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Me encanta el olor del napalm por la mañana
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31 dic 15 Etapa ciclista: Los Morales – Reventón (30/12/2015)

El pasado miércoles 30 de diciembre hice la última salida ciclista del año, y la primera en España desde que me mudé a Irlanda. Y como no podía ser menos, tenía que ser una etapa especial, en mi Córdoba natal. Y aunque intenté quedar con todos mis compañeros Bartocalvos, finalmente -cuestión de las fechas- sólo dos valientes salimos a rodar: Javi Aljama y yo. La etapa estuvo precedida de una agradable comida con nuestras señoras en Arroyo del Moro. Si bien la idea era haber hecho una etapa mañanera -el día se prestaba a ello- finalmente tuvimos que salir a rodar por la tarde.

Empezamos la etapa a las 16:15h, un horario un poco tardío para una etapa en pleno invierno, por lo que tuvimos que optar por hacer una etapa corta. Además, tampoco estábamos como para hacer una etaba brutal, habida cuenta de que Javi apenas había salido a rodar desde el verano, y yo sólo había cogido la bici para ir al trabajo en Irlanda, con recorridos de apenas 6’5 kms. completamente planos, y con una plegable de 20”. Así que no esperaba estar en un gran estado de forma.

Mi Ghost ASX 5100 de 26''

Mi Ghost ASX 5100 de 26”

Volver a coger una doble de 26” después de cuatro meses de rodar tan sólo con la plegable se me hizo enormemente extraño. Notaba la bici enorme, con un manillar inmenso. Además, notaba inercias enormes con respecto a la ágil aunque nerviosa plegable, y una lentitud de reacciones exagerada. Algo de lo que Pablo, en su momento, ya me había advertido. Pero no era cuestión de quejarse, sino de rodar.

Subimos la Cuesta Negra y Sansueña hasta la Huerta de Hierro, para tomar inmediatamente después la subida hacia Los Morales por los eucaliptos. Allí empecé a notar una nueva anomalía provocada por la plegable: al tener que rodar con ruedas de 20”, pese a llevar un plato de 42 dientes y una corona entre 14 y 28 dientes, tengo que dar muchas más pedaladas para alcanzar la misma velocidad que con una bici con ruedas de 26”. Es decir, estoy acostumbrado a hacer molinillo. Eso se traducía en la doble en que rodar con el plato mediano cuando el camino se empinaba se me hacía enormemente pesado, por lo que pronto tenía que empezar a tirar de plato pequeño… si bien haciendo molinillo, y pudiendo aguantarlo mucho más tiempo del que solía. Así que, pese a todo, podía mantener buenos ritmos incluso cuando la cosa se podía peliaguda. Mucho mejor de lo que me había esperado.

Pasamos Los Morales y empezamos la subida. Dos noches antes había caído una lluvia bastante intensa en Córdoba, lo que había provocado que el campo estuviera perfecto para rodar: sin polvo ni tierra suelta, y con la superficie perfectamente compactada, y sin nada de barro. Un firme a pedir de boca. Observamos la existencia de diversos carteles que aconsejaban no salirse del camino público, ante el riesgo de recibir un disparo en alguna montería. Seguimos subiendo. La cosa empezaba a ponerse seria, y la falta de una actividad acorde en los últimos meses se dejaba notar, tanto en Javi como en mí mismo. Pero pese a todo, ahí estábamos. Dándolo todo.

La Sierra estaba de dulce, y si bien era consciente de que echaba de menos rodar por mi Córdoba después de tantos meses de asfalto, no me podía imaginar cuánto lo echaba de menos. Estaba decicido a aprovechar cada segundo. Apenas eché a pie a tierra al final del tramo pedregoso, donde hay un tubo. El resto de la subida la hice del tirón, mucho mejor que en la última subida del verano (hecho que posteriormente pude comprobar en Strava, al ver que en ese tramo hice mi segunda mejor marca histórica). Tomamos aire antes de la fuente de los Piconeros, y continuamos el ascenso hasta el Lagar de la Cruz, donde hicimos una breve parada para tomar fuerzas y avituallarnos. Eran las 17:30h. Unos 20 minutos peor que en nuestras mejores marcas, pero 10 mejor de lo que había calculado.

Retomamos la marcha, camino de las Ermitas. A esa hora se dejaba sentir la caída de la tarde, y entre la vegetación, el cielo nublado y la hora tardía casi se echaban de menos las luces. Aun así, seguimos rodando, bajando a las Ermitas por la vereda (alias Los Chorizos), que hicimos a un ritmo bastante alegre. Otra diferencia que notaba: la enorme estabilidad de la Ghost, especialmente desde que le puse la horquilla Rock Shox Sektor y la suspensión Monarch. Y una vez llegamos, no pude menos que deleitarme con las vistas:

Javi y yo con Córdoba y las Ermitas al fondo

Javi y yo con Córdoba y las Ermitas al fondo

Y es que, de nuevo, no podía imaginar cuánto echaba de menos este tipo de paisaje. Y el poder disfrutarlo tras haber sudado la gota gorda para subir hasta ahí. Pero era hora de volver, ya que la noche empezaba a echarse encima. Para bajar optamos por tomar un nuevo sendero, que conduce desde lo alto del Reventón hasta el Mirador. Abierto hace poco, brutal y muy técnico, pero enormemente divertido. Eso sí, de sillín abajo y con algún que otro salto demencial:

Saltaco de locos

Saltaco de locos

El resto de la etapa, desde el mirador, no tuvo grandes novedades. Hicimos una bajada relativamente rápida hasta el comienzo del Reventón, y bajamos hasta el Tablero por la carretera de las Ermitas. Allí Javi y yo nos separamos, dando por concluida la etapa. Una pequeña gran etapa, de la que disfruté cada segundo, cada centímetro y cada gota de sudor. ¡Que se repita!

