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18 dic 20 Etapa ciclista: Observatorio Astronómico de Forcarey y Puentes del Lérez (12/12/2020)

El sábado 12 de diciembre hice mi tercera salida por las cercanías de Forcarey. El objetivo de la etapa fue visitar otro de los puntos señalados que tengo en mi agenda sobre Forcarey, que no es otro que su observatorio astronómico. Y ya de paso, la idea era recorrer otro tramo del PR-G 113, de los Puentes del Lérez.

Empecé la etapa temprano, sobre las 8:45. Una mañana fría, que rondaba los 8ºC. Salí de Forcarey por el camino de la Chamosa, que lleva -además de esta aldea- a Las Casetas, y de ahí al observatorio. Un breve paseo por una carretera local con un excelente asfalto. Y la primera sorpresa de la jornada, a mano izquierda, es la cascada de Chamosa, que destaca en el paisaje como una herida abierta en la montaña.

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(Fotografía cortesía del Ayto. de Forcarey)

En cuanto al camino en sí, no tiene complicación alguna. Todo el rato en suave ascenso hasta llegar a Las Casetas, y poco después de abandonarla, se llega al observatorio, en un promontorio que queda a la derecha de la carretera.

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El observatorio es pequeño, funcional… y está cerrado. Durante unos años estuvo abierto para el público en general, pero los recortes por la crisis pasada motivaron su cierre salvo días concretos al año, lo que es una verdadera pena. De nuevo en el camino, volví hacia Las Casetas para desde allí tomar la carretera de O Cruceiro, que no tardaría en abandonar, a mano derecha, por una pista asfaltada que desemboca en la PO-2205, y que lleva hasta el Monasterio de Acibeiro. Por mi parte, dejé la carretera a la altura de San Bartolomé, para desde allí llegar a Andón, y recuperar el recorrido del PR-G 113. Y nada más tomar el camino, llegué al Puente Viejo de Andón.

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De vuelta al camino, se vuelve a cruzar la carretera, y se sigue una pista que va serpenteando en torno a la carretera hasta llegar a Andón. En esta época del año hubiera sido mejor ir por la carretera, ya que el camino, más que un camino, era un arroyo. Y no lo digo por decir:

Una vez superado el arroyo, el PR-G 113 se convierte en una buena pista, con algo de sube y baja y que está excavada casi en roca viva, pero que permite seguirla muy bien. Agradable y ancha. Y tras un poco de llaneo, se llega a una bifurcación: hacia la izquierda se va al monasterio, y a la derecha se baja siguiendo el cauca del Lérez camino de Forcarey. Y ese era mi recorrido.

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La bajada empieza por pista ancha, nada complicada, y con unas tremendas vistas del valle frente a ti, pero poco a poco se va estrechando, complicándose, y haciéndose interesante. Hasta que pasa a ser demasiado interesante.

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Una bajada casi a pico, con rampas del 45% (aunque debe de ser un error del GPS), por un camino de lajas de piedra cubiertas de musgo, y resbaladizas como la madre que las parió. Habrá quien baje por ahí montado en la bici, pero no es mi caso. Superado semejante trance, se llega a un puente sobre un torrente, que bien vale una parada:

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Y el caso es que, poco después, me tuve que volver a parar. Un pinchazo que venía arrastrando desde que pasé por una zona de tojos que no presagiaba nada bueno.

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Tras una reparación rápida, y de nuevo por un sendero bastante empinado y estrecho, se acaba volviendo al cauce del Lérez, en las cercanías de Quintelas. Allí, tras cruzar el puente sobre el río, el PR-G 113 continúa pegado al cauce. Pero dado el día, la cantidad de agua y barro que no dejaba de encontrar, opté por abandonar el PR-G 113 y volver a Forcarey por carretera. Subí por una corredoira hasta Quintelas, y desde allí enlacé con la cercana Dúas Igrexas.

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Y desde allí a Focarey apenas hay un corto paseo. Una etapa bien aprovechada.

