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04 dic 20 Camino del Cid 2019. Etapa 2: La Puebla de Valverde – Montanejos (04/VI/2019)

Esta entrada es la parte 4 de 7 de la serie Camino del Cid 2019

Comenzamos la segunda etapa de nuestro viaje apenas pasadas las 8:00h. Durante la previa habíamos mantenido un debate sobre cómo empezar la etapa. Sabíamos que tenía que ser en subida hasta enlazar con una pista que nos tendría que llevar hasta Valbona, pero teníamos dos maneras de empezar: la primera por una pista de tierra que salía de La Puebla por la puerta de Valencia, y que constituía el camino antiguo, y la segunda, salir por la puerta de Teruel, tomar la N-234, y una vez salvado el repecho, tomar dicho camino. Dado que era temprano por la mañana, y no era cosa de empezar en frío con una cuesta del quince, optamos por lo sencillo, y subimos de manera suave por la carretera.

Como decía, una vez salvado el repecho, y a la altura de un depósito de áridos, hay que tomar un desvío a mano izquierda que, unos 600 metros después, se cruza con el camino mencionado al principio, y en cuyo cruce hay que girar a la derecha para, 750 metros después, volver a girar a la izquierda.

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Este camino lleva, durante unos 8 kilómetros, en suave descenso hasta el cauce de un río donde se encuentra un cruce de caminos. En nuestro caso, seguimos las indicaciones del Camino del Cid para llegar hasta Valbona, aún a 5 kilómetros de trayecto.

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Éste empieza con una subida constante de algo más de 2 kilómetros por una zona boscosa, hasta llegar a un viejo caserío, junto a la carretera A-232. Desde ahí es preciso superar una pequeña tachuela, ya por carretera, hasta hacer entrada en Valbona, a donde llegamos pasadas las 9:30h.

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Desde Valbona, y siempre por una carretera casi perfectamente rectilínea y en suave pero constante ascenso, llegamos a la cercana Mora de Rubielos, distante unos 5’5 kilómetros de Valbona. Mora de Rubielos es primero de los pueblos de la zona que destaca por su monumentalidad. Cuenta con un impresionante castillo, el Castillo Palacio de los Fernández de Heredia, que resalta por su dominio sobre todo el pueblo.

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Pero es imposible no fijarse en la espléndida arquitectura tradicional de la villa, y como el sitio lo merecía, decidimos hacer la primera parada seria del día, en la Plaza de la Iglesia, que es en realidad una antigua colegiata del Siglo XV, consagrada en honor de Santa María.

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Tomamos café y tostadas en el bar El Escalón, donde fuimos estupendamente atendidos, aconsejados -el dueño es ciclista y ha realizado el Camino del Cid- y donde nos obtuvieron un par de plátanos para el trayecto. Además, nos sellaron los salvoconductos y obtuvimos -por fin- una nueva chapa para la colección. Un lugar imprescindible.

Tras la pausa, retomamos nuestro rodar. Salimos de Mora de Rubielos por la omnipresente A-232, de nuevo en ascenso, hasta llegar a la que -tras la salida de La Puebla de Valverde- sería a la postre la cota máxima de la jornada, con 1118 msnm, junto a la Fuente del Hocino. Poco después decidimos realizar una variación sobre el recorrido previsto. Y es que el Camino del Cid dispone de dos variantes en este punto: la cicloturista por carretera hasta Rubielos de Mora, y una bajada por pista boscosa, pensada para MTB. Como casi todo el día iba a ser carretera, insistí en esta divertida variación.

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Divertida al menos al principio, con bajada por pista amplia y buena, pero que poco a poco se fue complicando con roca suelta y camino estrecho. Estupenda para MTB, pero no tanto para cubiertas lisas y alforjas. Para colmo de males, llegamos al fondo de un valle, que posteriormente hubo que remontar por la llamada Subida de los Fantasmas (donde realicé en su momento la 9ª mejor marca de todos los tiempos) hasta llegar de nuevo a la A-232. Una tortura con el monoplato de 48 dientes y las alforjas, pero ya se sabe, sarna con gusto no pica.

De vuelta a la carretera, llegamos en bajada hasta Rubielos de Mora. Es curioso el tema de los topónimos de estos dos pueblos tan cercanos. Y no sólo compiten en el nombre. También lo hacen en belleza, tanto por sus edificios singulares, como por el estupendo estado de conservación del casco urbano en su totalidad.

