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Me encanta el olor del napalm por la mañana
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01 feb 16 Arde un edificio histórico en la Plaza de la Herrería, Pontevedra

Esta tarde se ha desatado un incendio en pleno casco histórico de Pontevedra: en la Plaza de la Herrería.

Incendio en La Herrería

Incendio en La Herrería

El incendio parece haberse iniciado en un comercio en los bajos del edificio, y se ha propagado rápidamente por la estructura de éste. Los edificios de la zona son de piedra y madera, ésta última fácil pasto de las llamas.

Incendio en La Herrería

Por el momento se desconocen las causas del incendio, pero según apuntan diversas fuentes, podría ser un cortocircuito.

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25 dic 15 Melindres

La primera vez que visité Pontevedra, en 1997, no sólo conocí una de las ciudades más maravillosas que existen en España, sino que tuve la ocasión de degustar un dulce que se convirtió en uno de mis favoritos. Una especie de buñuelo, recubierto de una costra de azúcar anisado. Ni más ni menos. Simple como el mecanismo de un sonajero, pero esa misma simplicidad es lo que lo hace excepcional. Se puede degustar solo, con café o cacao, y se conserva fresco durante semanas sin mayor problema. Se trata de los melindres.

Para mí, hasta entonces, melindre no era sino un sinónimo de quejica, pero a partir de ese momento pasó a estar en un lugar de honor entre mis dulces favoritos. Y mis favoritos, eran, sin lugar a dudas, los de la Pastelería Llomar, junto a las ruinas de Santo Domingo.

Pastelería Llomar en Pontevedra

Pastelería Llomar en Pontevedra

Desde entonces, en los últimos 18 años, cada vez que me encontraba en Pontevedra era obligado parar en Llomar para comprar un cuarto de kilo de Melindres, y las más de las veces, otro tanto para bajar a Andalucía, bien para agasajar a la familia, o para conservar, en forma de dulce, el recuerdo de la visita a Pontevedra. Una pequeña tradición que me acercaba más a los seres queridos a quienes no volveríamos a ver hasta el siguiente viaje.

La última vez que estuvimos en Pontevedra, en el verano de 2015, no pudimos menos que cumplir con la tradición. Esta vez, además, nos paramos a darle un poco de conversación al dueño del negocio. Nos comentaba que cada año se sentía mayor y que las cosas estaban difíciles. Y nosotros le hablamos de nuestras visitas a Pontevedra y la obligada visita a su pastelería. Y nos despedimos de él, como si fuera una ocasión mas. No me podía imaginar que sería la última.

Estas Navidades hemos vuelto a Pontevedra, esta vez desde Dublín. Ayer me acerqué a cumplir con esta pequeña tradición, tan sólo para encontrar la pastelería cerrada. El escaparate desierto, y el rótulo desaparecido. La pastelería Llomar ya solo existía en el recuerdo. Y con ella se habían ido mis apreciados melindres.

Estas cosas suceden. La gente se jubila, los comercios cierran, y en el mejor de los casos otros los sustituyen. Pero cada vez que esto sucede, en especial en el caso de estos comercios veteranos, se pierde un poquito de nuestra historia. Tanto historia con minúsculas como con mayúsculas. Forma parte de la vida. Pero en mi caso particular, mis visitas a Pontevedra, a partir de ahora, serán un poco menos dulces.

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24 feb 13 Etapas ciclistas: Vilarchán y La Fracha (28/12/2012 y 01/01/2013)

Aunque la etapa del 23 fue mi última etapa ciclista de 2012 en Córdoba, no fue la última del año en mi caso. Y es que, aprovechando mi viaje a Galicia para pasar las Navidades, tuve la oportunidad de volver a dar pedales de nuevo en Galicia, realizando dos etapas cortas, pero muy aprovechadas. En ambos casos salí con la misma bicicleta, de la ahijada de mi cuñado Fernando, con la que había estado dando pedales el verano anterior. Y aunque no es una bici en exceso sofisticada, fueron dos salidas bastante divertidas.

La primera etapa, realizada por Fernando y por mí el 28 de diciembre, nos llevó desde Vilarchán a subir el monte de La Fracha. Se trataba de una reedición de la etapa que intentamos hacer Fernando y yo el 21 de abril, con la diferencia de que era yo el que llevaba la bicicleta de la ahijada, y Fernando montaba en su flamante Merida. Subimos, pues, La Fracha, y continuamos hasta las canteras que anteceden a La Cruz de Brasil, cerca de Taboadelo. Desde allí, viendo que se nos echaba la noche encima, enfilamos por carretera hacia la Ermita de Cristo Rey, desde donde descendimos, ya en noche casi cerrada, hasta Baltar, de donde nos dirigimos al polígono de la Reigosa. Allí tomamos un camino que nos llevó directamente al colegio (no sin darme un susto por un espejismo en un gran charco de agua, que con el reflejo de la poca luz que quedaba me hizo creer que en vez de un charco era un precipicio), y volver por carretera a Vilarchán.