Datos de la etapa

Distancia: 21’134km km
Distancia (según el GPS): 21’13 km
Altitud ascendida: 460 m
Tiempo de etapa: 1:43:20
Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:18:10
Calorías consumidas: 861 kcal

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15 dic 20 Etapa ciclista: subida a Portalén durante la Tormenta Dora (06/12/2020)

El fin de semana del 5-6 de diciembre se sufrieron en España los efectos de la Tormenta Dora. En lo que respecta a Forcarey, dichos efectos se tradujeron en lluvias muy intensas, al inicio, seguidas de nevadas, que no tardaron en dejarnos un resultado como el que sigue en el cercano Monte Seixo:

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Sabiendo que en lo alto de la Sierra de Cando, a la que pertenece Monte Seixo, se encuentran diversos restos megalíticos, no hizo falta demasiado tiempo para que me empezara a gotear el colmillo ante la perspectiva de poder rodar un poco en la zona con nieve. Y tenía un claro objetivo en mente: Portalén, la puerta al otro mundo. Y es que entre los elementos megalíticos de la zona destacan dos: el menhir de Marco do Vento, y su cercano compañero, Portalén, o la Puerta de Alén, un grupo de restos graníticos cuarteados por la intemperie, pero sobre los que un par de ellos se alza una insólita roca a modo de dintel, constituyendo una suerte de puerta.

El domingo por la mañana tuve la suerte de que el tiempo concedió una tregua por la mañana, ante lo que me faltó tiempo para cargar la bici en el coche, y dirigirme a los aledaños de la Sierra de Cando. Dado que desconocía el estado y tráfico de las carreteras, no quise arriesgarme a recorrerlas con tiempo tan complicado, y opté por un plan conservador: dirigirme a la aldea de Carballás, a media subida hacia lo alto del monte. Llegué allí al filo de las 9 de la mañana, y a las 9:11h ya estaba rodando. Y con frío, bastante frío: 2ºC según el termómetro del coche.

Por suerte iba a entrar en calor pronto. La subida es directa (en realidad, desde prácticamente la cercana Cerdedo no se deja de subir), dura y sostenida. Rampas de hasta el 15% por asfalto, cruzando pasos canadienses y en los que al poco de salir del pueblo empecé a ver la nieve. La paliza dura algo más de dos kilómetros antes de conceder un breve respiro, para a continuación tener otro tanto de lo mismo.

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A medida que iba ascendiendo, en una pista asfaltada sin tráfico alguno la nieve, que al poco de salir del pueblo ya se había hecho presente, pasó a ser algo más que una anécdota. Lo que, combinado con las espectaculares vistas que tenía ya desde medio ascenso, prometían una etapa fuera de lo común. Y lo acabaría siendo, pero no por lo que yo esperaba. Cuando me aproximaba a la cima (968 msnm), la niebla, o más bien nubes bajas, hicieron acto de presencia, convirtiendo las estupendas vistas en una sucesión de borrones blancuzcos que emergían de la gran mancha blanca en la que se había convertido el entorno. Hermoso a su manera, pero estremecedor al aproximarse a la cota máxima de la etapa, y el lugar donde empezabas a encontrar aerogeneradores.

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A esas alturas la pista se había reducido a apenas dos surcos en la nieve, gracias a la presencia el día anterior de operarios en el parque eólico, y que no prometían nada bueno para mi integridad física en caso de salirme de ellos. No es que mi experiencia con la nieve sea muy grande: una bajada del puerto de Cebreiro en 2007, una etapa en Ballinastoe (Irlanda) en 2017, y esa mañana. Pero por suerte las estupendas Kenda Navegal que monta la Giant hicieron su trabajo. Más adelante iba a necesitarlas.

