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20 feb 16 Vía de la Plata Mérida-Zamora: Prólogo (27/III/2015)

Esta entrada es la parte 1 de 7 de la serie Camino de Santiago 2015

En la Semana Santa de 2015, fieles a una tradición que en 2015 cumplía 10 años, mi padre y yo nos volvimos a poner en marcha para completar una aventura jacobea. En este caso, se trataba de culminar el Camino Mozárabe entre Córdoba y Santiago de Compostela, del que ya habíamos hecho dos tramos:

  • Vía de la Plaza entre Zamora y Santiago de Compostela. Realizado en 2010, acompañados por Pablo, y Ana con el coche escoba.
  • Camino Mozárabe entre Córdoba y Mérida. Realizado en 2013.

Se trataba, en este caso, de culminar el tramo intermedio, entre Mérida y Zamora. 358 kilómetros a realizar en 6 jornadas, alternando asfalto, pista, senderos y -gracias, gracias, gracias- antiguas vías romanas que cruzan la Península de Sur a Norte, con 2000 años de historia a sus espaldas.

La fecha escogida, como en otras ocasiones, fue la Semana Santa, al disponer de una serie de días de vacaciones que facilitaban enormenente estas tareas logísticas. A fin de poder aprovechar la Semana Santa de manera íntegra, decidimos realizar entre el Sábado de Pasión y el Jueves Santo, y poder tener algunos días para otros menesteres: mi padre -el auténtico héroe- salir el Viernes en procesión con la Hermandad de Los Dolores, y yo pasar unos días de vacaciones en Galicia con Ana.

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En esta ocasión, y para evitar dolores de cabeza, decidimos salir juntos desde Sevilla el mismo Viernes de Dolores. Tras finalizar mi jornada laboral, me dirigí a Santiponce, cerré la casa, y con la bicicleta ya preparada, me dirigí a la estación de autobuses de Plaza de Armas.

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Mi padre, por su parte, tomó el regional entre Córdoba y Sevilla, para llegar a la estación de tren de Santa Justa. Desde allí cruzó Sevilla hasta llegar a Plaza de Armas, donde nos encontramos. El día era caluroso y seco. Qué diferencia con la Semana Santa de 2013. No había color.

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En Plaza de Armas empaquetamos las bicis y nos dispusimos a esperar el autobús. Era un día de mucho trasiego de viajeros, y se notaba. Comienzo de vacaciones para muchos, y de aventuras para unos cuantos, entre los que nos encontrábamos. Las aventuras, en realidad, empezaron pronto. El autobús venía con retraso, a resultas de lo cual no llegamos hasta Mérida hasta el filo de las once de la noche. Al menos no tuvimos que preocuparnos de buscar restaurante para cenar, ya que lo hicimos en una de las paradas del autobús. Y, al llegar tan tarde, pudimos captar alguna bonita fotografía del Puente Lusitania, desde el Puente Romano de Mérida. Que hubiera sido el interesante de fotografiar, pero no se puede tener todo…

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La noche en Mérida la pasamos en el Hotel Nova Roma, que ya conocía de haber visitado Mérida con Ana unos años antes. Céntrico y con un precio razonable, nos permitía hacer una salida temprana desde una ubicación inigualable en nuestra primera jornada.

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27 sep 12 Etapa ciclista: Guillena – Burguillos – Castilblanco de los Arroyos (02/09/2012)

El domingo 2 de septiembre, y después de una larga temporada sin hacerlo, volví a rodar con mis amigos de Sevilla. Ya se acababan mis vacaciones veraniegas, y una manera como otra cualquiera de ir cogiendo el ritmo de trabajo era salir con compañeros de la oficina, por lo que no dudé en proponer una salida ciclista: finalmente de la oficina sólo acabó viniendo Sergio, aunque Pedro, después de mucho tiempo sin salir a dar pedales, se animó a salir a última hora. No era la etapa que yo hubiera escogido para volver a tomar contacto con la bici, pero ya era demasiado tarde -sábado a última hora de la noche- como para hacer un cambio de planes.

