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02 mar 11 Etapa ciclista: Vereda de la Alcaidía – Loma de los Escalones (28/02/2011)

El pasado día de Andalucía volvimos a salir a rodar Javi Aljama, Mané y yo. Una etapa tranquila, en principio, pero en la que queríamos probar varias cosas: Mané, por su lado, una nueva cámara deportiva, la Go Pro Hero. Yo, por el mío, mi navegador Tomtom al que le había cargado los mapas 1:25.000 del Ministerio de Fomento geolocalizados y un sistema para registrar el recorrido en formato gpx. Eso, y cómo se llevaba la Ghost ASX 5100 de Mané con una cubierta trasera Maxxis Larsen TT de 1.9”. Nuestra idea inicial había sido ir por las cercanías de Trassierra, y recorrer la zona de Valdejetas, Puerto Artafi y el cerro del Trigo, pero ese era el recorrido que se iba a efectuar en la Andalucia Bike Race, por lo que tuvimos que cambiar de recorrido. Y aprovechando que la zona este de la ciudad era la menos conocida por mis amigos, nos decidimos a realizar el siguiente recorrido: salir desde el puente romano del arroyo Pedroche, subir por la vereda de la Alcaidía hasta el cortijo homónimo, para desembocar en la vereda de la Pasada del Pino (también conocida en esa zona como la vereda de la Armenta). Posteriormente, bajar por la Cuesta del Gallo a la vereda de las Pedrocheñas, y entrar en Cerro Muriano por las minas. Por último, bajar a Córdoba por la Loma de los Escalones y regresar por Puente de Hierro. Así a ojo, unos 35 kms.

Teníamos previsto empezar la etapa a las 9:30h, pero un inoportuno pinchazo en la bici de Javi hizo que éste se retrasara, con lo que no pudimos empezar la etapa hasta cerca de las 10:00h. Una vez salimos, dejamos Córdoba por la joroba de Asland, y cruzamos por el puente romano. Seguimos la carretera hasta la urbanización de la Campiñuela baja, donde tomamos la vereda de la Alcaidía. Todo transcurría sin mayor novedad, hasta que un problema mecánico hizo mella en la bici de Javi: sufrió una salida de cadena que dobló algunos eslabones de ésta. La enderezamos como pudimos y seguimos adelante. Pero a partir de este momento, Javi empezaría a sufrir problemas con la cadena, cada vez más graves.

Rebasamos el canal y pasamos sobre el puente romano sobre el arroyo Rabanales, siguiendo la vereda. En la pequeña subida que sigue al paso del arroyo se volvieron a reproducir los problemas de Javi, lo que nos obligó a detenernos de nuevo. Pese a todo, pudimos continuar. Salvamos la zona embarrada que precede al cruce de la vereda de la Alcaidía con la vereda de Linares, y empezamos el ascenso. Todo lo que habíamos dejado de ascender, mientras nos aproximábamos poco a poco a la Sierra tuvimos que realizarlo de golpe. Se me hizo durísimo el tramo de subida conocido como Cañada de la Víbora: una subida por un estrecho valle, en línea recta hacia el norte. La Ghost no se portaba mal con la Larsen TT atrás, pero el exagerado peso de la High Roller de 2.35”, junto con el de la horquilla de 120 mm. me hacían notar la bici excesivamente cabezona, acostumbrado como estaba a mi ligera Fuji Sundance SE.

Javi, por su parte, había encontrado un ritmo razonable dejando el piñón en un punto en el que no le daba problemas, y Mané seguía subiendo a un ritmo muy alegre. Alcanzamos la cancela que cierra el paso, una vez pasada la casilla que hay a media subida, y continuamos ascendiendo. Una subida dura y atravesada, pero que prometía un descanso no demasiado lejano. Al fin y al cabo, estábamos ascendiendo todo lo que se podía ascender. Y así, llegamos al cortijo abandonado de la Alcaidía. Lo más duro del día había quedado atrás.

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Nos echamos unas fotos y seguimos avanzando en dirección norte. El GPS realizaba su función perfectamente, y podíamos leer en las cartas nuestra posición sin ningún problema. Desde la Alcaidía iniciamos un rápido descenso que no tardó mucho en conducirnos a un valle, que se abría ante nosotros espectacular en un precioso día de invierno que empezaba a ser primavera. No pudimos menos que detenernos un rato a tomar unas fotos.

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Aprovechando la parada, Mané se decidió a sacar la cámara deportiva, para empezar a filmar algunos tramos de la etapa. Y abrimos fuego filmando el descenso… marcha atrás. Bastante divertido. Seguimos descendiendo hasta que alcanzamos una bifurcación en el camino. Vimos un cartel que indicaba “Camino real” hacia la izquierda, por lo que tomamos ese camino. Aún no lo sabíamos, pero a partir de entonces dejamos de ver los postes de la Junta de Andalucía que indicaban que seguíamos una vereda pecuaria. Entrábamos en los conflictivos terrenos de la Armenta.

