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27 oct 09 Camino Primitivo. Día 1: Lugo – San Román de Retorta

Esta entrada es la parte 2 de 6 de la serie Camino de Santiago 2009

El Camino Primitivo entra en la parte vieja de Lugo por la Puerta de San Pedro, para atravesar la ciudad prácticamente de sur a norte. Para que el peregrino no se despiste, junto a la puerta un miliario indica que aún restan 103’623 kms. hasta Santiago:

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Atravesamos la puerta apenas pasadas las ocho de la mañana. Era una mañana fría y gris que me hizo tener que echar mano de la chaquetilla de la bici que había echado en la mochila para resguardarme del frío. Aún no podía sospechar que durante dos días la iba a agradecer sobremanera. El sombrero, claro, estaba un poco fuera de lugar, aunque sospechaba, acertadamente, que más tarde o más temprano no iba a echarlo en falta.

Apenas pasada la muralla, a mano derecha, se encontraba el albergue de peregrinos. Albergue que, por esta vez, no íbamos a necesitar. Continuamos en dirección a la plaza de la catedral, donde nos encontramos por primera vez, junto a la oficina de correos, con una pareja de peregrinos belgas que nos acompañarían durante casi todo nuestro trayecto.

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Cerca de la catedral se abre en la muralla la puerta de Santiago, lugar de salida de Lugo para los peregrinos. Llegamos a ella en apenas doce minutos, con tiempo sobrado para hacer fotografías y perder un poco el tiempo cerca del albergue de peregrinos. El casco histórico de Lugo es, ciertamente, muy pequeño.

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La salida del casco histórico marca el inicio del descenso del camino hasta alcanzar el río Miño, que se atraviesa por el puente romano. Una vez atravesado el río puede contemplarse una bonita vista de la ciudad, en la que destaca la Catedral:

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Sin embargo, como tras cada descenso suele haber una subida, el rato de relax no fue, por desgracia, demasiado grande. Afrontamos poco después un fuerte repecho pasado el río que no fue sino el preludio de un recorrido ascendente que se prolongaría durante 5 kilómetros. Todo el rato estuvimos recorriendo carreteras rurales y barrios periféricos de Lugo, lleno de casitas adosadas y chalets, algunos de ellos ciertamente curiosos:

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La mañana seguía bastante fría, y lo que era peor, ventosa. Además amenazaba lluvia que, si bien no nos llegó a caer, sí que hizo un aviso de sus intenciones en forma de lloviznas ocasionales.

Hicimos la primera parada del día sobre las diez y media de la mañana, en la Fuente de Ribicás, donde hay habilitada una pequeña área de descanso. Allí repusimos fuerzas y bebimos el agua de la fuente, que salia… ¡helada!

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El camino, todo el rato por carretera, no ofrecía nada de particular, salvo la bellaza propia del agro gallego. No mucho tiempo después de dejar la fuente dimos alcance a otro peregrino, guipuzcoano, pero de familia andaluza. Pegamos la hebra, y de esa manera recorrimos la falsa meseta que nos habría de llevar hasta el final de nuestra etapa, San Román de Retorta.

San Román es apenas una pequeña aldea, que cuenta con tan sólo un bar, y un pequeño albergue para peregrinos unos cuantos kilómetros camino adelante. Sin embargo, posee dos elementos claramente distintivos: el primero de ellos es una iglesia románica, del siglo XII, pequeña pero de una sobria belleza que no deja indiferente.

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El segundo elemento es un miliario romano. En realidad, lo que hoy en día se puede contemplar a la salida de la aldea es una réplica del original, erigido en época de Calígula, y que servía para indicar que se había recorrido una nueva milla de la vía romana. El original, según nos comentaron en San Román, se encuentra expuesto en un museo dedicado a las calzadas romanas del norte de españa, en Astorga.