Una vez ascendido Monte Seixo, no existe una cima propiamente dicha, sino una especie de falso llano en altura, por el que se encuentran ubicados los aerogeneradores del parque eólico. Avancé por la pista de mantenimiento en busca del Marco do Vento y Portalén, que sabía cercanos a la pista, junto a un aerogenerador, a mano izquierda en el sentido de mi avance. Pero la niebla poco a poco estrechaba su abrazo, y la visibilidad se veía claramente perjudicada, con el riesgo de pasármelos… como fue el caso. Tras consultar el GPS y volver sobre mis pasos, di con el aerogenerador, pero ni rastro del Marco do Vento ni de Portalén. No se veía a más de 20 metros. Quedaba explorar un poco. El grosor de la nieve era a esas alturas de unos 10-15 cm, pero en la práctica se encontraba sobre matorrales, por lo que al poco de salirte del camino te veías con nieve hasta la rodilla. Y así, tras explorar un poco, di con el primero de los monumentos: el Marco do Vento.

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El Marco do Vento es un menhir de unos 5-6 metros de altura, que destaca insólitamente del resto de rocas graníticas de su entorno, precisamente por su colocación vertical. En días normales tiene que ser impresionante, pero esa mañana, entre la niebla, resultaba algo siniestro. Y una vez dado con el Marco do Vento, sabía que Portalén no se encontraba muy lejos. Y en efecto, tras un rato de arrastrar la bici por la nieve, pude distinguir su tremenda silueta. Portalén: la Puerta del Mas Allá.

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Como se aprecia, son tres secciones de granito separadas entre sí por grandes espacios vacíos en vertical, que podrían ser naturales, pero sobre dos de ellas se encuentra una piedra de manera completamente antinatural, que hace muy difícil pensar que sea un capricho de la naturaleza, y más resultado de la mano del hombre. Como son indudablemente mano del hombre las ofrendas que se encuentran bajo el dintel de la puerta:

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La Porta do Alén según la mitología, es la puerta al otro mundo y por ello se debe pasar por ella para comunicarse con los muertos y allí preguntarle lo que se desee. Se debe entrar desde el Norte hacia al Sur. El viento os dará la respuesta pero nadie debe saberlo. Es preciso volver a salir por la puerta ya que si no quedaremos en el mundo de los muertos.

(GaliciaMáxica)

Por mi parte, tuve buen cuidado de cruzar de norte a sur, y de no preguntar nada, por el viejo principio de no hacer preguntas cuya respuesta no quieras saber, ni quién te puede responder. Así, tras un rato haciendo el indio, y con cierto problema de congelación en los pies (a diox gracias había reemplazado ya los pedales automáticos por rastrales y llevaba mis botas de campo, pero me encontraba de nieve hasta media pierna), desandé el camino, y me dispuse a volver a Carballás, no sin antes contemplar el paisaje circundante una vez más:

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Nieve y niebla hasta donde alcanzaba la vista, que no era mucho.

Una vez volví al camino, desandé mis pasos hasta un cruce a mano izquierda. Un supuesto camino sin salida, pero que en los mapas aparecía con enlace a media subida que había hecho anteriormente. Y con más nieve. Cómo contenerse. Un descenso bastante divertido, pero en el que me despisté dos veces, lo que me costó afrontar duras subidas que me podía haber ahorrado. Pero fue esfuerzo bien invertido, ya que pude disfrutar de pequeños lagos helados de montaña…

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…unas estupendas vistas del valle, una vez hube bajado lo suficiente, y el encontrarme con caballitos salvajes. Tras volver a la pista de mantenimiento del parque, afronté el descenso a Carballás, antes de volver a caer en la tentación. Había previsto bajar al pueblo por una pista forestal que se abría a mano derecha, sentido descendente, y que suponía una variación sobre el camino de ascenso. No tardé en encontrarla, cubierta de nieve sin sendero, surco o marca alguna. Nadie en su sano juicio iría por ahí.

En efecto, nadie. La gracia de rodar en nieve fresca es que una vez clavado en la nieve ésta te hace rodar recto. Lo que no está mal, salvo que quieras cambiar de dirección, o sea el camino el que lo haga. Y esto último era precisamente lo que pasaba en la revirada pista por la que iba bajando, sin ver ni torta de las piedras, surcos, ramas o agujeros que había bajo la uniforme capa de nieve.