Desde hace algunos años hay problemas con los dueños de los cortijos de la Armenta Baja y la Armenta Alta. Éstos han cortado el acceso a caminos públicos que pasan por el interior de sus fincas y se muestran bastante hostiles hacia todo aquel que trata de ejercer su derecho de paso. Nosotros no íbamos a ser una excepción. Seguimos avanzando por la vereda de la Alcaidía hasta que nos tropezamos con una reja que nos impedía el paso. Anunciaba con un cartel que no existía ningún camino público por su interior. Alguien se había molestado en tachar esta indicación, y existía un sendero que rodeaba la verja, hasta alcanzar de nuevo el camino, que tomamos, dado que el GPS nos indicaba que seguíamos por la vereda.

Un poco más adelante, la cadena de Javi dijo basta. Volvió a salirse, quedando atrancada entre cuadro y platos. Cuando conseguimos liberarla, había quedado completamente doblada. No nos quedó más remedio que quitar una sección de la cadena, haciendo uso del tronchacadenas que, por suerte, Javi llevaba encima. El día se nos echaba encima, por lo que tuvimos que desechar la opción de bajar por la cuesta del Gallo y llegar a Cerro Muriano: seguiríamos por la vereda de la Pasada del Pino hasta llegar hasta la N-432, y desde allí bajaríamos por la Loma de los Escalones.

Una vez arreglada la cadena, arrancamos de nuevo, aunque Javi se vio obligado a no usar más que un piñón alto, ya que el resto de la cadena, todavía dañado, no le permitía cambiar sin sufrir problemas. Una vez llegamos al cruce de la vereda de la Alcaidía con la vereda de la Pasada del Pino, giramos a la izquierda en dirección a la Nacional. Poco a poco, y en ascenso, fuimos dejando una vegetación típica de dehesa para ir encontrando poco a poco la vegetación de pinos que es propia del Muriano. Así, tras un rato de marcha, llegamos hasta la confluencia de la vereda con la Cuesta del Gallo, y la entrada del cortijo de la Armenta Alta.

No nos habíamos detenido aún para orientarnos, cuando nos salió al paso un todoterreno en el que iba un guarda de la finca. Con malos modos, al ver la cámara que Mané llevaba en su casco, y tras asegurarse de que estaba apagada, nos quiso hacer creer que ahí no había camino público alguno y que habíamos invadido una propiedad privada. Haciéndome el tonto, aducí que nos habíamos despistado siguiendo la vereda de la Alcaidía, y que gustosamente tomaríamos la vereda de la Pasada del Pino para llegar al Muriano, tan pronto como nos indicará la manera de alcanzarla. Nos respondió que siguiéramos adelante por el propio camino que llevábamos (y que realmente es la vereda pública) hasta llegar a la vía abandonada de Almorchón, y que saliéramos de la finca por ella, ya que según él, la entrada del camino estaba cerrada. Para evitarnos mayores problemas, así lo hicimos, no sin comentar medio enfadados, medio divertidos, la jugada. Eso, y la cara de susto que tenían los pobres chavales que acompañaban al guarda.

Dicho y hecho. Poco después llegamos a la vía del tren y, dado que apenas quedaba kilómetro y medio hasta la curva del frenazo, la recorrimos. No pude alegrarme más en todo el día de llevar una bici con doble suspensión, ya que este es uno de los pocos tramos de la vía que aún conserva raíles, traviesas y balasto, y el rodar sobre todo ello se hacía francamente duro. Más que duro, movido. Como para aflojarte las muelas. Nuevo cambio de paisaje. Pasamos a recorrer una trinchera de ferrocarril abandonada, con abundante vegetación. Y así, sin mucha novedad, llegamos hasta el túnel de la Mocha, cuya entrada norte se hallaba casi bloqueada por un derrumbe y la vegetación.

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Eso lo que respecta a la entrada norte. La sur estaba prácticamente impracticable por la maleza. Tras abrirnos paso entre las zarzas, conseguimos salir a una zona más despejada, cercana a una casilla del guarda del tren, donde nos detuvimos a reponer fuerzas.

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A esas alturas del día, estaba bastante claro. Habíamos estado hablando de seguir la vía hasta la estación de la Balanzona, que es bastante llamativa, pero al ver que la vía describía un rodeo de varios kilómetros, optamos por salir directamente a la curva del frenazo, y empezar el descenso por la Loma. Dejamos atrás la vía a la altura de la casilla, y empezamos el descenso. Un descenso muy rápido por la pista de la cantera, y que Mané grabó íntegro. Nos detuvimos al comienzo de la calzada, para ajustar la altura de los sillines, y reemprendimos el descenso.

Tengo que admitirlo: el descenso con la Ghost por la Loma fue sencillamente brutal. Soy aficionado a las rígidas, y a realizar descensos técnicos con cuidado, pero era una auténtica delicia descender con esa bici. Posteriormente Mané me comentaría que le había sorprendido el aplomo con el estaba bajando, pese a ser sólo la segunda vez que cogía una doble, y la primera en ese tipo de trazado. Y es que estaba disfrutando. Hice el descenso íntegro, salvo un pequeño repecho en que que no le eché el suficiente valor. Pero aun así, me di por satisfecho.

