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El síndrome del francotirador majara
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27 oct 12 Etapa ciclista: Ruta del Agua – Estación de Gérgal (21/10/2012)

El domingo 21 de octubre, después de una larga lesión que me ha tenido más de un mes en el dique seco, volví a rodar por Sevilla. Para esta ocasión escogimos para rodar una etapa bastante manida, pero que me permitiría probar qué tal estaba tras cinco semanas sin dar pedales -salvo algo de rodillo-, y que tenía buenos alicientes: un kilometraje aceptable (en torno a los 40 kms), un perfil bueno, y un firme en buenas condiciones, perfecto para que mi maltrecha espalda no se resintiera demasiado.

Así pues, salimos de Las Pajanosas Sergio, Miguel, José Antonio y yo al filo de las 9:15h. La mañana se presentaba fría, rondando los 11ºC, pero clara y despejada. Salimos, como de costumbre, de Las Pajanosas en bajada. Así que para entrar un poco en calor, y recuperar sensaciones ya casi olvidadas, me puse a tirar un poco, para estirar músculos. Pero todos nos tomamos ese arreón inicial por la tremenda, y a partir de ahí se desató la locura: empezamos todos a tirar como si el mañana no existiera. Además, una vez entramos en el tramo restringido nos encontramos con diversos grupos ciclistas -esa manaña el tramo restringido se encontraba sumamente transitado-, por lo que seguimos con la dinámica de seguir tirando y tirando. No en balde, en los 20 kilómetros hasta La Cantina mantuvimos una media de casi 19 km/h, y eso contando una pequeña parada intermedia para atender la llamada de la naturaleza.

Decía que la ruta del agua se encontraba muy transitada esa mañana, y no exagero. Por segunda vez nos encontramos con el Trail Turdetania de ultrafondo, una competición de carrera campo a través que realiza el recorrido de El Guillenazo entre Guillena, la Cantina, Castilblanco y la trialera del Camino de Santiago. Unos auténticos héroes.

Nosotros, por nuestra parte, llegamos a La Cantina a las 10:15h. Hicimos una pequeña pausa para recuperar fuerzas y cambiar impresiones, y nos pusimos de nuevo en marcha a las 10:35h. A esa hora de la mañana el tiempo había mejorado bastante: el sol calentaba y casi empezaba a sobrarme alguna de las dos capas de ropa que llevaba esa mañana. Pero pronto nos volvió a hacer falta: por variar un poco, decidimos no emprender la vuelta directa por el tramo restringido, que era lo previsto, sino bajar hasta el ferrocarril minero y descender hasta la estación de Gérgal. Al bajar hasta el nivel del pantano el frío volvió a hacer acto de presencia, ya que nos encontrábamos en la umbría y cerca del agua. Agua escasa, pues el pantano estaba casi seco a esa altura, pero aún así dejaba notar su influencia.

Descendimos por la trinchera del ferrocarril, donde el efecto de las recientes lluvias se dejaba notar. el firme estaba algo embarrado y había un leve verdor que denotaba el crecimiento de vegetación y musgo. Una auténtica delicia, pero algo resbaladizo al llegar a los tramos con derrumbes. Fue precisamente en uno de ellos donde Miguel sufrió una caída, que físicamente no tuvo consecuencia alguna, pero en la que partió una de sus manetas de freno.

Aun así decidimos continuar. Pasamos el túnel, y encaramos el segundo tramo del ferrocarril, allí donde tuvimos problemas con lo cerrado del follaje a principios de verano. Sin embargo, a estas alturas del año la vegetación era menos abundante, por lo que pudimos pasar de manera mucho más cómoda. Avanzamos hasta la Estación de Gérgal, donde paramos a tomar algunas fotografías.

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Allí decidimos, debido al daño en el freno de Miguel, volver a la ruta del agua, pese a que el cuerpo me pedía seguir descendiendo por el viejo ferrocarril: el agua había descendido al menos un par de metros desde el comienzo de verano, y tenía curiosidad por saber hasta dónde podríamos llegar en esa ocasión. Pero, por una vez, la cordura se impuso, y volvimos sobre nuestros pasos.

A diferencia de la vez anterior, esta vez teníamos identificado a la perfección por dónde enlazar con la ruta del agua. Retrocedimos unos 300 metros, hasta dar con una pista que ascendía, en fuerte subida, hasta el tramo restringido. Y aunque la subida era corta, apenas unos 600 metros, las rampas iniciales eran sencillamente brutales. Por suerte, pronto se atemperaban, para llevar a la ruta del agua con apenas un suave desnivel.

