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12 jun 16 Fuente del Elefante, Trassierra

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La réplica, obviamente. Hoy he disfrutado de una excelente etapa con Antonio, su tío y unos amigos de éste  54 kilómetros por Sierra Morena. Y es que este fin de semana hemos venido a Córdoba para el bautizo de mi sobrina (sí, ya soy padrino). Y ya que estábamos aquí, no podía menos que realizar una bonita etapa en casa. Y lo ha sido, vaya que sí.

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25 sep 12 Etapa ciclista: Canchuela – Jarosa – Trassierra – Montecobre (19/08/2012)

Siguiendo con una semana particularmente activa, el domingo 19 de agosto volví a salir a dar pedales por Córdoba. Esta vez los integrantes de la partida fuimos Ángel, Mané y yo. No teníamos ningún recorrido claramente delimitado, pero había ganas de hacer kilómetros, y quedamos temprano para empezar a rodar. Salimos a las 8:00h del Cámping, para tomar el canal camino de Almodóvar. Nos habíamos planteado incluso llegar a Almodóvar para subir por el GR-48 hasta el castañar de Valdejetas, pero como tampoco se trataba de tentar mucho la suerte con el calor, al llegar a la vereda de la Canchuela nos decidimos a subir por ella. La temperatura, pese a todo, era agradable, y unas gotas que habían caído durante la madrugada hacía que el campo se encontrara tremendamente agradable.

Tanto fue así, que hicimos un magnífica subida de la Canchuela hasta llegar a la cancela verde, tan sólo interrumpida por un pinchazo que sufrí en la rueda trasera. Justo antes de llegar allí Mané sufrió un percance que marcaría el resto de la etapa: en plena subida perdió el control de la bici, y cayó mal sobre la rodilla izquierda, desde una altura de un metro. Poca cosa en apariencia, pero que a la postre le dejaría la rodilla tocada.

Una vez pasamos la cancela, continuamos ascendiendo por el trazado alternativo, que rodea el cortijo de Pedrajas. Reincorporados al trazado tradicional, nos planteamos realizar la bajada alternativa que conduce al arroyo de Guadarromán y luego reengancha con la Canchuela, pero nos decidimos por algo más tradicional. Continuamos hasta la segunda cancela metálica, y seguimos adelante por la vereda del Llano de Mesoneros. Una vez llegamos a las indicaciones de la Ruta Azul a Puerto Artafi, abandonamos la vereda y las seguimos, para aparecer junto a la Fuente de la Marquesa. Desde allí bajamos a toda velocidad hasta el embalse de la Jarosa. Pero en esta ocasión tomamos un camino alternativo: giramos hacia el norte, tomando el camino de la Jarosa.

No fue una buena idea, ya que se trata de un camino privado, y aunque se encuentra abierto por la parte del embalse, al llegar a El Salado se encuentra cerrado por una gran cancela metálica, que no nos quedó más remedio que saltar. A esas alturas Mané empezó a tener graves problemas con la rodilla que se había dañado anteriormente. Por ello, tomamos la pista de El Salado y nos dirigimos directamente a Santa María de Trassierra. Allí hicimos una parada en la que nos hinchamos a churros con cola-cao.

Una vez reanudamos la etapa, optamos por volver por la vía rápida a Córdoba. Nos dirigimos a la Fuente del Elefante, y desde allí al Lagar del Caño del Escarabita, para seguir avanzando al pinar de Torrehoria. Desde allí tomamos la pista de cemento hasta la entrada del Mirador de las Niñas. En ese tramo de subida probé la Big Hit de descenso de Ángel. Y aunque hecho a bicis más ligeras y con cubiertas más finas, no la notaba tan pesada de rodar como me había temido. Incluso me atreví a bajarla en el primer tramo de descenso hasta la Torre de las Siete Esquinas. Una experiencia sumamente interesante.

El final de la bajada fue Montecobre Express. A esas alturas del verano el terreno estaba sumamente seco y muy roto, por lo que fue una bajada peligrosa. Tan peligrosa que Mané sufrió una segunda caída que a punto estuvo de hacerle bajar rodando hasta Córdoba. Por suerte, gracias a unos reflejos felino pudo evitar un grave percance. El resto de la bajada, por carretera, no constituyó ningún problema en especial. Finlizamos la etapa al filo del mediodía.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 42’45 km
  • Distancia (según el GPS): 42’055 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 40m 35s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 58m 24s
  • Velocidad media: 14’27 km/h
  • Velocidad máxima: 42’45 km/h
  • Pulsaciones medias: 140 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 175 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 1000 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1340 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 51m 30s
  • Consumo total de calorías: 3557 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 93AB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Montecobre – Bosque de Fangorn – GR-48 – Lagar de la Cruz

