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De hecho, el mero acto de abrir la caja determinará el estado del gato, aunque en este caso los tres estados determinados en los que podía estar el gato eran: Vivo, Muerto y Jodidamente Furioso
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10 mar 13 Etapa ciclista: La Canchuela – Fangorn – Bejarano – Las Ermitas – Reventón (03/03/2013)

El domingo 3 de marzo realicé una nueva etapa en Córdoba, con mis colegas del Club Bartocalvos. Fue una etapa que empezó esquinada. A primera hora de la mañana recibía un mensaje de Mané, comentando que aún estaba de empalmada y que no iba a salir a rodar. Bueno, esa clasde cosas pasan de cuando en cuando. Pero el principal problema vino a la hora de empezar a rodar sobre la Fuji, que para la ocasión había llevado a Córdoba. La tarde anterior había reemplazado la cadena, que estaba más que trillada, por una nueva. La había estado probando, y sin problemas. Pero al rodar un poco, camino de casa de Ángel, el punto de partida, ésta empezó a saltar en todos los piñones. El diagnóstico estaba claro: me había cargado la corona de piñones por no reemplazar la cadena a tiempo. No me quedaba más remedio que volver a casa y coger la Ghost. Sólo que, al hacerlo, me cargué el soporte del velocímetro. La mañana, desde luego, estaba empezando de fábula.

Retorné al punto de partida. Allí habíamos quedado Ángel, Kike, Marcos, Jose y yo. Habíamos quedado a las 8:30h con la idea de encontrarnos con Antonio a las 9:15h en la entrada de Medina Azahara, y realizar la subida a La Canchuela. Pues con tanto percance, no pudimos salir hasta las 8:50h. Kike y Jose se habían adelantado, así Ángel y Marcos me llevaron a toda velocidad por el Canal hasta llegar al punto de encuento, si bien dimos un extraño rodeo por el Patriarca Bajo, por aquello de pisar poco asfalto.

Una vez en el punto de encuentro, sacamos por primera vez a la luz las equipaciones del club: nos deshicimos de chaquetillas (o en mi caso, me puse el maillot por encima de ésta), para realizar la primera salida oficial del club con todos los participantes equipado con la equipación. Había costado meses conseguirlo, pero al fin lo habíamos hecho.

Retomamos la marcha a las 9:15h, canal adelante, camino de la Vereda de La Canchuela. Era una incógnita el saber cómo nos íbamos a encontrar la Canchuela, después de las lluvias. Incógnita que quedó pronto resuelta. Los primeros tramos de la subida se encontraban perfectamente aposentados, por lo que pudimos hacer una subida bastante buena. Marcos y Ángel iban en cabeza, y yo no me quedaba haciendo un mal papel. Sin embargo, otro nuevo inconveniente hizo acto de presencia: se me soltaron las bridas del sensor ANT+, lo que me obligó a hacer una parada para remendarlo. El resto de la etapa me daría guerra, aflojándose y moviéndose de sitio cada dos por tres.

Una vez reanudada la marcha, llegamos hasta la primera cancela, y el desvío por el nuevo trazado de la vereda. A partir de ahí la subida se complicó un tanto por la abundante presencia de barro; por suerte barro no arcilloso, por lo que no se quedaba pegado a las ruedas. A partir de ese punto empezamos a encontrarnos con abudantes ciclistas, lo que hizo el rodar algo más entretenido.

Pasamos el Valdío de Pedrajas, y nos dirigimos hacia el Rosal de las Escuelas. Pasamos la segunda cancela, y tras un rodar bastante alegre, decidimos dirigirnos a Trassierra atravesando Bosque de Fangorn. Para ello, dejamos La Canchuela y tomamos la carretera hasta el cruce de Trassierra, en cuya gasolinera hicimos una breve parada de avituallamiento.Eran las 10:50h, y llevábamos ya 22 kms. de etapa.

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Tras la parada, entramos en Bosque de Fangorn. Contra lo que me esperaba, no se encontraba especialmente embarrado, por lo que las bajadas las pudimos hacer bastante bien. Una vez pasado el puentecillo, intentamos realizar la subida de la piedra; todos sin éxito, salvo Ángel, que lo consiguió al segundo intento, subiendo con la BigHit. Luego de pasar el mirador, iniciamos un divertido descenso hacia el Pinar de Torrehoria. Esta parte del Bosque estaba algo más embarrada, por lo que me tomé el descenso con calma y precaución.