Así pues, quedamos en el polígono El Cerro de Guillena para hacer una etapa entre Burguillos, Castilblanco de los Arroyos y la propia Guillena. Aunque teníamos previsto empezar a rodar a las 9:00h, entre diversos avatares acabamos comenzando a rodar a las 9:35h, por la carretera que va en dirección a Burguillos. Pronto empezó a notarse que Pedro iba a sufrir considerablemente en esta etapa, por lo que procuramos adoptar un ritmo razonablemente relajado. Pero lo tardío de la hora tampoco nos dejaba rodar con toda la tranquilidad que hubiera sido de desear: era un día caluroso, y corríamos el riesgo de achicharrarnos por el sol.

Llegamos a Burguillos pasadas las 10:00h, y prácticamente sin pausa salimos en dirección norte por el camino que lleva a la zona de barbacoas de Burguillos. Allí empezamos la verdadera subida a Castilblanco. Poco a poco el camino se fue haciendo más empinado y el perfil más abrupto. Nos encontramos con un guarda forestal, que nos confirmó que, en efecto, el camino era público y no tenía problemas de paso hasta Castilblanco.

Una vez pasamos una cancela de palos que recordaba bien, empezamos la subida más dura de la jornada. O al menos, la que hubiera sido la más dura. La anterior vez que transitamos por allí era una subida trialera, con un perfil muy quebrado y técnico. Sin embargo, en esta ocasión no presentaba más dificultad que el desnivel, debido a que en fechas recientes alguien había pasado con una niveladora por la zona. Le habían quitado toda la diversión a ese tramo de la pista.

Una vez reagrupados en la cima, afrontamos una subida más suave, preludio de un falso llano que nos acabó llevando a un muro de piedra. Allí giramos a la izquierda, en paralelo al muro. Primero en bajada y luego en una subida exigente, que volvió a hacer que Pedro las pasara canutas. No en balde habíamos ascendido desde los 33 m. de altura hasta los 365 m. en apenas 18 kms.

Por último, acometimos la última subida de la jornada. Realizamos una bajada por piedra, justo antes de llegar a una zona de casa, antesala de la llegada a Castilblanco. Esa bajada -cómo no- dio paso a una fuerte subida, que marcó el punto más alto de la etapa: el Cerro de la Sierra.

Desde allí, bajamos a Castilblanco, y vista la hora, cruzamos el pueblo y tomamos la carretera de descenso hasta Burguillos, hasta alcanzar el desvío de la trialera del Camino de Santiago. Allí, cómo no, me preparé para dar lo mejor de mí mismo, aunque como era la primera vez que mis compañeros de pedaladas circulaban por la zona, afronté el descenso más relajado de que de costumbre. Fue una bajada divertida, como es usual, aunque Pedro, en la parte final, sufrió calambres en ambas piernas, que le obligaron a adoptar un ritmo más tranquilo. Finalmente acabamos bajando por la pista entre olivos para llegar al polígono de El Cerro. Dimos por finalizada la etapa a las 13:15h, aunque disfrutamos de unas revigorizantes cervezas en un bar cercano, antes de dirigirnos a nuestras respectivas casas para disfrutar del G.P. de Fórmula 1.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 37’145 km
  • Distancia (según el GPS): 36’498 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 33m 50s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3h 30m 53s
  • Velocidad media: 14’5 km/h
  • Velocidad máxima: 50’2 km/h
  • Pulsaciones medias: 118 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 171 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 780 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1300 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 33m 29s
  • Consumo total de calorías: 2734 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 41BB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Guillena – Burguillos – Castilblanco de los Arroyos

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16 ene 12 Etapa ciclista: Guillena – Castilblanco de los Arroyos por la Vía de la Plata (15/01/2012)

El pasado domingo salimos a rodar mis compañeros de trabajo Miguel, Rafa, Manolo y yo por la Sierra Norte de Sevilla. Aunque durante toda la semana el tiempo había sido excelente, la predicción para el domingo no era especialmente buena: Durante los días previos había anunciada agua toda la mañana, pero la última predicción para el domingo había mejorado bastante, y no daba agua hasta mediodía, decidimos mantener la hora de salida a las 9:00h.

