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El síndrome del francotirador majara
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27 abr 13 Etapa ciclista: Mairena del Aljarafe – Vado de Quema (30/03/2013)

El Sábado Santo volví a salir a rodar con mi cuñado Fernando. La opción escogida esta vez, con la idea de que viera la mayor cantidad de zonas posibles en esots días, fue Mairena, y el entorno de los Pinares de Aznalcázar. Empezamos la etapa considerablemente tarde, a las 10:30h., ya que la idea era tomar el camino de la Venta del Río Pudio hasta el puente romano, continuar hasta Coria por la Cañada Real de las Islas, dirigirnos a continuación hacia el aeródromo de La Juliana pasando por la Ermita de San Diego, y volver a Mairena por el Cordel de Triana a Villamanrique.

Pero pronto vimos que esto no iba a ser posible. Salimos de la Cervecería Macarena, y pronto nos encontramos con una variación. La calle que comunica con la parte antigua de Mairena se encontraba cerrada por obras, por l oque tuvimos que subir hasta la rotonda del polígono Pisa. Desde allí enlazamos con el camino habitual, para bajar por el cmaino de la Venta hasta el Puente Romano. Lo cruzamos, y tomamos la Cañada Real. Pero apenas habíamos recorrido 500 metros cuando nos vimos metidos en un barrizal y, en mi caso, con las ruedas convertidas en sendos dónuts de barro arcilloso. No quedaba otra que dar media vuelta.

Así pues, volvimos al Cordel, y nos encaminamos hacia el aeródromo. Al pasar junto a la Hacienda de Torrequemada tuvimos la primera sorpresa del día: un convoy de carreteros que guiaban a carros de bueyes en plena faena en los olivares. Algo que me sorprendió sobremanera, ya que jamás lo había visto, si bien hay que admitir que, con la cantidad de barro existente, era una opción perfectamente válida para realizar las labores del campo:

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Pasamos la Hacienda, y nos encaminamos hacia el aeródromo. El día era excelente, con algo de viento, y no tardamos en ver a grupos de paracaidistas saltando en las inmediaciones. La avionetas aterrizaban y despegaban de manera casi permanente. No éramos los únicos, desde luego, que estábamos disfrutando de la jornada.

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Al llegar al aeródromo hicimos una breve parada. Era pronto y había ganas de seguir rodando, así que propuse a Fernando internarnos más en los pinares, y llegar al menos hasta la torre de Vigilancia de la Dehesa Nueva. Y si la cosa estaba bien, seguir hasta el Vado de Quema. Dicho y hecho. Seguimos avanzando por el Cordel, y pronto nos encontramos descendiendo por los Pinares de Aznalcázar, donde nos encontramos abundantes balsas de agua, que nos hicieron tener que rodar bordeándolas, algunas de las veces, por dentro de olivares, en otras, e incluso en alguna ocasión, jugarnos el tipo para atravesarlas:

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…aunque por suerte la sangre no llegó al río, ni mucha agua a las zapatillas. :mrgreen:

Una vez dejamos atrás la pista, llegamos al Cordel de los Playeros, en el que la arena campa pos sus respetos. Pero por suerte -algo bueno tenía que tener tanta agua- se encontraba bastante compactada, por lo que pudimos rodar bastante bien, y llegar sin muchos inconvenientes hasta la torre de vigilancia. Y ya que estábamos allí… bueno, pues no era cosa de dejar de ir al Vado de Quema.

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Llegamos al vado la filo de las 12:30h. La zona descanso junto a la virgen se encontraba arrasada por el paso de quads y de motos de trial, y convertida en un lodazal cruzado de marcas de neumáticos. Pero no era en lo único en lo que se notaba la cantidad de agua caída. El río Guadiamar se encontraba bastante alto y con mucha fuerza, por lo que el cruce del vado se encontraba impracticable. No era que pretendiéramos cruzarlo, ni mucho menos. Al menos, no íbamos con esa idea. Aunque ya puestos… :mrgreen:

