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¡Mano de milenio y gamba!
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25 jul 12 Etapa ciclista: Arroyo de Pico de Palo – Ruta del Agua – Vía Verde de Itálica (22/07/2012)

El domingo 22 de julio, a la una de la tarde, estaba tranquilamente sentado en la playa de Samil (Vigo), disfrutando de una Estrella Galicia en compañía de Ana y mis cuñados, viendo volar sendos F-16. Sé que como comienzo de una etapa ciclista es un tanto anómalo, pero todo tiene su explicación. No digo que sea una buena explicación, pero al menos es una explicación. Como decía, disfrutaba de una exhibición aérea, como paso previo a mi propio periplo aéreo, que debía llevarme de vuelta a Sevilla, y a una nueva semana de trabajo.

Cuarenta y cinco minutos después, gracias al GPS y a un fenomenal atasco, subía despendolado la carretera que conduce a la Universidad de Vigo, intentando llegar al aeropuerto de Peinador antes de que mi avión me dejara en tierra. Por qué subía dicha carretera en vez de circular tranquilamente por la autovía lo dejo a los insondables designios del susodicho GPS y su nefanda opción de “recorrido alternativo”. Aunque tengo que decir que, finalmente, llegué al aeropuerto, si bien con el tiempo justo para embarcar. Un rato más tarde, volando ya sobre Sevilla y no muy lejano a tomar tierra, podía disfrutar del siguiente paisaje por la ventanilla del avión:

Entorno del pantano de Gérgal

Entorno del pantano de Gérgal

Es decir, los pantanos de Gérgal y Guillena, además del Cordel de la Cruz de la Mujer y el tramo restringido de la Ruta del Agua. No necesitaba mucho más que eso para que se me despertaran las ganas de salir a rodar esa misma tarde.

A las cinco y media, sin embargo, las ganas se me habían atenuado un tanto. No en balde me encontraba andando entre campos de girasoles, después de haberme bajado en la estación de cercanías de Santiponce, y tener una media hora de caminar bajo el sol implacable de la tarde, camino de casa. Hay que admitir que el día estaba resultando variado. Y lo que quedaba. Pero, pese a todo, decidí salir a rodar, si bien no lo hice hasta las nueve de la noche, cuando el calor había remitido en gran medida. Había abandonado la intención de subir hasta la zona de Guillena, conformándome con un objetivo algo más modesto: recorrer el tramo de la Ruta del Agua entre el cruce con la vía verde de Itálica y Valencina que dejé de recorrer en la etapa del día 15, al haberme quedado sin agua.

Así pue, salí de casa en dirección norte, pero en vez de tomar el camino que asciende hasta la vía verde, opté por tomar el camino que bordea el arroyo Pico de Palo, y que conduce, pasando cerca del Cortijo Villa Diego, hasta el puente sobre el arroyo del Judío. Allí tomé la Cañada Real de las Islas, hasta enlazar con la Ruta del Agua en las cercanías de Valencina. A partir de ese momento ya no abandoné la Ruta del Agua. Pasé junto a la urbanización La Alondra, cercana al depósito de aguas del Aljarafe, punto hasta el que anteriormente había llegado en este recorrido. Y seguí avanzando. La Ruta del Agua seguía con una dinámica similar: subidas y bajadas pegadas a las estribaciones de los cerros del Aljarafe, que no habrían de cesar hasta internarse de manera decidida en la campiña sevillana, ya cerca de Gerena. A esas alturas de la etapa ya había caído la noche, por lo que la presencia de animales de vida nocturna se había hecho muy patente. Eso, y la intrepidez de los conejos, que no cesaban de cruzarse en mi camino, a cual mas audaz, llegando uno de ellos a pasar entre las ruedas de mi bici.