Nos detuvimos unos instantes frente a la ermita de la Virgen de Linares, antes de continuar la vuelta por el trazado del Camino Mozárabe, hasta llegar a Torreblanca. Desde allí nos encaminamos hacia el arroyo Pedroche, que vadeamos, para realizar el descenso hasta Puente de Hierro. De nuevo, nos lo pasamos bomba con la bajada, que quedó registrada en vídeo. Por último, subimos hasta el barrio Naranjo, y por la cuesta Negra volvimos a casa, a las 14:35h. Una magnífica etapa pese a todos los avatares que sufrimos en su realización.

El GPS, por su parte, llegó a casa justo de batería y quejándose desde Puente de Hierro. Aun así, registró perfectamente el recorrido, que subido a Google Maps queda como sigue:


Ver 2011/02/28: Alcaidía – Loma de los Escalones en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes:

  • Distancia (según el GPS): 33’618 km.
  • Tiempo empleado: 4h 38m 39s

En cuanto tenga tiempo, pondré alguno de los vídeos.

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03 feb 11 Vía de la Plata. Etapa 6: Orense – Rodeiro

Esta entrada es la parte 7 de 8 de la serie Camino de Santiago 2010

La sexta etapa del Camino arracó a las 7:35h desde el hotel en el que nos estábamos hospedando, a la entrada de Orense, justo en el trazado de la Vía de la Plata. Como mi padre aún se encontraba bastante débil por su enfermedad, optó por no recorrer la etapa, con lo que fuimos Pablo y yo los que la afrontamos en solitario. La mañana se presentaba fría, con unos 13.5ºC de temperatura, pero no tanto como en días anteriores. Descendimos desde Cumial hasta Orense atravesando Seixalvo. Este tramo de la Vía transcurre por el antiguo trazado de la N-525 (ahora desviada por una variante), salvo algunos tramos en que la abandona para atravesar las aldeas de la entrada de Orense.

Entramos en Orense un poco antes de las 8:00h. Paramos en una cafetería de la entrada de la ciudad a tomar algo de desayunar, y unos minutos después emprendíamos nuestra marcha. Siguiendo las indicaciones del Camino, atravesamos la ciudad, pasando por la Plaza Mayor y el casco histórico. Y cuando aún no habíamos llegado al Puente Romano, afrontamos el primer contratiempo del día: Pablo rompió el tensor metálico de uno de los brazos del freno V-brake de su rueda trasera. Aún fantaban al menos dos horas para que abriera cualquier tienda de bicicletas, y no teníamos manera alguna de repararlo. Por ello, no nos quedó más remedio que romper el otro tensor, ya que habíamos observado que al quedar sólo uno de ellos hacían que el freno se desplazara completamente, tocando con la rueda. De esta manera, al menos, el freno no se quedaba completamente bloqueado, aunque es cierto que bailaba un poco.

Una vez realizada la ñapa del día, continuamos hasta llegar al Puente Romano de Orense, donde nos echamos unas fotos.

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Subimos el puente, y poco después llegamos a la bifucarcación de caminos. Hay dos posibles trazados a seguir para salir por la Vía de la Plata desde Orense. El primero de ellos discurre por Amoeiro y Cima da Costa, y es el más fiel al trazado de la antigua vía romana. El segundo, por Tamallancos, sigue por el antiguo Camino Real, volviendo a encontrarse con el primer camino en Casasnovas. Optamos por tomar la primera opción, así que, una vez llegados a la bifurcación, tomamos el camino de la izquierda, pasando frente a la estación de ferrocarril, camino al pueblo de Canedo, siguiendo el viejo trazado de la N-120 durante un rato, para girar posteriormente a la derecha en un polígono industrial. Atravesamos las obras del AVE, y así, tras pasar por un túnel bajo el viejo ferrocarril, afrontamos la primera pared del día: la infernal costiña de Canedo.

Una de las cosas que he aprendido es que hay que desconfiar cuando los gallegos se refieren a algo con un diminutivo. La costiña de Canedo permite salir del valle del Miño, salvando un desnivel de 275m (desde los 125 hasta los 400) es un trayecto de menos de 2 kms., lo que supone una pendiente media del 14%. Y era la primera vez que veía una carretera con bolardos de hormigón. La subida fue dura, durísima, hasta llegar a la aldea con el apropiado nombre de Cima da Costa. Conseguí afrontarla del tirón, con la sola excepción de un instante que paré para apoyarme en un muro, antes de seguir dando pedales.

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Al menos al final de la subida teníamos dos buenas noticias esperándonos. La primera era que había una fuente donde saciar nuestra sed. La segunda, como rezaba una inscripción en piedra, era que ya sólo nos quedaban 99 kms. hasta Santiago. La contrapartida es que la fuente estaba llena de los mosquitos más molestos que imaginarse pueda, por lo que tuvimos que abandonar rápidamente el lugar.