Una vez en el Pinar, tomamos la pista que conduce al Lagar del Caño del Escarabita. Esta parte, como era de esperar, se encontraba plagada de inmensos charcos. Y aunque al principio hicimos por evitarlos, una vez que nos llenamos de barro, empezamos a ser más laxos en esta labor. O en mi caso, directamente pasaba de evitar los charcos y los cruzaba por en medio.

Tras llegar al Caño, tomamos la pista que enlaza con la entrada del Bejarano, esquivando la Fuente del Elefante. En esta parte estábamos ya con las bromas, saltando en charcos para salpicar a los demás, y haciendo pequeños piques. En uno de ellos, Antonio metió le metió el hombro más de la cuenta Ángel, con el resultado de que éste último dio con sus huesos en el suelo. Afortunadamente sin mayores consecuencias.

Pasamos el Bejarano, pletórico de agua, y nos dirigimos a su primer venero, el rebosadero del acueducto romano. Allí fue donde tomamos la foto conmemorativa de la etapa:

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Tras esto, continuamos en dirección al Jardinito. Esta parte de las Siete Fincas estaba bastante más embarrada, y además, observamos el efecto de los recientes temporales, que se traducían en árboles desarraigados y partidos, que en parte bloqueaban el camino. Realizamos la subida de El Jardinito, con incluso un pique entre Kike y Marcos, que les hizo subir a toda velocidad. Sumamente divertido :mrgreen:

Una vez en las Siete Fincas, optamos por realizar el enlace con las Ermitas a través Los Pajaritos. Dejamos la carretera, y tomamos una pista a mano derecha, que abandonamos, posteriormente, a la altura de un poste de la luz, para tomar un sendero que nos llevó directamente a la carretera de las Ermitas. Sendero que hicimos a toda velocidad, al ir yo en cabeza, Marcos no dejaba de echarme el aliento en la nuca. :mrgreen:

Cuando nos reagrupamos, realizamos el descenso de la vereda de las Ermitas (por mal nombre los chorizos) hasta la entrada de las Ermitas. A esas alturas Jose, que acumulaba un gran desgaste tras algunas semanas sin salir a rodar, empezó a manifestar graves problemas con su freno trasero, lo que hizo que en un momento determinado a punto estuviera de cascar un poste de la luz con la cabeza. Ante esto, por precaución, decidió evitar la bajada por Los Pobres, y realizar un descenso algo más convencional por el Reventón, ante lo que me decidí a acompañarle, por si tuviera algún tipo de problema.

Realizamos con calma la bajada del Reventón, que se encontraba tremendamente concurrida, y nos reagrupamos con nuestros compañeros al la entrada de Los Pobres. Bajamos sin más inconveniente hasta el final de la carretera de Las Ermitas, y allí, en vez de bajar pos asfalto, hicimos el descenso de La Milla. Bueno, al menos lo hicieron Marcos, Ángel, Kike y Antonio. Jose no estaba en condiciones técnicas de hacerlo, y yo tenía cosas mejores que hacer que partirme los dientes. Así que en la bajada me despisté y perdí a los cuatro fenómenos de vista. Jose y yo acabamos saliendo a una pista del Patriarca. Posteriormente, nos encaminamos a la cantera mozárabe, donde nos reencontamos con nuestros amigos, ya que La Milla baja por la cantera.

Por último, salimos del Patriarca bajando por el salto de la meseta, donde Antonio estuvo en un tris de dar con sus huesos en el suelo, y de perder el carnet de padre al rebotar en el sillín. Tras las risas de rigor, enlazamos con la carretera de la Albaida a la altura del chuletero El Rancho Grande, donde hicimos una parada de homenaje.