Llegué al cruce apenas pasadas las 22:00h, tras una hora de recorrido y 19 kilómetros de etapa. A partir de ahí, todo era vuelta. Y qué vuelta más diferente a la que había tenido que hacer una semana antes. Con el frescor de la noche y con agua en abundancia (no era un error que pensara repetir en tan breve espacio de tiempo), pude rodar de manera más alegre, con una media de 22 km/h, pese a que la oscuridad, tan sólo mitigada por la Lupichin, obligaba a ser más prudente en el rodar. Llegué a casa a las 22:40h, habiendo conseguido sacarme la pequeña espinita que se me había clavado en la etapa anterior. Una etapa breve, pero bien aprovechada. Tanto como el día que estaba a punto de dejar atrás.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 33’350 km.
  • Distancia (según el GPS): 32’953 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 38m 28s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 39m 21s
  • Velocidad media: 20’4 km/h
  • Velocidad máxima: 39’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 145
  • Pulsaciones máximas: 172
  • Consumo medio de calorías: 1050 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1310 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 33m 59s
  • Consumo total de calorías: 1661 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 25DC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Arroyo de Pico de Palo – Ruta del Agua – Vía Verde de Itálica

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24 jul 12 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce (15/07/2012)

El domingo 15 de julio salí a rodar en solitario en la que hasta la fecha ha sido la etapa más larga que he realizado en Sevilla: 72 kilómetros. El germen de esta etapa estaba en un recorrido de 101 kilómetros que estoy preparando en la zona de la Sierra Norte de Sevilla, y que combina varios trazados habituales en nuestras salidas sevillanas. Sin embargo, había una zona a recorrer por la que nunca había circulado: el tramo de la Ruta del Agua entre Las Pajanosas y Gerena. Así que, no teniendo mejor plan para un domingo a primera hora de la mañana, decidí recorrer ese tramo, partiendo desde casa. En realidad se trataba de hacer media 101. Pero las cosas no salieron como lo esperaba.

De acuerdo a mi plan, empecé a pedalear desde Santiponce al filo de las 8:00h. Tomé el trazado de la Vía de la Plata en dirección Guillena. La mañana se presentaba agradable, y daban ganas de rodar. Pronto dejé atrás la carretera y tomé la pista que, en línea recta como una flecha, conduce en dirección Guillena durante unos interminables 7 kilómetros por la pista de mantenimiento del sistema de suministro de aguas a Sevilla. En este tramo apenas me crucé con un par de ciclistas, un caminante y un peregrino, que descansaba en su larga marcha camino de Santiago. Al llegar al final de la pista seguí las indicaciones que por caminos agrícolas conducen a Guillena, teniendo para ello que salvar un maloliente arroyo justo antes de la entrada de Guillena.

Eran las 8:30h cuando estaba entrando en este pueblo. Dado que mi objetivo era salir de él por el Cordel de la Cruz de la Mujer, y luego girar al oeste en dirección a Las Pajanosas por la Ruta del Agua, estaba viendo que la etapa se me iba a quedar algo corta. Así que una idea se empezó a formar en mi cabeza: ¿por qué no combinar el recorrido con la subida del Cordel de la Cruz de la Mujer hasta La Cantina y volver por el tramo restringido? Si hubiera tenido algo de sentido común habría desechado recorrer 22 kilómetros extra de etapa, sobre todo sabiendo que había salido apenas con 1’5 litros de agua en el Camelback. Pero como no lo tengo, al menos no cuando salgo a dar pedales, al llegar al cruce del Cordel con la Ruta del Agua continué ascendiendo.

Realicé el ascenso hasta la cima de la Cuesta de la Lenteja en unos 35 minutos. No había dejado de pedalear ni un segundo desde mi salida de Santiponce (salvo para salvar el pestilente arroyo), por lo que llevaba ya hora y 20 minutos de etapa… y no tenía intención de detenerme. Bajé la siempre divertida Cuesta de la Lenteja, y acto seguido, sin parar en la Cantina, inicié la vuelta hasta el cruce por el tramo restringido.

Mantuve en la vuelta un ritmo bastante alegre. No tanto como el que Rafa y yo nos marcamos en la etapa nocturna de la semana anterior, pero sí lo suficiente como para mantener una media superior a los 19 km/h en el trazado pestoso del tramo restringido. Y eso contando con dos paradas para echar sendas fotografías del Pantano de Gérgal en un nivel asombrosamente bajo de agua.

Pantano de Gérgal

Pantano de Gérgal

No pude menos que volver a tomar una fotografía del trazado del ferrocarril del Cala, por donde dos semanas antes habíamos transitado en una etapa sumamente divertida. Y el nivel del agua seguía bajando. ¿Hasta dónde se podrá llegar ya?