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Sin embargo, no tuvimos tanta suerte en el tema del sellado del salvoconducto. Aunque eran las 11:30h y nos dirigimos al ayuntamiento, no conseguimos encontrar a nadie que nos sellara el mismo. Así que ni sello ni chapa, y como el calor empezaba a apretar, no era plan perder más tiempo de la cuenta en ello. Salimos de Rubielos de Mora en un nuevo ascenso por la A-232 que nos permitió disfrutar, poco después de una estupenda vista de la población, en un cercano alto.

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Continuamos, esta vez en un terreno en falso llano, hasta llegar a Fuentes de Rubielos, donde abandonamos la A-232 para dirigirnos, en un espectacular descenso por carretera, hasta Olba, y desde allí a Los Lucas, última población -apenas un puñado de casas- aragonesa antes de entrar en la Comunidad Valenciana, provincia de Castellón, para más señas.

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Una vez cruzada la raya provincial, no tardamos en llegar a la Puebla de Arenoso, donde destaca en gran Pantano del Arenoso, que ya no dejaríamos de bordear hasta casi llegar a Montanejos, nuestro destino en esta jornada.

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Fuimos todo el rato por una carretera en continuo sube y baja junto al pantano, hasta llegar a la presa. Desde ese punto se inicia la fase final de la etapa, en un bonito descenso hasta la cercana Montanejos, que permite apreciar una espectacular orografía excavada por el río Mijares, en forma de hoces que permiten apreciar un magnífico espectáculo natural…

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…pero también artificial, constituido por un túnel carretero con ventanas a las hoces, y el tremendo desaguadero de la presa, que conforma un chorro de agua constante sobre el viejo cauce.

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Llegamos a Montanejos -por una vez en bajada- a las 13:30h. No tardamos en encontrar nuestro hotel, el Rosales del Mijares, que cuenta con unas estupendas habitaciones y un mejor servicio. Es Montanejos una población conocida por sus fuentes termales, sus playas fluviales, y su estupendo clima para el verano, y es algo que se nota en la idiosincrasia de la población.

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Ya con la cuarta chapa de la jornada, disfrutamos de un opíparo almuerzo en el propio restaurante. La tarde la empleamos en las tareas de mantenimiento habituales, y en pasear por el pueblo. La cena la disfrutamos en un cercano bar regentado por un rumano que prepara unas hamburguesas espectaculares. Una estupenda manera de terminar la jornada. Y que vendría bien para coger fuerzas, de cara a la que se me venía encima a la mañana siguiente.

Datos de la etapa

  • Distancia: 69’860 km
  • Distancia (según el GPS): 69’85 km
  • Altitud ascendida: 861 m
  • Tiempo de etapa: 3:49:46
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 5:20:42
  • Calorías consumidas: 3165 kcal

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15 nov 20 Camino del Cid 2019. Etapa 1: Cella – La Puebla de Valverde (03/VI/2019)

Esta entrada es la parte 3 de 7 de la serie Camino del Cid 2019

La primera de nuestras etapas del Camino del Cid la empezamos bien temprano, con la clara idea en mente de recorrer los aproximadamente 50 kilómetros que nos separaban de nuestro final de recorrido antes de la hora de comer, a fin de evitar las horas de más calor del día. Con este objetivo en mente, a las 7:30h ya estábamos desayunando en un bar cercano a la Fuente de Cella, que habíamos tenido la precaución el día anterior de averiguar si abría temprano, como era el caso. Era el típico bar de pueblo, donde puedes encontrar a tales horas de la mañana a labradores y trabajadores que se preparan para afrontar la jornada metiéndose algo caliente entre pecho y espalda, y no me refiero sólo a las buenas tostadas que nos sirvieron, sino bebidas con algo más de cuerpo. Lo que ya sí que me sorprendió era que la partida de cartas ya se estuviera jugando, y por el tono de las conversaciones y la dinámica de la misma, desde hacía un tiempo apreciable. Una vez que desayunamos, nos dirigimos al Ayuntamiento para obtener el primer sello de nuestro viaje.

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Tiene Cella un ayuntamiento hermoso como pocos, ubicado como era de esperar en la plaza mayor -lugar donde, por cierto, finalizaba el acueducto Albarracín-Cella, y donde se ha encontrado una gran cisterna de aguas-, en el que nos atendieron amablemente para sellarnos las credenciales. Lamentablemente no disponían de chapa del Camino. Solventado el trámite, volvimos a la Avenida de la Fuente, y bordeamos el pueblo, buscando la salida hacia la estación, en cuyas cercanías tendríamos que enlazar con el trayecto de la Vía Verde de Ojos Negros, que comparte trayecto durante algunos kilómetros con el Camino del Cid.