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Continuamos el camino con un perfil mucho más asequible: prácticamente plano, con sólo subidas y bajadas suaves. Seguimos un rato por una carretera rural, pasando por Liñares y, poco antes de llegar a Alfonsín, continuamos por un camino que poco a poco se iba internando en el clásico bosque gallego en galería, que tan en falta había echado en las jornadas anteriores.

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El camino se podia seguir en este tramo muy fácilmente, ya que era ancho y se encontraba bien cuidado, aunque en algunos momentos anunciaba, por su perfil quebrado y algo sinuoso lo que más adelante nos íbamos a encontrar. Y así, a las 10:00h llegamos a la pequeña población de Ponte Mandrás, cuyo nombre viene dado por el puente medieval que cruza sobre el río Barbantiño.

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Cruzamos el río y atravesamos Mandrás. Dejamos la carretera rural para tomar de nuevo un camino que nos condujo de manera bastante cómoda por las poblaciones de Pulledo y Pereda, antes de llegar a Casasnovas, al pie de la N-525. Con un suave ascenso, marcado por ocasionales rampas, llegamos a Cea, la primera gran parada del día. Habíamos recorrido aproximadamente dos tercios del camino hasta el Monasterio de Oseira. En Cea, pueblo famoso en toda Galicia por la calidad de su pan, aprovechamos para sellar la credencial en el Ayuntamiento, tomar un tentempié a base de horrorosas barritas de cereales (la mía, incomible, acabó en una papelera) y de unos razonables plátanos, y descansar un rato.

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A partir de Cea, el perfil de la etapa se hizo más duro. Salimos del pueblo por un camino que pasaba junto al campo de fútbol de la localidad, y nos internamos poco a poco en el bosque. Pasaban de las 11:15h cuando abandonamos Cea, y el calor se iba dejando notar. El camino, a diferencia del que habíamos venido trayendo, se hizo más complicado, con abundantes tramos de piedra, suelta en ocasiones, que nos hacían avanzar con más dificultad. Cerca de la aldea de Mosteirón salimos a una pista asfaltada, que nos condujo poco a poco hasta un puerto de montaña. Cerca de unas casas que se encontraban antes de subir el puerto nos encontramos con la típica abuela rural gallega: robusta, con botas de campo, traje de faena y un pañuelo en la cabeza. Nos dio ánimos para la subida y nos deseó un buen camino. Se agradecieron sus palabras, porque la subida, por mitad de un cerro pelado y con abundante calor se hicieron de agradecer.

Salvado el alto, seguimos por un suave descenso de unos 3 kms. hasta llegar a Oseira, pueblo formado en torno al famoso Monasterio, donde llegamos recién pasado el mediodía. Habíamos completado los 32 kms. de la etapa más corta que teníamos previsto realizar. Llamamos por teléfono a mi padre y a Ana, que venían de camino. Habíamos estado comentando qué hacer en caso de terminar demasiado pronto esta etapa: bien volver a Orense, y realizar dos etapas más hasta Santiago, o continuar avanzando hasta Lalín, para recortar una etapa y llegar con algo más de margen a Santiago. Si decidíamos continuar, teníamos 24 kms. de etapa aún por realizar, vía Castro Dozón. Nada que no hubiéramos hecho otros días.

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Mientras esperábamos, sellamos las credenciales en el Monasterio, y aprovechamos para interrogar al chaval que actuaba como encargado sobre el resto de la etapa hasta Lalín. Si estábamos dispuestos a seguir, nos recomendó evitar el trazado del Camino. Él, decía, lo había efectuado tres días antes y se encontraba bastante embarrado por unas recientes lluvias, y muy complicado. Nos recomendó salir de Oseira por la carretera que comunicaba con Rodeiro, y seguir desde allí hasta Lalín. Maldita fue la hora en la que le hicimos caso.

Ana y mi padre llegaron pasadas las 13:00h. Como ya era tarde para hacer la visita al monasterio, tomamos la decisión de ir a Rodeiro. Según el guía, no tendríamos más de 10 kilómetros hasta allí. Salimos de Oseira por carretera a las 13:30h, mientras Ana y mi padre se adelantaban para buscar dónde comer. Y pronto la cosa empezó a torcerse. La subida por carretera se hacía cada vez más dura, sazonada con un fuerte calor, que nos hacía sudar la gota gorda sobre la bici. Al pasar por la aldea de Aspera le preguntamos a un lugareño la distancia hasta Rodeiro. Su respuesta nos dejó helados: unos 18 kms., subiendo por los cerros. Aquello tenía mala pinta.

En efecto, estábamos subiendo por una carretera de montaña que, por lo que pudimos ver, no hacía sino alejarnos de nuestro recorrido previsto. Al cabo de unos kilómetros nos incorporamos a otra carretera que subía aún más en la montaña. Pasamos junto a las aldeas de Cabana y Povadura, y seguimos ascendiendo a lo alto de un monte coronado de repetidores y de un parque eólico. Al llegar a la cima me percaté de que no sólo estábamos dando un rodeo de unas decenas de kilómetros, sino que el guía nos había hecho subir al monte más alto de los alrededores, con el sugerente nombre de Monte Faro, en la Sierra de Faro. Como es de imaginar, estaba que se me llevaban los demonios.