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Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: S/D
  • Distancia (según el GPS): 41’48 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 28m 14s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 09m 20s
  • Velocidad media: 11’952 km/h
  • Velocidad máxima: 44’68 km/h
  • Pulsaciones medias: 145 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 184 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: S/D
  • Consumo máximo de calorías: S/D
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: 3596 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 100B MTB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: La Canchuela – Fangorn – Bejarano – Las Ermitas – Reventón

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13 sep 11 Etapa ciclista: Montecobre – Bosque de Fangorn – Reventón (04/09/2011)

Nos tenía que haber mirado un tuerto. No cabía otra explicación. No era la primera vez que lo decía desde que habíamos empezado la etapa, pero esa última vez, al filo de las 19:30h, en el Patriarca, mientras esperaba a que Ángel cambiara la cámara de su bici, fue la única vez que de verdad me lo estaba creyendo. Ese día estábamos gafados. Pero empecemos por el principio.

Ese fin de semana decidimos salir a rodar Mané, Ángel, Marcos, Javi Balaguer -con quien, hasta el momento, aún no había salido a rodar-, Carlos Trillo y yo. Por aquello de poder quedar los más posibles, habíamos decidido quedar en un horario poco habitual: el domingo a las 16:00h. No era el horario que más me conviniera, ni el que más me interesara, dado que tenía que salir esa misma tarde hacia Sevilla, y esperaba poder ver el ascenso del Angliru en la Vuelta a España. Pero era una oportunidad para salir a rodar con un buen grupo de amigos que no iba a dejar pasar.

Pronto -muy pronto- las cosas empezaron a torcerse. Tan pronto como el mismo viernes por la tarde. Nada más llegar a Córdoba me encontré con la rueda delantera de la bici pinchada. Algo bastante complicado, ya que ahí monto una cubierta Maxxis High Roller Super Tacky Downhill de 2.35”, equipada con una cámara autosellante. Pero el caso es que estaba pinchada. Confiando en que fuera algo que se solucionara con el líquido autosellante, inflé la rueda y la hice girar sobre sí misma, a fin de distribuir uniformemente el líquido. Todo parecía indicar que se había sellado bien… hasta la mañana siguiente, en la que me encontré la rueda completamente deshinchada. Estaba claro que me iba a tocar parchearla. Lo que no esperaba era encontrarme con que se había salido todo el líquido autosellante de la cámara, y con que ésta tenía tres pinchazos. Un tanto escamado, parcheé la cubierta, y esa tarde me fui con Mané a casa de Carlos a editar un vídeo con las tomas de un descenso que habían efectuado esa misma mañana.

Ya en casa de Carlos tuvimos la la segunda mala noticia del día: sufría de una tendinitis que le iba a imposibilitar acudir a la etapa. Y es que Carlos, que estrenó bici de descenso hace algunas semanas, un auténtico monstruo blindado de 18 kilos y suspensiones de 180 mm., se había estado poniendo en forma a marchas forzadas, pero por eso mismo había forzado demasiado la máquina. Asumiendo que íbamos a tener una baja, editamos el vídeo, con muy buenos resultados desde el punto de vista estético. Pero al filo de las 22:00h, recibí una llamada de casa: la rueda se había vuelto a desinflar. Una vez allí pude constatar que la rueda, en efecto, había quedado desinflada por el efecto de ¡cuatro pinchazos! Entonces lo tuve claro: el primer pinchazo había provocado la salida del líquido sellante de la cámara, por lo que pequeños pinchazos que habían quedado obturados por el propio líquido habían salido a la luz. Lo peor es que no tenía ninguna cámara de repuesto. Por suerte Mané, a la mañana siguiente, encontró una de válvula fina que sólo tenía un pinchazo, que pude parchear y poner sin problemas en mi bici.

A las 16:00h del domingo me encaminé a casa de Mané, dispuesto a empezar la etapa. Pero cuál sería mi sorpresa al ver a Mané desmontando, junto con Ángel, su rueda trasera: en efecto, un pinchazo. Y al no disponer de ninguna cámara adicional, no le quedó más remedio que parchearla. En ello andábamos cuando llegó Javi, con una pérdida de aceite en la horquilla de su bicicleta. ¿Qué diablos estaba pasando? Me dirigí a casa a por una llave inglesa con la que apretar un poco la horquilla, y tener la suerte de que eso solucionara el problema. A la vuelta, Marcos ya había llegado… con un problema en su casco y la rueda trasera algo floja. Mientras Mané y Javi apretaban la horquilla, Ángel se dispuso a inflar un poco la rueda de la bici de Marcos mientras éste remendaba el casco. Y en esas estaba cuando ¡la válvula de la cámara salió volando! Una válvula rota era algo que sólo había visto una vez anterior. Por suerte Marcos disponía de una cámara de válvula gruesa de repuesto. Pero empezaba a tener claro que esa etapa estaba algo gafada.

