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02 mar 11 Etapa ciclista: Vereda de la Alcaidía – Loma de los Escalones (28/02/2011)

El pasado día de Andalucía volvimos a salir a rodar Javi Aljama, Mané y yo. Una etapa tranquila, en principio, pero en la que queríamos probar varias cosas: Mané, por su lado, una nueva cámara deportiva, la Go Pro Hero. Yo, por el mío, mi navegador Tomtom al que le había cargado los mapas 1:25.000 del Ministerio de Fomento geolocalizados y un sistema para registrar el recorrido en formato gpx. Eso, y cómo se llevaba la Ghost ASX 5100 de Mané con una cubierta trasera Maxxis Larsen TT de 1.9”. Nuestra idea inicial había sido ir por las cercanías de Trassierra, y recorrer la zona de Valdejetas, Puerto Artafi y el cerro del Trigo, pero ese era el recorrido que se iba a efectuar en la Andalucia Bike Race, por lo que tuvimos que cambiar de recorrido. Y aprovechando que la zona este de la ciudad era la menos conocida por mis amigos, nos decidimos a realizar el siguiente recorrido: salir desde el puente romano del arroyo Pedroche, subir por la vereda de la Alcaidía hasta el cortijo homónimo, para desembocar en la vereda de la Pasada del Pino (también conocida en esa zona como la vereda de la Armenta). Posteriormente, bajar por la Cuesta del Gallo a la vereda de las Pedrocheñas, y entrar en Cerro Muriano por las minas. Por último, bajar a Córdoba por la Loma de los Escalones y regresar por Puente de Hierro. Así a ojo, unos 35 kms.

Teníamos previsto empezar la etapa a las 9:30h, pero un inoportuno pinchazo en la bici de Javi hizo que éste se retrasara, con lo que no pudimos empezar la etapa hasta cerca de las 10:00h. Una vez salimos, dejamos Córdoba por la joroba de Asland, y cruzamos por el puente romano. Seguimos la carretera hasta la urbanización de la Campiñuela baja, donde tomamos la vereda de la Alcaidía. Todo transcurría sin mayor novedad, hasta que un problema mecánico hizo mella en la bici de Javi: sufrió una salida de cadena que dobló algunos eslabones de ésta. La enderezamos como pudimos y seguimos adelante. Pero a partir de este momento, Javi empezaría a sufrir problemas con la cadena, cada vez más graves.

Rebasamos el canal y pasamos sobre el puente romano sobre el arroyo Rabanales, siguiendo la vereda. En la pequeña subida que sigue al paso del arroyo se volvieron a reproducir los problemas de Javi, lo que nos obligó a detenernos de nuevo. Pese a todo, pudimos continuar. Salvamos la zona embarrada que precede al cruce de la vereda de la Alcaidía con la vereda de Linares, y empezamos el ascenso. Todo lo que habíamos dejado de ascender, mientras nos aproximábamos poco a poco a la Sierra tuvimos que realizarlo de golpe. Se me hizo durísimo el tramo de subida conocido como Cañada de la Víbora: una subida por un estrecho valle, en línea recta hacia el norte. La Ghost no se portaba mal con la Larsen TT atrás, pero el exagerado peso de la High Roller de 2.35”, junto con el de la horquilla de 120 mm. me hacían notar la bici excesivamente cabezona, acostumbrado como estaba a mi ligera Fuji Sundance SE.

Javi, por su parte, había encontrado un ritmo razonable dejando el piñón en un punto en el que no le daba problemas, y Mané seguía subiendo a un ritmo muy alegre. Alcanzamos la cancela que cierra el paso, una vez pasada la casilla que hay a media subida, y continuamos ascendiendo. Una subida dura y atravesada, pero que prometía un descanso no demasiado lejano. Al fin y al cabo, estábamos ascendiendo todo lo que se podía ascender. Y así, llegamos al cortijo abandonado de la Alcaidía. Lo más duro del día había quedado atrás.

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Nos echamos unas fotos y seguimos avanzando en dirección norte. El GPS realizaba su función perfectamente, y podíamos leer en las cartas nuestra posición sin ningún problema. Desde la Alcaidía iniciamos un rápido descenso que no tardó mucho en conducirnos a un valle, que se abría ante nosotros espectacular en un precioso día de invierno que empezaba a ser primavera. No pudimos menos que detenernos un rato a tomar unas fotos.

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Aprovechando la parada, Mané se decidió a sacar la cámara deportiva, para empezar a filmar algunos tramos de la etapa. Y abrimos fuego filmando el descenso… marcha atrás. Bastante divertido. Seguimos descendiendo hasta que alcanzamos una bifurcación en el camino. Vimos un cartel que indicaba “Camino real” hacia la izquierda, por lo que tomamos ese camino. Aún no lo sabíamos, pero a partir de entonces dejamos de ver los postes de la Junta de Andalucía que indicaban que seguíamos una vereda pecuaria. Entrábamos en los conflictivos terrenos de la Armenta.

Desde hace algunos años hay problemas con los dueños de los cortijos de la Armenta Baja y la Armenta Alta. Éstos han cortado el acceso a caminos públicos que pasan por el interior de sus fincas y se muestran bastante hostiles hacia todo aquel que trata de ejercer su derecho de paso. Nosotros no íbamos a ser una excepción. Seguimos avanzando por la vereda de la Alcaidía hasta que nos tropezamos con una reja que nos impedía el paso. Anunciaba con un cartel que no existía ningún camino público por su interior. Alguien se había molestado en tachar esta indicación, y existía un sendero que rodeaba la verja, hasta alcanzar de nuevo el camino, que tomamos, dado que el GPS nos indicaba que seguíamos por la vereda.