Vista del ferrocarril del Cala

Vista del ferrocarril del Cala

Salí del Tramo Restringido a las 10:00h. Mi pequeña excursión me había llevado una hora y cuarto, pero había valido la pena. Me acercaba a los 40 kilómetros de etapa, y aún tenía mucho que ver por delante. Seguí avanzando por la Ruta del Agua hasta llegar al Zoo de Guillena, lo que representaba un camino ya conocido. Era a partir de ahí, y hasta llegar al cruce con la Vía Verde de Itálica, donde empezaba lo desconocido.

Tras algunas dudas al respecto, conseguí encontrar la continuación de la Ruta del Agua, que resurge de la carretera justo enfrente del zoo. Avancé a un buen ritmo por ella, deteniéndome tan sólo para corregir mi rumbo en una bifurcación que a punto estuvo de hacer volver erróneamente a Guillena por una pista que -por otro lado- tiene una pinta bastante interesante. Corregido este error, crucé la vieja N-630 al sur de Las Pajanosas, y pasé por un paso subterráneo bajo la A-66. Inicié una breve bajada, preludio de un tramo bastante sinuoso y con abundantes toboganes camino de Gerena. Este tramo de la Ruta del Agua se encuentra bastante bien señalizado, por lo que es complicado perderse, aunque no hay que despistarse en los abundantes cruces que jalonan este tramo. Tramo que, por otro lado, marca el fin de las zonas arbóreas en lo que restaba de recorrido: a partir de ahí tenía 24 kilómetros a pleno sol. Y nos empezábamos a acercar peligrosamente a las 11 de la mañana…

En las cercanías de Gerena la Ruta del Agua abandona las faldas de Sierra Morena, para adentrarse de manera definitiva en la Campiña sevillana. Y lo hace descendiendo en línea recta en dirección a esta, como para marcar distancias con lo sinuoso del tramo anterior. Esta recta tan sólo se ve interrumpida por la variante de Gerena, que hace necesario tomar un desvío hasta llegar a una rotonda, antes de reincorporarse a la Ruta del Agua.

A esas alturas del recorrido empezaba a preocuparme la falta de agua. El calor apretaba, las sombras habían desaparecido, y no veía sitio donde poder repostar en las cercanías. Por suerte para mí -o al menos eso pensaba yo- divisé una gasolinera en la distancia. Era mi salvación. Abandoné la Ruta del Agua y me dirigí a la cercana gasolinera… para descubrir que llevaba vaya usted a saber cuánto tiempo cerrada. Mi gozo en un pozo. Menos mal que había sido lo suficientemente prudente como para no agotar de maner anticipada mi exigua reserva de agua.

Así pues, me reintegré a la Ruta del Agua, y me preparé para seguir la marcha, economizando agua en la medida de lo posible. Un esfuerzo futil, ya que la sequedad de la campiña, sus continuas subidas y bajadas y el inclemente sol, hicieron que apenas 5 kilómetros después agotara el agua. Llevaba en ese momento casi 60 kilómetros de etapa.

Por suerte para mí -o al menos eso pensé en mi inocencia- poco después divisé un pozo, con abrevaderos para animales. Corrí hacia él y con un rudimentario cubo saqué algo de agua del pozo, con la que pensaba saciar mi sed. Iluso de mí: el pozo era salobre. Apenas pude tomar un par de sorbos antes de escupir el resto. Pero al menos había calmado la sequedad de mi boca. Algo era algo, pero tenía por delante aún un buen puñado de kilómetros que recorrer. Iba a ser duro, muy duro…

Apenas 200 metros después del pozo llegué hasta el cruce con la Vía Verde de Itálica. Durante todo el recorrido había sopesado continuar con la Ruta del Agua hasta las cercanías de Valencina, para volver a Santiponce por la Cañada Real de las Islas y la Vía Verde. Pero viendo lo negro que pintaba el asunto, decidí finiquitar la etapa por la vía rápida, y volver a casa por el trazado más directo.