Al final, entre unas cosas y otras, empezamos a dar pedales pasadas las 16:30h, con unos 36ºC de calor, y un molesto viento cruzado que nos dificultaba bastante rodar. Tomamos en Canal del Guadalmellato, y nos desviamos por la vereda de Trassierra camino de nuestro Angliru particular: la subida de Montecobre. Pasamos junto a la Casilla del Aire, por las primeras y terroríficas rampas de hasta el 18% por sendero pedregoso del inicio de la subida de Montecobre, abriendo camino Ángel, Marcos y yo. El calor y la hora de la etapa estaba haciendo estragos, y aparte de sudar la gota gorda, empezamos a sufrir mareos y molestias estomacales, que hicieron especial mella en Marcos y Mané. Aun así, llegamos hasta el quitamiedos que da fin a la primera parte de la subida, y nos dispusimos a cruzar la carretera, camino de la Casa de la Ventana. Y fue ahí donde tuvimos la primera sorpresa desagradable de la etapa propiamente dicha: Marcos había pinchado. No nos quedó más remedio que hacer una pequeña pausa para parchear su cámara, antes de reemprender el ascenso.

Una vez solventado el problema, continuamos con el ascenso, de nuevo con Ángel, Marcos y yo mismo en cabeza. Nos volvimos a reagrupar al llegar a la cerca que interrumpe el ascenso a mitad de subida, y a partir de ahí, Ángel y yo marcamos el ritmo de subida hasta llegar a la Torre de las Siete Esquinas, donde realizamos un pequeño descenso.

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Reemprendimos la marcha, atacando de una manera brutal el pedregoso comienzo de la subida hasta el Mirador de las Niñas. Ahí mantuvimos un buen ritmo, hasta que en las rampas finales empezamos a separarnos. Mané y Ángel realizaron la subida a un ritmo excelente, que no pude mantenerles al tener que echar pie a tierra al patinarme en plena subida la rueda trasera, en la que montaba una Larsen TT algo trillada. Al final, Javi, Marcos y yo acabamos subiendo la última pared antes del mirador tirando un poco de la bici. Pero acabamos llegando. Terminamos la subida un poco pasadas las 18:00h, habiendo recorrido 11’5 kms. en algo más de hora y media.

Sin prácticamente detenernos nos dirigimos hacia el cruce de Trassierra, y giramos a la derecha para entrar directamente en el Bosque de Fangorn. A esas alturas de la tarde (y de la Sierra) la temperatura había bajado bastante, y el meternos a rodar por una zona arbolada era lo mejor que nos podía pasar: fresco y sombra. Perfecto para desarrollar un buen ritmo. Sin embargo, al poco de entrar en el bosque y al empezar a subir, sufrimos dos sustos que pudieron tener consecuencias bastante graves: el primero de ellos estuvo protagonizado por Javi, al perder el equilibrio en una piedra, y no poder sacar las zapatillas de los pedales automáticos. Se fue al suelo, doblándose uno de los tobillos en un ángulo que resultaba escalofriante a la vista. Por suerte, sin consecuencias. El segundo, de muy similar factura, lo sufrió Mané en sus carnes. La diferencia en este caso es que estuvo a punto de caer sobre un tocón astillado, que por suerte pudo evitar… agarrándose a una cerca de alambre de espino, con las consecuencias por todos imaginables. Desde luego, la tarde estaba siendo generosa en incidentes.