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16 jun 12 Etapa ciclista: Córdoba – Villaviciosa (02/06/2012)

El sol caía a plomo sobre el asfalto. No quedaba más remedio que aferrarse a la cadencia que había marcado desde el inicio de la subida. Ritmo, ritmo, y ajustar el desarrollo a las diferentes pendientes de la subida, para que, fuera cual fuera la velocidad, la cadencia se mantuviera constante. Aún quedaban al menos tres kilómetros de dura subida, que se percibían a las claras al levantar la vista del manillar, y contemplar que la serpiente de asfalto seguía ascendiendo por la ladera de la montaña. Estaba siendo duro. Muy duro. “¿Y qué puñetas es lo que estoy haciendo aquí”. No dejaba de repetirme una y otra vez la misma cuestión, a la vez que procuraba apartarla de mi cabeza, a fin de no distraerme de lo verdaderamente importante a esas alturas: mantener la cadencia. Eso era lo único importante en ese momento, dado que era lo único que podía sacarme de allí. Pero empecemos por el principio.

Desde que hiciéramos, en el ya lejano abril, la etapa Brutal 3, Ángel y yo llevábamos tiempo con ganas de repetir una etapa de gran kilometraje. Entre unas cosas y otras, lo habíamos ido dejando correr, pero esa semana, la idea volvió a cruzarse en nuestras intenciones. Lo malo es que se cogió de la mano con otra idea que a mí llevaba tiempo rondándome por la cabeza: realizar una etapa en bici entre Córdoba y Villaviciosa, y recuperar las viejas sensaciones de rodar íntegramente por asfalto. No hizo falta más que plantearlo, para que rápidamente decidiéramos afrontar el reto. En concreto, el sábado 2 de julio. La primera etapa del final de primavera iba a ser de infarto. Y para ello, decidí preparame de una manera especial. Aunque lo más recomendable hubiera sido disponer de una bicicleta de carreras, o al menos haber preparado la Fuji para rodar por asfalto, no andaba con excesivas ganas de volver a transportar bicis entre Sevilla y Córdoba, así que opté por equipar la Ghost con cubiertas lisas de carretera. Cogí las dos cubiertas Kenda Kwest de 1.5” que tenía guardadas, y ni corto ni perezoso se las coloqué a la Ghost. El efecto era, cuando menos, bastante raro. Pero en cuanto las probé pude ver que no me había equivocado con mi elección:

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Empezamos la etapa a las 7:30h junto a la casa de Ángel. En esta ocasión Ángel había optado por realizar la etapa con su Ghost AFX 4900, muy similar a la mía, pero en su caso, equipada con cubiertas convencionales de montaña. No cabía duda de que la etapa del día iba a ser sumamente interesante. E incluso estábamos teniendo suerte con la climatología. La mañana se presentaba cubierta y algo fría. Tan sólo nos quedaba esperar que se mantuviera así el resto de la jornada. Porque falta nos iba a hacer algo de ayuda con la que teníamos por delante: unos noventa kilómetros de etapa, dos puertos de montañas y tres altos. Unos 1900 metros de desnivel de subida acumulado. Dura, muy dura.

Abrimos boca subiendo por el Brillante, camino del Lagar de la Cruz. Teníamos por delante mucha tela que cortar, por lo que atacamos las primeras rampas de la carretera con comedimiento. Aun así, mantuvimos una excelente media de 10 km/h, que nos hizo alcanzar el Lagar en menos de 50 minutos de subida, en los que salvamos los 9 kms. de distancia desde la salida en el Camping. Sin ni siquiera deternos, seguimos avanzando por carretera, realizando a toda velocidad el descenso hasta Las Jaras, primero, y hasta los Arenales, a continuación. La mañana se mantenía fresca y cubierta, por lo que no era plan detenerse a realizar vida contemplativa: teníamos que aprovechar esa suerte todo el tiempo que fuera posible.

Cruzamos el puente de los arenales y empezamos la segunda gran subida del día: el puerto del Aire. La subida del puerto del Aire desde los Arenales tiene una longitud de 14 kilómetros, divididos en tres grandes fases: una primera subida inicial de 6 kms. de pendiente constante, con rampas del 10%, y que por sus características se asemejaba bastante a la subida del Brillante con la que habíamos abierto boca para empezar el día. La segunda, cercana a los 6 kms., constituía un tramo pestoso, con pequeñas subidas y bajadas enlazadas, que permitían recuperar algo de resuello, pero en la que corrías el riesgo de desfondarte si forzabas el ritmo demasiado. Y la tercera, la última subida al puerto, de algo más de 2 kms. de subida sostenida, también con unas rampas del 10%. Y todo eso tan sólo para quedarnos en mitad de la nada, aún a 9 kilómetros de llegar a Villaviciosa.