De entre las propuestas de etapa que teníamos sobre la mesa, escogimos realizar una de escala media: la subida y bajada desde Guillena a Castilblanco de los Arroyos por la trialera de la Vía de la Plata. Empezamos a la hora prevista, con cielo cubierto, y amenazando lluvia. Y completamente solos en el campo, con la sola excepción de un grupo de jubilados que estaban haciendo el Camino. Llegamos a la doble portela pasadas las 10:00h, y allí empezó a chispear. Planteamos dar la vuelta, pero al final optamos por finalizar el tramo de la trialera, y allí decidir. Así pues, seguimos subiendo, ya equipados con los impermeables, pero la lluvia no sólo no aflojaba, sino que comenzó a arreciar. A las 10:25h llegamos al final de la trialera, y a la pista que conduce a la carretera de Castilblanco. Quizás la idea más razonable era volver sobre nuestros pasos, pero la perspectiva de un buen colacao caliente y unas tostadas eran demasiado tentadoras. Así que nos dirigimos hacia Castilblanco.

Llegamos a la entrada de Castilblanco a las 10:50h, y paramos en el primer bar que vimos abierto, en el polígono de la Cruz Alta. Estábamos chorreando, y llegamos al bar -un mesón, más bien- en el momento en que la lluvia caía con más intensidad. Tanto era así, que incluso se produjo un apagón en la zona. Meditamos irnos, pero se nos hacía cuesta arriba volver a salir a la lluvia con la que estaba cayendo. Por suerte, la luz volvió pronto y pudimos disfrutar de unas excelentes tostadas con el colacao bien caliente.

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Reanudamos la etapa a las 11:25h. Por suerte a esa hora la lluvia había aminorado su intensidad, por lo que aprovechamos para emprender rápidamente el descenso. Por el camino, muy cerca de Castilblanco, volvimos a cruzarnos con el grupo de peregrinos. Se me pasó por la cabeza la moral de esa pobre gente, haciendo el Camino con la que estaba cayendo. Pero la verdad era que, bien pensado, pobres de nosotros: ellos, al menos, ya estaban a punto de terminar el día, mientras que nosotros ¡aún teníamos que volver!

La semana pasada había traído de Córdoba la Ghost de doble suspensión con la idea de realizar la bajada de la trialera a saco. En realidad, nos encontrábamos allí tan sólo porque tenía ganas de hacer ese descenso. Y llegado el momento, me encontré con que no había manera de realizar el descenso a saco. Con la que había caído, la trialera estaba completamente embarrada, con las piedras húmedas y con mucha vegetación. En suma: sumamente peligrosa. Aún así realicé el descenso bastante fuerte, lo que me ocasionó un susto en una de las zonas más comprometidas: clavé completamente la horquilla de 120 mm. en un quebrado, y a punto estuve de salir por encima del manillar. La bici se me encabritó, y acabé con la rueda trasera a la altura de mi cabeza. Lo que no sé es cómo no me caí de boca en las piedras. Por parte, Miguel, Manolo y Rafa también sufrieron alguna que otra caída, afortunadamente sin incidentes.

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El resto de la bajada fue sumamente divertido, técnico, peligroso y emocionante. Por suerte, además, escampó, por lo que pudimos realizar una bajada menos comprometida.

Sin embargo, y con diferencia, el último tramo de la bajada, por la pista de los olivares hasta el polígono, fue la más peligrosa de todas. El camino estaba completamente embarrado, con el típico barro arcilloso de la campiña, que se pega como un engrudo a las cubiertas. En mi caso, acabé con la High Roller de 2.35” y la Michelin Country Mud de 2.00” completamente lisas de barro. Un barro sumamente deslizante, que provocó que patinara, cual si estuviera sobre una pista de patinaje, a la hora de ir a cruzar una pequeña rodera. Acabé, como no podía ser menos, en el suelo de la manera más tonta. Afortunadamente sin incidentes.

El resto de la bajada no fue mucho más sencillo. En la parte final de la bajada la cubierta delantera y el puente de la horquilla acumularon tanto barro que se formó un mazacote que dejó bloqueada la rueda delantera. Jamás hubiera pensado que eso pudiera pasar con una bicicleta equipada con frenos de disco -a diferencia de los frenos V-brake o cantilever, que es mucho más común.

