Ruta del Agua en un mapa más grande

Datos de la etapa:

  • Distancia: 30’2 kms.
  • Tiempo de etapa: 1h 55m 41s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 0m 42s
  • Pulsaciones medias: 145 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 192
  • Consumo medio de calorías: 1080 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1550 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 33m 55s
  • Consumo total de calorías: 2253 kcal
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31 oct 10 Etapa ciclista: Cordel de la Cruz de la Mujer – Ruta del Agua (30/10/2010)

El pasado sábado Pedro y yo volvimos a coger la bici después de un tiempo sin salir juntos. El día escogido, a priori, no era el más adecuado: habían pronosticado lluvia para todo el fin de semana, y la mañana se había levantado bastante desapacible. La etapa escogida era una que ya conocía bastante bien: salida de Guillena para hacer la Ruta del Agua. Sin embargo, esta vez tenía una variación: pretendía que la recorriéramos en sentido inverso, ascendiendo por el cordel de la Cruz de la Mujer, realizar el descenso de la cuesta de la Lenteja hasta la Cantina, y por último, volver a Guillena por la Ruta del Agua. Habíamos quedado en la gasolinera de Guillena a las 9:00h.

A las 8:30h las perspectivas no eran nada buenas, ya que llovía en Santiponce, y el cielo estaba completamente cubierto. Según la predicción meteorológica, la lluvia de verdad no llegaría hasta varias horas después, por lo que se suponía que la mañana estaba en lo mejor que se podía esperar. Así que con unas perspectivas bastante negras, cargué la bici en el coche, y salí hacia Guillena. Durante todo el trayecto en coche estuvo lloviendo, así que me hice a la idea de que nos íbamos a limitar a constatar que no íbamos a tener etapa.

Pedro llegó a la gasolinera apenas pasadas las 9:00h, y venía con la misma sensación que yo. Aun así, nos dirigimos con los coches hasta el comienzo del cordel, por ver qué tal estaba el ambiente. Y dado que no llovía apenas, y por no desperdiciar la mañana, nos decidimos a salir, a ver cuánto tiempo aguantaba antes de que nos tuviéramos que dar la vuelta.

Emprendimos, pues, el ascenso por el cordel de la Cruz de la Mujer. El cielo estaba completamente encapotado, y aunque no llovía, el aire estaba tan húmedo que el agua se condensaba sobre el casco y las gafas, que poco a poco empezaron a gotear agua. Los olores se potenciaban, lo que al principio -cerca de corrales- no era precisamente agradable. Afrontamos las primeras rampas del cordel, con apenas compañía de otros dos ciclistas. Nada que ver con el tropel de gente que me había encontrado en ocasiones anteriores.

A medida que ascendíamos, una neblina cada vez más espesa nos iba hurtando los detalles del paisaje, cada vez más serrano, donde poco a poco alcornoques, encinas y pinos empezaban a imponer su presencia. Parecía una extraña combinación de paisaje cordobés con clima gallego, con un frío bastante acusado -rondando los 12ºC durante casi todo el ascenso- y una humedad que se introducía hasta los huesos. Aunque por suerte -por decirlo de alguna manera- las rampas hacían que entráramos en calor.

La subida era bastante sostenida, prácticamente rectilínea y sin apenas variaciones. Después de unos 6.5 km de ascenso, llegamos a una bajada de casi 1 km. que nos condujo a un pequeño valle, que constituyó el preludio de la subida más intensa del cordel: unos 2 km. de subida con unas rampas iniciales bastante exigentes. Al llegar a la cima habíamos recorrido unos 9.5 km de etapa, con una media de 10.8 km/h. Y sorprendentemente, pese al frío, la bruma y la humedad, aún no nos había llovido.