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15 mar 12 Etapa ciclista: Reventón – Siete Revueltas – Trassierra – Bejarano – Reventón (04/03/2012)

El domingo 4 de marzo realizamos una nueva etapa por la Sierra de Córdoba. Una etapa en la que parecía que nos íbamos a juntar un buen pelotón de gente: Javi Aljama, Javi Balaguer, Ángel, Mané, Enrique, Carlos y yo. Y eso que la fecha previa tan sólo Ángel y yo habíamos confirmado que saldríamos a dar pedales. Sin embargo, al final la peña se apuntó.

La mañana del 4 empezó con una baja, y dos dormidos: Enrique y Carlos finalmente se descolgaba de la etapa, y Mané y Javi Aljama se quedaban dormidos. El caso de Javi era poco preocupante, ya que íbamos a pasar -subida del Reventón- por la puerta de su casa, pero Mané, para no llegar tarde, decidió empezar la etapa sin desayunar (algo que yo, la verdad, no puedo ni plantearme). Así pues, empezamos a dar pedales a las 9:15, tras esperar de manera infructuosa a Carlos durante un rato. Empezamos a subir por Sansueña, para desviarnos a la izquierda por Platero Heredia. Allí, en vez de realizar la pared que engancha con el Brillante, tomamos la calle Álvaro Pizano que comunica, en subida más suave, con el final de la calle Mayoral. Posteriormente atravesamos el Brillante, y comenzamos la subida de la Carretera de las Ermitas, paso previo a la cuesta del Reventón. Habíamos quedado con Javi al final del tramo de asfalto. Allí fue donde nos reagrupamos, y tomamos la primera foto del día:

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Una vez descansados -porque hay que admitir que Ángel y yo íbamos marcando un ritmo algo elevado- afrontamos -no sin mucha más calma- la subida del Reventón. La verdad es que me encontraba bastante cómo rodando con la Fuji, equipada de nuevo atrás con una Larsen TT de 1.9”, bastante desgastada. Al cabo de un rato tendría que lamentar mi decisión, ya que en los tramos de grava más suelta la cubierta desgastada no daba, precisamente, lo mejor de sí. Al rato de ir subiendo empecé a tener sensaciones raras: la bici no iba como debía, y notaba demasiado las vibraciones por todos lados. Entre eso y la cubierta desgastada, no iba nada cómodo subiendo. Entre unas cosas y otras, acabamos llegando al final de la subida. Allí giramos a la izquierda, camino de la entrada de las Siete Revueltas. Y fue al entrar en el tramo de asfalto cuando pude saber el porqué de mi incomodidad: por un lado había llevado bloqueada la horquilla toda la subida -lo que en algunos tramos del Reventón no es lo más adecuado-, y por otro ¡había roto un radio en la subida! Desde luego, no era la mejor de las noticias, sobre todo teniendo en cuenta que la etapa -eran apenas las 10:30h- acababa de empezar.

Aun así, decidí continuar con la etapa.Recorrimos el kilómetro y medio de asfalto que nos separaba de la entrada de las Siete Revueltas, y abandonamos la carretera por una buena pista en ascenso. Entrábamos en terreno desconocido para mí.Terreno agradable, dicho sea de paso: arbolado, con buen firme y con buenos tramos de subidas y bajadas. Al poco de empezar la subida, llegamos a una verja que limitaba el acceso para vehículos a motor, pero que lo permite para caminantes y bicis. Nos internamos más en el bosque, en una buena bajada, paso previo a las famosas siete revueltas: una sucesión de siete -no podía ser menos- curvas al estilo Alpe d’Huez, pero en mitad de un bosque de pinos. En cualquier caso, la zona era un dédalo de caminos. No en balde Javi Aljama, en una exploración previa en solitario, había decidido volver grupas al encontrarse tal sucesión de cruces y contracruces. Y como no podía ser menos, nos acabamos despistando, aunque sin muchos problemas, gracias al GPS.

Una vez superada la subida de las Siete Revueltas, entramos en una zona de descenso en las inmediaciones del cortijo del Bañuelo -primero- y de la urbanización del Caño -después-. Esta última urbanización nos sorprendió bastante, pues la verdad es que ninguno de nosotros la conocía. Ya en la urbanización tomamos la pistas asfaltada que la cruza de norte a sur, aunque no tardaríamos mucho en abandonarla, por una calle que a mano izquierda terminaba en una cancela, que cruzamos. Al otro lado de la cancela se abría una pista que nos acabaría llevando hasta el Cortijo del Caño del Escarabita.