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Pero no era el caso. Así que tras un breve descanso, dimos media vuelta, y nos dispusimos a volver a Mairena. De nuevo en la torre de vigilancia, optamos por volver tomando la variante ciclista que parte del norte del cámping, y que bordea los pinares pasando cerca del cortijo de Alarcón. Volvimos así, con menos problemas con la arena que en Cordel de los Playeros, hasta reencontrarnos con el Cordel de Triana a Villamanrique, que tomamos de vuelta hasta Mairena. Dimos por finalizada la etapa a las 14:30h en la cervecería Macarena, donde no pudimos menos que tomar un par de birras para remojar la etapa.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: S/D
  • Distancia (según el GPS): 55’407 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 26m 34s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 04m 30s
  • Velocidad media: 16’09 km/h
  • Velocidad máxima: 38’15 km/h
  • Pulsaciones medias: 121 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 159 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: S/D
  • Consumo máximo de calorías: S/D
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: 2632 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 50B MTB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Mairena del Aljarafe – Vado de Quema

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17 jun 12 Etapa ciclista: Circular del Aljarafe (II) (17/06/2012)

Hoy he vuelto salir a rodar con mis compañeros de trabajo de Sevilla, pero con una interesante novedad: hemos tenido dos nuevas incorporaciones, Sergio y Fran Pérez. En realidad, estrictamente hablando no son una novedad, ya que en semanas anteriores salieron con Miguel y Rafa a dar pedales, pero como es la primera vez que salen conmigo, lo considero una novedad en mi haber. :D Por ello escogimos una etapa algo más convencional, para que vayan rodando un poco y haciendo piernas, antes de llevarlos a rodar por lugares algo más exigentes. Así pues, escogimos repetir la etapa circular del Aljarafe que hicimos Rafa, Miguel y yo el pasado abril.

Empezamos a dar pedales un poco antes de las 9:15h, y salimos de Mairena realizando una pequeña variación sobre el recorrido: en vez de tomar el camino de la Venta del Río Pudio, que nos hace atravesar Mairena pubelo, optamos por tomar desde Ciudad Expo el Cordel de Triana a Villamanrique, que lo bordea por el norte, y que igualmente lleva hasta el puente romano sobre el río Pudio. Aparte de esta variación, el recorrido siguió las directrices habituales. Pasado el puente tomamos la Cañada Real de las Islas, que nos llevó hasta las cercanías de Saltera y Valencina. Llevamos un ritmo bastante relajado, sobre todo porque el día estaba siendo caluroso, y no era plan reventar a las primeras de cambio.

Hicimos una pequeña parada bajo el puente que salva la vía den tren entre Salteras y Valencina. La verdad, era una de las pocas sombras que íbamos a tener en todo el recorrido, y no resultaba conveniente desaprovecharla. Reemprendimos la marcha a las 10:15h, bajando por la Cañada hasta el cruce con el GR-41, que tomamos en dirección a los carambolos de Camas. Cruzamos la carretera entre Santiponce y Valencina, y seguimos bordeando los cerros. Al llegar a Cerro Blanco nos dividimos: Rafa y yo subimos el cerro, con la idea de hacer la posterior bajada. Miguel, Sergio y Fran, por su parte, prefirieron bordearlo, y esperarnos al otro lado. Realizamos bastante bien la subida, pero la bajada fue algo más problemática, ya que el terreno se encontraba completamente seco, con abundante tierra suelta y sumamente resbaladizo. De hecho, Rafa sufrió una caída, si bien sin más consecuencias que algunos raspones. Yo, por mi parte, no tuve otro remedio que realizar parte de la bajada apoyando un pie, y con el culotte tocando la cubierta trasera en otras partes. En fin. Arriesgado, muy arriesgado.