Aun así, fue sumamente duro: el tramo de 8’5 kms. entre el cruce y el puente sobre el Arroyo del Judío se encuentra sin habilitar, por lo que es abundante en balasto, traviesas y zonas de tránsito deteriorado. Esos 8 kilómetros se me hicieron bastante duros, sobre todo porque, contra mi costumbre, tuve que procurar respirar casi todo el tiempo por la nariz, para evitar que se me resecara la boca. Pese a todo, pude pasar a varios grupos de ciclistas, y mantener una media de 19 km/h, con picos de 24 km/h. Tampoco era plan pasar más tiempo de la cuenta bajo el sol que empezaba a caer a plomo.

Sin embargo, todo esfuerzo se paga. Alcancé el tramo rehabilitado de la vía verde a las 11:42h, exhausto y muerto de sed. No tardé en ponerme a más de 171 pulsaciones, lo que indicaba que empezaba a deshidratarme, ya que me encontraba en un tramo completamente plano. Por suerte estaba ya a menos de 5 kilómetros de casa. Salvé la distancia hasta el puente de los Vinateros como buenamente pude, y me desvié a la izquierda, para emprender la acostumbrada bajada por la parte norte de Itálica. Bajada que tuve que hacer sentado, pues casi no era capaz de mantenerme en pie sobre la bici. Por último, entré en Santiponce por la vieja nacional.

Llegué a casa un minuto antes del mediodía. Entré en casa como una exhalación y me bebí del tirón un litro de agua. Me senté a ver pasar la vida en la entrada de casa, amarrado a la botella de agua. Más que nada porque no tenía fuerzas para entrar la bici. Al cabo de un rato, cuando estuve en condiciones de hacerlo, di por finalizada la etapa. En el transcurso de la mañana bebería otro litro de agua, medio de zumo y medio de gaseosa. Había sido una etapa que me había hecho llegar al límite: y no tanto por su dureza -que no lo era en exceso- sino por la falta de previsión en lo referente a las reservas de agua. Una lección que no hay que olvidar.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 74’050 km.
  • Distancia (según el GPS): 72’047 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 42m 19s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 01m 34s
  • Velocidad media: 20’0 km/h
  • Velocidad máxima: 50’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 173
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1290 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 3h 44m 14s
  • Consumo total de calorías: 5735 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 68BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce

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23 jul 12 Etapa ciclista: Guillenazo inverso nocturno (07/07/2012)

El sábado 7 Rafa y yo salimos a rodar con la sana intención de darle un buen estreno a su recién recibida Lupichin. Y qué mejor manera que volver a rodar por uno de los mejores recorridos que existen en el entorno de Sevilla capital: el Guillenazo. Quedamos relativamente temprano, con la idea de que no se nos hiciera demasiado tarde a la hora de terminar esta etapa de casi 55 kms. Quedamos a las 20:00h al inicio del Cordel de la Cruz de la Mujer, en Guillena, pero con el objetivo de tener los coches justo al final de la bajada, al terminar la etapa: íbamos a realizar el recorrido en sentido inverso, subiendo por la trialera del Camino de Santiago, camino de Castilblanco de los Arroyos.

Antes de partir tuvimos que solucionar un pinchazo en la rueda trasera de Rafa, por lo que no iniciamos la etapa hasta pasadas las 20:15h. A esa hora el calor era aún muy intenso, por encima de los 33ºC. Yo llevaba dos litros de agua en el Camelback, y Rafa llevaba dos bidones de agua. Aún no lo sabíamos, pero no nos iba a sobrar el agua, precisamente.

Salimos de Guillena por la carretera de Burguillos, y al llegar al polígono industrial nos desviamos a la izquierda, siguiendo las flechas amarillas del Camino. El calor era sofocante, y el polvo del camino resultaba asfixiante, lo que bastaba para explicar que no encontráramos a nadie en toda la subida. Una subida en la que el calor hizo estragos, aunque esta vez no sufrimos percance alguno en forma de caídas o pinchazos.

