{"id":550,"date":"2007-01-30T22:56:08","date_gmt":"2007-01-30T21:56:08","guid":{"rendered":"http:\/\/bitacora.eniac2000.com\/?p=550"},"modified":"2007-01-30T22:56:08","modified_gmt":"2007-01-30T21:56:08","slug":"las-24-ultimas-horas-de-la-vida-de-jonas-hernandez-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bitacora.eniac2000.com\/?p=550","title":{"rendered":"Las 24 \u00faltimas horas de la vida de Jon\u00e1s Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/bitacora.eniac2000.com\/?p=549\">Cap\u00edtulo I<\/a><\/p>\n<p><strong>II.<\/strong><\/p>\n<p>Jon\u00e1s baj\u00f3 las escaleras saltando los escalones de dos en dos. Acababan de finalizar la obra del nuevo ascensor del bloque, pero ten\u00eda ya tan hecho el cuerpo al h\u00e1bito de subir y bajar las escaleras, que ni siquiera se le pas\u00f3 por la cabeza el utilizar el ascensor hasta que no hab\u00eda ya recorrido un par de tramos de escalera, y el tiempo que emplear\u00eda en esperar el ascensor exceder\u00eda del necesario para terminar de bajar los tramos restantes. Al llegar a la planta baja, mir\u00f3 fugazmente al patio interior del bloque. All\u00ed se encontraba atada su vieja bicicleta de monta\u00f1a. La hab\u00eda llevado a la ciudad un par de semanas antes, con la idea de utilizarla en sus desplazamientos urbanos. Y hasta entonces hab\u00eda desempe\u00f1ado su labor con envidiable \u00e9xito, permiti\u00e9ndole ir y volver al trabajo mucho m\u00e1s r\u00e1pido y saludablemente que en coche. Sin embargo, esa ma\u00f1ana desech\u00f3 con un leve movimiento de cabeza la idea de cogerla para desplazarse al trabajo. Conociendo como conoc\u00eda el ca\u00f3tico tr\u00e1fico urbano de Isbilia, se le ocurr\u00edan maneras mucho mejores de que la Parca cortara sus hilos que aplastado bajo una camioneta de reparto. Cierto es que afrontaba a diario esa posibilidad, y que hasta entonces no hab\u00eda estimado en demas\u00eda esa posibilidad. Como dec\u00eda un amigo, era mejor no tomarse la vida demasiado en serio, ya que lo \u00fanico que pod\u00edas tener por seguro es que no saldr\u00edas vivo de ella. Pero una cosa era tener esa nebulosa certeza en forma de frase ingeniosa, y otra tener la absoluta seguridad de que en el transcurso de ese d\u00eda te iban a picar boleto. As\u00ed que, despidi\u00e9ndose con tristeza de su vieja burra, Jon\u00e1s sali\u00f3 del edificio y se dirigi\u00f3 hacia su coche.<\/p>\n<p>El fiel y baqueteado Lancia Delta Integrale, heredado de su padre, aguardaba a Jon\u00e1s a apenas unas decenas de metros. Con un suave ronroneo, el motor se puso en marcha a pesar del fr\u00edo de la ma\u00f1ana y de la helada caida durante la noche. A pesar de todo, la noche no hab\u00eda sido especialmente fr\u00eda, y una lechosa niebla extend\u00eda sus h\u00famedos dedos por el d\u00e9dalo de callejuelas que conformaban el barrio. A Jon\u00e1s le gustaban los d\u00edas de niebla. Siempre hab\u00eda tenido la sensaci\u00f3n de que ocultaban algo m\u00e1gico, que en esos d\u00edas se difuminaba la clara l\u00ednea que separaba el mundo de lo real del de lo on\u00edrico, y que se abr\u00edan pasadizos que permit\u00edan pasar de uno a otro. Lo dif\u00edcil, claro, era poder encontrarlos. Y a\u00fan, pese a los a\u00f1os transcurridos, no hab\u00eda abandonado la infantil fantas\u00eda de que un d\u00eda de niebla empezar\u00eda una aventura que cambiar\u00eda su vida. Lo bueno de los d\u00edas de niebla es que nunca sab\u00edas qu\u00e9 pod\u00eda surgir de ella.<\/p>\n<p>Tras un rato de callejeo urbano, el Delta Integrale sali\u00f3 del barrio para adentrarse en una de las principales arterias de la ciudad que, como era de rigor, ya se encontraba absolutamente colapsada. En su habitual itinerario callejero Jon\u00e1s se ve\u00eda abocado a cruzar el r\u00edo que divid\u00eda en dos la ciudad para dirigirse a La Aljafer\u00eda, una especie de zool\u00f3gico de empresas tecnol\u00f3gicas surgido del exquisito cad\u00e1ver dejado en la otra orilla del r\u00edo por unos Juegos Ol\u00edmpicos celebrados en la ciudad m\u00e1s de una d\u00e9cada atr\u00e1s. Juegos que hab\u00edan proporcionado orgullo imperecedero a un pa\u00eds, oro, plata y bronce a unos cuantos atletas, un lujoso retiro a tres o cuatro avispados padres de la patria, y sendas condenas a veinte a\u00f1os de trabajos forzados a los pobres desgraciados que tuvieron el poco acierto de firmar en nombre de los padres de la patria. Pero esa era otra historia. Y el caso es que, a fin de que no se notara demasiado la magnitud del desastre, las administraciones superpuestas de ese pa\u00eds de fantas\u00eda decidieron arrimar el hombro y financiar la reutilizaci\u00f3n de las fara\u00f3nicas obras mediante un complejo <em>hi-tec<\/em>, que siempre quedaba mejor en las fotos que un polo qu\u00edmico.