Superado el percance subimos al mirador de Santa Brígida, que nos proporcionó una excelentes vistas de la zona, como de costumbre:

Vistas del Aljarafe desde el cerro de Santa Brígida

Vistas del Aljarafe desde el cerro de Santa Brígida

Para bajar del cerro volvimos sobre nuestros pasos, y realizamos el descenso hasta el polígono industrial de Camas. Desde allí tomamos la vía verde hasta llegar al río, cruzando Camas y pasando junto a su vieja estación de ferrocarril. Una vez en el río, el resto de la etapa fue puro trámite. Bordeamos el río hasta llegar a San Juan de Aznalfarache, y desde allí tomamos la calle que sube hasta Mairena. Fue una subida a un buen ritmo, en la que incluso nos permitimos lanzar un pequeño sprint que nos llevó a marcar la velocidad punta de la jornada: 40 km/h. Y como colofón de la jornada, disfrutamos de un magnífico tercer tiempo en uno de los bares de la zona de Cavaleri.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 31’727 km.
  • Distancia (según el GPS): 31,809 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 2m 25s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 38m 27s
  • Velocidad media: 15’6 km/h
  • Velocidad máxima: 40’2 km/h
  • Pulsaciones medias: 120
  • Pulsaciones máximas: 185
  • Consumo medio de calorías: 800 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1430 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 13m 47s
  • Consumo total de calorías: 2150 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 37BB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Circular del Aljarafe (II)

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19 abr 12 Etapa ciclista: Circular del Aljarafe (14/04/2012)

El sábado 14 de abril, tras un largo tiempo sin hacerlo, volví a salir a rodar con mis compañeros de Sevilla. Un largo tiempo en el que que yo había seguido saliendo, pero en el que no se organizaron más etapas en la ciudad hispalense y alrededores. Razón por la cual optamos por realizar una etapa algo más relajada de lo habitual.

Así pues, Rafa, Miguel y yo quedamos en Mairena del Aljarafe para emprender una etapa circular por el Aljarafe. Y como uno es aficionado a la Fórmula 1 (y ese fin de semana se disputaba el G.P. de China), quedamos en un horario muy poco habitual: las cinco de la tarde. Decisión que a punto estuvo de causarnos un disgusto, ya que el sábado estuvo lluvioso todo el día. Tanto fue así, que a mi salida en coche de Santiponce llovía copiosamente sobre el pueblo de los Emperadores. Por suerte en Mairena brillaba el sol. Pero corría un fuerte viento, que nos acompañaría toda la etapa.

Salimos pasadas las 17:00h de la cervecería Macarena de Mairena. Atravesamos el casco viejo del pueblo, y rápidamente tomamos el camino de la venta del río Pudio, hasta el puente romano. El viento, que ya era bastante molesto en zona urbana, hacía que nos resultara trabajoso no ya rodar, sino casi mantenernos sobre las bicis. Iba a ser una etapa complicada. La parte buena es que el viento había hecho que el terreno, húmedo tras las lluvias de la mañana, se secara, por lo que estaba perfecto para rodar: compactado por la lluvia, sin polvo, pero perfectamente seco. Una delicia, vaya.

Pasado el puente romano, tomamos la Cañada Real de las Islas, que ya no abandonaríamos hasta llegar a Valencina. Fue este un trayecto sin grandes incidentes: pista amplia, algo estropeada del tránsito de todoterrenos (especialmente tras cruzar por debajo de la autopista de Huelva), y bastante monótona. Monotonía rota tan sólo porque, ya cerca de Valencina, me metí en el único charco de barro que había en todo el camino (es más, en toda la etapa): una rodada de tractor en la que se había acumulado el agua, y que no pude esquivar al estar rodeado en ese momento de mis compañeros. En fin, gajes del oficio.

Cruzamos la vía del tren, a la altura de Valencina, y realizamos la breve bajada que nos habría llevar hasta la pista que, en paralelo a la vía del tren, lleva hasta los cerros entre Camas y Castilleja de Guzmán. Hasta ese momento habíamos circulado por la parte sencilla de la etapa. A partir de ahí, empezaba lo interesante.