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No tiene mucha problemática seguir el trazado, ya que se encuentra con señalizaciones abundantes, y el Consorcio del Camino ha hecho un buen trabajo proporcionando mapas del recorrido y ficheros de GPS para descargar. En este caso, además, era bastante sencillo: carretera hasta llegar hasta la maderera que se encuentra junto a la estación. Nada complicado, pero con algo de tráfico pesado, que conviene tener en cuenta. Llegados a la rotonda de la maderera, se bordea ésta por una carretera secundaria, hasta la entrada de la Vía Verde, donde ya se deja atrás el asfalto, y empieza a rodarse por una buena plataforma terriza, que es utilizada para dar servicio a las fincas agrícolas que bordean la misma.

Es un trazado sin grandes problemáticas, recto como una flecha, y en suave descenso que nos acompaña desde la salida de Cella (1039 msnm en el Ayuntamiento), y que no cesará hasta llegar a la misma Teruel. Esta linealidad del camino apenas se ve interrumpida al pasar junto al Aeropuerto de Teruel. Es éste un caso sorprendente en la aeronáuta española: antigua base militar, cuando ésta fue cerrada y pasó a convertirse en un aeródromo civil, en vez de intentar convertirlo en un aeropuerto de pasajeros, condenado al fracaso por la escasa población de la zona y la cercanía del aeropuerto de Zaragoza, optaron por especializarlo en aparcamiento de larga duración para aviones, lugar de reparación de los mismos y, de manera ocasional, de zona de lanzamiento de microsatélites, con el resultado de que es uno de los aeropuertos más rentables de España. Todo un acierto.

Como decía, en una de las ampliaciones de la pista del aeropuerto se realizó un pequeño cambio de trazado de la vía verde, que quedó afectada por la zona de seguridad del aeropuerto, siendo por ello que se abandona el trazado rectilíneo que veníamos trayendo, para realizar un pequeño rodeo, que además nos lleva a rodar por encima del ramal ferroviario que da servicio al aeropuerto, retomando poco después el trazado original de la vía. Sin embargo, nuestro rodar por la misma no se prolongará durante mucho tiempo, ya que apenas 1,3 km después, a la entrada de Caudé, el trazado del Camino del Cid se separa del de la vía verde. Al ser ésta la heredera de un antiguo ferrocarril minero, sin servicio de pasajeros, su trazado evita las poblaciones, alejándonos de éstas. Aunque es perfectamente posible seguir el trazado de la vía en su totalidad, por nuestra parte optamos por seguir el trazado del Camino del Cid, que nos conducía a través de diversas poblaciones hasta llegar a Teruel: Caudé y Concud, las más destacadas.

Dejamos, pues, la vía verde, para seguir por una pista, y posteriormente girar en una carretera a mano izquierda y entrar en el casco urbano de Caudé. Es esta una pequeña población que se atraviesa en escasos minutos. Nos dirigimos al ayuntamiento, con la idea de sellar el salvoconducto, pero lo encontramos cerrado. Salimos del pueblo por una nueva pista agrícola, que nos condujo en permanente bajada hasta Concud, donde se repitió el escenario de Caudé. Seguimos descendiendo por la misma pista agrícola, hasta que llegamos a las cercanías de una granja. Allí es necesario cruzar una verja de mallazo para poder continuar. La pista poco a poco se iba convirtiendo en sendero, hasta que llegamos al cauce del arroyo de Concud, que fue necesario vadear para seguir nuestro camino.

Al poco de cruzar el arroyo, y llegar a un nuevo camino que discurría junto a algunas casas aisladas, tuvimos un encuentro ciertamente extraño: un lugareño que paseaba por la zona se puso a darnos algo de conversación, al vernos llegar con alforjas y ropa ciclista. Amablemente nos dio algunas indicaciones de cómo llegar a la cercana Teruel, y conversamos un poco del trayecto que estábamos haciendo. Todo muy amable y correcto, por la mera salvedad de que el lugareño iba vestido tan sólo con un bañador deportivo que no dejaba nada a la imaginación. Era casi como estar hablando con un nudista, a 100 kilómetros de la playa más cercana, y en una hora de la mañana en la que el calor, precisamente, no había hecho acto de aparición. Con cara de póker mantuvimos la conversación, y poco después, seguimos nuestro camino. Apenas un kilómetro después llegamos a la vieja N-234, y tomamos para entrar en Teruel. Habíamos llegado a Teruel, recorriendo unos 23 km de distancia en algo menos de hora y 40 minutos. Nos encontrábamos además en la cota mínima de nuestro viaje, a 877 msnm. A partir de ahí, todo iba a ser en subida.