Eran las 11:30h, y el hambre -sobre todo a Mané- empezaba a apretarnos. Así que contra lo que teníamos previsto, decidimos hacer una pequeña parada para desayunar en Trassierra, en vez de continuar directamente hacia el Bejarano. Pasamos, pues, por la Fuente del Elefante y entramos en Trassierra siguiendo la pista que lleva a la entrada de la barriada. Allí paramos en en bar-supermercado de la entrada del pueblo, y nos desayunamos bien a gusto a base de dulces, bebidas isotónicas y patatas fritas. Para mi desgracia -era ya mediodía- no servían ya churros.

Reanudamos la etapa a las 12:20h. La idea era enlazar con el Bejarano a siguiendo -jeje- el GR-48, pero sufrí un pequeño despiste a la salida, que nos hizo desviarnos en dirección a los baños de Popea. Un desvío que habría sido intrascendente si no hubiéramos tenido los 500 metros de bajada -y posterior subida- que marcaron el punto más bajo de la etapa -desde la subida del Reventón-, a 336 m. de altitud. Solventado el error, nos encaminamos sin más dilación hacia el Bejarano. Javi Balaguer conocía que el tramo entre el Bejarano y las Siete Fincas había servido de trazado para parte de una etapa de la Andalucía Bike Race, y le apetecía recorrerlo. Y como era una buena manera de enlazar con la bajada de Los Morales, estuvimos de acuerdo en realizar ese tramo de enlace, aunque a esas alturas el propio Javi empezaba a notar en las piernas la dureza de la etapa.

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Llegamos a las fuentes del Bejarano a las 12:45h. Nos detuvimos de manera testimonial para echarnos unas fotos, y continuamos adelante. Poco después enlazamos con las Siete Fincas, y salimos sin demasiados trámites al tramo de asfalto. Sin embargo, tras encontrarnos con unos conocidos de Mané, se planteó realizar una modificación al recorrido previsto: en vez de seguir hasta el Lagar de la Cruz, nos propusieron enlazar por las Siete Fincas directamente con la carretera de las Ermitas, realizar la bajada de la Vereda (que tiene por mal nombre la bajada del Salchichón), y hacer la bajada del Reventón. Y en mi caso, aunque hubiera debido oponerme (la llanta trasera no tenía pinta de aguantar demasiado bien), el conocer ese enlace me hizo apoyar la variación. Variación que nos hizo subir hasta la cota más alta de la etapa (563 m.), y que hizo trizas al pobre Javi Balaguer.

Una vez en la carretera, cruzamos hasta el tramo habilitado por la pasada de la Andalucía Bike Race. Y es que la disputa de la carrera ha hecho que se haya abierto un sendero continuo bordeando la carretera, lo que hace que ya no sea necesario salir en un tramo a ella. Afrontamos muy fuertes la bajada, lo que, en mi caso, fue un grave error. Un sonoro “clang” me hizo saber que un segundo radio había dicho basta. No tuve más remedio que volver a la carretera, y bajar hasta las Ermitas por asfalto. Fue en este punto donde todo el grupo se disgregó: Mané, Ángel y Javi Balaguer hicieron la bajada clásica, Javi Aljama me acompañó un rato por asfalto, evitando el tramo en el que el camino más se separa de la carretera, y yo bajé todo el rato por asfalto, intentando conservar la llanta en las mejores condiciones. Un esfuerzo futil, ya que al llegar a la fuente de las Ermitas pude ver que llevaba la llanta bastante doblada. No me quedó otra que, en solitario, emprender la bajada a pie por la Cuesta de los Pobres. Ya me encontraría con los demás al pie de la bajada, ya que para que la rueda trasera pudiera girar un poco, me vi forzado a soltar el freno. A mitad de la bajada llamé a mi casa para que mi padre subiera a buscarme al final de la cuesta del Reventón con el coche.

Al final de la Cuesta de los Pobres, y dando la llanta por perdida, me decidí a intentar bajar con un solo freno, ya que si no la bajada se iba a hacer eterna. A esas alturas mis compañeros de etapa llegaron a mi altura. Y así, mal que bien, conseguí bajar sobre la bici, con sólo el freno delantero y con una llanta doblada, hasta el tramo de asfalto de la Cuesta del Reventón. Lo que no dejaba de tener su mérito. :mgreen: Al poco de llegar, mi padre aparecía con el Focus equipado con la baca y el portabicis. Una sincronización digna del Tour de Francia. En mi caso, di por finalizada la etapa a las 13:50h.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 29’820 km.
  • Distancia (según el GPS): 30’335 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 46m 50s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 31m 0s
  • Velocidad media: 10’7 km/h
  • Velocidad máxima: 38’8 km/h
  • Pulsaciones medias: 135
  • Pulsaciones máximas: 180
  • Consumo medio de calorías: 950 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1390 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 55m 28s
  • Consumo total de calorías: 4271 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 103CA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Reventón – Siete Revueltas – Trassierra – Bejarano – Reventón

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