Afrontamos la primera fase de la subida al puerto de la misma manera que habíamos subido hasta el Lagar: marcando un ritmo conservador, sabiendo lo que teníamos aún que salvar a lo largo del día. Mi elección de cubiertas había sído todo un acierto, y aunque notaba la Ghost más nerviosa que de costumbre con esas cubiertas mas estrechas de lo que suelo montar, también la notaba sumamente ágil para ser una doble de casi 14 kilos de peso en esa configuración. Ángel, por su parte, rodaba como un campeón con cubiertas de montaña sobre el asfalto. Casi podía notar cómo sus cubiertas abrían surcos en el asfalto al rodar en subida. Lo que estaba haciendo era algo increíble. Y el recorrido estaba siendo genial: un paisaje espectacular, en una carretera de montaña sin ningún tráfico a esa hora de la mañana. Y casi puedo apostar que en todo el día: apenas nos cruzamos con 5 vehículos en los 40 kilómetros entre Córdoba y Villaviciosa.

Tardamos 35 minutos en recorrer esos 6 kilómetros de subida. Había sido duro, pero ya llevábamos dos subidas duras de las tres que teníamos por delante antes de llegar a Villaviciosa. Nos permitimos rodar con más alegría el segundo tramo de la subida al puerto. Entre otras cosas, porque había olvidado la existencia del tercero, al revisar el perfil de la etapa la tarde anterior. Así que cuando nos encontramos con una tercera pared en la subida, no nos quedó más remedio que apretar los dientes y seguir subiendo. Coronamos el puerto del Aire a las 9:50h, tras haber recorrido 30 kilómetros de la etapa. Sin pausa alguna.

Dejamos atrás el techo de la etapa (775 m. de altitud), e iniciamos un rápido descenso hacia Villaviciosa. Descenso que no fue un descenso puro, sino que en los tramos finales se iba alternando con falsos llanos que nos iban sumiendo en la desesperación, porque nos hacían tener la sensación de que nunca acabábamos de llegar al pueblo objeto de nuestro viaje. Pero finalmente, llegamos a las 10:15h, tras 2h 45m de incesante pedaleo.

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Paramos a tomar unas excelentes tostadas en un bar a la entrada de Villaviciosa. La pausa nos vino de perilla, ya que yo, por mi parte, notaba las piernas como si fueran de gelatina, y Ángel empezaba a acusar la dureza de la etapa. Y aún teníamos que volver. Fue durante la pausa cuando noté que el velocímetro de mi bici estaba midiendo la distancia de manera errónea: a esas alturas de la etapa indicaba 45 kms. de recorrido, cuando yo recordaba que la distancia era algo menor. ¿Qué estaba pasando? Fue entonces cuando lo vi claro: tenía calibrado el velocímetro para una cubierta de 2.35”, y estaba montando una de 1.5”. No sólo había variado el ancho de la cubierta, sino también su grosor, por lo que el conjunto de la rueda tenía un diámetro más pequeño. Y esa diferencia estaba bastando para alterar de manera significativa la medición de la distancia. En fin, habría que tenerlo en cuenta para ajustar los esfuerzos en la subida.

Tras 25 minutos de distancia, reemprendimos la etapa. Ya habíamos hecho lo más duro, pero aún nos quedaba el mayor espanto del día: la subida a Puerto Artafi desde el valle del Guadiato. Y encima, el cielo había empezado a abrirse. Iba a tocar despedirse del frescor que nos había acompañado durante la subida a Villaviciosa. Qué lástima que no hubiera sido al revés. Pero supongo que no se puede pedir todo. Salimos de Villaviciosa por la carretera que conduce a Posadas, y que en ese primer tramo convive con una vereda pecuaria. La verdad, daban ganas de salir del asfalto y ponerse a rodar por tierra. Pero no convenía realizar más frivolidades de la cuenta, y tampoco mis cubiertas iban a permitirme demasiadas excentricidades a ese respecto. Tan sólo tomar nota mental para futuras etapas por la zona -que todo hay que decirlo, lo vale muy mucho-.

La salida de Villaviciosa fue una delicia, con un rápido descenso por asfalto. No en balde habíamos ya realizadp 1200 metros de subida acumulada de los 1900 que tenía la etapa, con lo que en el resto del día la tendencia iba a ser que el descenso predominara. Tan sólo teníamos que tener una precaución: no saltarnos el desvío de la carretera que teníamos que tomar para Trassierra, y meter el remo hasta el corvejón y acabar en Posadas. Encontramos el desvío 10 kms. después de abandonar Villaviciosa, y giramos a la izquierda, pasando el puente sobre el arroyo Orejón, y afrontamos un rápido y pronunciado descenso, que pronto se vio recompensado -como no podía ser menos- con una subida equivalente al salvar el puente sobre el Arroyo del Pueblo. Esa subida nos condujo a una zona de subidas bajadas, de unos 5 kms., antes de afrontar un nuevo y rápido descenso hasta lo que creímos que era el río Guadiato, y que no era el otro que el Guadiatillo. Un diminutivo que, de haber sido conscientes de él, nos habría ahorrado algún que otro disgusto.