Llegamos a la cima del monte a las 14:10h. La suerte es que a partir de ahí todo era descenso, que hicimos rápidamente. Poco después de pasar Couso, y en una curva bastante cerrada a izquierdas, nos encontramos con una nueva dificultad, esta vez en forma de rebaño de vacas. Ocupaban toda la carretera, y por lo que pudimos ver, no tenían la menor intención de apartarse de ella. El vaquero que las guiaba nos miraba divertido, y con poca intención -más bien ninguna- de actuar para que pudiéramos pasar. Así que le echamos valor y muy lentamente pasamos junto a aquellas enormes vacas, que nos miraban fijamente. Si una vaca no se aparta a tu paso, malo. Y peor aún si alguna lleva -como era el caso- un ternerillo.

Salvado el trance de las vacas, seguimos nuestro descenso hasta llegar a Rodeiro, pueblo de Pontevedra en el que entramos pasadas las 14:45h. 18 kilómetros de carretera de montaña nos habíamos metido entre pecho y espalda, en una hora y veinte minutos. Y lo que es peor, nos habíamos alejado de nuestro destino, ya que aún nos quedaban 16 kms. hasta Lalín. Estábamos dando un rodeo de 10 kms. por la Sierra. Valiente consejo habíamos ido a seguir. Así que, visto lo visto, y lo tarde que era ya, decidimos dar por concluida la etapa en Rodeiro. Almorzamos en un excelente restaurante, que sirvió para compensar en parte las penurias de la jornada.

Por la tarde volvimos al Monasterior de Oseira, ya que había una visita guiada. Guiada por el chaval que nos había mandado a la quinta puñeta por lo alto de las montañas. La charla, aunque interesante, nos dejó claro cuál era el defecto del guía: ser un charlatán que contaba las cosas de oídas, mezclando churras con merinas. Hubiera sido un digno colaborador de Fríker Jiménez en sus programas. Aún chirrían en mis oídos las perlas filosófico-matemático-esotéricas con las que iba trufando la visita al Monasterio. Pese a todo, la majestuosidad del entorno compensaba semejantes deslices.

Finalizada la visita, volvimos a Orense. Por segundo día consecutivo bajamos a las Termas A Chavasqueira para darnos unos baños termales. Tras la paliza del día, no pude menos que agradecerlo. En esta ocasión Ana no nos acompañó, prefiriendo quedarse en el hotel. Al salir de los baños quisimos cenar en Orense. Misión imposible. Pese a ser un jueves de agosto, nos encontramos cerrados todos los restaurantes, pizzerías o tascas de la zona. Y eso que sólo eran las 23:00h. Cuando creíamos que nos íbamos a tener que ir a la cama sin cenar, nos encontramos una bocatería regentada por latinoamericanos. Nos hicimos con unos deliciosos bocatas, y volvimos al hotel para cenar. Ana se había quedado dormida viendo la tele.

Preparamos el equipaje y lo dejamos todo listo para la jornada siguiente. La última, con final en Santiago. Nuestro Camino estaba llegando a su fin.

A continuación se puede ver el mapa con el recorrido que hicimos en azul. En color rojo se aprecia la variante de Cudeiro, en primer lugar, y en segundo, el recorrido que deberíamos haber efectuado desde Oseira:


Ver Vía de la Plata. Etapa 6: Orense – Estación de Lalín (05/08/2010) en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes. Los he dividido en dos partes: la primera hasta Oseira, y la segunda desde Oseira hasta Rodeiro:

  • Distancia (según la guía): 33,3 km.
  • Distancia (según el GPS): 37,55 km
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 38m 52s
  • Pulsaciones medias: 120 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 175
  • Consumo medio de calorías: 830 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1380 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 9m 5s
  • Consumo total de calorías: 3982 kcal
  • Distancia (según el GPS): 17,5 km
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 19m 45s
  • Pulsaciones medias: 98 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 163
  • Consumo medio de calorías: 620 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1260 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 47m 29s
  • Consumo total de calorías: 2052 kcal
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02 feb 11 Etapa ciclista: Loma de los Escalones – Postes – Meseta Blanca (30/I/2011)

El pasado domingo volví a salir con la bici por Córdoba con mis viejos amigos. En esta ocasión salimos a dar pedales Marcos, Mané y yo. Había estado planificando la etapa con Mané a lo largo de la semana, en la que habíamos definido tres hitos clave: subida de la Loma de los Escalones, pasar por Villa Alicia y enlazar con la carretera del 14%, y bajar a Córdoba por Los Postres, cortafuegos que coincide en su recorrido con el gasoducto a Badajoz (y cuyas tomas de ventilación son los que dan el nombre a la bajada). No conocíamos el punto de comienzo exacto de Los Postes, ante lo cual decidí echar en la mochila el mapa topográfico de la zona.