Recorrimos la pista, volviendo a cruzar la vía del tren por el paso elevado, y posteriormente la carretera entre Santiponce y Valencina. A esas alturas Miguel empezó a preguntar si iba a haber alguna subida en la etapa. Pronto la respuesta se alzó ante sus ojos: los cerros de Camas. Subimos primero al cerro que se encuentra cuajado de eucaliptos en su vertiente al valle del Guadalquivir. Una subida corta, pero brutal, con unas rampas superiores al 25%, con una inclinación lateral muy fastidiosa, raíces y -por lo general- tierra suelta. Pero no ese día. Tuvimos dos ayudas: la primera fue la lluvia de la mañana, que había compactado el terreno. Y la segunda, el fuerte viento, que en esos momentos venía de cola y fue una inestimable ayuda en la subida. Una bonita subida, dicho sea de paso, donde estrenar la Larsen TT que había comprado un mes antes.

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Lo verdaderamente divertido de la subida que acabábamos de hacer era que, pese a todo, lo complicado no era la subida. Lo era la bajada, por la parte del cerro que da al valle. Una bajada que exige echarle valor, pero a la que ya le estoy pillando el punto. Sin embargo, el viento que tanto había ayudado en la subida, había pasado a ser un importante fastidio, ya que en esa zona entraba de costado. Aún así, no había llegado hasta allí para darme la vuelta. Y si ya había sido capaz de bajarlo con una Larsen desgastada, qué menos que hacerlo con una nueva. :D Dicho y hecho, Bajé sillín y, seguido de Rafa, me tiré por la cuesta abajo. Miguel, con un criterio un tanto más conservador (“tengo familia”), prefirió dar la vuelta al cerro, bajando por donde habíamos subido. :mrgreen: Hice la bajada, que ya empieza a ser una vieja conocida, sin mayor inconveniente. Rafa tuvo algunos
problemas en el tramo medio, pero la salvó razonablemente bien.

Una vez reagrupados, afrontamos la segunda subida del día, la del Cerro de Santa Brígida, llamativo porque tiene un solitario árbol en su cima. Esta subida es también dura, pero es más asequible porque casi toda ella se hace por una amplia pista que conduce al mirador. Una bonita vista, dicho sea de paso.

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Tras un breve rato de descanso, emprendimos la bajada a Camas, cruzando campo a través un sembrado, hasta enlazar con la pista que baja hasta el polígono industrial cercano. Allí tomamos la vía verde que cruza Camas, pasando junto a su vieja estación, hasta llegar al río. Y desde allí, fuimos hasta San Juan de Aznalfarache por el corredor verde del Guadalquivir. La etapa tocaba a su fin, pero no por ello Miguel dejó de marcar un fuerte ritmo en el tramo junto al río. La última dificultad de la etapa fue la subida desde San Juan a Mairena, por recorrido urbano, más molesto por el hecho de ir con tráfico que por otra cosa. Llegamos a Mairena pasadas las 19:15h, tras más de 30 kilómetros de etapa. El interesante epílogo lo constituyó un rato de palique en una taberna cercana, en la que regamos la conversación con un buen moscatel. Esos finales de etapa ciertamente son de agradecer, aunque finalmente seas el único que se ha metido en un charco -en el único charco- de toda la etapa :mrgreen:

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Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 28’44 km. (pude observar que el velocímetro marcaba valores erróneos durante el tramo cercano a Camas)
  • Distancia (según el GPS): 31’045 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 45m 16s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 14m 35s
  • Velocidad media: 16’21 km/h
  • Velocidad máxima: 39’89 km/h
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 185
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1430 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 48m 0s
  • Consumo total de calorías: 2302 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 35BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Circular del Aljarafe

P.D.: Esta entrada está patrocinada por Alsa y su conexión wifi gratuita en los autobuses de larga distancia. :D

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07 nov 11 Etapa ciclista: Mairena del Aljarafe – Cañada de la Barca – Pinares de Aznalcázar (23/10/2011)

Como comentaba en la entrada anterior, no iba a dejar pasar mucho tiempo antes de ir a rodar por la Cañada de la Barca. Para ser exactos, 8 días después estábamos rodando por la Cañada, pero no adelantemos acontecimientos.