Tras algunos incidentes por el estilo, llegamos al polígono a las 12:35h. Cubierto de barro, como no podía ser menos. Rápidamente nos dirigimos a un lavadero de coches, para deshacernos del barro. Y justamente allí fue donde empezó a descargar la lluvia nuevamente. Pero era tanto el barro, y tan pegajoso, que no quedó más remedio que quitárnoslo con las pistolas de agua a presión.

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Tras la limpieza, dimos por finalizada la etapa, no sin un último percance por mi parte: partí mis veteranas gafas Spiuk, que ya se encontraban algo deterioradas, al quitármelas durante la limpieza. :(

En cuanto a la etapa, hay que admitir que quizás fuera algo arriesgado, vista la predicción, mantener la convocatoria. Lo cierto es que la predicción había mejorado, y calculábamos poder terminar antes de que… Qué narices. Sabíamos de sobra que iba a llovernos, y aun así nos fuimos porque nos pareció divertido. Y divertido fue, vaya que sí. :D

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 29’63 km.
  • Distancia (según el GPS): 29’972 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 28m 6s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 32m 43s
  • Velocidad media: 13’84 km/h
  • Velocidad máxima: 38’17 km/h
  • Pulsaciones medias: 122 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 179
  • Consumo medio de calorías: 820 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1380 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 21m 59s
  • Consumo total de calorías: 2120 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 45BB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Guillena – Castilblanco por la Vía de la Plata

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18 dic 11 Etapa ciclista: Guillenazo Express (11/12/2011)

La semana de puente a la que me referí en mi anterior artículo tuvo un bonito colofón en el último día del puente. Ese día había quedado con mis compañeros de oficina, con los que no rodaba desde la caída que sufrí en la Cañada de la Barca, para hacer una de mis etapas favoritas en Sevilla: el Guillenazo. Y digo que es una de mis etapas favoritas porque es capaz de conjugar algunos de mis elementos predilectos: una subida sostenida de varios kilómetros (la subida por el Cordel de la Cruz de la Mujer), una bajada con muchas curvas enlazadas (la cuesta de la Lenteja), un buen tramo de recorrido cross-country (hasta llegar a Castilblanco), y una bonita bajada trialera por el Camino de Santiago. En realidad, cualquier etapa que cuente con este tramo está automáticamente entre mis predilectas. Pero el Guillenazo sigue siendo algo muy especial.

Estrictamente hablando, la etapa que teníamos planificada no se trataba del Guillenazo, sino de una versión algo más reducida (aunque más intensa), que me ha dado por llamar El Guillenazo Express. La diferencia entre un trazado y otro es que el Guillenazo clásico asciende desde Guillena hasta la Cantina siguiendo la Ruta del Agua, en un recorrido de 18 kilómetros que bordea el pantano de Gérgal, sin excesivas subidas y bajadas, mientras que esta etapa asciende por el cordel de la Cruz de la Mujer, en un trayecto de 11 kilómetros, nueve de los cuales son subida sostenida, con una buena pared de dos kilómetros, y una trepidante bajada de otros dos. Para gustos se hicieron los colores, y en mi caso, prefiero la variante express.

Habíamos quedado, como decía, el domingo a las 9:00h al comienzo del Cordel Rafa, Miguel, Manolo y yo. Manolo era la primera vez que cogía con nosotros su flamante Conor AFX 8500 DH 2012, y no cabía menos que darle un buen estreno. Sin embargo, a las 8:00h de la mañana parecía que nos íbamos a quedar sin etapa: Rafa se caía de la convocatoria, y en toda la zona de la Sierra de Sevilla y el Aljarafe había una niebla que no dejaba ver un burro a tres pasos. Hablé con Manolo, y decidimos esperar a las 8:30h para decidir si se mantenía o no la etapa. A esa hora la niebla -al menos en Santiponce- había levantado bastante, y tras hablar con Miguel y Manolo, decidimos continuar con la etapa. Así que a las 9:00h estábamos los tres en Guillena, con la mosca detrás de la oreja, porque en la entrada de Guillena por la autovía la niebla no había levantado, ni mucho menos. Por suerte, monte arriba la niebla sí había levantado, si bien la mañana seguía estando fría y plomiza.