Eran las 11:25h cuando retomamos la marcha, definitivamente ya de vuelta a Las Pajanosas. A esas alturas llevábamos entre pecho y espalda 25 kms. de etapa. Y para no variar, marcamos un ritmo brutal, con una media de 20 km/h. Pero la mañana se había ido poniendo peor en lo climatológico. El cielo, poco a poco, se había ido cubriendo y amenazaba lluvia, además de correr un viento frío que nos helaba. Y para colmo, la espalda había empezado a molestarme. Salimos del tramo restringido al filo del mediodía, y nos preparamos para afrontar la última dificultad de la etapa: la subida de 3 kms. hasta Las Pajanosas. En esta subida, como no podía ser menos, Miguel lanzó un ataque final, al que no pude evitar responder, aunque al límite de mis fuerzas. Así, nos fuimos del grupo, para entrar en Las Pajanosas a la par. Sin embargo, Miguel no lo había dicho todo, y lanzó un demarraje final al que ya o respondí. Entramos en Las Pajanosas a las 12:15h, con Miguel en cabeza y yo a continuación; Sergio y José Antonio llegaron poco despues, con lo que dimos por concluida la etapa. Pero esta etapa se merecía un buen epílogo, en forma de unas impresionantes tostadas en un bar cercano. Una excelente manera de rematar la jornada.

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Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 40’983 km.
  • Distancia (según el GPS): 41’145 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 16m 09s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 58m 0s
  • Velocidad media: 18’1 km/h
  • Velocidad máxima: 52’0 km/h
  • Pulsaciones medias: 147 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 182 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1400 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 02m 46s
  • Consumo total de calorías: 3077 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 40BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Ruta del Agua – Estación de Gérgal

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17 jul 12 Etapa ciclista: Las Pajanosas – La Cantina – Estación de Gérgal (01/07/2012)

El pasado 1 de julio salimos a rodar por el entorno del pantano de Gérgal Miguel, Sergio, Rafa y yo. Se trataba de la primera etapa de Sergio por zonas más montañosas que la zona del Aljarafe, y habíamos planeado que se soltar aun poco rodando por la Ruta del Agua. Yo, por mi parte, también tenía mis planes en la cabeza: sabía que el nivel del pantano había bajado bastante, dejando algunas zonas del viejo ferrocarril del Cala al descubierto, por lo que andaba con ganas de tener una etapa de exploración.

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Así pues, salimos a las 9:15h de Las Pajanosas, tomando la ruta del Agua camino del Tramo Restringido. Fuimos circulando a un ritmo bastante suelto. El día no era excesivamente caluroso y se encontraba despejado, lo que invitaba a rodar con alegría. Pronto nos detuvimos a tomar una foto con unas buenas vistas del pantano, y del tramo de ferrocarril que había salido a la superficie.

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Viendo que, en efecto, el pantano estaba tan bajo como para permitir una buena exploración de ese tramo del ferrocarril, no tuve dudas a partir de ese momento: bajaríamos hasta la vieja estación de Gérgal. Mientras tanto, fuimos haciendo nuestro camino hasta la Cantina, a la que llegamos al filo de las 11:00h. Teníamos toda la mañana por delante y tan sólo habíamos hecho 20 kilómetros de etapa. Tocaba darle algo más de emoción al asunto.

Tras dejar la Cantina, bajamos por la pista que conduce hasta la parte baja de la presa de Guillena, y que sirve para enlazar con el viejo trazado del ferrocarril. La bajada es corta, pero intensa, bastante quebrada e interesante para hacer un tanto el bestia. Una vez en el viejo trazado nos encontramos con que el camino, pese a ser practicable, es más adecuado para recorrerlo haciendo senderismo. En un primer tramo hasta un túnel tiene bastantes derrumbes de la trinchera, que aunque no imposibilitan rodar por la vía sí hacen que sea un tanto complicado, lo que motivó que nuestra media de marcha cayera considerablemente… pero que el recorrido se hiciera sumamente más divertido.

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Así pues, llegamos al túnel, lo que nos dió la ocasión de rodar un rato a la sombra. Ambas entradas se encuentran prácticamente taponadas por los derrumbes, pero el interior del túnel se encuentra en un buen estado bastante sorprendente.

Una vez al otro lado del túnel, y tras salvar un nuevo derrumbe, nos pusimos nuevamente en marcha.

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A partir del túnel los derrumbes se hacen bastante menos frecuentes, pero aquí nos encontramos con una nueva dificultad: vegetación sumamente cerrada. Tan cerrada que daba la impresión de que circulábamos más por un túnel de lavado que por una vieja vía del tren. La pena es que parte de los arbustos eran, por llamarlo de alguna manera, agresivos para la piel. Tan agresivos que tuve que sacarme varios pinchos de espino del brazo izquierdo.

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Pero la zona de vegetación cerrada no duró demasiado. Pronto llegamos a una zona en la que los pinos habían impuesto su ley, y que permitían rodar por una trazado rectilíneo, abierto, y cubierto de agujas de pino, lo que daba un sonido bastante peculiar a nuestra marcha. Y encima, íbamos a la sombra.

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Se notaba que íbamos rodando en descenso, pues el nivel del pantano, pese a ser extremadamente bajo, no dejaba de aproximarse a la plataforma de rodadura. Además las marcas del nivel del agua pronto empezaban a ser comunes en el talud que teníamos a la derecha. En períodos de gran cantidad de agua del pantano nos encontrábamos en zona inundable.

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No tardamos en llegar a las cercanías de la estación de Gérgal, el primero de mis objetivos. Antes de llegar tropezamos con restos de civilización en forma de depósito de agua y de casa inundada. La casa, como es obvio, se encontraba en un estado lamentable, pero el depósito aguantaba bien, salvo por ciertos daños en sus pilares producto de la erosión del agua y de la corrosión del forjado de su hormigón. Así pues, acabamos llegando a la estación de Gérgal.

