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26 sep 12 Etapa ciclista: Sabinillas – Carretera de Casares – Arroyo de la Vieja – Baños de la Hedionda (26/08/2012)

Tras la excelente etapa que había realizado dos días antes, no pude menos que volver a coger la bici para seguir descubriendo caminos por la zona de Manilva. En esta ocasión, con la idea de terminar en los baños de la Hedionda, escogí realizar un recorrido circular que me acercaría hasta Casares, para descender posteriormente al arroyo de la Vieja, y desde allí subir a la Sierra de la Utrera, para bajar por la cantera hasta los baños, y posteriormente volver a Manilva. Y aunque esas eran mis intenciones, no fue en realidad el recorrido que efectué, algo de lo que me alegro enormemente.

Salí de Sabinillas a las 8:25h por la autovía hasta la cercana Marina de Casares, desde donde tomé la carretera de Casares. Inicié una larga subida de 9 kilómetros por carretera de montaña, rectilínea al comienzo, pero que poco a poco iba empezando a hacerse sinuosa. Aunque no se advertía, en algunos momentos se llegaban a alcanzar pendientes del 16%, lo que da una idea de la dureza del ascenso. Dureza que se veía compensada con unas impresionantes vistas de Sierra Bermeja, a la izquierda, y de una zona de alcornocales, a la derecha.

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Tras 9’5 kms de subida, llegué a unos contenedores que marcaron el comienzo de una pista, señalizada con marcas blancas y verdes, que indicaban un sendero local que bajaba hasta los molinos del arroyo de la Vieja. Aunque sufrí un par de equivocaciones en el cruce, pronto pude seguir el camino. Inicié un rápido descenso que me llevó hasta el cruce con la Colada de Estepona, lugar en donde había unas excelentes vistas de toda la zona, pudiendo incluso contemplarse Gibraltar y el norte de África en lontananza.

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A partir de este punto la señalización era doble: tanto marcas blancas y verdes como blancas y amarillas, lo que daba lugar en algunos puntos a una señalización bastante sorprendente:

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El camino poco a poco se fue transformando en una senda estrecha y pedregosa entre fincas, hasta llegar, desde una zona bastante seca (dado lo avanzado del verano) a un sorprendente vergel, cercano al restaurado Molino de Arriba, donde el Arroyo de la Vieja caía en forma de cascada. Un auténtico regalo para los sentidos.

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Poco más adelante se llegaba al mencionado molino harinero, cuyo azud había sido restaurado recientemente, con lo que el agua del arroyo atravesaba el edificio. Por desgracia, éste se encontraba en estado ruinoso en su interior, comido de vegetación, y con las piedras de moler inutilizadas.

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Una vez pasado el molino la senda que venía siguiendo se convertía en un camino empedrado que se dirigía hacia Casares. Una vez pasada una cancela de palos, encontré algo que me hizo cambiar el rumbo de la etapa:

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Y es que Casares dispone de una excelente señalización de senderos en su entorno, lo que permite combinar etapas de una manera harto flexible. Una auténtica maravilla. Y pese a que mi objetivo era remontar la Sierra de la Utrera para llegar a la carretera de Gaucín, encontré una señalización de sendero local (SL-10, para ser exactos), que llevaba directamente a mi objetivo último: los baños de la Hedionda. No necesitaba más. Abandoné el PR-A 162 para seguir el SL-10.

La señalización del SL-10 no se puede calificar más que de excelente. Descendí de nuevo hacia la fábrica de San Pablo, y siguiendo las marcas blancas y verdes, continué en paralelo al arroyo Tocón, hasta llegar a una verja que antecedía a un pequeño prado comido de vegetación. Allí sufrí un despiste que me hizo seguir recto, cuando el sendero describía un brusco giro a la izquierda y en fuerte ascenso, aunque por suerte pronto me percaté del error. Aun así, esto me permitió contemplar unas increíbles vistas de Casares:

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Seguí avanzando en paralelo al valle, si bien subiendo y bajando laderas, y pasando junto a cortijos y antiguos molinos. En esta zona también encontré el comienzo de una de las obras hidráulicas de la Edad Moderna más conocidas de la zona: el puente-acueducto de los baños:

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La zona era un auténtico vergel, con un arroyo que daba un gran frescor a la zona, y proporcionaba una abundante vegetación, lo que se agradecía, dado que el sol estaba empezando a apretar. Sin embargo, a medida que me dirigía hacia el sur pude observar el dramático cambio en la vegetación y en el paisaje: poco a poco iba entrando en una zona kárstica, con abundancia de roca caliza y vegetación de tipo arbustivo.