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Hicimos la segunda para del día junto al puente, y antes de iniciar la que creíamos que era la subida a Puerto Artafi. Subida de 5’5 kms. que me hacía temblar de tan sólo pensar en ella. Habíamos decidido parar en ese punto con la idea de comer algo, descansar, y afrontar más frescos la tremenda subida que -creíamos- teníamos por delante. Pero es verdad que algo no me cuadraba: el río estaba demasiado seco, el puente era demasiado pequeño para lo que había oído contar, y no se veía por ningún lado la cola del pantano de la Breña II, que suponía que llegaba hasta la zona. No acababa de cuadrarme, pero es cierto que teníamos una subida por delante que se adivinaba dura. Muy dura. El caso es que aparté las dudas de mi mente, y una vez finalizada la pausa, Ángel y yo afrontamos el ascenso. Y en efecto, fue duro. Rampas casi constantes del 10% que nos hicieron un gran destrozo, pues el calor a esa hora -estábamos al filo del mediodía- se dejaba ya notar en toda su crudeza. Pero el ascenso fue corto, de tan sólo 2 kilómetros, cuando esperábamos más de 5. Estaba claro que algo estaba pasando. Sobre todo cuando empezamos a descender por una espectacular carretera de montaña, camino de un nuevo valle, y no de Trassierra, y que, además, presentaba ante nosotros una cresta de sierra como no había visto en esa zona de Sierra Morena en mi vida. Ya no cabía dudas: lo que teníamos delante era de verdad el valle del Guadiato. Y la subida a Puerto Artafi.

Cruzamos el puente sobre el Guadiato justo al mediodía. Si la anterior subida me había parecido dura, esta no tenía ni punto de comparación. Tanto Ángel como yo lo vimos claro: se trataba de encontrar un ritmo que nos permitiera afrontar ese espanto, y llegar arriba en las mejores condiciones posibles. Y es aquí como volvemos al principio de esta historia.

Yo, por mi parte, tuve suerte y pude encontrar esa cadencia. Pude hacer la subida a un ritmo de pedaleo constante, que me hacía oscilar entre los 6 y los 8 km/h de velocidad de subida. Ángel no tuvo tanta suerte. Venía sufriendo un mayor desgaste que yo por razón de sus cubiertas, y estaba al límite de su resistencia, lo que le hacía estar tremendamente incómodo, y mantener un ritmo muy irregular, que le llevaba a descolgarse en ocasiones, a alcanzarme, y a volverse a hundir. Estaba sufriendo de una manera desmesurada. Y el calor no ayudaba, precisamente. Todo el frescor que habíamos tenido en la primera parte de la etapa parecía querer tener su contrapartida en el espanto de subida que estábamos acometiendo. Y para colmo, el trazado de la subida no hacía sino machacarnos psicológicamente: curvas enlazadas, a izquierda y derecha, que bordeaban la montaña, y que, cuando creías haber terminado de subir al superar una curva muy pronunciada, lo que hacían era enseñarte un nuevo tramo de cinta de asfalto que trepaba, desafiante, por la ladera de la montaña. Parecía no tener fin, por lo que no te quedaba más remedio que agachar la cabeza, y mirar apenas un metro por delante del manillar. Y desear que esa tortura finalizara pronto. “¿Y qué puñetas es lo que estoy haciendo aquí”. Pues lo que me gusta, maldita sea.

Coronamos Puerto Artafi a las 12:45h. Tres cuartos de hora para 5’5 kms. de subida. Tras 70 kilómetros de etapa. Nos sentíamos como héroes. Héroes pasados por una picadora de carne, pero héroes. Nos dejamos caer hasta Trassierra, y realizamos la tercera parada del día. Acuarius y un rato de descanso a la salida de Trassierra. Nos vino como anillo al dedo.

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Esta vez la parada fue de apenas 15 minutos. La una de la tarde había pasado ya, y seguía cayendo plomo derretido del cielo. A casita, que llovía. Fuego, pero llovía. Encaramos los escasos 5 kilómetros que separan Trassierra del Cruce de Trassierra, a un ritmo relajado, ya que a esas alturas de la jornada no estábamos para muchas alegrías, y sin solución de continuidad, encaramos el descenso de la Albaida. Sin pedalear apenas, la Ghost con cubiertas finas se comía el asfalto. Alcancé sin dificultades los 60 km/h en descenso, y aún tuve que contener a la bici para no comerme a Ángel, que bajaba por delante. Si no hubiera frenado y le hubiera dado fuerte, creo que habría pasado de los 80 km/h fácilmente.