Empezamos a dar pedales a las 9:10h. Teníamos por delante tres grandes subidas, y unos 46 kilómetros de etapa. Miguel y Manolo, que apenas habían salido a rodar desde el verano, habían expresado sus objeciones a dureza de la etapa en los días previos, por lo que decidimos marcar un ritmo relajado en la subida. Al fin y al cabo, la feria iba a ser larga, y no tenía sentido reventar al personal en las primeras de cambio. Así pues, los nueve kilómetros largos de subida inicial los marcamos a un ritmo medio de unos 10 km/h, por lo que -un sencillo cálculo- llegamos a la cima de la primera subida después de casi una hora de ascensión. Allí arriba el cielo había abierto un poco, pero pudimos observar que el valle del Ribera de Huelva se encontraba bañado por la niebla. Y teníamos que descender por él para llegar a la primera escala de la etapa: la Cantina. Sin duda, iba a ser un descenso sumamente divertido. Por mi parte, desde luego, iba a serlo: los días anteriores había estado ensayando la colocación de mi minicámara MD80 en la tija de la bici, en lugar de llevarla en su habitual lugar en el casco. Y ardía de ganas por comprobar qué tal salían los vídeos así.

El resultado fue mucho mejor de lo que habría podido esperar. Hice una bajada rapidísima, en la que marqué el pico de velocidad de la etapa a 58’5 km/h, tomé mis dos recortes habituales, y llegué a la Cantina con bastante adelanto sobre mis compañeros. Una vez llegaron, hicimos una pequeña parada para recobrar fuerzas antes de afrontar el siguiente reto.

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Aproveché el momento para tomar algunas fotografías de la excelente mañana que, pese al día plomizo y la niebla, estábamos teniendo.

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Mañana que, allí en junto al pantano, era fría y húmeda, como se podía apreciar en los jirones de niebla que se levantaban por todas las estructuras allí existentes.

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Reanudamos la marcha a las 10:30h, camino de nuestro siguiente objetivo: la subida de la cuesta del Toro. Iba a ser la tercera vez que pasara por ella, la segunda en subida, y la recordaba muy exigente: dos kilómetros largos, que comenzaban con unas curvas enlazadas en S desde el pantano de Guillena, que daban paso a dos amplias curvas a derecha e izquierda en los que se alcanzaban inclinaciones superiores al 13%, incluyendo un tramo brutal de 600 metros en el que la pendiente nunca llegaba a bajar del 8%. No quedaba sino batirse, por lo que cruzamos la presa del pantano, pasamos al otro lado del cauce, y nos dirigimos hacia nuestra subida. En los primeros compases del ascenso traté de marcar un ritmo cómodo, pero poco a poco Manolo empezó a descolgarse, lo que era bastante normal teniendo en cuenta lo que teníamos entre manos, por lo que a partir de determinado momento tuve que pensar más en subir a mi ritmo, que en marcar uno asequible. Así pues, alcancé y superé a Miguel -que había ido subiendo algo más adelantado- en las rampas más duras, para llegar en cabeza a la cima de la cuesta. La anterior vez no había tenido más remedio que echar pie a tierra en la subida. Esta vez la había hecho del tirón. :)

Una vez reagrupados, realizamos un breve descenso hasta un cortijo de toros bravos, y enlazamos con la pista que nos tenía que llevar a Castilblanco. Empezaba el tramo XC de 10’5 kms. hasta Castilblanco. Y empezaba fuerte: con una subida de kilómetro y medio hasta la segunda cota de la etapa. Y es que la cuesta del Toro no era el final de la segunda subida, sino tan sólo su tramo más duro. A partir de ahí nos quedaban unos cuantos kilómetros de subeybaja hasta el descenso hasta el pantano de Castilblanco.