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La cosa se iba complicando. De hecho, pronto la pista se convirtió en un sendero, y poco después en una trialera de las que hacen época:

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Pero por nada del mundo me hubiera perdido algo así:

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Seguí descendiendo, hasta volver a bajar hasta el mismísimo cauce del río Manilva, donde de nuevo volvió a sorprenderme el cambio de vegetación que estaba experimentando cada poco tiempo:

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Una vez más (y no sería la última) iba a tener que vadear un curso de agua. Pero este valió especialmente la pena. Me pregunto cómo será la zona en épocas más lluviosas:

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Seguí descendiendo, sin perder nunca de vista el río Manilva, y siguiendo las marcas, que volvían a ser simultáneamente blancas, verdes y amarillas. En un momento una casa privada había invadido el margen derecho del río, por lo que se hacía obligado cruzar al margen izquierdo por una zona muy pedregosa, y con las marcas algo perdidas, pero sabiendo que no había que perder el cauce, no había mayor problema.

Así pues, poco a poco se fue abriendo de nuevo el valle, hasta dar con una zona con unas sorprendentes edificaciones, aparentemente destinadas a aprovechar algún afloramiento de agua cercano a los baños de la Hedionda, en cuyas cercanías me encontraba ya:

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En este punto el sendero se había hecho sumamente estrecho, de tal manera que decidí subir a una pista que corría en paralelo al sendero, y que llevaba a una finca. Pero llegado a las ruinas, volví a recuperar el sendero. Y así, acabé llegando a los baños de la Hedionda. Pasaban cinco minutos de las once de la mañana, y llegaba sudoroso, lleno de arañazos y cubierto de semillas de plantas espinosas, recuerdo de mi despiste en el prado anterior. Los baños se encontraban llenos de gente, que me vieron aparecer como si fuera un aparecido. Sin mediar palabra, y ante la sorpresa generalizada de los allí presentes, me introduje en el recinto de los baños, aparqué la bici, me quité todos los aditamentos ciclistas salvo el culotte, y me introduje en las refrescantes -aunque malolientes- aguas de los baños de la Hedionda. Fue sin lugar a dudas el mejor momento de toda la etapa, y uno de los mejores de todas mis experiencias ciclistas. Casi habría sido capaz de volver a empezar todo el recorrido, de lo fortalecido que salí de las sorprendentes aguas turquesas.

Una vez refrescado, recompuse mi indumentaria y me dispuse a dar por finalizada la etapa. Tomé el camino que pasa bajo la autopista, y volví a Sabinillas por carretera. Llegué a la urbanización al filo de las 11:30h. Sin lugar a dudas, había sido una de las mejores etapas de todo el verano, y eso que el verano de 2012 estaba siendo pródigo en etapas excelentes.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 25’2 km
  • Distancia (según el GPS): 24’699 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 04m 15s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 59m 28s
  • Velocidad media: 12’4 km/h
  • Velocidad máxima: 40’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 133 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 168 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 930 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1270 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 12m 48s
  • Consumo total de calorías: 2742 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 68BA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Sabinillas – Carretera de Casares – Arroyo de la Vieja – Baños de la Hedionda

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26 sep 12 Etapa ciclista: Sabinillas – Baños de la Hedionda – Canuto de la Utrera – El Secadero – La Duquesa (24/08/2012)

El 24 de agosto, aprovechando que estaba pasando unos días con mis padres en la provincia de Málaga, me decidí a rodar un poco los aquellos lares. Era algo que llevaba tiempo con ganas de hacer, sobre todo porque la zona en la que tienen su piso (Manilva) es pródiga en zonas montañosas, y presentaba bastantes alicientes para salir a rodar. Así pues, me hice en wikiloc con un recorrido que parecía bastante apañado, y salí de buena mañana a rodar. Dado que no había llevado ninguna bici para Málaga, utilicé mi vieja bici de montaña, que hace años había cedido a mi padre y que él, tras haber recibido como regalo de reyes una nueva bici de doble suspensión, había llevado para Manilva.

Así pues, salí a las 8:20h desde San Luis de Sabinillas en dirección noroeste, hacia los famosos baños sulfurosos de la Hedionda, de origen romano. El penetrante olor a huevos podridos de la zona no dejaba lugar a dudas que de que me encontraba cerca de los baños, como en efecto así era. No tardé mucho en llegar hasta ellos, y quedarme impresionado -además de por el pestilente olor- por el color turquesa de las aguas del manantial. Sería cuestión de repetir la visita en otro día.