Llegamos a Castilblanco tras hora y veinte minutos de asfixiante subida. Entramos en Castilblanco por la parte baja del pueblo, ya que tomamos una pista que bordea la urbanización de La Colina, y permite evitar el tener que ascender a la parte alta del pueblo. Allí lo primero que hicimos fue buscar una fuente en la que reabastecernos de agua. Una búsqueda infructuosa, ya que -según nos enteramos- las fuentes del pueblo estaban cortadas. Por suerte, una vecina se apiadó de nosotros, y nos regaló una botella de 2 litros de agua bien fría, que hizo nuestras delicias.

Reemprendimos la marcha a las 21:50h, saliendo de Castilblanco en dirección al Pantano de Castilblanco. A esas horas el sol se encontraba ya en su ocaso, y la temperatura había bajado por debajo de los 28ºC, por lo que la temperatura era excelente para rodar. Y pronto sería hora de hacer uso de las luces de la bici. En realidad, tuvimos que emplearlas antes de la cuenta, ya que el camino que conducía al pantano tenía un nivel de tráfico inusitado, y formado por todo tipo de vehículos: coches, todoterrenos, camiones e incluso ciclomotores.

No tardamos demasiado tiempo en emprender la bajada hacia el pantano, en la que sufrimos un pequeño susto -mutuo, por otra parte- al encontrarnos en mitad de la bajada con una vaquilla que pastaba a la vera del camino. Vaquilla quee huyó despavorida al vernos bajar, vestidos de astronautas y con más luces que la nave de E.T. Una vez que bajamos hasta el nivel de la presa, aprovechamos para inmortalizar el momento bajo las luces de los focos. Una foto curiosa, para haber sido tomada en noche casi cerrada.

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Lo malo de bajar es que luego, como no podría ser menos, toca subir. Casi 4 kilómetros de subida, con 140 metros de desnivel acumulado, que nos hicieron sudar la gota gorda, y que subimos a un ritmo contenido, para no desfondarnos. A esas alturas era ya noche cerrada, y nos convenía rodar agrupados, para evitar el riesgo de cruzarnos con algún vehículo y no resultar lo suficientemente visibles.

Alcanzamos el kilómetro 30 tras 2 horas y 22 minutos de etapa, y con ella, el comienzo de la segunda bajada del día: la Cuesta del Toro. Abandonamos la pista principal, que conduce a los Lagos del Serrano, y nos dirigimos a un ritmo bastante vivo al contraembalse de Guillena. A un ritmo, por parte de Rafa, endiablado, que realizó el descenso de la Cuesta como si el mañana no existiera. Nos volvimos a encontrar con ganado, dos nuevas vaquillas, pero que en esta ocasión pasaron olímpicamente de nosotros.

Llegamos al pantano, y sin dilación alguna nos dirigimos a la Cantina, con la esperanza de encontrarla abierta, pese a que nos encontrábamos ya al filo de las 23:00h. Y por suerte para nosotros, la encontramos abierta, si bien éramos los únicos clientes del local a tan menguada hora. Según nos comentó Paco, el dueño, la noche anterior pasó un grupo de no menos de 60 ciclistas, también en marcha nocturna.

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Nosotros, por nuestra parte, dimos buena cuenta de sendos bocadillos, además de hincharnos a bebida isotónica y agua, antes de retomar nuestro camino. Tan sólo nos quedaba ya por delante la Ruta del Agua. Y lo íbamos a disfrutar. La bajada fue una auténtica delicia. Marcamos un ritmo muy vivo, en torno a los 22-24 km/h en todo el trayecto, que nos llevó a realizar el recorrido de 14 kilómetros en menos de 45 minutos. Un recorrido delicioso, fresco, fragante y muy revirado, ideal para recorrer a la luz de los focos. Como más de una vez había pensado, era una etapa ideal para una nocturna.

El resto de la etapa fue un mero trámite, descenso por el Cordel de la Cruz de la Mujer hasta los coches. Dimos por finalizada la etapa a las 00:22h del domingo, tras 54 kilómetros de magnífica etapa nocturna. Aunque en mi caso, la etapa tuvo un curioso epílogo: sufrí un control de tráfico de la Guardia Civil a la salida de Guillena. sin mayor inconveniente que tener que dar algunas explicaciones relativos a la etapa y a llevar un coche matrícula de Córdoba a tan menguada hora por un pueblo de Sevilla.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 53’761 km.
  • Distancia (según el GPS): 54’045 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 07m 12s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 01m 51s
  • Velocidad media: 17’2 km/h
  • Velocidad máxima: 33’7 km/h
  • Pulsaciones medias: 137
  • Pulsaciones máximas: 182
  • Consumo medio de calorías: 970 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1410 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 50m 30s
  • Consumo total de calorías: 3808 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 62BB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Guillenazo Inverso Nocturno