A esas alturas Manolo había empezado a sufrir bastante. La subida de la Cuesta del Toro marcaba el punto de no retorno, allí donde era más fatigoso dar la vuelta que seguir adelante. Y ya lo habíamos superado. Al menos la siguiente escala iba a ser bastante productiva: unas buenas tostadas en Castilblanco. El problema era que por medio teníamos el último hueso duro de roer: la subida del pantano de Castilblanco. Tres kilómetros largos con pendientes máximas del 13’6% y una pendiente media del 5’5%. Una subida en línea prácticamente recta, que además destrozaba psicológicamente. Lo único positivo es que era una subida que permitía dosificar: está formada por cuatro grandes rampas con pendientes del 9-10%, con descansillo entre cada una de ellas que permiten recuperar un poco el resuello. En cualquier caso, una subida muy exigente.

De nuevo marcamos un ritmo tranquilo para superarla. Realizamos el ascenso en 30 minutos, a una velocidad media de 6’5 km/h. No tenía sentido reventarnos a esas alturas, y Castilblanco se veía ya en el horizonte. Tras una breve pausa, recorrimos rápidamente los escasos kilómetros que nos separaban del pueblo, donde entramos al filo de las 12:15h. Llevábamos a esas alturas de etapa 28 kilómetros a nuestras espaldas.

Como lo prometido era deuda, nos tomamos unas buenas tostadas en un bar cercano -como no podía ser menos- a la iglesia del pueblo. Tostadas acompañadas de unos buenos colacaos calentitos, ya que pese a haber rebasado el mediodía, la mañana en Castilblanco era bastante fría, y allí el cielo seguía encapotado.

Retomamos la etapa al filo de las 13:00h. Ascendimos a la parte alta del pueblo -la cota más alta del día, 352m frente a los 12 de Guillena-, y nos encontramos con una nueva sorpresa: la niebla iba a ser nuestra acompañante en el primer tramo de bajada por carretera. Plato que no era muy de nuestro agrado, teniendo en cuenta el intenso tráfico que a esas horas suele tener esa carretera. Pero no nos quedaba otra. Al menos, sólo iban a ser cuatro kilómetros hasta entrar en la pista del Camino de Santiago.

Entramos en la pista del Camino a las 13:05. Y ahí empezaba la diversión para mí. En realidad, con tan sólo ese tramo hubiera merecido la pena, aunque la etapa -pese a la paliza que Manolo llevaba encima- estaba siendo genial. Y encima, iba a ser una bajada entre la niebla. Dispuse de nuevo mi cámara y empecé a grabar:

El primer tramo hasta la cancela fue sumamente divertido. Y contra lo que había temido, se mostraba con un firme excelente: nada de barro, la arena compactada, y la piedra con buen agarre, pese a la humedad. Pude disfrutar como un enano. A partir de ahí el terreno mantuvo las mismas características, lo que hicieron que la bajada fuera una gozada, incluyendo los tramos más comprometidos. Lamentablemente, a esas alturas Manolo había empezado a sufrir calambres, que le obligaban a echar pie a tierra en los ocasionales repechos del trazado. Así que, siguiendo el principio de que no se deja a nadie atrás, optamos por moderar un poco el ritmo de la etapa. Como segundo contratiempo de la bajada, mi minicámara se quedó bloqueada, por lo que tan sólo pude registrar el primer tramo del descenso (aunque no hay mal que por bien no venga, ya que así tengo excusa para volver en breve).

Tras cuarenta minutos de bajada, dejamos atrás el tramo de dehesa de la bajada, y arrancamos el descenso por la campiña. Fueron quince minutos más de bajada entre frutales -primero- y olivares, hasta llegar al polígono industrial de Guillena a las 14:00h. Allí realizamos la última escala de la jornada, en la que adecentamos las bicis en un lavadero de coches. El resto de la etapa fue puro trámite: unos kilómetros de suave asfalto hasta Guillena, y un poco de callejeo por el pueblo hasta llegar a los coches. Terminamos la etapa a las 14:25h, tras casi 46 kms. de vibrante recorrido por la sierre de Sevilla. Una etapa en la que me había encontrado con una forma excelente, que hizo que la realizara completamente eufórico.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 46’858 km.
  • Distancia (según el GPS): 45’9 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 39m 16s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 5h 11m 11s
  • Velocidad media: 12’9 km/h
  • Velocidad máxima: 59’6 km/h
  • Pulsaciones medias: 121 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 183
  • Consumo medio de calorías: 810 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1420 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 52m 53s
  • Consumo total de calorías: 4418 kcal