El domingo amaneció con una intensa niebla, y con frío, mucho frío. Habiamos quedado a las 9:00h en casa de Mané, y cuando asomé por la puerta, teníamos una temperatura de 7ºC, que prometía bajar cuando saliéramos de la ciudad. Marcos llegó con un poco pasadas las 9:00h, y nos encaminamos a Santa Rosa. Había propuesto tomar la subida de la Loma de los Escalones desde el puente romano del arroyo Pedroche, siguiendo el trazado del Camino Mozárabe, cosa que hicimos. Por suerte conocía bien el trayecto, ya que la intensa niebla apenas nos permitía seguir las flechas amarillas, en especial una vez pasado el puente y el Molino de los Ciegos. Pronto llegamos a la zona de Torreblanca, donde el espanto constructor que ha destrozado la zona hizo mella en nuestro ánimo. La primera dificultad vino porque parte del trazado del Camino se encuentra perdido, vallado por una obra inconclusa. Esto nos obligó a desviarnos por una calle paralela al trazado, si bien pudimos recuperar el Camino poco después, para internarnos en una zona boscosa, donde hicimos la primera parada del recorrido.

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Descendimos por el trazado trialero hasta retomar la carretera de la Virgen de Linares justo a su final. Siempre siguiendo las flechas amarillas, nos dispusimos a realizar el ascenso de la Loma de los Escalones. Subimos como buenamente pudimos el primer repecho de sendero quebrado, con una niebla que nos hacía gotear humedad condensada, y con 5.5ºC. Enormemente agradable.

Conseguí pasar las primeras paredes con un razonable éxito, pero a costa de desfondarme completamente, lo que pagaría posteriormente. Seguimos ascendiendo por el trazado de la calzada romana, con sus impresionantes cortados en la roca de la loma. Una vez pasada la primera pared, seguimos ascendiendo por un tramo algo más favorable, antes de llegar a la bifurcación que hay junto a un poste de la luz, donde empecé a pagar el esfuerzo del tramo anterior. A medida que íbamos ascendiendo se veía que la niebla estaba despejando en las partes altas, por lo que no debíamos de tardar mucho tiempo en salir de ella por encima.

Así fue, al llegar a la parte de los escalones de caliza asomamos a un día radiante por encima del banco de niebla. Pasamos los escalones con algún percance y haciendo bastante equilibrismo sobre la caliza mojada, lo que le daba un extra de complejidad a la subida. De esta manera asomamos a la parte superior de la loma, donde se encuentra la parte arrasada por la cantera en explotación.

Desde allí seguimos ascendiendo por el camino de cantera que lleva hasta la curva del Frenazo, en el trazado antiguo de la N-432. Hacía tiempo que no transitaba por allí, y tengo que admitir que no recordaba ese ascenso tan duro como se me hizo. Estaba empezando a arrastrarme sobre la bici. Por suerte, no mucho después llegamos a la Curva, donde hicimos una segunda parada, en la que Mané y yo aprovechamos para reponer algo de fuerzas a base de barritas de cereales.

Una vez descansados, y disfrutando de un agradable sol, continuamos nuestro ascenso, siempre ciñéndonos a las indicaciones del Camino Mozárabe, lo que implicó cruzar el viejo trazado del ferrocarril de Almorchón. Subimos por una parte bastante abrupta donde existe una placa que recuerda a Vicente Mora Benavente, gran impulsor del Camino Mozárabe, ya fallecido:

Placa conmemorativa (Imagen original de bgs en Picasa)

Placa conmemorativa (Imagen original de bgs en Picasa)

Durante un rato circulamos en paralelo a la vieja Nacional, hasta que llegamos al comienzo de la cuesta que tiene por mal nombre Arrastraculos, y que forma parte del trazado original de la calzada romana que veníamos siguiendo. Afrontamos razonablemente bien las primeras rampas del ascenso, aunque con gran cansancio por mi parte. Iba necesitando un descanso. Pese a ello, Marcos y Mané no se me fueron tanto como pensaba, y nos reagrupamos en la pared final de subida a la Ermita. Atacamos la pared con desigual éxito: Marcos consiguió subirla al segundo intento, Mané lo hizo a la primera, y por un inoportuno bloqueo de la rueda delantera me quedé en clavado en mitad de la subida. Creo que hubiera podido subirla, porque, como bien comentó Mané, era una cuesta más de pulmones que de piernas, y las piernas me habían respondido bien.

Desde la ermita bajamos hasta Cerro Muriano, pasando junto al comienzo de la vereda de la Posada del Pino, que atraviesa la finca de Villa Alicia. Como nos temíamos, el propietario tenía vallada de manera ilegal el comienzo de la vereda, imposibilitando el acceso a ella. De momento decidimos bajar hasta el Muriano, y allí hacer un descanso. Durante éste, que aderezamos con unas bien merecidas tostadas, nos encontramos con un grupo ciclista de amigos de mis compañeros de etapa. Les comentamos nuestra intención de pasar por Villa Alicia, cosa que nos desaconsejaron debido a los pleitos que desde hace tiempo mantiene el propietario, y las dificultades que pone a los transeúntes.