Tras una breve parada, afrontamos el descenso hasta la Cantina. El camino giró a la derecha, y empezamos el descenso de la cuesta de la Lenteja. Un descenso que prometía ser rápido e intenso. Y frío, muy frío. De hecho, apenas iniciado el descenso, nos detuvimos a que Pedro se pusiera un impermeable, pues apenas llevaba un maillot de verano sobre una camiseta de manga larga de entrenamiento. Sólo con eso corría el riesgo de calarse. Reanudado el descenso, bajamos a toda velocidad las doce curvas de la cuesta, cogiendo incluso algún atajo entre curva y curva, en el que Pedro estuvo a punto de irse por el campo al patinarle una rueda. Un descenso muy emocionante, en el que lamenté no haber cogido la minicámara deportiva para registrarlo.

Paramos brevemente en la Cantina, donde conversamos con los escasos tres ciclistas que allí se encontraban. Fue entonces cuando la lluvia hizo acto de presencia. Decidido a no perder más tiempo, por lo que pudiera pasar, iniciamos el descenso hacia Guillena. Teníamos por delante unos 17 kms. de recorrido junto al pantano de Gérgal.

Si el recorrido de la Ruta del Agua es bello de por sí, realizarlo en descenso, y con las condiciones meteorológicas de aquel día lo hacían francamente espectacular: cerros que rompían con sus cumbres las nubes grises cargadas de agua, que no se decidían a descargar sobre nosotros. Un descenso junto a la cola del embalse, con un gris plomizo que no era sino reflejo de lo que teníamos sobre nosotros. Y sobre el terreno, nos encontramos con una sorpresa. Una pequeña salamandra, negra y ocre, que se camuflaba a la perfección sobre el terreno. Tan a la perfección que Pedro estuvo a punto de pasarle por encima.

Foto0069.jpg

Seguimos con el descenso, aunque para ser precisos, el camino alternaba subidas, bajadas, y tramos de llaneo, a medida que íbamos pasando por la ladera de los montes que rodean el pantano. En uno de los frecuentes miradores que jalonan el camino, nos detuvimos a fotografiar la vista. Y es que la estampa valía la pena:

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Estuvimos parados un rato, antes de reemprender el descenso en nuestras monturas que, pese a todo, se encontraban razonablemente limpias:

Foto0081

El descenso hasta alcanzar de nuevo el cordel de la Cruz de la Mujer no tuvo mayores novedades: tramos de ascenso, descenso entre bosque mediterráneo, y por último salida a la campiña sevillana junto a eucaliptos, para llegar a Guillena en un rápido descenso.

La etapa había terminado, pero tuvimos un pequeño epílogo, en forma de búsqueda de un lavadero donde adecentar las bicis para no llenar los coches de barro. Dado que no conocía otro, no nos quedó más remedio que ir hasta el polígono de El Cerro, por el trazado que hemos seguido otras veces en la Vía de la Plata. A la vuelta tuve la intención de que nos comiéramos unos cuantos churros con chocolate para meternos algo caliente entre pecho y espalda, pero por desgracia a las doce y media ya habían dejado de venderlos. Fue entonces cuando caí en la cuenta de lo avanzado del día. Por la total ausencia de sol durante toda la jornada, no creía que fuera mucho más tarde de las once de la mañana. Volvimos, pues, frustrados a donde teníamos los coches, y dimos por terminada la etapa. Por suerte Pedro llevaba unos huesitos con los que pude saciar mi apetito goloso. :mrgreen: Y de esta manera concluimos una jornada que tan mal pintaba por la mañana, y que tan divertida fue finalmente.

Foto0082.jpg

El recorrido de la etapa en Google Maps:


Ver 2010/10/30: Cruz de la Mujer – Ruta del Agua en un mapa más grande

Datos de la etapa:

  • Distancia (según mi velocímetro): 34’654 km. (Incluyendo el trayecto hasta el lavadero de coches)
  • Tiempo de etapa: 2h 19m 41s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 49m 48s
  • Pulsaciones medias: 129 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 173
  • Consumo medio de calorías: 920 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1360 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 40m 58s
  • Consumo total de calorías: 2615 kcal
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