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Me asombra decir que salí del trance sin un rasguño ni un solo extraño de la bici. Gracias por las Kenda Navegal que llevaba montadas, se demostraron a prueba de todo. Pronto dejé atrás la nieve, para quedarme con un camino embarrado que me hizo sufrir las de Caín antes de llegar de nuevo a Carballás, donde, antes de dar por finalizada la etapa, hice un pequeño recorrido turístico por su exiguo -pero bello- casco urbano.

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Tras finalizar la etapa, cargué la bici en el coche, y me dirigí de vuelta a casa. Al poco de bajar de la montaña y entrar en el casco urbano de Cerdedo, empezó a llover. Ya no dejaría de hacerlo hasta dos días después.

Datos de la etapa

Distancia: 19’672km km
Distancia (según el GPS): 19’66 km
Altitud ascendida: 453 m
Tiempo de etapa: 1:48:22
Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:18:52
Calorías consumidas: 935 kcal

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13 dic 20 Etapa ciclista: Forcarey – Puentes del Lérez – Santa María de Acibeiro (28/11/2020)

El sábado 28 de noviembre hice la que sería mi primera etapa ciclista en Forcarey. Por razones laborales Ana y yo vamos a pasar por aquí una temporada, por lo cual no tuve menos que subirme una bicicleta de montaña: una Giant Trance X4 que adquirí recientemente de segunda mano. Estupenda herramienta, vive Diox.

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Tiene Forcarey algunos aspectos interesantes: se ubica en una zona del interior de la provincia de Pontevedra, casi en el centro geográfico de Galicia, y aproximadamente a la misma distancia de Pontevedra, Santiago de Compostela y Orense. Y al ser una zona de media montaña, tiene gran cantidad de recorridos para hacer. La zona, además, es pródiga en elementos culturales para conocer: calzadas romanas, poblados celtas, monumentos megalíticos, monasterios y puentes medievales, además del nacimiento de los tres ríos más importantes (excepción del Miño) de la provincia de Pontevedra: el Verdugo, el Umia y el Lérez. De este último pasa cerca de Forcarey un recorrido PR (PR-G 113, para ser exactos) por sus puentes, desde el Monasterio de Santa María de Acibeiro (siglo XII), que se puede recorrer de manera lineal, pero que se puede hacer circular enlazando por algunas carreteras y pistas de la zona.

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Así pues, salí de Forcarey, bajando hasta la ribera del Lérez por la aldea de A Ponte. Allí pude encontrar sin mucha dificultad las marcas blancas y amarillas del PR-G 113. Lo tomé en sentido descendente del río. Era una mañana heladora, y el encontrarse junto al río no contribuía a mejorar las cosas. Además el sendero no es ciclable en muchos de los tramos, por lo que era necesario echar pie a tierra y la bici al hombro. Lo que con pedales automáticos no era especialmente sencillo -ni seguro- con la cantidad de barro, hojarasca húmeda y piedras de la zona.

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Sin embargo, el esfuerzo tuvo pronto su recompensa, cuando el estrecho sendero fluvial se abrió al llegar a una vieja represa, motivada por la existencia de un molino harinero, junto al puente de Gomail. Una auténtica belleza medieval de tres arcos, y que además conllevaba una sorpresa:

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…y es que nos encontrábamos en el trazado de un nuevo Camino de Santiago que se ha recuperado: el de Geira y de los Arrieros. Este Camino transcurre por una antigua calzada romana desde lo que hoy es el norte de Portugal hasta la zona norte de Galicia. Aún no cuenta con reconocimiento oficial, pero es algo que se espera que no tarde en conseguir.