Un poco más adelante, la cadena de Javi dijo basta. Volvió a salirse, quedando atrancada entre cuadro y platos. Cuando conseguimos liberarla, había quedado completamente doblada. No nos quedó más remedio que quitar una sección de la cadena, haciendo uso del tronchacadenas que, por suerte, Javi llevaba encima. El día se nos echaba encima, por lo que tuvimos que desechar la opción de bajar por la cuesta del Gallo y llegar a Cerro Muriano: seguiríamos por la vereda de la Pasada del Pino hasta llegar hasta la N-432, y desde allí bajaríamos por la Loma de los Escalones.

Una vez arreglada la cadena, arrancamos de nuevo, aunque Javi se vio obligado a no usar más que un piñón alto, ya que el resto de la cadena, todavía dañado, no le permitía cambiar sin sufrir problemas. Una vez llegamos al cruce de la vereda de la Alcaidía con la vereda de la Pasada del Pino, giramos a la izquierda en dirección a la Nacional. Poco a poco, y en ascenso, fuimos dejando una vegetación típica de dehesa para ir encontrando poco a poco la vegetación de pinos que es propia del Muriano. Así, tras un rato de marcha, llegamos hasta la confluencia de la vereda con la Cuesta del Gallo, y la entrada del cortijo de la Armenta Alta.

No nos habíamos detenido aún para orientarnos, cuando nos salió al paso un todoterreno en el que iba un guarda de la finca. Con malos modos, al ver la cámara que Mané llevaba en su casco, y tras asegurarse de que estaba apagada, nos quiso hacer creer que ahí no había camino público alguno y que habíamos invadido una propiedad privada. Haciéndome el tonto, aducí que nos habíamos despistado siguiendo la vereda de la Alcaidía, y que gustosamente tomaríamos la vereda de la Pasada del Pino para llegar al Muriano, tan pronto como nos indicará la manera de alcanzarla. Nos respondió que siguiéramos adelante por el propio camino que llevábamos (y que realmente es la vereda pública) hasta llegar a la vía abandonada de Almorchón, y que saliéramos de la finca por ella, ya que según él, la entrada del camino estaba cerrada. Para evitarnos mayores problemas, así lo hicimos, no sin comentar medio enfadados, medio divertidos, la jugada. Eso, y la cara de susto que tenían los pobres chavales que acompañaban al guarda.

Dicho y hecho. Poco después llegamos a la vía del tren y, dado que apenas quedaba kilómetro y medio hasta la curva del frenazo, la recorrimos. No pude alegrarme más en todo el día de llevar una bici con doble suspensión, ya que este es uno de los pocos tramos de la vía que aún conserva raíles, traviesas y balasto, y el rodar sobre todo ello se hacía francamente duro. Más que duro, movido. Como para aflojarte las muelas. Nuevo cambio de paisaje. Pasamos a recorrer una trinchera de ferrocarril abandonada, con abundante vegetación. Y así, sin mucha novedad, llegamos hasta el túnel de la Mocha, cuya entrada norte se hallaba casi bloqueada por un derrumbe y la vegetación.

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Eso lo que respecta a la entrada norte. La sur estaba prácticamente impracticable por la maleza. Tras abrirnos paso entre las zarzas, conseguimos salir a una zona más despejada, cercana a una casilla del guarda del tren, donde nos detuvimos a reponer fuerzas.

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A esas alturas del día, estaba bastante claro. Habíamos estado hablando de seguir la vía hasta la estación de la Balanzona, que es bastante llamativa, pero al ver que la vía describía un rodeo de varios kilómetros, optamos por salir directamente a la curva del frenazo, y empezar el descenso por la Loma. Dejamos atrás la vía a la altura de la casilla, y empezamos el descenso. Un descenso muy rápido por la pista de la cantera, y que Mané grabó íntegro. Nos detuvimos al comienzo de la calzada, para ajustar la altura de los sillines, y reemprendimos el descenso.

Tengo que admitirlo: el descenso con la Ghost por la Loma fue sencillamente brutal. Soy aficionado a las rígidas, y a realizar descensos técnicos con cuidado, pero era una auténtica delicia descender con esa bici. Posteriormente Mané me comentaría que le había sorprendido el aplomo con el estaba bajando, pese a ser sólo la segunda vez que cogía una doble, y la primera en ese tipo de trazado. Y es que estaba disfrutando. Hice el descenso íntegro, salvo un pequeño repecho en que que no le eché el suficiente valor. Pero aun así, me di por satisfecho.

Nos detuvimos unos instantes frente a la ermita de la Virgen de Linares, antes de continuar la vuelta por el trazado del Camino Mozárabe, hasta llegar a Torreblanca. Desde allí nos encaminamos hacia el arroyo Pedroche, que vadeamos, para realizar el descenso hasta Puente de Hierro. De nuevo, nos lo pasamos bomba con la bajada, que quedó registrada en vídeo. Por último, subimos hasta el barrio Naranjo, y por la cuesta Negra volvimos a casa, a las 14:35h. Una magnífica etapa pese a todos los avatares que sufrimos en su realización.

El GPS, por su parte, llegó a casa justo de batería y quejándose desde Puente de Hierro. Aun así, registró perfectamente el recorrido, que subido a Google Maps queda como sigue:


Ver 2011/02/28: Alcaidía – Loma de los Escalones en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes:

  • Distancia (según el GPS): 33’618 km.
  • Tiempo empleado: 4h 38m 39s

En cuanto tenga tiempo, pondré alguno de los vídeos.

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