Sin más ceremonias, entramos en Córdoba por el Tablero Bajo, y llegamos de nuevo al Cámping al filo de las 14:00h. Paramos en casa de Ángel a celebrar el final de la etapa y de la tortura. Mi velocímetro marcaba la increíble distancia de 98 kms. de recorrido. En realidad no era tanta distancia, pero no cabía menos que registrar tal acontecimiento:

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…y regarlo con unas magníficas Franziskaner y Mahou junto a la casa de Ángel. Lo habíamos hecho. Y pese a las paradas, y la paliza del final de etapa, en menos tiempo de lo que había calculado. Ida y vuelta a Villaviciosa. Aunque -como habría de descubrir al llegar a casa- algo churruscado por el sol. Pero había valido la pena: como vería posteriormente, había sido -de largo- la etapa más dura que había realizado hasta el momento con la bici.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 98’07 km.
  • Distancia (según el GPS): 91’499 km.
  • Tiempo de etapa: 5h 29m 37s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 6h 21m 06s
  • Velocidad media: 17’85 km/h
  • Velocidad máxima: 64’06 km/h
  • Pulsaciones medias: 134
  • Pulsaciones máximas: 173
  • Consumo medio de calorías: 940 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1320 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 4h 10m 57s
  • Consumo total de calorías: 5933 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 164AB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Puerto del Aire – Villaviciosa – Santa María de Trassierra

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12 may 12 Etapa ciclista: Montecobre – Trassierra – Bejarano (01/05/2012)

El primero de mayo de este año realicé una etapa sumamente especial con un buen grupo de amigos. Y aunque el recorrido de la etapa fue bastante convencional, la compañía sí fue, por el tiempo transcurrido, bastante inusual: Manolo y Pablo, además de Ángel, Carlos e Inma. Y es que hacía casi nueve años que no salíamos Manolo, Pablo y yo a dar pedales. Y casi dos años que no salía a rodar con Pablo. En resumen, se trataba de una ocasión especial.

En lo climatológico, ese martes primero de mayo se presentaba complicado. Abril se había despedido con una importante cantidad de agua, y en esos últimos días del mes había llovido más que en el resto del año. Esa mañana amaneció bastante fría, lo que hizo que siguiéramos usando, el que más y el que menos, la ropa de invierno, pese a lo avanzado del año. La organización tampoco había sido muy sencilla: íbamos a salir, en principio, Manolo, Pablo, Mané, Ángel, Carlos, Inma y yo. Pero Ángel lo haría desde el cruce de Trassierra, y Carlos e Inma engancharían en Trassierra. Mané, por su parte, se suponía que iba a salir con nosotros, pero esa mañana nos enteramos que se iba a caer de la convocatoria. Casi igual que Inma, que había tenido problemas con la cerradura de su casa, y temía quedarse en la calle.

Pablo apareció por casa a las 8:45h. Venía calado de frío, y tuve que prestarle unos guantes y un bidón de agua. Pero no fue el único problema: cuando nos preparábamos para salir, observamos que su cubierta trasera presentaba un corte que hacía peligrar claramente su integridad. No nos quedó más remedio que cambiarla, reemplazándola por mi Small Block Eight. Pero cuando ya teníamos cambiada la cubierta, nos llevamos una nueva sorpresa: la rueda se deshinchaba rápidamente: la cubierta antigua tenía un pincho clavado que había atravesado la cámara, pero que al no moverse, taponaba la salida de aire. Al cambiar la cubierta, saltó a la luz el problema. A todo esto, Manolo había llegado ya, e íbamos tarde para llegar al punto de encuentro con Ángel, en la gasolinera del cruce de Trassierra, a las 10:00h. Desmontamos y parcheamos la cámara, y finalmente pudimos ponernos en marcha al filo de las 9:45h. Estaba claro que no íbamos a llegar. Por ello, opté por desechar el primer tramo de la subida de Montecobre por la Vereda de Trassierra, y realizar la subida por la carretera de la Albaida, pese al intenso tráfico.