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Y en subida, cómo no, entramos en Teruel. Capital de la provincia homónima, es una verdadera joya del mudéjar, cuyos mejores representantes en la ciudad son las torres mudéjares: Santa María de Mediavilla, San Pedro, San Martín y el Salvador. Entramos en la ciudad medieval pasando bajo la torre de El Salvador, y nos dirigimos a la cercana Plaza de Caros Castel, más conocida -al menos para los foráneos- como la plaza del Torico, al ubicarse en la misma la famosa estatua.

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Nos dirigimos a la Oficina de Turismo, junto a la cercana iglesia de San Pedro, lugar de reposo de los Amantes de Teruel, y que cuenta con otra de las torres mudéjares de la ciudad. En la oficina, un nuevo sello, y una nueva decepción: tampoco tenían chapas, andaban algo cortos de ellas. En fin. Seguimos recorriendo el centro de la ciudad, que cada vez se iba animando más, y visitamos la Catedral de Santa María de Mediavilla, que tuvimos la suerte de encontrar abierta.

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Tras una visita rápida, pasamos a la torre de San Martín…

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…y salimos del casco histórico para llegar al acueducto medieval que abastecía la ciudad. A cuyo pie descansamos un rato.

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Pasadas las 11:00h seguimos con nuestro recorrido. Cruzamos el viaducto que une la parte antigua con la parte moderna de la ciudad, y salimos de la misma junto a Dinópolis Teruel, tomando por unos momentos la N-234. Allí tomamos a mano izquierda un camino que, tras un breve ascenso, nos llevó en fuerte bajada a una zona boscosa, donde estaríamos rodando un buen rato, en sueave pero constante ascenso, hasta pasar por debajo de la Autovía Mudéjar y encontrarnos, poco después, de nuevo con la vía verde de Ojos Negros, a la que hubo que subir desde el fondo del valle en el que nos encontrábamos. Estábamos en el km 35 de la etapa, y de nuevo por encima de los 1000 msnm. Eran las 11.45h.

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A partir de ese punto, teníamos unos 9 km de ascenso constante hasta la cota máxima de la etapa, el puerto de Escandón. A esas alturas los kilómetros se empezaban a notar, pero seguimos rodando a buen ritmo, pasando sobre viaductos y por túneles que jalonan la vía verde en su ascenso por el sistema montañoso. Tras coronar Puerto Escandón y pasar junto a la estación de tren que allí se encuentra, empezamos un suave descenso, marcado por la presencia de la vía de tren a Sagunto a nuestra derecha, y la Autovía Mudéjar a nuestra izquierda. A las 12:45h hicimos una breve parada en un calvero completamente pelado, que no ofrecía ninguna sombra, pero sí algunos bancos hechos con antiguas traviesas de ferrocarril, junto a las ruinas de lo que supongo era una casilla de ferroviario. Menos era nada.

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Como no era plan tostarse bajo el sol, no tardamos en continuar con nuestro trayecto, que iba ya tocando a su fin. Continuamos en bajada durante otros 5 kms hasta llegar a la estación de tren de La Puebla de Valverde. Allí abandonamos de nuevo la vía verde, para tomar la carretera al pueblo en sí, nuestro final de etapa, al que no tardamos en llegar. Llegamos a nuestro hotel, el Horno, a las 13:20h, tras 54 km de etapa. Y allí, por fin, conseguimos la tan ansiada chapa del recorrido. Se trata de un hotel-restaurante pequeño y agradable, donde están acostumbrados a acoger a viajeros del Camino del Cid y de la Vía Verde, por lo que no hay problemas para ir a él con bicicletas, que se guardan en una cochera cercana.

Tras un estupendo almuerzo y mejor siesta, salimos a recorrer las calles del pueblo, en el que destacan su iglesia y dos puertas de las cuatro existentes en la muralla, siendo quizás la más destacada la Puerta de Valencia.

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Terminado el día, tocaba prepararse para la siguiente jornada, a recorrer íntegramente por la Sierra de Gúdar, y que nos tendría que llevar hasta el castellonense pueblo de Montanejos. Era el primer día y había sido el más sencillo. A partir de ahí, las cosas iban a ponerse más interesantes. :mrgreen:

Datos de la etapa

  • Distancia: 56,482 km
  • Distancia (según el GPS): 54 km
  • Altitud ascendida: 595 m
  • Tiempo de etapa: 3:31:51
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4:45:51
  • Calorías consumidas: 3008 kcal

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