Aun así, decidimos volver a la vereda. Vimos que estaba completamente cercada por vallas, restos de escombros, que se había cavado una zanja para impedir el paso, y arrasado la cobertura vegetal para intentar hacer desaparecer el camino. Estuvimos dudando un rato, hasta que vimos en el topográfico un posible trazado a seguir, intentando evitar la casa principal. Dicho y hecho. Con la ayuda de mi amiga Roberta salvamos la cerca, y nos adentramos en una antigua cantera. Pronto salimos a un camino que habría de llevarnos hasta una edificación. Viendo que había coches decidimos dar la vuelta para evitar problemas. Volvimos al trazado original de la vereda, y nos encontramos otro coche apostado en ésta. Al oír ladridos de perros, y para evitar males mayores, volvimos sobre nuestros pasos y salimos de la finca. El segundo objetivo del día había quedado frustrado.

Así pues, bajamos de nuevo al Muriano, y tomamos a la izquierda la carretera que comunica con la variante de la N-432. Al llegar a la incorporación, nos detuvimos. Desde allí teníamos dos posibilidades: ir por la N-432 hasta divisar la vereda, que pasa por debajo de la Nacional, salir de ésta, y tomarla hasta su final, en la carretera del 14%; o bien tomar directamente la carretera del 14%. Optamos por la segunda opción, debido a la peligrosidad de la N-432, si bien con la idea de quedarnos con la zona en la que la vereda enlazaba con la carretera.

Afrontamos el ascenso por carretera. Rápidamente Mané empezó a sufrir sus ruedas de 2.35”, así como el llevar una doble suspensión, frente a las rígidas con suspensión que llevábamos Marcos y yo. No tardamos en abrir hueco, ante lo que tuvimos que moderar el ritmo. No era plan de descolgarnos.

Seguimos subiendo hasta llegar a la zona donde teníamos que tomar el desvío para el cortafuegos de Los Postes, entre el campo de tiro olímpico y la entrada al club de golf. Localizamos el desvío justo al final de la rampa existente, y nos dirigimos hacia la estación de control del gasoducto. Empezaba el descenso de Los Postres. Bajamos un primer tramo hasta unos postes eléctricos, donde disfrutamos de una impresionante vista del valle bañado aún en la niebla. Espectacular.

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El primer descenso era terrible: con un enorme desnivel, erizado de pinos a nuestra derecha, con un abrupto barranco a la izquierda, y una curva a derechas al final del trazado. Al menos no se veía con tierra suelta. Mané tardó poco tiempo en decidirse a bajar, y lo hizo como un campeón.

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Marcos lo afrontó poco después, con razonable éxito. Yo, por mi parte, tenía reciente la caída de hacía dos semanas en Avionetas Express, por lo que decidí bajar este tramo con algo más de tranquilidad. Desde abajo, la verdad, la vista tampoco animaba demasiado a lanzarse por él. Al menos, no con la bici que llevaba.

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Teníamos aún más de 2,5 kms. de descenso por el cortafuegos por delante, y llevábamos ya 25 kms. de etapa entre pecho y espalda. El cortafuegos constituía una sucesión de bajadas aderezadas con ocasionales subidas que nos hacían desesperar. Empezábamos a acusar el esfuerzo de toda la jornada, y pasábamos ya de la una de la tarde. Y así, entre subidas y bajadas, llegamos al desvío. Al principio nos costó identificarlo, ya que era un sendero bastante estrecho que surgía a la derecha, pero las inconfundibles marcas de motocicleta, y la vista de la Meseta Blanca a nuestra derecha ayudaron a despejar nuestras dudas.

Afrontamos el cambio de terreno, pasando de descender por un cortafuegos a seguir un sendero de cazadores sobre los riscos de una loma, entre abundantes arbustos, y pasando por zonas embarradas que me hicieron temer por mi integridad física, merced a que mi cubierta trasera se había convertido en un bloque de barro uniforme. Y la caída, por un sendero que hacía equilibrios en una ladera enormemente empinada, no era precisamente moco de pavo.

Poco a poco nos íbamos acercando a nuestro objetivo: la meseta blanca. Pasamos por una zona de cuevas, en donde vimos a una solitaria oveja pastando. No pudimos menos que echarnos unas fotos. Primero en la entrada de la cueva…

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…y después con la oveja:

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Al fondo del valle pudimos ver una casa, justo a la que llevaba el cortafuegos de Los Postes. Pudimos ver que de la casa surgía un camino que llevaba a la N-432, pero no era plan precisamente de tirarse por esa cuesta abajo. Además, estábamos ya muy cerca de la Meseta. Retomamos nuestro camino, y llegamos hasta la ella. Pasaban de las dos de la tarde. Era la primera vez que estaba en ella, y las vistas eran espectaculares. No pude menos que echar una panorámica en 360º. La vista lo merecía:

A esas alturas me había quedado ya sin agua, y Mané se quejaba de estar hambriento. No era para menos. Llevábamos ya 5 horas de etapa, por lo que decidimos volver a Córdoba por la vía rápida: bajar de la Meseta por el descenso del Alimonao, y seguir por el valle del arroyo Pedroche hasta Puente de Hierro. De nuevo, una bonita bajada, muy técnica, y peligrosa en mi caso, por el abundante barro y la cubierta poco adecuada que llevaba atrás.