Pasado este punto, tocaba salir del fondo del valle, y para ello el camino sigue una antigua corredoira, que lleva a las aldeas de Gaxín y Cabanas, primero, y luego a Cachafeiro. Una auténtica paliza, que no hacía sino demostrarme que después de unos cuantos meses sin apenas coger la bici, el ciclismo estaba poniéndome las cosas en su sitio. Al menos, el paisaje era estupendo.

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Llegados a Cachafeiro, se toma una carretera rural que lleva, en suave descenso, hasta la aldea de Espindo, para después conducir al campamento juvenil Pontemaril. Estrictamente hablando, no hay que llegar a él, sino salir por una pista a la derecha de la carretera, señalizada como Castro de Loureiro. Pero me confundí, seguí por la carretera, lo que me costó un rato de consultar mapas y cruzar corredoiras. No fue un rato, desaprovechado, pese a todo.

Una vez encontrado el camino, la pista vuelve a subir de manera abrupta, dura, aunque no deja de ser amplia y asequible. Y al llegar arriba, la sorpresa: uno de los castros fortificados mejor conservados de Galicia, aunque poco conocido, y abandonado en mitad de la nada. Pude darme el gusto de recorrerlo, si bien cubierto por la hojarasca, antes de continuar mi recorrido.

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Una vez dejado atrás el castro, se llega a una nueva carretera rural, a la altura de Loureiro; allí se gira a la izquierda, para de nuevo girar a la derecha, en una tremenda subida con rampas del 15% hasta Valiñas. Quizás el tramo más desagradable del trayecto, merced a la existencia de sendas vaquerías, a la entrada y salida de la aldea, que atufan la zona. En fin, cosas del agro.

Pasada Valiñas, se toma una nueva pista agrícola, que tras dos kilómetros de ardua subida desemboca en la PO-534, y que constituye la cota máxima de la etapa. Desde allí, en falso llano y posteriormente en suave descenso, se acaba llegando (bien por carretera o por una divertida pista paralela a ella) hasta el cruce que permite llegar hasta el monasterio de Santa María de Acibeiro, como ya he apuntado, construido en el siglo XII, y que a día de hoy es un estupendo hotel rural.

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Desde allí mi idea era retomar el PR-G, y desembocar de nuevo en Forcarey, pero la mañana se me estaba echando encima, y llevaba ya una cierta paliza en el cuerpo. Así que opté por bajar por la PO-534 de nuevo hasta Cachafeiro, y desde allí volver a Forcarey por carretera, dando por finalizada la etapa. Una estupenda inauguración de mis salidas por la zona.

Datos de la etapa

Distancia: 24’571 km
Distancia (según el GPS): 24’54 km
Altitud ascendida: 543 m
Tiempo de etapa: 2:17:31
Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:34:34
Calorías consumidas: 2289 kcal

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07 nov 20 Control de apertura de puertas y ventanas con Zigbee y sensores Aqara MCCGQ11LM

Seguimos con proyectos de IoT y domótica. En este caso, y para el piso de Forcarey, estoy preparando un sistema de control de apertura de puertas y ventanas con dispositivos Zigbee. Para ello, he escogido los sensores Aqara MCCGQ11LM. Son unos dispositivos fiables, razonablemente baratos, y -lo más importante- están perfectamente soportados en Zigbee2MQTT.

Sensor de puertas y ventanas Aqara MCCGQ11LM

Sensor de puertas y ventanas Aqara MCCGQ11LM

Y es que la gracia de todo este asunto es que no voy a hacer uso del gateway propietario de Aqara/Xiaomi. Desde hace ya algún tiempo tengo experiencia haciendo uso de Zigbee2MQTT como gateway de código abierto para algunos dispositivos Zigbee que tengo instalados en Santiponce, y la idea -como no podía ser menos- era hacer uso de la misma tecnología en Forcarey. Para ello estoy diseñando un pequeño dispositivo, basado en una placa Orange Pi Zero, que actúe como gateway de los dispositivos que voy a desplegar en el nuevo piso.

Orange Pi Zero con módem USB. El otro dispositivo es un receptor Zigbee

Orange Pi Zero con módem USB. El otro dispositivo es un receptor Zigbee

Sí, el dispositivo con conectividad HSDPA que comentábamos en el artículo anterior.