Llegamos a la entrada de la Casa de la Ventana a las 10:20h. Allí nos encontramos con Ángel quien, harto de esperar en solitario, decidió acompañarnos en la subida. Subimos, ya los cuatro, el segundo tramo de Montecobre hasta la Torre de las Siete Esquinas, a un ritmo bastante tranquilo, pero consistente. Allí empezamos a observar que el barro iba a ser un compañero más de etapa a lo largo del día, si bien era algo que no iba a amedrentarnos. Así pues, afrontamos el último tramo de subida hacia el Mirador de las Niñas. Pablo iba en cabeza cuando tuvimos el primer percance del día: en uno de los tramos más estrechos de la subida, cerrado completamente por la vegetación, otro ciclista que bajaba hacia la Torre a tumba abierta, colisionó con Pablo. Por suerte Pablo no sufrió problema alguno, pero el otro ciclista, que chocó con la rueda delantera de la bici de Pablo, salió despedido contra la vegetación. Un choque peligroso, que por suerte no tuvo más consecuencias que un radio roto en la bici del otro ciclista.

Pasado el susto, seguimos subiendo, hasta llegar a la carretera del mirador. Una vez reagrupados, bajamos hasta la gasolinera del Cruce, y entramos en el segundo reto de la jornada: el bosque de Fangorn. El bosque, como era de esperar, se encontraba de barro hasta el corvejón. La nueva Larsen no se portaba mal, pero se notaba que no era el tipo de firme más adecuado para ella. Pablo, por su parte, lo iba pasando algo peor con la Small Block Eigth, más desgastada. Además, como complicación añadida, se quejaba de las inercias de la bici de montaña ya que, más acostumbrado a montar últimamente en su bici urbana, había perdido la costumbre.

La bajada hasta el puentecillo del bosque fue pródiga en incidentes: Manolo y yo sufrimos sendas caídas. La mía provocada por frenar más de la cuenta, que me llevó a deslizar más de la cuenta, tener que echar pierna a tierra, con tan mala suerte que la pasé por la izquierda de un pequeño tronco, mientras que la bici y el resto de mi persona pasaban por la derecha. El latigazo del tronquillo en la pierna casi me arranca la rótula. Manolo, por su parte, se cayó al verme a mí despatarrado en mitad de la bajada. Supongo que tuvo que impresionar un poco.

Culminamos la subida del bosque, y afrontamos la última bajada. Húmeda y peligrosa, pero que Ángel realizó magníficamente, como de costumbre. Yo me lo tomé con algo más de tranquilidad; Pablo no tuvo muchos problemas, aparte de sus inercias, y Manolo volvió a dar con sus huesos en la tierra.

Realizamos la bajada hasta Trassierra por carretera, donde nos esperaban Carlos e Inma. Hicimos allí una parada, donde, aparte de las presentaciones oportunas, aproveché para hincharme a jeringos. Llevaba meses con ganas de comerlos en mitad de una etapa. ^_^

Reanudamos la etapa, camino del Bejarano, recién pasado el mediodía. Ángel nos abandonó, ya que le esperaban en casa de Enrique en El Salado. Decidimos, dado lo avanzado del día, descartar el tramo de los Baños de Popea que habíamos tenido en mente realizar. Inma, que hacía tiempo que no salía en serio con nosotros, sufrió los primeros tramos de la subida hacia el Bejarano, pero se rehízo bastante bien. Alcanzamos el primer venero del Bejarano pasadas las 12:30h, donde aprovechamos para hacernos las únicas fotos del día:

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La siguiente parada de la jornada era el Lagar de la Cruz. Aunque teníamos la posibilidad de ir directamente remontando el Bejarano hasta allí, fuimos por el GR-48, algo más cómodo, y que contaba con la ventaja de que pasa justo por la puerta de la nueva casa de Carlos e Inma. Dicho y hecho. A esas alturas de la jornada el cielo había abierto bastante, y la temperatura era considerablemente más alta, aunque no llegaba a incomodar. A las 13:10h nos despedimos de Inma y Carlos, por lo que el grupo, reducido a tres, continuó su avance por las Siete Fincas.

Iniciamos la bajada por Los Morales al filo de las 13:30h. Una bajada en la que el barro ya había desaparecido, por lo que se encontraba perfecta para realizar el descenso con alegría. Sin más incidentes, salvo el deseo expresado por Pablo de haber contado con una doble en determinados tramos de la bajada, llegamos hasta Los Morales. Enlazamos posteriomente con la Huerta de Hierro, y bajamos por Sansueña. Llegamos a mi casa a las 14:00h, donde dimos por finalizada la etapa. Etapa realizada en una buena compañía (viejos camaradas, Bartocalvos…), que espero volver a repetir. :D

  • Distancia: 32’56 km.
  • Distancia (según el GPS): 32’316 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 53m 30s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 17m 15s
  • Velocidad media: 11’32 km/h
  • Velocidad máxima: 48’91 km/h
  • Pulsaciones medias: 136
  • Pulsaciones máximas: 185
  • Consumo medio de calorías: 960 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1430 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 50m 50s
  • Consumo total de calorías: 4032 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 99BA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Montecobre – Fangorn – Trassierra – Bejarano – Los Morales

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15 mar 12 Etapa ciclista: Reventón – Siete Revueltas – Trassierra – Bejarano – Reventón (04/03/2012)

El domingo 4 de marzo realizamos una nueva etapa por la Sierra de Córdoba. Una etapa en la que parecía que nos íbamos a juntar un buen pelotón de gente: Javi Aljama, Javi Balaguer, Ángel, Mané, Enrique, Carlos y yo. Y eso que la fecha previa tan sólo Ángel y yo habíamos confirmado que saldríamos a dar pedales. Sin embargo, al final la peña se apuntó.