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17 jul 12 Etapa ciclista: Las Pajanosas – La Cantina – Estación de Gérgal (01/07/2012)

El pasado 1 de julio salimos a rodar por el entorno del pantano de Gérgal Miguel, Sergio, Rafa y yo. Se trataba de la primera etapa de Sergio por zonas más montañosas que la zona del Aljarafe, y habíamos planeado que se soltar aun poco rodando por la Ruta del Agua. Yo, por mi parte, también tenía mis planes en la cabeza: sabía que el nivel del pantano había bajado bastante, dejando algunas zonas del viejo ferrocarril del Cala al descubierto, por lo que andaba con ganas de tener una etapa de exploración.

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Así pues, salimos a las 9:15h de Las Pajanosas, tomando la ruta del Agua camino del Tramo Restringido. Fuimos circulando a un ritmo bastante suelto. El día no era excesivamente caluroso y se encontraba despejado, lo que invitaba a rodar con alegría. Pronto nos detuvimos a tomar una foto con unas buenas vistas del pantano, y del tramo de ferrocarril que había salido a la superficie.

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Viendo que, en efecto, el pantano estaba tan bajo como para permitir una buena exploración de ese tramo del ferrocarril, no tuve dudas a partir de ese momento: bajaríamos hasta la vieja estación de Gérgal. Mientras tanto, fuimos haciendo nuestro camino hasta la Cantina, a la que llegamos al filo de las 11:00h. Teníamos toda la mañana por delante y tan sólo habíamos hecho 20 kilómetros de etapa. Tocaba darle algo más de emoción al asunto.

Tras dejar la Cantina, bajamos por la pista que conduce hasta la parte baja de la presa de Guillena, y que sirve para enlazar con el viejo trazado del ferrocarril. La bajada es corta, pero intensa, bastante quebrada e interesante para hacer un tanto el bestia. Una vez en el viejo trazado nos encontramos con que el camino, pese a ser practicable, es más adecuado para recorrerlo haciendo senderismo. En un primer tramo hasta un túnel tiene bastantes derrumbes de la trinchera, que aunque no imposibilitan rodar por la vía sí hacen que sea un tanto complicado, lo que motivó que nuestra media de marcha cayera considerablemente… pero que el recorrido se hiciera sumamente más divertido.

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Así pues, llegamos al túnel, lo que nos dió la ocasión de rodar un rato a la sombra. Ambas entradas se encuentran prácticamente taponadas por los derrumbes, pero el interior del túnel se encuentra en un buen estado bastante sorprendente.

Una vez al otro lado del túnel, y tras salvar un nuevo derrumbe, nos pusimos nuevamente en marcha.

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A partir del túnel los derrumbes se hacen bastante menos frecuentes, pero aquí nos encontramos con una nueva dificultad: vegetación sumamente cerrada. Tan cerrada que daba la impresión de que circulábamos más por un túnel de lavado que por una vieja vía del tren. La pena es que parte de los arbustos eran, por llamarlo de alguna manera, agresivos para la piel. Tan agresivos que tuve que sacarme varios pinchos de espino del brazo izquierdo.

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Pero la zona de vegetación cerrada no duró demasiado. Pronto llegamos a una zona en la que los pinos habían impuesto su ley, y que permitían rodar por una trazado rectilíneo, abierto, y cubierto de agujas de pino, lo que daba un sonido bastante peculiar a nuestra marcha. Y encima, íbamos a la sombra.

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Se notaba que íbamos rodando en descenso, pues el nivel del pantano, pese a ser extremadamente bajo, no dejaba de aproximarse a la plataforma de rodadura. Además las marcas del nivel del agua pronto empezaban a ser comunes en el talud que teníamos a la derecha. En períodos de gran cantidad de agua del pantano nos encontrábamos en zona inundable.