La segunda etapa, realizada por Fernando, Slava y yo el 1 de enero, tenía como idea subir a Baltar desde La Reigosa, tomando un camino que llevaba directamente desde la subida de La Fracha hasta la citada aldea, y desde allí ascender por algunos senderos que habíamos identificado de etapas anteriores, hasta el polvorín de la Fracha, para descender de nuevo por La Reigosa.

Así pues, salimos de Vilarchán, cruzamos el polígono, e iniciamos el ascenso. Si en la jornada anterior la presencia de agua había sido -y en Galicia no podía ser menos- una tónica, ese primer día del año era algo exagerado, con enormes balsas de agua en el polígono. Una vez tomamos el sendero hacia Baltar, continuamos en esa línea, pero con la complicación añadida de que se trataba de un viejo camino rural, con bastante piedra, muy al estilo gallego, delicioso para la vista, pero exigente, tanto en técnica como en esfuerzo, para la bici. Aunque sin duda, valía cada metro que rodábamos por él.

Llegamos a Baltar chorreando, y no tardamos en continuar hacia Cristo Rey, desde donde teníamos que tomar el desvío en ascenso hacia el polvorín. Sin embargo, a la hora de tomar el camino, Slava empezó a acusar el esfuerzo, y visto que había sufrido una visita del tío del mazo, optamos por abortar la etapa, y volver a Vilarchán. Y aunque se trató de una etapa corta, fue una etapa bien aprovechada.

Los datos de las etapas son los siguientes:

Etapa 28/12/12:

  • Distancia: S/D
  • Distancia (según el GPS): 19’385 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 25m 26s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 29m 05s
  • Velocidad media: 13’6 km/h
  • Velocidad máxima: 40’3 km/h
  • Pulsaciones medias: 142 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 179 pulsaciones/m
  • Consumo medio de calorías: 1020 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1380 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 5m 4s
  • Consumo total de calorías: 1440 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 38A MTB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Vilarchán – La Fracha – Canteras – Cristo Rey

Etapa 01/01/2013:

  • Distancia: S/D
  • Distancia (según el GPS): 12’012 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 10m 07s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 13m 41s
  • Velocidad media: 9’7 km/h
  • Velocidad máxima: 45’7 km/h
  • Pulsaciones medias: 134 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 178 pulsaciones/m
  • Consumo medio de calorías: 940 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1370 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 0h 46m 22s
  • Consumo total de calorías: 1152 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 35C MTB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: 2013/01/01: Vilarchán – Baltar – Cristo Rey

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25 sep 12 Etapa ciclista: Vilarchán – Almofrey – Marcón (09/08/2012)

La segunda -y última- de mis etapas veraniegas en Galicia se trataba de una vieja espina que tenía clavada desde hacía tiempo en mis aventuras ciclistas pontevedresas: recorrer el GR-94 hasta el puente de Almofrey. Dos veces lo había intentado, y dos veces había fracasado. Pero a la tercera iba a ir -a Diox puse por testigo- la vencida. Y así fue.

Salí, a las 17:00h, con una climatología excelente, siguiendo las marcas del GR-48 desde Vilarchán. El trayecto no tuvo ninguna complicación entre Contixe y Mirón, y tampoco una vez que alcancé la carretera de Mirón a Borela. Poco después, siguiendo de nuevo las marcas, me desvié por una pista a mano izquierda, que pronto empezó un acusado descenso. Unos 550 metros después de haber abandonado la carretera ignoré las marcas blancas y rojas que indicaban el abrupto descenso que lleva directamente hasta el puente de Almofrey. Fue allí donde tuve que desistir en mi primer intento de realizar el recorrido, debido a la abundante maleza que bloqueaba el paso. Sabía que continuando por la pista principal acabaría llegando, si bien dando un pequeño rodeo que tendría que llevarme a una pequeña estación de bombeo de un arroyo cercano. Así lo hice, no sin sufrir un pequeño despiste en una bifurcación. Una vez en la estación, crucé el arroyo y tomé un pequeño sendero empedrado que sabía que habría de llevarme hasta el puente de Almofrey:

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Como en efecto, así fue. Antes de llegar pude ver el trazado original del GR-94, que bajaba por mi izquierda, y bastante limpio de maleza en esa zona. Aun así, no lamentaba en absoluto haber tomado el rodeo por la pista. Y así pues, llegué al puente:

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No pude menos que quedarme un rato disfrutando de la belleza de la zona, y tomando algunas fotografías, más o menos artísticas y documentales. Más bien menos que más, pero esa ya es otra historia.

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Reanudé la etapa, y crucé el puente. Ahora empezaba la parte más desconocida. Seguí a mano derecha las marchas blancas y rojas, evitando entrar en el pueblo de Almofrey. Subí, atravesando un campo de tiro improvisado hasta la carretera PO-233 (Pontevedra – Carballedo), que tomé en rápido descenso hasta O Quinteiro. Desde allí tomé otra carretera, esta vez en ascenso, que conduce hasta Marcón, y el conocido cruce de la carretera que sube hasta La Reigosa. Sin embargo, en vez de subir por esa transitada carretera, tenía una alternativa en la manga: subir por el sendero PR (marcas blancas y amarillas) que igualmente asciende a La Reigosa pasando por la aldea de Peralba. Una excelente alternativa por tranquilas sendas y carreteras rurales sin tráfico alguno.