En lo referente a la instalación de Zigbee2MQTT, en líneas generales basta con seguir las instrucciones de instalación que proporciona la web oficial, con una salvedad: en la versión de Armbian que manejo (Buster 20.08.1 con versión de kernel 5.8.5) a la hora de compilar Zigbee2MQTT daba algunos errores con serialport y node-gyp, que están reportados. En mi caso ninguna de las soluciones propuestas funcionaba. Lo único con lo que conseguí hacerlo funcionar fue ignorando la parte de usar el repositorio de Node.js que se indica en las instrucciones en el apartado 2 de las mismas, e instalar tanto Node.js como específicamente node-gyp desde los repositorios oficiales de Debian. De esta manera todo el proceso de instalación concluyó correctamente.

Una vez concluida la instalación, creé el servicio para iniciar automáticamente Zigbee2MQTT al inicio del sistema, asocié los dispositivos, que fueron reconocidos sin mayor inconveniente, con lo que el proceso de configuración del hardware ha quedado concluido. En cuanto al software, el sistema de notificación de actividad de los sensores, en base a recepción de eventos de los dispositivos y su volcado a un servidor MQTT, está concluido. Los eventos se muestran de la siguiente manera:

Eventos registrados en servidor MQTT

Eventos registrados en servidor MQTT

…lo que nos permite, a partir de aquí, crear el sistema de notificaciones. ¿Cómo lo voy a hacer en mi caso? Con el estupendo software Home Assistant, que constituye la base de mi sistema de domótica. Pero eso ya quedará para otro artículo.

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02 nov 20 San Ground Aggressor

Nunca había hablado (salvo un comentario de refilón) de esta bici. Es la bici de Ana, pero es mucho más que eso. La San Ground Aggressor fue la primera bici de montaña de Mané cuando empezamos a dar pedales allá por 1993/1994. Era una bici espectacular entonces, y lo sigue siendo a día de hoy. Una auténtica belleza:

San Ground Aggressor

San Ground Aggressor

Una estupenda bici de montaña con cuadro de aluminio con sistema Ahead para la horquilla (debió de ser de las primeras). Con un grupo completo Shimano Deore LX, de cuando Shimano aún hacía frenos Deore LX de tipo Cantilever. En su configuración original la horquilla no tenía suspensión, en la fotografía superior se puede ver la horquilla RST Capa que le puse hace unos años, y que me obligó a cambiarle el Cantilever delantero por un V-Brake. Deore, por supuesto, para conservar la esencia de la bici.

Llevando Mané esta bici nos recorrimos toda la Sierra de Córdoba en nuestros años mozos, contando -para aquella época- tremendas excursiones a La Carlota y Aguilar de la Frontera. Por aquel entonces aún llevaba yo una bicicleta de montaña básica del Pryca, con su cuadro de acero. Pero éramos jóvenes, nos lo pasábamos bien, y no teníamos miedo a nada. Tiempo después dejamos durante un tiempo de salir con la bici, crecimos, y a Mané la San Ground se le quedó pequeña. Yo empecé a salir con Ana, y ella quiso tener una bici con la que salir a rodar conmigo. Y en una conversación con Mané, me faltó tiempo para comprársela. De eso hace ya como 16 años. Y en todo este tiempo apenas he tenido que hacerle un cambio de vainas y de cableado y cambiar las pastillas de freno. La bici sigue respondiendo de manera estupenda. Algún tiempo después cambié la horquilla para darle a Ana algo de más comodidad a la hora de rodar en terrenos complicados. Y hasta hoy.

Nos la vamos a subir a Galicia con la Giant. Tenemos mucho terreno que explorar, y sé que allí le vamos a sacar mucho mejor partido. Y Ana sigue teniendo aquí la Orbea Luarca de paseo que le restauré el año pasado, que ha cogido con mucho más gusto que la San Ground.

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