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Guillenazo Express

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14 abr 11 Vía de la Plata. Etapa 7: Estación de Lalín – Santiago de Compostela

Esta entrada es la parte 8 de 8 de la serie Camino de Santiago 2010

El 6 de agosto iniciamos la séptima y última etapa de la Vía de la Plata. La iniciamos a las 8:45h en las cercanías de la estación de tren de Lalín, donde se suponía que tendríamos que haber terminado la jornada anterior, en la que, por diversos avatares, acabamos atravesando una sierra, y a unos 20 kilómetros de distancia de nuestro objetivo. Ana nos dejó con el coche, y partió en dirección Santiago. Nosotros, por nuestra parte, de nuevo los tres después de desventuras varias, nos dispusimos a afrontar los últimos kilómetros que nos quedaban para culminar nuestro viaje.

Empezamos, por variar, con un suave descenso a través de genuino bosque gallego: corredoiras entre tupida vegetación, alternadas con claros sometidos al imperio del agro. Pasamos por diversas aldeas, en las que alternamos el camino forestal con la carretera comarcal: Bouza, Donsión, Laxe… En este último pueblo volvimos a tomar nuestra vieja amiga, la N-525, si bien la abandonamos poco después para seguir un viejo trazado de la carretera, y volver a salir a ella algo más adelante. Estas entradas y salidas empezaron a molestar a mi padre, y durante un rato, nos ceñimos al trazado de la N-525. Cuando ascendíamos por la N-525, nos empezó a anirmarnos el guardián de la iglesia parroquial de Santiago de Taboada, quien se ofreció, amablemente, a enseñarnos la iglesia. Bien bonita, nos detuvimos gustosos a visitarla, y a realizar el correspondiente donativo. Eran las 9:30h de la mañana.

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A la salida de la iglesia abandonamos de nuevo la carretera, para internarnos en un pequeño tramo de bosque antes de alcanzar el pueblo de Silleda. En este tramo el Camino era una auténtica calzada de piedra, que recorrimos en subida, primero, y en peligrosa bajada, por piedras mojadas y llenas de barro, después. De hecho, tan peligrosa era que Pablo sufrió una caída que, aparte de dañarle la rodilla, tuvo una consecuencia inadvertida en ese momento, que marcaría el resto de la etapa.

Atravesamos Silleda, nos detuvimos a sellar las creenciales y seguimos hasta el pueblo de Bandeira, siete kilómetros después, por nuestra querida nacional. A partir de Bandeira tomamos una comarcal que, en fuerte descenso, nos llevó por las aldeas de Piñeiro y Dornela. Seguimos descendiendo, con alguna breve aunque dura subida, por comarcales prácticamente paralelas a la nacional hasta que, cerca de As Carballas, abandonamos la carretera y nos metimos en el bosque.

La presencia otros de peregrinos, que había sido una constante a lo largo de todo el recorrido, se hizo mucho más acusada a partir de este punto. Fue de destacar un grupo de niñas de un colegio de monjas, que bajaban por la corredoira en una auténtica marabunta humana. La primera muestra del grupo la tuvimos, curiosamente, circulando en contra nuestra: una de las chicas había sufrido una lesión y tenía que retirarse. Volvía entre lágrimas, medio de dolor, medio de tristeza, acompañada por sus amigas y por una de las monjas.

Una vez superado el grupo, seguimos en fuerte descenso hasta el valle del río Ulla. Llegamos a las obras del AVE, que han alterado el trazado normal del Camino, y que nos obligaron a descender por un cortado de la montaña.

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Una vez en el valle, nos dirigimos al puente que da nombre a la primera población de La Coruña que pisamos siguiendo el Camino: Puente Ulla. Eran las 11:45h, y habíamos alcanzado el punto más bajo de toda la etapa: 63 m. sobre el nivel del mar. Habíamos descendido desde los 563 m, y tendríamos que volver a subir hasta los 261. Lo bueno era que ya habíamos recorrido 3/5 partes de la etapa: llevábamos 30 kilómetros.