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Mi idea original, una vez vistos los baños, era volver sobre mis pasos para subir por la carretera de la cantera de La Dehesilla y llegar a los aerogeneradores, para luego bajar en dirección a El Secadero. Sin embargo, camino de los baños me encontré con una sorpresa: un impresionante tajo en la montaña… ¡con indicaciones de sendero local!

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Se trataba del sendero del Canuto de la Utrera, que es como se conoce a dicho camino. Se trataba de un sendero de apenas 2 kms. que ascendía directamente hasta los aerogeneradores, pasando por una interesantísima zona kárstica, en vez de por una carretera llena de camiones de cantera. Sería del género tonto no ir por él, ¿verdad?

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Pues no. Era del género idiota meterse por él con bici. Aunque el paisaje era espectacular, y el sendero una auténtica preciosidad, apenas era ciclable unos centenares de metros. El resto del trayecto transcurría subiendo por pedregales, el lecho del arroyo del Canuto, y salvando peñascos de varios metros de altura. Y eso cuando no había que hacerlo todo al tiempo.

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Tan dura fue la subida que tardé 35 minutos en hacer apenas 900 metros de subida. Y casi todo el tiempo con la bici al hombro. Pero aun así, mereció la pena. :mrgreen:

Pasada la zona más complicada acabé llegando a una zona en la que el valle abría considerablemente. En ella se habían realizado prospecciones petrolíferas en los años 70, y quedaban como restos de ellas una especie de piscinas de áridos, además de un camino razonable para salir de la zona. Alcancé la carretera a las 9:40h.

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Una vez en la carretera de Gaucín, tan sólo tuve que cruzarla para tomar la pista de descenso del barranco de la Zarabanda. Es una zona que se encuentra perfectamente señalizada por el ayuntamiento de Casares, del que forma parte. Así, pasando por una zona con un sorprendente alcornocal y unas vistas espectaculares, llegué sin demasiados inconvenientes a la Vereda de los Pescadores, asfaltada en esa zona.

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Seguí por esa carretera en dirección sur hasta alcanzar la aldea de El Secadero, último punto habitado por el que iba a transcurrir antes de volver a bajar a la costa de Málaga. Pero antes de ello no me quedaba más remedio que volver a ascender los montes que me separaban del mar. Crucé El Secadero en dirección este, por su calle principal, y no tardé mucho en salir de la aldea. En poco tiempo terminó el camino asfaltado y empezó una pista de tierra que poco a poco fue ganando en pendiente. El calor a esa hora había empezado a aumentar, y mis reservas de agua estaban empezando a menguar peligrosamente. Ya me temía lo peor cuando, para mi sorpresa, di con dos manantiales de agua en plena subida. ¡Y con un agua fresca y de sabor excelente!

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Era algo tan absolutamente sorprendente que no pude menos que pararme a inmortalizar el momento y a refrescarme en tan sorprendente regalo de la naturaleza. Una vez hecho esto, seguí subiendo, hasta alcanzar un altiplano en las cercanías del Cortijo de los Pinos. El cortijo tenía el nombre excelentemente puesto, ya que pasé a encontrarme en una zona de pinos y dunas que no dejaron de recordarme a los existentes en las cercanías de Aznalcázar, camino de El Rocío. Y como no podía ser menos, la arena era igualmente fastidiosa.

Por suerte para mí, la ruta que estaba siguiendo abandonaba esta pista arenosa poco después del cortijo, para emprender un divertido descenso por una zona trialera bastante divertida, que pronto me acabó llevando a las cercanías de la autopista, bajo la que tuve que pasar. A partir de ahí, el camino volvió a una dinámica de pista ancha, alternando subidas y bajadas en los cerros de El Alcorrín. Finalmente acabé bajando a Martágina bordeando una urbanización llamada Princesa Cristina, y pasando por la zona de la Duquesa Alta, parcialmente urbanizada por una urbanización abortada por la crisis inmobiliaria.

Una vez llegado a la autovía, la crucé para entrar en Martágina. Desde allí el camino no tuvo más interés que el seguir avanzando en paralelo a la costa, cruzando el Puerto de la Duquesa hasta volver a San Luis de Sabinillas, a donde llegué a las 11:35h. Una magnífica etapa que no hizo sino abrirme más el apetito de rodar por la zona.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 30’5 km
  • Distancia (según el GPS): 32’613 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 07m 16s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 10m 12s
  • Velocidad media: 14’4 km/h
  • Velocidad máxima: 44’7 km/h
  • Pulsaciones medias: 136 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 172 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 960 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1310 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 28m 25s
  • Consumo total de calorías: 3006 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 88BA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Sabinillas – Baños de la Hedionda – Canuto de la Utrera – El Secadero – La Duquesa

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