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Así pues, apenas habían pasado las doce y media de la mañana cuando habíamos terminado la etapa. Teníamos habitación reservada en el hostal de la gasolinera de la Cruz da Veiga, localizada en la provincia de La Coruña a unos 8 kilómetros, en el cruce de la N-540 con la LU-1611, en el concello de Guntín. Dado que en el propio San Román no hay albergue, los dueños del hostal se ofrecen a recoger a los peregrinos, llevarlos a éste, y a la mañana siguiente devolverlos a San Román, para continuar el Camino. Así hicimos.

El hostal era lo que se podía esperar de un hostal de gasolinera: sencillo y barato. Bien es verdad que no necesitábamos nada más. Además contaba con la ventaja de que la gasolinera disponía de un pequeño colmado donde pudimos comprar fruta y algo para picar, y un buen restaurante donde, por vez primera en el viaje, pudimos disfrutar del magnífico pan que se sirve a la hora de comer, en grandes chuscos, a lo largo y ancho de la tierra gallega.

Por la tarde, como manda la tradición, lavamos ropa y preparamos la etapa del día siguiente. Tampoco es que hubiera mucho más que hacer, ya que la gasolinera se encontraba en un cruce de carreteras, sin ninguna población cercana.

En el primer día habíamos recorrido 19’8 kms., y habíamos empleado unas cuatro horas y media. Había sido apenas una toma de contacto con el Camino, en la que lo mejor que se puede decir es que estábamos recorriendo una senda de dos mil años de antigüedad, si nos retrotraemos a su origen romano, y probablemente muy anterior. Aunque nos teníamos que limitar a saber que estábamos recorriendo esa senda, ya que hasta el momento no habíamos tenido, salvo el miliario de San Román, muestra alguna de ello. Los días posteriores se encargarían de darnos muestra sobrada de ello.

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06 sep 09 Camino Primitivo: Prólogo

Esta entrada es la parte 1 de 6 de la serie Camino de Santiago 2009

Este año -y ya van cinco- he vuelto a realizar uno de los Caminos de Santiago, o, como mis compañeros de trabajo lo llaman jocosamente, “el Camino de Javi Hidalgo”. Este año la variante escogida fue el Camino Primitivo, o del Interior. Este camino enlaza Oviendo con la tumba de Santiago, y fue el escogido por el rey Alfonso II el Casto para rendir culto a los restos del Apóstol. Alfonso II fue el fundador de la primera basílica que acogió los restos de Santiago, y el organizador del culto apostólico.

Este camino, sin embargo, hunde sus raíces en la más remota antigüedad. Gran parte de su recorrido -en especial el tramo que nos ocupa- coincide con el trazado de la vía romana que comunicaba Lucus Augusta con Iria Flavia, y que formaba parte de la red viaria trazada por los romanos en la provincia de la Gallaecia (para más información, recomiendo acudir a Celtiberia.net), si bien es más que probable que estas vías se asienten sobre caminos mucho más antiguos aún:

Vías Romana de Gallaecia (Cortesía de Celtiberia.net)

Vías Romana de Gallaecia (Cortesía de Celtiberia.net)

Abundantes a lo largo de nuestro caminar fueron los vestigios de esta vía romana, aunque sin duda el más destacado (excepción hecha de los diversos puentes y de la muralla romana de Lugo) fue la reproducción del miliario erigido en época de Calígula existente en San Román de Retorta:

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En cuanto al camino en sí, es un acertado compendio del agro gallego: preciosos bosques, gran cantidad de agua en sus más diversas presentaciones (arroyos, riachuelos, ríos, fuentes, charcas, llovizna…), bonitos prados, subidas, bajadas y muchas, muchas vacas. También presenta una interesante dualidad, causada por el conjunción del Camino Primitivo con el Camino Francés: las dos primeras etapas fueron tranquilas, relajadas y agrestes, mientras que las siguientes estuvieron marcadas por la masificación del Camino Francés. Pero eso quedará para posteriores entradas.