Poco después afrontamos la primera de las bajadas del bosque de Fangorn, que nos llevó en un descenso trepidante hasta el puente de madera que antecede a una brutal subida por una pared de piedra hasta un pequeño mirador, y que Ángel fue capaz de subir su primer tramo, partiendo desde el mismo puente. El resto de la subida no nos quedó más remedio que hacerla arrastrando las bicis. Y así llegamos a la segunda cota (la tercer en altitud) de la etapa. Un sitio perfecto para marcarse algunas bajadas… divertidas:

…que antecedieron a la primera gran bajada de la jornada:

Finalizamos el descenso a la entrada de la urbanización de la Virgen de la Cabeza, y no tardamos mucho en dirigirnos, a un excelente ritmo, a la siguiente parada de nuestra etapa: el Lagar del Caño del Escarabita. Aprovechamos que el camino discurría por un falso llano para rodar a un ritmo bastante alegre, que tan sólo se vio interrumpido por una nueva caída de Javi, que estaba claro que ese día no se estaba llevando bien con los pedales automáticos. De nuevo, por suerte, la caída no tuvo consecuencias.

Una vez alcanzado el Lagar, giramos a la derecha para ir, en ascenso suave pero continuo, en dirección a la Torre del Beato, que distaba unos 3’5 kms. del lugar en el que nos encontrábamos. Seguimos mantiendo un ritmo muy vivo, con Javi, Ángel y Marcos en cabeza, que a punto estuvo de costarnos un disgusto cuando los tres se empeñaron en hacer un extraño remedo del Camarote de los Hermanos Marx, sólo que cambiaron la ubicación por un estrecho sendero en subida por el que uno nunca hubiera pensado que entraran tres bicis al mismo tiempo. Al menos, sin aplicar el modo traslúcido de juego en el Colin McRae…

En fin, sin mayores incidentes, llegamos hasta la carretera de las Ermitas, junto a la torre del Beato. Eran las 19:00h y llevábamos entre pecho y espalda 18 kms. de etapa. Sin solución de continuidad, entramos en la carretera y nos dirigimos hacia la última parada de nuestra etapa: las Ermitas. Para ello tuvimos que afrontar la tercera (y más alta) cota de la etapa, en donde Mané marcó un ritmo brutal, que a duras penas y con la lengua fuera fui capaz de seguir, descolgando a Javi, Marcos y Ángel, y llegando destacados hasta el comienzo de la bajada de la Cuesta del Reventón, donde nos volvimos a agrupar para emprender el penúltimo descenso del día:

Un descenso emocionante y enormemente divertido, donde Ángel, Marcos y Mané imprimieron un ritmo endiablado de bajada, tal como si el mañana no existiera. Una vez abajo, decidimos realizar la última bajada por las pistas del Patriarca, donde Ángel se marcó unos saltos espeluznantes, y donde yo pude deleitarme realizando unas derrapadas enlazadas de izquierda a derecha brutales. Y fue ahí, justo al terminar la bajada, donde nuestro sino de toda la etapa volvió a hacer aparición: Ángel pinchó su rueda trasera.

Y así llegamos de nuevo al punto de partida. Reflexionaba sobre los tuertos y sus miradas, mientras veía cómo Ángel se afanaba en cambiar de cámara. Pero tal vez -reflexionaba- la mala suerte no fuera tanta en realidad, ya que habíamos realizado cuatro bajadas espeluznantes, botado por todas las piedras del mundo, y salvo tres caídas sin apenas consecuencias, habíamos vuelto a Córdoba sin más rasguño que el que Mané tenía en su mano provocado por el alambre de espino. Puestos a tener mala suerte, la nuestra había sído excelente.

El final del arreglo me sacó de mis reflexiones, y retomamos por última vez la etapa. Salimos a la carretera de las Ermitas, y bajamos hasta el Parador bordeando La Salle, para dirigirnos al Tablero por el circuito deportivo. Fue allí donde me tuve que separar de mis compañeros de etapa, sin poder disfrutar con ellos de las cervezas que tan a pulso nos habíamos ganado, ya que no podía demorar más mi partida hacia Sevilla. Ya en solitario, me dirigí a casa, a donde llegué a las 19:50h, tras más de 28 kms. de etapa. De una magnífica etapa por la Sierra de Córdoba.