La mañana del 4 empezó con una baja, y dos dormidos: Enrique y Carlos finalmente se descolgaba de la etapa, y Mané y Javi Aljama se quedaban dormidos. El caso de Javi era poco preocupante, ya que íbamos a pasar -subida del Reventón- por la puerta de su casa, pero Mané, para no llegar tarde, decidió empezar la etapa sin desayunar (algo que yo, la verdad, no puedo ni plantearme). Así pues, empezamos a dar pedales a las 9:15, tras esperar de manera infructuosa a Carlos durante un rato. Empezamos a subir por Sansueña, para desviarnos a la izquierda por Platero Heredia. Allí, en vez de realizar la pared que engancha con el Brillante, tomamos la calle Álvaro Pizano que comunica, en subida más suave, con el final de la calle Mayoral. Posteriormente atravesamos el Brillante, y comenzamos la subida de la Carretera de las Ermitas, paso previo a la cuesta del Reventón. Habíamos quedado con Javi al final del tramo de asfalto. Allí fue donde nos reagrupamos, y tomamos la primera foto del día:

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Una vez descansados -porque hay que admitir que Ángel y yo íbamos marcando un ritmo algo elevado- afrontamos -no sin mucha más calma- la subida del Reventón. La verdad es que me encontraba bastante cómo rodando con la Fuji, equipada de nuevo atrás con una Larsen TT de 1.9”, bastante desgastada. Al cabo de un rato tendría que lamentar mi decisión, ya que en los tramos de grava más suelta la cubierta desgastada no daba, precisamente, lo mejor de sí. Al rato de ir subiendo empecé a tener sensaciones raras: la bici no iba como debía, y notaba demasiado las vibraciones por todos lados. Entre eso y la cubierta desgastada, no iba nada cómodo subiendo. Entre unas cosas y otras, acabamos llegando al final de la subida. Allí giramos a la izquierda, camino de la entrada de las Siete Revueltas. Y fue al entrar en el tramo de asfalto cuando pude saber el porqué de mi incomodidad: por un lado había llevado bloqueada la horquilla toda la subida -lo que en algunos tramos del Reventón no es lo más adecuado-, y por otro ¡había roto un radio en la subida! Desde luego, no era la mejor de las noticias, sobre todo teniendo en cuenta que la etapa -eran apenas las 10:30h- acababa de empezar.

Aun así, decidí continuar con la etapa.Recorrimos el kilómetro y medio de asfalto que nos separaba de la entrada de las Siete Revueltas, y abandonamos la carretera por una buena pista en ascenso. Entrábamos en terreno desconocido para mí.Terreno agradable, dicho sea de paso: arbolado, con buen firme y con buenos tramos de subidas y bajadas. Al poco de empezar la subida, llegamos a una verja que limitaba el acceso para vehículos a motor, pero que lo permite para caminantes y bicis. Nos internamos más en el bosque, en una buena bajada, paso previo a las famosas siete revueltas: una sucesión de siete -no podía ser menos- curvas al estilo Alpe d’Huez, pero en mitad de un bosque de pinos. En cualquier caso, la zona era un dédalo de caminos. No en balde Javi Aljama, en una exploración previa en solitario, había decidido volver grupas al encontrarse tal sucesión de cruces y contracruces. Y como no podía ser menos, nos acabamos despistando, aunque sin muchos problemas, gracias al GPS.

Una vez superada la subida de las Siete Revueltas, entramos en una zona de descenso en las inmediaciones del cortijo del Bañuelo -primero- y de la urbanización del Caño -después-. Esta última urbanización nos sorprendió bastante, pues la verdad es que ninguno de nosotros la conocía. Ya en la urbanización tomamos la pistas asfaltada que la cruza de norte a sur, aunque no tardaríamos mucho en abandonarla, por una calle que a mano izquierda terminaba en una cancela, que cruzamos. Al otro lado de la cancela se abría una pista que nos acabaría llevando hasta el Cortijo del Caño del Escarabita.