Una vez abajo, y un poco antes de llegar al cruce con el camino de la cantera de Santo Domingo, Mané empezó a quejarse de molestias en su rodilla izquierda. Seguimos descendiendo a un ritmo algo más relajado, pero no mucho después notó que la cosa iba realmente mal, con un dolor bastante intenso. Por suerte, nos encontrábamos ya muy cerca de Córdoba, pero esos últimos kilómetros lo pasó bastante mal. Así que a un ritmo bastante tranquilo llegamos hasta Puente de Hierro, y subimos hasta el Barrio Naranjo. Nos dirigimos a casa de Mané, donde lavamos las bicis, y dimos por concluida la etapa, al filo de las tres menos cuarto de la tarde.

El recorrido en Google Maps es el siguiente:


Ver 2011/01/30: Loma de los Escalones – Postes – Meseta Blanca en un mapa más grande

En cuanto a los datos de la etapa, son los siguientes:

  • Distancia (según mi velocímetro): 35,425 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 24m 52s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 5h 43m 24s
  • Pulsaciones medias: 143 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 190
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1530 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 36m 20s
  • Consumo total de calorías: 5530 kcal
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08 dic 10 Crecida del Guadalquivir a su paso por Córdoba

Impresionante fotografía que nos muestra hoy El País sobre la crecida del río a su paso por Córdoba:

Crecida del río Guadalquivir a su paso por Córdoba

Crecida del río Guadalquivir a su paso por Córdoba

El nivel es impresionante, muy cercano al que se alcanzó el invierno pasado. Sólo que el pasado invierno lo alcanzamos después varios meses lloviendo. Esta vez lo ha hecho con tan sólo las lluvias del puente y de las semana anteriores.

Por cierto, que la foto se muestra en un artículo en el que se habla de que la línea del AVE ha quedado cortada por inundación entre Villanueva y Adamuz, lo que es bastante sorprendente porque es una zona montañosa.

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12 ago 10 Etapa ciclista. Sendero GR-94: Vilarchán – Almofrey

Esta tarde he salido a rodar un poco por tierras gallegas. Ha sido una manera como cualquier otra de mantener el ritmo tras la reciente Vía de la Plata, y también de quitarme de encima los fantasmas de una gastroenteritis que cogí en Verín durante el Camino (y de la que en su momento hablaré).

Mi idea originaria era realizar el tramo III del sendero GR-94: Sendero Rural de Galicia (Monte La Madroa, Vigo – Santiago de Compostela). Este tramo en concreto va desde Vilarchán a San Xurxo, y tiene un recorrido de unos 18 km. En mi caso, al ser de ida y vuelta, debía de haber sido de unos 36 km. Sin embargo, sólo he podido realizar 12 kilómetros escasos.

Empecé, pues, la etapa en Vilarchán. Hay que decir que recorrer el sendero es bastante fácil, ya que las marcas de señalización de sendero de Gran Recorrido (blancas y rojas) son abundantes a lo largo de todo el trazado. Se comienza por asfalto, con abundantes subidas y bajadas -esto es Galicia, al fin y al cabo- que nos lleva por las aldeas de Vilarchán, San Miguel y Contixes.

Tramo empedrado GR-94 (Imagen cortesía de xrosas en Wikiloc)

Tramo empedrado GR-94 (Imagen cortesía de xrosas en Wikiloc)

Hay un tramo de camino empedrado que es dificultoso para la bici, pero que es posible salvar a pie -si bien es necesario tener cuidado con las serpientes-.Es de destacar un hermoso robledal en San Miguel, que sirve de preludio a una subida, después de Mirón, que nos habrá de llevar hasta un monte, en el que nos desviamos por pista a la izquierda.

A partir de ahí empieza un descenso, primero por pista, y posteriormente por sendero comido de vegetación, hasta el Río Almonfrey. Fue en este descenso donde, debido a lo cerrado de la vegetación, su espinosa naturaleza (que estaba causando estragos en mis espinillas) y lo aislado de la zona, tuve que darme la vuelta, ya que no disponía de topográficos de la zona para buscar algún camino alternativo. Por desgracia, por ello, tampoco sabía que me encontraba ya tan cerca del puente romano sobre el río Almofrey, construido en roca viva, y que es digno de contemplar:

Puente romano de Almofrey (Imagen de F. Torres Otero)

Puente romano de Almofrey (Imagen de F. Torres Otero)

Así que me, como resultado, tuve que cortar la etapa en el descenso hasta el Río Almofrey, que constituía uno de mis principales objetivos -por aquello de contemplar ese llamativo puente-, y que me he quedado sin cumplir. La vuelta no tuvo mayor inconveniente, una vez conocido el camino de ida.

El recorrido completo del tramo es el siguiente:

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