El recorrido de la etapa en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/09/04: Montecobre – Bosque de Fangorn – Reventón en un mapa más grande

Los datos de la etapa, por su parte, son los que siguen:

  • Distancia (según el GPS): 29’3 kms.
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 17m 8s

(NOTA: Esta es la segunda vez que tengo que escribir esta entrada. La primera vez, al ir a guardarla una vez finalizada, la perdí al sufrir el navegador una extraña pérdida de sesión con mi sitio, que hizo que la entrada no se guardara adecuadamente, al pedirme de nuevo autenticación. Y para añadir insulto a la injuria, el sistema de guardado de borrador automático había dejado de funcionar tras guardar sólo los tres primeros párrafos. Se ve que algo de gafada sí que estaba la etapa, pese a todo)

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09 ago 11 Etapa ciclista: Los Morales – Las Jaras – Cuesta del Reventón (07/08/2011)

El pasado domingo volví a dar pedales con algunos amigos en Córdoba. Era la primera salida después de una pausa veraniega en la que el Camino de Santiago y el tostarse vuelva y vuelta en algunas playas gallegas me habían mantenido alejado del maillot, la burra, y el suplicio de montarse a dar pedales en Córdoba (o en Sevilla, tanto da) en pleno verano. Pero como uno es un enfermo de esto, lo primero que hice en cuanto volví a casa tras mis vacaciones fue quedar para empezar a dar guerra por la Sierra.

Todo prometía que iba a ser una etapa de las que hacían época: los ciclotrastornados que salimos así llueve, truene o haga un sol que derrita el plomo, habíamos conseguido repescar para la guerra a viejos compañeros de etapa… e incluso añadir algunos nuevos, equipados incluso con auténticos carros blindados. Parecía incluso que nos íbamos a juntar un grupo de 8 personas para salir a dar pedales. Pero también habíamos tenido que transigir en algunos aspectos. Y uno crucial era el de la hora: quedamos para salir el domingo a las 9:30h. No era algo demasiado grave: al fin y al cabo, en Córdoba el verano estaba siendo bastante suave para lo que es costumbre. Otro de los aspectos fue el recorrido: recortamos las habituales etapas de más de 50 kms. hasta una etapa de menos de 25, y con tramos de carretera, y todo. Esto último no es algo que me viniera -personalmente- mal, después de más de un mes sin rodar, por lo que estaba contento con ello.

Pero poco a poco, la etapa empezó a torcerse. La primera muestra de ello la tuvimos la misma noche del viernes, cuando a las doce y media de la noche las chicharras cantaban en toda una orgía de chirridos más propia de la hora de la siesta que de otra cosa. El fin de semana se adivinaba duro en lo climatológico. Y en los días posteriores no se puede decir que el clima se atemperara, sino más bien todo lo contrario.

En realidad, la culpa es mía por ser optimista, pero no lo puedo evitar. A la hora de la verdad, el domingo a las 9:30h los que estábamos listos para salir nos podíamos contar con los dedos de una mano… e incluso sobraban dos dedos: Javi Aljama, Ángel y yo. Siendo fiel a la verdad, tengo que admitir que es algo que no me sorprendía excesivamente. En realidad, sólo me sorprendía la baja de Mané, pero pronto tuve conocimiento de que estaba librando otras guerras por ahí, ante lo que sólo puedo descubrirme, y darle mi más completo apoyo. :mrgreen:

Total, que a las 9:30h Ángel y yo arrancamos a rodar, con un calor bastante considerable, camino de los Morales. Nos encontramos con Javi en la rotonda de la calle Mayoral, y seguimos con el ascenso. Dado que nos habíamos quedado los de la vieja guardia, desechamos subir por asfalto, para hacerlo por Los Morales. Al fin y al cabo, llevábamos bicis de montaña, ¿no? :)

En estos primeros compases de la etapa me estaba encontrando fantásticamente bien, pero andaba algo preocupado por esa molesta tendencia que tengo a tirar demasiado desde el inicio. Por desgracia, era algo que no mucho tiempo después iba a pasarme factura. Hicimos una pequeña pausa para meter presión a la rueda trasera de Ángel, que estaba algo floja, y seguimos ascendiendo. Rondaban ya las diez de la mañana, y el calor era sencillamente brutal.

Poco después nos metimos en vereda, con la auténtica subida de Los Morales, y pronto empecé a pasarlas canutas, entre el tremendo calor, y el maillot de manga larga que llevaba para evitar quemarme con el sol: había tenido que optar esa mañana entre pasar calor o quemarme. Había optado por lo primero, y no había tardado demasiado en empezar a lamentarlo, en mitad de esas espantosas rampas con hasta el 23% de inclinación, en las que sólo podías respirar vaharadas de aire recalentado. Tuve que echar pie a tierra en unas cuantas ocasiones, antes de alcanzar la Fuente de los Piconeros.