En cuanto a nuestro viaje, apenas con dos semanas de antelación no creí que pudiéramos realizarlo. Exigencias laborales no me habían permitido disponer de las dos semanas de vacaciones que deseaba para el mes de julio, y nos encontrábamos ya a punto de entrar en agosto, fecha en la que no deseaba realizar el viaje. Finalmente pude disponer de tres días de vacaciones, 10, 11 y 12 de agosto, con lo que sumados al fin de semana anterior (8 y 9), sumaban cinco días, más la tarde de un viernes para realizar el viaje. Dicho y hecho. Mi padre y yo averiguamos billetes para viajar en autobús desde Madrid a Lugo. Yo, por mi parte, la semana del 3 al 7 de agosto tenía que estar en Madrid por razones laborales, así que mi desplazamiento hasta Madrid lo cubría mi empresa. Mi padre subiría en tren desde Córdoba por su cuenta. Ana, por otro lado, ya se encontraba en Galicia, pasando las vacaciones con su familia. Averiguamos un hostal en Lugo para que pudiera pasar la noche anterior.

Sin embargo, estos planes vinieron a quebrarse por mi parte, debido a cierto cursus interruptus. Así que tuve que averiguarme un billete de tren desde Sevilla hasta Madrid para el mismo viernes 7. Llegué a Atocha con algo de antelación, dispuesto a esperar a mi padre y dirigirnos posteriormente a Méndez Álvaro, donde tendríamos que tomar el autobús nocturno a Lugo, con hora prevista de llegada a las 00:30h y llegada a las 6:45h del sábado 8. Así, me dispuse a matar el tiempo en Atocha, cuando, sorpresivamente, me encontré con mis amigos Carmen y Manolo, que se encontraban esperando a la hermana de éste, que llegaba esa misma tarde a Madrid, justo en el tren entre el mío y el de mi padre. Es curioso cómo son a veces las cosas: si organizas un viaje y tratas de quedar con la gente, puedes llegar a no conseguirlo por diversos compromisos de cualquiera. Y en un viaje organizado de prisa y corriendo, sin quedar siquiera con la gente, puedes encontrarte por pura casualidad con dos grandes amigos en Madrid (¡en Madrid!), sin proponértelo siquiera. Total, que bien acompañado, esperé la llegada de mi padre, en el AVE de las 22:15h, tras lo que nos dirigimos a Méndez Álvaro, la estación sur de autobuses de Madrid, para coger el autobús destino Lugo.

La estación de autobuses de Méndez Álvaro sorprende por su tamaño, y sobre todo por la increíble cantidad de gente que parece utilizarla a todas horas. Al filo de la salida del autobús, pasada la medianoche, la estación era un hervidero de gente en todas sus dársenas de salida de autobuses. La nuestra se encontraba atestada de personas dispuestas a emprender su viaje al norte. Y no eran pocas, aparte de nosotros, las personas que se veía a las claras que iban a realizar el Camino. Y era lógico, ya que este autobús pasa en su recorrido por Ponferrada, Cebreiro y la zona de Sarria/Becerreá, sityios bastante empleados por peregrinos para iniciar su marcha hasta Santiago. Así pudimos comprobarlo, tras hilar conversación con otras personas que allí aguardaban el autobús.

El viaje en autobús fue como todos los viajes nocturnos en este medio: pesado, incómodo, y en los que si puedes descabezar un par de sueños sin descabezarte tú puedes considerarte afortunado. En especial si, como es mi caso, me había vuelto a olvidar la almohada hinchable cervical. Hicimos parada en La Bañeza, conocida por sus garbanzos (inmortalizados por el gran Paco Gandía en su célebre chiste de la tragedia del niño harto de garbanzos), y conocida por mí por haber parado en el mismo sitio en 2007, cuando hice el Camino con Fran desde Ponferrada.

Llegamos a Lugo a las 6:45h de la mañana, sin novedad. La madrugada, tal y como nos habíamos temido, era sumamente fría: 14ºC, y con viento. Llegamos al hostal donde estaba Ana, cercana a la puerta de San Pedro de la muralla:

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Lienzo de la Muralla de Lugo, cercana a la Puerta de San Pedro

Poco después, Ana bajaba, y, tras disfrutar de un razonable desayuno enfrente del hostal, nos dispusimos a afrontar la primera jornada del Camino.

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