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Descansamos un rato a la salida de Puente Ulla, parada que aprovechamos para decidir qué camino seguíamos hasta Santiago. Las alternativas eran ceñirnos al trazado del Camino, que zigzagueaba en torno a la nacional, o bien seguir la nacional, que al fin y al cabo, quizás fuera el trazado más fiel al Camino original. En principio se impuso el criterio de seguir el camino, dado que la cercanía de Santiago hacía la nacional bastante peligrosa.

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Curiosamente decidimos salir de Puente Ulla por la nacional, lo que constituyó, como vimos poco después, un error, ya que la carretera era, por una vez, la que daba rodeos en torno al camino. Seguimos ascendiendo por la nacional, pasando por las parroquias de Ribadulla, Francés y Picón, todas ellas pertenecientes al municio de Vedra. En esta última nos vimos obligados a detenernos en la oficina de turismo (donde aprovechamos para sellar las credenciales), porque vimos que la rueda trasera de Pablo oscilaba peligrosamente, como si tuviera algún radio partido. Al observarla detenidamente, nos dimos cuenta del problema: la cubierta se encontraba cortada a lo largo de la llanta, con un corte de unos 8 cm. Entonces caímos en la cuenta: en la caída que Pablo había sufrido en las cercanías de Silleda una de las piedras había dañado la cubierta, que poco a poco se había ido rajando, sin que lo percibiéramos. Ante el peligro de que al rodar por el Camino la cubierta se acabara rajando del todo, no nos quedó más remedio que tener que realizar los últimos kilómetros de la etapa por carretera.

El resto de la etapa no tuvo grandes novedades. Seguimos ascendiendo un poco más hasta salir del valle del Ulla, para iniciar un descenso casi ininterrumpido de 8 kms. hasta Piñeiro, donde encontramos algo que no podía faltar: una última subida antes de llegar a Santiago. Y a esas alturas de la jornada -rondaban las 13:45h- no se hizo precisamente fácil.

Y así, entramos en Santiago justo a las 14:00h, por la Rúa del Hórreo, que nos llevó desde la estación de Renfe hasta la Catedral en ascenso -cómo no- junto al Parlamento de Galicia y la plaza homónima. Llegamos a la Plaza del Obradoiro a las 14:22h., tras 51’2 kms. de etapa. Habíamos terminado, una vez más, el Camino de Santiago.

Una vez terminado el Camino, nos tocó cumplir -cosas de España- con la burocracia. Siendo Año Santo, las colas para obtener la Compostela eran casi tan largas como el propio Camino. En nuestro caso, no conseguimos hacernos con ella -en mi caso concreto, con la carta de saludo- hasta las 16:00h. Momento en el que nos hicimos la última foto del Camino:

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Ya reunidos con Ana, buscamos algún sitio en el que comer. Dado lo tardío de la hora, y lo atestado de la ciudad, optamos por una comida internacional: compamos unos kebabs y nos fuimos a comerlos a la cercana Carballeira de Santa Susana, donde disfrutamos del frescor de la arboleda en una agradable tarde de verano. Acabada la comida, recogimos las bicis, las montamos en el coche, y nos dirigimos a nuestro hotel, emplazado a las afueras de Compostela. Esa tarde nos tomamos un merecido descanso en forma de siesta. Caída la noche, nos dirigimos de nuevo a Santiago, donde cenamos de tapas en una terraza del casco viejo, y dimos un agradable paseo por la ciudad. Aún quedaba hacer la visita al Apóstol, pero eso tendría que quedar -cosas de las aglomeraciones- para la siguiente jornada.

El recorrido de la etapa, en Google Maps, es el siguiente:


Ver Vía de la Plata. Etapa 7: Estación de Lalín – Santiago de Compostela (06/08/2010) en un mapa más grande

Los datos de la etapa, por su parte, son los siguientes:

  • Distancia (según la guía): 55’7 km.
  • Distancia (según el velocímetro): 49’378 km.
  • Distancia (según el GPS): 51’2 km
  • Tiempo de etapa: 3h 48m 38s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 5h 3m 1s
  • Pulsaciones medias: 100 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 149
  • Consumo medio de calorías: 630 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1120 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 22m 5s
  • Consumo total de calorías: 3205 kcal
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