A partir de la fuente, y ante el tremendo calor, marcamos un ritmo tranquilo: plato pequeño y piñón grande, y a subir con calma. Al fin y al cabo, como dijo Ángel más de una vez, se trataba de pasarlo bien, no de echar los higadillos. Con todo, llegamos al Lagar a las 10:42, con un tiempo de subida de 72 minutos, en los que habíamos hecho tres pausas de unos 10 minutos de duración en total. Para lo que estaba cayendo, no estaba mal.

Sin detenernos, iniciamos el descenso por el GR-48 en dirección a Las Jaras. Una divertida bajada, que actuó como un genial bálsamos para olvidar el espanto de la subida anterior. Abandonamos el GR-48 justo antes de que gire hacia el este, en dirección Los Villares, y tomamos una pista -primero- y un sendero -después- que llevan directamente hasta Las Jaras, donde llegamos al filo de las 11:00h… y donde aprovechamos para hacer una bien merecida parada para hincharnos a churros con chocolate. Bueno, con batido de chocolate y cola-cao, que la cosa no estaba como para meterse entre pecho y espalda un chocolatazo caliente.

Tras esta pausa de media hora, reiniciamos nuestra etapa. Sobre el papel, había previsto realizar un tramo de la vereda de la Pasada del Pino hasta las cercanías del Club de Golf, y volver de nuevo casi hasta Las Jaras. Pero vista la hora que era, y teniendo en cuenta que Ángel tenía que estar de vuelta antes de las 13:00h para dirigirse a Málaga, optamos por recortar el recorrido, volviendo directamente al Lagar de la Cruz por carretera, con Ángel en cabeza, marcando un ritmo suave al principio, pero cada vez más intenso, muy a su estilo cuando afronta rampas largas.

Por último, quedaba el enlace desde el Lagar hasta las Ermitas… que no pudimos menos que hacer por campo, bordeando la carretera CV-79.

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…y donde tuvimos la segunda bajada divertida del día, hasta las Ermitas, donde me hinché de tragar polvo:

De nuevo sin pausa alguna -ya que no andábamos especialmente sobrados de tiempo- emprendimos el tercer y último descenso de la etapa: la cuesta del Reventón, que no tardamos mucho en ventilarnos, especialmente Ángel, que baja con unas dosis de acarajosacadismo enajenado que para sí quisiera Ari Vatanen en plena subida al Pikes Peak:

Aunque, eso sí, paramos a hacernos una bonita foto:

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Finalizamos el descenso a las 12:25h. A Ángel no le quedó más remedio que salir corriendo a su casa, pero Javi y yo dimos por finalizada la etapa en su casa, donde nos esperaban birras, una excelente piscina, y un buen rato de palique.

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El recorrido de la etapa en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/08/07: Los Morales – Las Jaras – El Reventón en un mapa más grande

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el GPS): 21.3 km
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 6m 29s
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01 jul 10 Entrenamiento ciclista: Ermitas – Lagar de la Cruz – Los Morales

Este miércoles he seguido con mi entrenamiento ciclista. Es este caso he elegido un clásico para salir a rodar, dado que ya me consideraba en un estado de forma razonablemente bueno como para afrontar esta etapa: subida a Las Ermitas por la cuesta del Reventón, de ahí al Lagar de la Cruz por la carretera de las Ermitas, y por último, vuelta a Córdoba realizando la bajada por las espaldas del Hospital de Los Morales.

Suena muy bonito decir que tenía planificado realizar esa etapa, cuando en realidad tengo que admitir que fue algo que surgió sobre la marcha. Sobre las 20:15h salí de casa, con el único objetivo de probarme, y ver si era capaz de subir hasta las Ermitas. Tomé el Brillante arriba, para desviarme por la avenida de la Arruzafa. Era una tarde de bastante calor. Un termómetro de una farmacia marcaba, por encima de La Salle, 37ºC, mientras que mi termómetro de la bici marcaba 33ºC. Y la verdad, se dejaba notar.