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…al menos hasta que llegas a Peralba, donde te aguarda la espantosa subida del Otero de Peralba, que lleva prácticamente hasta la misma Reigosa. Primero subiendo unas rampas del 21% por asfalto, para dejar paso posteriormente a otro tanto, pero por pista de tierra. Al menos el tramo final transcurre por un plácido camino empedrado, típico del agro gallego.

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La vuelta a Vilarchán no tuvo mucho más inconveniente ni nada digno de mención, salvo el poder contemplar un precioso cruceiro de los que abundan por la zona.

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Di por finalizada la etapa pasadas las 18:45h.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: N/D
  • Distancia (según el GPS): 20’572 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 32m 10s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 47m 03s
  • Velocidad media: 13’48 km/h
  • Velocidad máxima: 47’97 km/h
  • Pulsaciones medias: 135 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 175 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 950 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1340 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 19m 24s
  • Consumo total de calorías: 1771 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 54AA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Vilarchán – Almofrey – Marcón

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25 sep 12 Etapa ciclista: Vilarchán – Coto de los Infiernos (07/08/2012)

Durante mis breves vacaciones en Galicia de este verano no podía dejar pasar la oportunidad de volver a rodar por las maravillosas tierras pontevedresas. Y es que pocos sitios conozco que ofrezcan tanta variedad de recorridos: subidas durísimas, bajadas escalofriantes, amplias pistas, roquedales horrorosas y sendas estrechas entre feraz vegetación, además de verdes praderas donde hacer kilómetros como si no costara, y excelentes vistas allá donde mires. Y todo ello concentrado en apenas unos pocos kilómetros a la redonda. Y cuando descubrí un cerro conocido por el sugestivo nombre del Coto de los Infiernos, no pude menos que planificar una etapa para subir hasta allí. La pena es que en esta ocasión no habíamos subido las bicis a Pontevedra con nosotros, por lo que no me quedó más remedio que salir a rodar con esto:

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Una bici regalada por mi cuñado Fernando a su sobrina por el día de su primera comunión. Que, aparte de ser un hierro, me quedaba ridículamente pequeña. Pero no era suficiente motivo para echarme atrás. Así pues, salí de Vilarchán a las 10:00h. Atravesé la pequeña aldea y salí de ella en dirección al campo de fútbol. Desde allí tomé la pista que bordea las colinas que se extienden junto a Buchabad, Tourón y Gradín. Pasé por la zona de petroglifos de Tourón, y posteriormente, a la altura del valle que forma el regueiro de San Vincenzo, tomé una pista que subía hasta el alto de Campo Longo. Desde allí tenía varias posibilidades de realizar el recorrido, pero opté por realizar la subida directa hacia el Coto de los Infiernos.

La pista, que se suponía en buen estado, con firme de piedra y bien mantenida, en realidad se encontraba completamente comida por la vegetación. En los últimos meses en la zona se habían sucedido constantes lluvias con períodos de fuerte sol y calor, lo que había hecho crecer la vegetación de una manera inusitada. Tanto era así que lo que se suponía un camino amplio la mayor parte del tiempo se veía convertido en algo como esto:

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Apenas un pequeño paso entre matorral que alcanzaba los dos metros y medio de altura, y que entre otras sorpresas, albergaba en su interior zarzales y tojos espinosos. Algo tremendamente divertido. Empezaba a sospechar que el nombre del Coto de los Infiernos no le venía tanto por la dureza de la subida -que lo era-, sino por el infierno verde que había que atravesar para llegar a la cima. El firme de piedra, por otro lado, se encontraba en un estado bastante deplorable, a resultas de la falta de mantenimiento: era en la mayoría de las veces una sucesión de bloques de piedra irregulares, sueltos del terreno, complementados por grava gruesa al estilo del balasto de las líneas férreas, que hacía tremenedamente complicado mantener el equilibrio sobre la bici. Pero aun así, conseguí subir a los 582 m. de altitud del Coto. Y las vistas, como no podía ser menos, eran maravillosas. Bueno, al menos lo que dejaba entrever la vegetación:

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Y si la subida había sido ardua, la bajada no lo iba a ser menos. A punto estuve de dar con mis huesos en los afilados peñascos más de una vez en la bajada, que era más acusada en su desnivel que por la otra vertiente. Por suerte no tardé demasiado tiempo en salir a un cortafuegos que, irónicamente, presentaba un mejor firme que el camino que venía siguiendo. Y tras el cortafuegos, volví a enlazar con la pista del campo de fútbol de Vilarchán, con lo que la vuelta a casa fue coser y cantar. Di por finalizada la etapa a las 11:30h.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: N/D
  • Distancia (según el GPS): 14’506 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 12m 38s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 22m 22s
  • Velocidad media: 10’37 km/h
  • Velocidad máxima: 38’5 km/h
  • Pulsaciones medias: 136 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 167 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 960 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1260 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 0h 57m 43s
  • Consumo total de calorías: 1306 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 39BA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Vilarchán – Coto de los Infiernos

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