El domingo 23 volvimos a salir a rodar los compañeros del trabajo. En este caso, salimos a rodar Miguel, Rafa y yo. Ana decidió no venir ya que el día amenazaba lluvia. Aun así, nosotros decidimos arriesgarnos y salir. Incluso se nos unió Ángel, conocido de Miguel y que es cliente de nuestra empresa, y que es buen conocedor de la zona de la Cañada de la Barca.

Empezamos la etapa recién pasadas las 9:00h. Salimos, como de costumbre, por el camino de la Venta del Río Pudio. Giramos a la izquierda por la Cañada Real de las Islas, justo tras pasar por el puente romano. Camino de Almensilla nos encontramos con Ángel, que no había salido de Mairena con nosotros. Tras los saludos de rigor, seguimos rodando, camino de Coria. En esta ocasión, tras pasar junto al cementerio, no seguimos por la Cañada, como en ocasiones anteriores, sino que giramos directamente a la derecha por un camino que surgía justo tras la zona de escombros y basura que afea la Cañada en esa zona. De esa manera, llegamos a la Vereda de Aznalcázar sin tener que dar el rodeo que dimos en ocasiones anteriores. Sin muchas más novedades llegamos hasta el cruce con la Cañada de la Barca al filo de las 10:00h.

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Esta vez sí que nos adentramos en terreno desconocido, al menos para mí. Ángel, por el contrario, conocía bien la zona, y nos adelantó lo que ya nos íbamos a encontrar: trampas de arena, trampas de arena everywhere, algunas de ellas terroríficas. Aun así, merecía la pena rodar por la zona. A nuestra izquierda se alzaban los pinares de la Puebla del Río, y a la derecha campos de cultivo, en un impresionante contraste. Poco a poco notamos cómo el tiempo empezaba a cambiar, y el cielo iba cubriéndose poco a poco. Nubes de tormenta empezaban a asomar en el horizonte, tanto reales como metafóricas. Y es que no mucho tiempo después en una zona completamente plana y recta, con pista buena y sin ninguna complejidad, me pegué el talegazo más grande que me he pegado en muchos años con la bici: tengo que admitir que iba algo distraido, mirando el paisaje y tal, y apenas apoyado en el manillar. Y en esas, al pasar por una pequeña hondonada de la pista, la rueda delantera se me hundió en el terreno. Se giró el manillar, y al no poder reaccionar, caí a plomo en la pista, aterrizando con el hombro derecho, y golpeándome la muñeca izquierda, el codo derecho, y la rodilla izquierda. Fue un golpe seco, duro, y tremendamente doloroso. Para colmo de males, caí en el único tramo de pista dura que habíamos tenido en kilómetros. Y encima, el pie derecho se me quedó aprisionado en el rastral, con lo que no podía levantarme. Una caída tonta que tuvo bastantes consecuencias.

Una vez me pude levantar, constaté que tenía un fuerte golpe en el hombro derecho y en la muñeca izquierda. Temía más por esta última, ya que una caída bastante similar (pero aún más tonta) hace algunos años me provocó una fractura en la muñeca derecha (escafoides) que me tuvo fastidiado unos cuantos meses. Tras constatar que no tenía nada roto (o al menos, lo suficientemente roto como para no pode continuar), nos volvimos a poner en marcha. Kilómetro y medio después, justo cuando notamos que nos adentrábamos de verdad en los pinares, realizamos una pequeña pausa de avituallamiento, que aproveché para hacer un nuevo informe de daños: lo que más me molestaba era la muñeca, pero noté que tenía sangrando el codo derecho. Fantástico. Por lo menos podía mover el hombro, lo que era algo. O al menos, eso pensaba yo.

Una vez finalizamos la pausa, nos adentramos más en los pinares. Con la arena, por supuesto, como nuestra inseparable compañero (bueno, inseparable, salvo en el tramo donde me había pegado el talegazo). En estas estábamos, avanzando por los pinares, cuando empecé a notar un extraño sonido en la rueda trasera. Al observarla, y ver cómo oscilaba, lo tuve bastante claro. En el talegazo había roto también algún radio. Dos kilómetros después llegamos a un cruce con el camino que bordea los pinares, en las cercanías del arroyo Majaberraque, y que comunica con el cordel de Triana a Villamanrique. Allí hicimos una pequeña pausa, en la que pude constatar que había roto dos radios. Quizás era momento de tomar la pista y volver a casa, sobre todo teniendo en cuenta que el cielo cada vez más amenazaba lluvia. Pero tampoco era plan fastidiar a mis compañeros, así que decidí seguir adelante.