Enfilé la subida de la carretera de Las Ermitas a un ritmo razonablemente bueno, pero la falta de subidas serias en mi entrenamiento se dejaba notar. Conseguí llegar hasta el comienzo de la cuesta del Reventón sin echar pie a tierra, pero el último tramo de asfalto de la carretera tuve que hacerlo en zig-zag. Una vez arriba, descansé, y aproveché para tomar una vista panorámica de la ciudad.

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Continué, una vez recuperado el resuello, con la subida. Apenas me encontré en la etapa con un par de ciclistas, uno subiendo y otro bajando, y una pareja de caballistas. La temperatura era más agradable, 28ºC, pero a esas alturas ya me había bebido un tercio de mi bidón de agua.

La siguiente parada tuvo como escenario el mirador de Antonio López, donde no pude menos que echar la consabida foto ante el monolito en la memoria de este pionero del senderismo cordobés.

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La subida, tengo que admitirlo, se me estaba atragantando. He perdido bastante la costumbre de rodar sobre trazado irregular y lleno de piedras -pese a que la subida está hoy en día bastante civilizada, merced al paso de la gente-, y tuve que echar pie a tierra más veces de lo que hubiera deseado.

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Aun así, pude hacer a un ritmo razonablemente bueno los dos últimos tramos de la subida, el que conduce al segundo mirador, y el que lleva de éste hasta el puentecillo sobre un pequeño torrente de agua. Torrente que aún llevaba una cantidad testimonial de agua, lo que no deja de ser sorprendente para lo avanzado que está el año.

Finalmente, llegué a la carretera. Victoria. Realicé una pequeña pausa para tomar otra panorámica de las Ermitas, y el valle del Guadalquivir:

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Y así, me encaminé hacia las Ermitas. Cierto es que el punto en el que me encontraba tiene una altura superior a las propias Ermitas, pero ya se sabe, la meta marcada es la meta marcada. No disponía de mucho tiempo, ya que el sol estaba cerca de su puesta, y ya se encontraba tapado por una inaudita nubosidad que no se había dejado sentir en toda la tarde.

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Estuve un rato disfrutando de las vistas, entre las que me impresionó el poder contemplar el castillo de Almodóvar alzarse entre la bruma que se extendía por el valle del Guadalquivir, provocada por el bochorno de la jornada.

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Tampoco desmerecía el contemplar la subida que acababa de afrontar. No por conocida es menos impresionante:

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Tocaba volver. Y si bien mi idea inicial era bajar por el mismo camino, me entraron ganas de volver por el Lagar de la Cruz. Dicho y hecho. Tomé la carretera que lleva al Lagar, y afronté con paciencia la subida. No es una subida -ni mucho menos- suave, si bien después de la paliza de la cuesta del Reventón se tiende a subestimarla. El primer kilómetro es especialmente picado, aunque a partir del segundo hay algunos descansos e incluso alguna bajada.

Llegué al Lagar, y tuve que afrontar la última decisión: ¿por dónde bajar, por la carretera de Villaviciosa, por la cuesta de la Traición o por Los Morales? Opté por este último, ya que aún había suficiente luz, pero tampoco estaba la cosa para demasiadas alegrías (aunque no sería la primera vez que tuviera que bajar por ese camino a la luz de la luna). Y era una bonita excusa para pasar por la fuente de los Piconeros:

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La bajada, como siempre, fue bastante emocionante. Muy técnica, con caminos angostos, mucha piedra suelta y abundantes y traicioneras roderas.

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Poco a poco iba recuperando el tacto, pero tuve que echar pie a tierra en un par de ocasiones. En una de ellas, ya puestos, aproveché para tomar una bonita panorámica de la ciudad, por encima de Los Morales:

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Desde los Morales entré en Córdoba por la Huerta de Hierro, descendiendo posteriormente por la calle Sansueña, y por último, de vuelta a casa por la cuesta Negra. Una bonita etapa que tuvo como colofón un refrescante baño en la piscina.

Datos de la etapa:

  • Distancia recorrida: 17’540 km
  • Tiempo empleado: 1h 20m 14s

El recorrido de la etapa en Google Maps es el siguiente:


Ver 2010/06/30. Las Ermitas – Lagar de la Cruz – Los Morales en un mapa más grande

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