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No tardamos en llegar a las cercanías de la estación de Gérgal, el primero de mis objetivos. Antes de llegar tropezamos con restos de civilización en forma de depósito de agua y de casa inundada. La casa, como es obvio, se encontraba en un estado lamentable, pero el depósito aguantaba bien, salvo por ciertos daños en sus pilares producto de la erosión del agua y de la corrosión del forjado de su hormigón. Así pues, acabamos llegando a la estación de Gérgal.

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El edificio de la estación responde al clásico diseño de los edificios de ferrocarril de finales del siglo XIX. En este caso se trataba de un edificio de dos plantas donde la vegetación y el tiempo habían hecho estragos, pero cuya fachada aún se conservaba en pie. Encontramos fogatas y otros restos del paso reciente de personas, entre las que destacaban las huellas de una motocicleta que seguían aguas abajo. No necesitaba mucho más para decidirme a continuar.

Así pues, dejamos atrás la estación, con la idea de ver hasta dónde podíamos llegar.Y así, un kilómetros después de salir de la estación, llegamos al impresionante arco de ferrocarril. Nos encontrábamos ya en una zona claramente inundada. La bajada del pantano había dejado a la vista un trozo de la plataforma en forma de arco, que surgía entre las aguas del pantano, aislando a su derecha una zona embalsada. La vista desde la parte superior del Tramo Restringido era magnífica, pero incomparable a lo que teníamos por delante a pie de agua.

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Una vez pasado el arco, observamos que era cada vez más complicado seguir avanzando. Ese tramo de la vía se encontraba casi permanentemente bajo las aguas, y al surgir de nuevo a la luz tenía abundantes depósitos de arena, y zonas de tierra cuarteada, que dificultaban enormemente el rodar. Además, para facilitarnos la vida, los depósitos de tierra tendían ligeramente a inclinarse hacia el pantano, lo que nos hacía correr el riesgo de patinar y acabar dándonos un chapuzón inesperado. Y dado el calor que empezaba a hacer no es que fuera especialmente desagradable, pero tampoco era plan de acabar de cabeza en las aguas. De todas maneras, nuestro non plus ultra no se encontraba demasiado alejado. Concretamente a 715 metros después de pasar el arco. A partir de ese punto la vieja vía del tren se adentraba en las aguas del pantano de Gérgal, haciendo impracticable seguir nuestra marcha… salvo quizás en un hidropedal.

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Estudiamos nuestras posibilidades de salir de allí. La primera y más obvia, que era trepar por la ladera hasta alcanzar la Ruta del Agua era inviable en ese punto, por lo abrupto del terreno y lo cerrado de la vegetación.

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La segunda era volver hasta la estación y buscar una pista que había visto en Google Maps que subía desde ella. Lo malo es que la había buscado a la ida y no había sido capaz de encontrarla. La tercera era volver al arco, y remontar el cauce seco de un arroyo hasta encontrar una estación de bombeo, y un camino para volver a la Ruta del Agua. Optamos -para nuestra desgracia- por esta tercera opción.

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Y es que aunque pronto dimos con el cauce del arroyo, éste resultó ser impracticable no mucho después. Así que no nos quedó más remedio que seguir una senda de cazadores a través de la maleza, que iba ascendiendo poco a poco en dirección a la ruta del agua.

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Una senda lo suficientemente ancha como para dejar pasar a una persona, pero ten estrecha como para no permitir el paso de una bicicleta. Así que nos tocó hacer de sherpas. Casi media hora nos costó alcanzar la estación de bombeo, y el camino que llevaba a la ruta del agua. Media hora en la que salimos cubiertos de arañazos, rasguños, algún que otro -en mi caso- agujero en la pierna gracias a un tocón seco e… infestados de garrapatas. Suerte que las localizamos rápidamente y pudimos deshacernos de ellas, pero no recuerdo una situación más repelente en mucho tiempo.