Nuestro siguiente objetivo era cruzar el arroyo Majaberraque, y avanzar por los pinares hasta la Casa de Colmenar. Lo que sobre el plano era algo bastante fácil (se trataba, simplemente, de seguir el itinerario que habíamos descargado de Wikiloc), sobre el terreno se convirtió en algo sumamente complicado: el arroyo tiene un cauce bastante profundo, con paredes prácticamente verticales, imposibles de trepar arrastrando bicis. Por ello nos vimos obligados a salirnos del camino, bordeando el arroyo, hasta encontrar un vado practicable. Aun así, cruzar el arroyo no fue cosa de coser y cantar.

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Tras pasar el arroyo, salimos a una de las pistas de los pinares. Tomamos a nuestra izquierda una cancela, para seguir un sendero que se adentraba más aún en los pinares, camino de la Casa de Colmenar. El camino era en este caso arena pura, apenas apelmazada por agujas de pino, que hacían tremendamente complicado rodar. Y encima, el cielo cada vez se ponía más negro, y el aire nos traía el olor de la tierra mojada. Estaba claro que la cosa iba a acabar en remojón, a menos que tuviéramos mucha suerte.

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Kilómetro y medio después de la cancela, salimos a un pequeño claro en el bosque, en el que destacaban cuatro enormes eucaliptos limoneros, de corteza completamente blanca. Estábamos en la zona de la Casa del Colmenar. Y digo la zona porque de la casa no queda vestigio alguno a la vista.

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Giramos a la izquierda junto a los eucaliptos, y tomamos uno de los caminos que se adentraban, en dirección oeste, de nuevo en los pinares. En este tramo el rodar era algo más asequible, ya que la omnipresente arena nos dió un pequeño descanso. Seguimos el recorrido en el GPS, tomando los cruces siempre en dirección oeste, hasta que salimos de los pinares, y llegamos a una pista que lindaba con una zona bastante deforestada, formada apenas por matorral bajo. Ahí giramos a mano derecha, en dirección a la Casa de las Trescientas.

Aprovechando que el firme era bastante más regular, Miguel aprovechó para realizar un ataque subiendo bastante el ritmo. Como me veía con fuerzas, y la muñeca y el hombro no me molestaban excesivamente, decidí pegarme a su rueda, y aguantar todo lo posible. Y así, a lo tonto, a lo tonto, nos despegamos de Rafa y de Ángel. Pasamos junto a la Casa, en la que se encontraba un grupo de cazadores, y así, volvimos a entrar en los pinares, hasta llegar al cruce con el cordel de Triana a Villamanrique. Habíamos hecho un sprint de 3 kms. a una media de 20 km/h por zonas de arena. Lo que no estaba nada mal.

Hicimos un descanso de unos minutos, mientras llegaban Rafa y Ángel. Era mediodía, y estábamos en el extremo más alejado de la etapa. Llevábamos entre pecho y espalda 30 kms. de etapa. Por suerte íbamos a hacer la vuelta por un camino algo más corto. Tomamos el cordel de vuelta, y pronto abandonamos la zona boscosa. Salimos a una zona completamente pelada, que suele ser una trampa de arena brutal, pero habían caído algunas gotas, y el terreno estaba algo apelmazado, lo que nos permitió rodar de manera más cómoda. Llegamos al cruce con el camino que bordea los pinares, y nos dispusimos a afrontar la pequeña subida del Cordel por zona arenosa. Ángel hizo notar cómo nos había respetado la lluvia hasta ese momento, y expresó la esperanza de que no nos lloviera. Apenas 30 segundos después, la lluvia empezó a descargar.