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El edificio de la estación responde al clásico diseño de los edificios de ferrocarril de finales del siglo XIX. En este caso se trataba de un edificio de dos plantas donde la vegetación y el tiempo habían hecho estragos, pero cuya fachada aún se conservaba en pie. Encontramos fogatas y otros restos del paso reciente de personas, entre las que destacaban las huellas de una motocicleta que seguían aguas abajo. No necesitaba mucho más para decidirme a continuar.

Así pues, dejamos atrás la estación, con la idea de ver hasta dónde podíamos llegar.Y así, un kilómetros después de salir de la estación, llegamos al impresionante arco de ferrocarril. Nos encontrábamos ya en una zona claramente inundada. La bajada del pantano había dejado a la vista un trozo de la plataforma en forma de arco, que surgía entre las aguas del pantano, aislando a su derecha una zona embalsada. La vista desde la parte superior del Tramo Restringido era magnífica, pero incomparable a lo que teníamos por delante a pie de agua.

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Una vez pasado el arco, observamos que era cada vez más complicado seguir avanzando. Ese tramo de la vía se encontraba casi permanentemente bajo las aguas, y al surgir de nuevo a la luz tenía abundantes depósitos de arena, y zonas de tierra cuarteada, que dificultaban enormemente el rodar. Además, para facilitarnos la vida, los depósitos de tierra tendían ligeramente a inclinarse hacia el pantano, lo que nos hacía correr el riesgo de patinar y acabar dándonos un chapuzón inesperado. Y dado el calor que empezaba a hacer no es que fuera especialmente desagradable, pero tampoco era plan de acabar de cabeza en las aguas. De todas maneras, nuestro non plus ultra no se encontraba demasiado alejado. Concretamente a 715 metros después de pasar el arco. A partir de ese punto la vieja vía del tren se adentraba en las aguas del pantano de Gérgal, haciendo impracticable seguir nuestra marcha… salvo quizás en un hidropedal.

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Estudiamos nuestras posibilidades de salir de allí. La primera y más obvia, que era trepar por la ladera hasta alcanzar la Ruta del Agua era inviable en ese punto, por lo abrupto del terreno y lo cerrado de la vegetación.

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La segunda era volver hasta la estación y buscar una pista que había visto en Google Maps que subía desde ella. Lo malo es que la había buscado a la ida y no había sido capaz de encontrarla. La tercera era volver al arco, y remontar el cauce seco de un arroyo hasta encontrar una estación de bombeo, y un camino para volver a la Ruta del Agua. Optamos -para nuestra desgracia- por esta tercera opción.

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Y es que aunque pronto dimos con el cauce del arroyo, éste resultó ser impracticable no mucho después. Así que no nos quedó más remedio que seguir una senda de cazadores a través de la maleza, que iba ascendiendo poco a poco en dirección a la ruta del agua.

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Una senda lo suficientemente ancha como para dejar pasar a una persona, pero ten estrecha como para no permitir el paso de una bicicleta. Así que nos tocó hacer de sherpas. Casi media hora nos costó alcanzar la estación de bombeo, y el camino que llevaba a la ruta del agua. Media hora en la que salimos cubiertos de arañazos, rasguños, algún que otro -en mi caso- agujero en la pierna gracias a un tocón seco e… infestados de garrapatas. Suerte que las localizamos rápidamente y pudimos deshacernos de ellas, pero no recuerdo una situación más repelente en mucho tiempo.

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De nuevo en el Tramo Restringido, emprendimos la vuelta a Las Pajanosas. Teníamos por delante unos 6 kilómetros de marcha hasta salir del Tramo, y 5 más hasta el punto de partida. Sergio, a esas alturas de la mañana, empezaba a estar algo tocado, pero aún así aguantaba razonablemente bien. Salimos a las 13:35h del Tramo, y cruzamos el Cordel en dirección a las Pajanosas. Lo que teníamos por delante era un rato más de sube y baja hasta salir a la carretera, y luego la subida final a Las Pajanosas. Ahí Sergio se desfondó, a resultas de las subidas acumuladas, el tramo trialero del ferrocarril derrumbado, y la subida demencial campo a través. Pero aun así, a su ritmo, finalizó la etapa como un campeón. Cerramos el chiringito a las 14:00h, tras 40 kilómetros de interesantísima etapa.

No pudimos obviar detenernos un rato en un bar cercano a reponer fuerzas, antes de recogernos cada uno a su casa. Un buen final de etapa, a la altura del recorrido.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 37’205 km.
  • Distancia (según el GPS): 40’896 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 34m 04s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 44m 14s
  • Velocidad media: 14’5 km/h
  • Velocidad máxima: 46’6 km/h
  • Pulsaciones medias: 122
  • Pulsaciones máximas: 175
  • Consumo medio de calorías: 820 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1340 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 57m 06s
  • Consumo total de calorías: 4011 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 45AA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Las Pajanosas – La Cantina – Estación de Gérgal

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