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De nuevo en el Tramo Restringido, emprendimos la vuelta a Las Pajanosas. Teníamos por delante unos 6 kilómetros de marcha hasta salir del Tramo, y 5 más hasta el punto de partida. Sergio, a esas alturas de la mañana, empezaba a estar algo tocado, pero aún así aguantaba razonablemente bien. Salimos a las 13:35h del Tramo, y cruzamos el Cordel en dirección a las Pajanosas. Lo que teníamos por delante era un rato más de sube y baja hasta salir a la carretera, y luego la subida final a Las Pajanosas. Ahí Sergio se desfondó, a resultas de las subidas acumuladas, el tramo trialero del ferrocarril derrumbado, y la subida demencial campo a través. Pero aun así, a su ritmo, finalizó la etapa como un campeón. Cerramos el chiringito a las 14:00h, tras 40 kilómetros de interesantísima etapa.

No pudimos obviar detenernos un rato en un bar cercano a reponer fuerzas, antes de recogernos cada uno a su casa. Un buen final de etapa, a la altura del recorrido.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 37’205 km.
  • Distancia (según el GPS): 40’896 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 34m 04s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 44m 14s
  • Velocidad media: 14’5 km/h
  • Velocidad máxima: 46’6 km/h
  • Pulsaciones medias: 122
  • Pulsaciones máximas: 175
  • Consumo medio de calorías: 820 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1340 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 57m 06s
  • Consumo total de calorías: 4011 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 45AA

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Las Pajanosas – La Cantina – Estación de Gérgal

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25 may 12 Etapa ciclista: Santiponce – Depósito de Aljarafesa (Nocturna, 24/05/2012)

Ayer jueves 24 salía rodar por las cercanías de casa al salir del trabajo. Lo que iba a ser una nueva etapa corta en solitario se convirió en una divertida etapa nocturna de 30 kms. de distancia. Y es que Rafa se me unió a última hora con la idea de rodar un rato tranquilos, para hacer algo de mantenimiento. Y como suele ser habitual, se nos fue de las manos.

Salimos a las 20:50h de Santiponce en dirección norte, bordeando Itálica. Tomamos la pista que asciende hasta la Vía Verde de Itálica, y desde allí nos planteamos nuestro objetivo: el depósito de aguas de Aljarafesa, al que nunca había ido. Tenía pinta de que se nos podia echar la noche encima, por lo que íbamos equipados con sendas luces: Rafa con una linterna de múltiples LEDs, y yo con mi lupichin.

Marcamos un ritmo rápido, sumamente rápido. Tan rápido que cuando avanzábamos por la vía verde noté síntomas de agarrotamiento en los gemelos, al igual que Rafa. Pero no era un día que pudiéramos aflojar. Ascendimos por la Cañada Real de las Islas hasta el cruce con la Ruta del Agua en las cercanías de Valencina, que tomamos en dirección a los depósitos. Ese tramo de la Ruta del Agua coincide con el trazado del GR 41 o Cordel de las Buervas, y que va desde el pueblo de Barrancos (Portugal) hasta Sevilla. Apenas habíamos entrado en la Ruta del Agua cuando aconteció la puesta de sol. Sin lugar a dudas, la noche se nos iba a echar encima.

Llegamos a la depuradora a las 21:35h. Teníamos por delante la breve subida (1’5 kms.) a los depósitos, pero con un buen desnivel: 100 metros de subida por asfalto, con rampas del 12%. Realizamos el ascenso con calma, a unos 7 km/h de media. Tardamos, desde que salimos de Santiponce, 57 minutos en llegar a los depósitos, para un recorrido de 14’8 kms. Tocaba volver, y no quedó más remedio que hacerlo con las luces. Y como me había temido, la luz de Rafa era insuficiente para las necesidades de la bici. Por suerte la Lupichin se portó sumamente bien.

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Realizamos la vuelta en 50 minutos escasos, incluyendo una parada para echar algunas fotos junto al puente del arroyo del Judío. Y no pudimos menos que complementar la etapa con un excelente tercer tiempo:

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  • Distancia: 29’932 km.
  • Distancia (según el GPS): 29’566 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 35m 17s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 47m 11s
  • Velocidad media: 19’3 km/h
  • Velocidad máxima: 60’5 km/h
  • Pulsaciones medias: 129
  • Pulsaciones máximas: 167
  • Consumo medio de calorías: 890 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1260 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 24m 26s
  • Consumo total de calorías: 1760 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 30CC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Depósito de Aljarafesa

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