Afrontamos la subida por la pista de arena, esperando que en breve escampara. Esperanza futil. Cada vez llovía más fuerte, por lo que pronto no quedó más remedio que detenernos, para sacar los impermeables. Al menos, Ángel y yo lo hicimos, ya que éramos los que teníamos los impermeables guardados. Rafa lo llevaba puesto desde la salida, y Miguel le había echado valor, cosa que hubo de lamentar.

Ya protegidos, seguimos subiendo y salimos de los pinares. El resto del camino era bastante conocido: pasar junto a la finca de cuatrovitas, la finca La Juliana y el aeródromo. Apretamos el ritmo para no mojarnos demasiado, e intentar rodar por delante de la tormenta. Poco a poco lo fuimos consiguiendo, y pasamos de una lluvia intensa a una lluvia cada vez más fina. No dejó de sorprendernos la enorme cantidad de gente que se encontraba haciendo perol y recorriendo el cordel en todoterreno y a caballo, hasta que recordamos que ese día eran las fiestas patronales de Mairena. Fiestas, dicho sea de paso, algo pasadas por agua.

La vuelta no tuvo ninguna novedad, salvo que nos separamos de Ángel una vez que pasamos junto a la Hacienda Monasterejo, antes del cruce con la carretera de Almensilla. A esas alturas ya prácticamente no llovía, pero no nos detuvimos a quitarnos los impermeables, lo que provocó, junto con la salida del sol, que poco a poco empezara a cocerme en mi propia salsa. Y a todo eso, los dolores en hombro y muñeca iban cada vez a más.

Cuando pasamos por la carretera de Almensilla vimos que en la zona había caído un gran chaparrón, ya que la carretera estaba chorreando. Más adelante la tierra del camino estaba empapada; es más, al cruzar el puente romano sobre el río Pudio, las conducciones de desagüe de la zona estaban vertiendo agua a un nivel desmesurado. Habíamos tenido una suerte enorme, ya que todo indicaba que había caído un chaparrón brutal que nos había respetado bastante. El final de la etapa fue bastante convencional. Cruzamos la parte vieja de Mairena, y dimos por finalizada la etapa junto a la cervecería Macarena a las 13:15h, tras hacer un recorrido de 51’4 kms.

Por mi parte, la etapa tuvo un epílogo. Tres horas después estaba montado en un tren camino de Madrid, con fuertes dolores en muñeca y hombro, hasta arriba de analgésicos. Una vez me hube enfriado, la verdadera dimensión de la caída salió a la luz. Sin tiempo para ir al médico tuve que salir en viaje de negocios. Pasé una noche espantosa en el hotel, y al día siguiente no me quedó más remedio que ir a una clínica traumatológica. Por suerte no tenía nada más que una contusión en la muñeca izquierda, pero en el hombro derecho tenía un derrame en la cápsula articular, que me obligó a tener el brazo derecho una semana en cabestrillo. Ha pasado una semana desde que me quité el cabestrillo, pero aún tengo molestias en el hombro derecho, que no me han permitido coger la bici desde entonces. :(

El recorrido de la etapa en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/10/23: Mairena del Aljarafe – Cañada de la Barca – Pinares de Aznalcázar en un mapa más grande

Los datos de la etapa son los que siguen:

  • Distancia (según el velocímetro): 51’503 km.
  • Distancia (según el GPS): 51’4 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 10m 09s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 06m 46s
  • Velocidad media: 16’3 km/h
  • Velocidad máxima: 38’7 km/h
  • Pulsaciones medias: 137 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 182
  • Consumo medio de calorías: 970 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1410 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 52m 28s
  • Consumo total de calorías: 3970 kcal
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06 nov 11 Etapa ciclista: Mairena del Aljarafe – Ermita de San Diego – Aeródromo de La Juliana

El pasado 15 de octubre Ana, Rafa y yo realizamos una nueva etapa de entrenamiento ciclista. Hay que admitir que había sido una semana bastante activa, y dado que el buen tiempo seguía acompañando, no era cuestión de dejar pasar la oportunidad de salir a rodar un poco.