Eran las 11:30h, y el hambre -sobre todo a Mané- empezaba a apretarnos. Así que contra lo que teníamos previsto, decidimos hacer una pequeña parada para desayunar en Trassierra, en vez de continuar directamente hacia el Bejarano. Pasamos, pues, por la Fuente del Elefante y entramos en Trassierra siguiendo la pista que lleva a la entrada de la barriada. Allí paramos en en bar-supermercado de la entrada del pueblo, y nos desayunamos bien a gusto a base de dulces, bebidas isotónicas y patatas fritas. Para mi desgracia -era ya mediodía- no servían ya churros.

Reanudamos la etapa a las 12:20h. La idea era enlazar con el Bejarano a siguiendo -jeje- el GR-48, pero sufrí un pequeño despiste a la salida, que nos hizo desviarnos en dirección a los baños de Popea. Un desvío que habría sido intrascendente si no hubiéramos tenido los 500 metros de bajada -y posterior subida- que marcaron el punto más bajo de la etapa -desde la subida del Reventón-, a 336 m. de altitud. Solventado el error, nos encaminamos sin más dilación hacia el Bejarano. Javi Balaguer conocía que el tramo entre el Bejarano y las Siete Fincas había servido de trazado para parte de una etapa de la Andalucía Bike Race, y le apetecía recorrerlo. Y como era una buena manera de enlazar con la bajada de Los Morales, estuvimos de acuerdo en realizar ese tramo de enlace, aunque a esas alturas el propio Javi empezaba a notar en las piernas la dureza de la etapa.

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Llegamos a las fuentes del Bejarano a las 12:45h. Nos detuvimos de manera testimonial para echarnos unas fotos, y continuamos adelante. Poco después enlazamos con las Siete Fincas, y salimos sin demasiados trámites al tramo de asfalto. Sin embargo, tras encontrarnos con unos conocidos de Mané, se planteó realizar una modificación al recorrido previsto: en vez de seguir hasta el Lagar de la Cruz, nos propusieron enlazar por las Siete Fincas directamente con la carretera de las Ermitas, realizar la bajada de la Vereda (que tiene por mal nombre la bajada del Salchichón), y hacer la bajada del Reventón. Y en mi caso, aunque hubiera debido oponerme (la llanta trasera no tenía pinta de aguantar demasiado bien), el conocer ese enlace me hizo apoyar la variación. Variación que nos hizo subir hasta la cota más alta de la etapa (563 m.), y que hizo trizas al pobre Javi Balaguer.

Una vez en la carretera, cruzamos hasta el tramo habilitado por la pasada de la Andalucía Bike Race. Y es que la disputa de la carrera ha hecho que se haya abierto un sendero continuo bordeando la carretera, lo que hace que ya no sea necesario salir en un tramo a ella. Afrontamos muy fuertes la bajada, lo que, en mi caso, fue un grave error. Un sonoro “clang” me hizo saber que un segundo radio había dicho basta. No tuve más remedio que volver a la carretera, y bajar hasta las Ermitas por asfalto. Fue en este punto donde todo el grupo se disgregó: Mané, Ángel y Javi Balaguer hicieron la bajada clásica, Javi Aljama me acompañó un rato por asfalto, evitando el tramo en el que el camino más se separa de la carretera, y yo bajé todo el rato por asfalto, intentando conservar la llanta en las mejores condiciones. Un esfuerzo futil, ya que al llegar a la fuente de las Ermitas pude ver que llevaba la llanta bastante doblada. No me quedó otra que, en solitario, emprender la bajada a pie por la Cuesta de los Pobres. Ya me encontraría con los demás al pie de la bajada, ya que para que la rueda trasera pudiera girar un poco, me vi forzado a soltar el freno. A mitad de la bajada llamé a mi casa para que mi padre subiera a buscarme al final de la cuesta del Reventón con el coche.

Al final de la Cuesta de los Pobres, y dando la llanta por perdida, me decidí a intentar bajar con un solo freno, ya que si no la bajada se iba a hacer eterna. A esas alturas mis compañeros de etapa llegaron a mi altura. Y así, mal que bien, conseguí bajar sobre la bici, con sólo el freno delantero y con una llanta doblada, hasta el tramo de asfalto de la Cuesta del Reventón. Lo que no dejaba de tener su mérito. :mgreen: Al poco de llegar, mi padre aparecía con el Focus equipado con la baca y el portabicis. Una sincronización digna del Tour de Francia. En mi caso, di por finalizada la etapa a las 13:50h.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 29’820 km.
  • Distancia (según el GPS): 30’335 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 46m 50s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 31m 0s
  • Velocidad media: 10’7 km/h
  • Velocidad máxima: 38’8 km/h
  • Pulsaciones medias: 135
  • Pulsaciones máximas: 180
  • Consumo medio de calorías: 950 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1390 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 55m 28s
  • Consumo total de calorías: 4271 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 103CA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Reventón – Siete Revueltas – Trassierra – Bejarano – Reventón

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