En este caso, el recorrido escogido varió un poco del entorno por el que salía a rodar con Ana: Mairena del Aljarafe. Decidí realizar una variación del recorrido que había efectuado con Pedro el pasado agosto, si bien un poco recortado, para permitir a Ana ganar kilómetros de una manera algo más asequible.

Así pues, salimos de Mairena Rafa, Ana y yo pasadas las 9:10h. Como de costumbre, dejamos atrás Mairena y bajamos al río Pudio por el camino de la Venta del Río, hasta llegar al puente romano. Allí giramos a la izquierda, y bajamos por la Cañada Real de las Islas en paralelo al río. Pasamos junto a Almensilla, y pasamos junto al cementerio de Coria. En esta ocasión seguimos descendiendo hasta alcanzar la vereda de Aznalcázar, donde giramos a mano derecha. Este recorrido era considerablemente más cómodo que el que había seguido con Pedro en agosto, y en esta ocasión no tuvimos problemas de maleza alguno.

Avanzamos a un buen ritmo, hasta que en las cercanías del desvío de la Cañada de la Barca nos encontramos con las consabidas trampas de arena, lo que nos hizo bajar sensiblemente el ritmo.

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Nos detuvimos un momento en el cruce con la Cañada a realizar un breve descanso. Era la segunda vez que pasaba por la zona, y la cañada cada vez me intrigaba más. No era cuestión meterse a explorar en lo desconocido -al menos ese día-, pero me prometí que no pasaría mucho tiempo antes de que recorriera la zona. Promesa que cumplí no mucho tiempo después -y cuyas consecuencias aún arrastro-, pero esa es otra historia… que en su momento será contada.

Seguimos avanzando por la Vereda. Pasamos por el pinar de Matatontos, que constituyó un agradable contrapunto a la aridez del terreno por el que veníamos rodando, pero que no duró demasiado, ya que muy pronto volvimos a encontrarnos en terreno abierto… y en las trampas de arena.

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Hicimos el siguiente descanso en la cercana Ermita de San Diego. Fue un descanso breve, apenas el tiempo de tomar algunas fotos y estar un rato de palique, pero que después del exigente tramo de arena que habíamos pasado -y el que nos quedaba por pasar- agradecimos bastante.

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Una vez finalizado el descanso, seguimos avanzado en dirección al aeródromo. Era una mañana clara, y pudimos ver a varios grupos de paracaidistas que se dejaban caer suavemente por el aire. Bastante bucólico, la verdad.

Llegamos al cruce con el cordel de Triana a Villamanrique, en las cercanías del aeródromo, a las 10:55h. Era el momento de volver. A esas alturas llevábamos entre pecho y espalda 20 kms. de etapa. Y aún nos quedaba lo más duro. Así que nos dispusimos a tomárnoslo con calma.

La vuelta no tuvo nada en especial. Pasamos junto al aeródromo, cruzamos la carretera de Almensilla, y dejamos atrás la Hacienda Torrequemada, antes de cruzar las obras de la SE-40. La única variación vino después de pasar de nuevo el puente romano: en la subida hacia Mairena nos desviamos del camino habitual, y tomamos una calle recién terminada que llega hasta el camino de la Venta, lo que nos hizo entrar en Mairena al norte de la parte antigua del pueblo, en las cercanías del Polígono Pisa. Sin muchos más trámites, nos dirigimos hacia la cervecería Macarena, punto de inicio y final de la etapa, que dimos por finalizada a las 12:00h.

Como colofón a nuestro bonito recorrido, disfrutamos de unas buenas -aunque pequeñas- tostadas en una cafetería cercana.

El mapa de la etapa es el siguiente:


Ver 2011/10/15: Mairena del Aljarafe – Aeródromo de la Juliana en un mapa más grande

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 34’856 km.
  • Distancia (según el GPS): 34,5 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 22m 17s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 49m 13s
  • Velocidad media: 14’8 km/h
  • Velocidad máxima: 29’8 km/h
  • Pulsaciones medias: 105 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 151
  • Consumo medio de calorías: 660 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1100 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 28m 27s
  • Consumo total de calorías: 1856 kcal
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