<\/p>\n<p>Siempre que llegaba a ese punto de la avenida durante su periplo ma\u00f1anero, a Jon\u00e1s le acomet\u00eda la misma duda: \u00bfcruzar el r\u00edo por el puente de Los Suspiros, o por el del Tercer Milenio? Normalmente optaba por utilizar el de Los Suspiros, ya que el recorrido resultante era m\u00e1s directo y con menos tr\u00e1fico, pero esa ma\u00f1ana sigui\u00f3 recto en direcci\u00f3n al Tercer Milenio. R\u00e1pidamente Jon\u00e1s se dijo a s\u00ed mismo que deseaba ver la ciudad por encima de la niebla, y s\u00f3lo desde el puente del Tercer Milenio podr\u00eda hacerlo. En efecto, el puente, construido durante los citados Juegos, estaba pensado para permitir el tr\u00e1nsito de los buques que llegaban hasta el puerto fluvial de la ciudad, y elevaba su jorobada estructura hasta una altura muy superior a la de cualquier otra edificaci\u00f3n de la ciudad. S\u00ed, desde all\u00ed la vista ser\u00eda magn\u00edfica.<\/p>\n<p>Sin embargo, el puente adolec\u00eda desde su construcci\u00f3n de un grave defecto. Se hallaba conectado a una ronda de circunvalaci\u00f3n de seis carriles, tres por sentido, pero el puente s\u00f3lo dispon\u00eda de dos carriles en cada sentido, m\u00e1s un quinto carril reversible, delimitado tan s\u00f3lo por un juego de luces.  Obvio es para cualquiera que los embotellamientos que all\u00ed se produc\u00edan bastaban para acabar con la paciencia del m\u00e1s pintado. Y aquella ma\u00f1ana no iba a ser, ni mucho menos, una excepci\u00f3n. En efecto, apenas hab\u00eda desembocado en la circunvalaci\u00f3n, Jon\u00e1s comprendi\u00f3 que no iba a ser f\u00e1cil, y mucho menos r\u00e1pido, llegar al puente. El atasco era kilom\u00e9trico, y la se\u00f1alizaci\u00f3n de tr\u00e1fico no hac\u00eda albergar nada bueno al respecto: el carrir reversible se hallaba cerrado en su sentido. Ello era lo que motivaba que el tercer carril de la ronda se hallara m\u00e1s despejado de lo normal. Y dado que precisamente el tiempo no era un lujo del que dispusiera, Jon\u00e1s no se lo pens\u00f3 dos veces: cambi\u00f3 bruscamente de carril, y aceler\u00f3 en direcci\u00f3n al puente.<\/p>\n<p>Ciento diez kil\u00f3metros por hora. Y de nuevo Pink Floyd sonando de fondo. Esta vez en un mano a mano con Led Zeppelin. La silueta del Tercer Milenio empez\u00f3 a vislumbrarse entre la niebla. All\u00ed estaba. Sus cuatro pilares, de los que a\u00fan s\u00f3lo pod\u00eda ver dos, se alzaban amenazadores frente a \u00e9l. Ignor\u00f3 la se\u00f1alizaci\u00f3n que le instaba a abandonar el carril y sigui\u00f3 de frente. Las luces que delimitaban el carril reversible empezaron a aparecer frente a \u00e9l. Delante suya y hacia arriba, en fuerte pendiente, la correspondiente a la ominosa joroba de hormig\u00f3n y asfalto del puente. Y las luces parec\u00edan formar una pista de despegue. \u00abStarway to Heaven\u00bb, como siempre hab\u00eda pensado, equivocadamente, que se llamaba la canci\u00f3n que retumbaba en el habit\u00e1culo del Lancia.<\/p>\n<p>Redujo a cuarta al empezar la subida del puente. Poco a poco la niebla se iba haciendo menos densa a medida que sub\u00eda. Y entonces el carril por el que circulaba empez\u00f3 a desaparecer poco a poco: estaba entrando en el carrir reversible. Frente a \u00e9l furiosos destellos de veh\u00edculos que circulaban en direcci\u00f3n contraria parec\u00edan querer advertirle de su error. A duras penas consegu\u00edan \u00e9stos apartarse de su rumbo.  Con las manos crispadas en torno al volante, Jon\u00e1s correg\u00eda la direcci\u00f3n a derecha e izquierda, evitando con una sorprendente dosis de suerte el tr\u00e1fico. Iba a conseguirlo, iba a llegar hasta la cima del puente. Poco le importaba el resto, si conseguir\u00eda realizar el descenso, o los escalofriantes impactos que escuchaba a su espalda. Un rayo de sol le salud\u00f3 cuando sali\u00f3 del banco de niebla. Jon\u00e1s mir\u00f3 a su derecha, para ver la sorprendente estampa de la ciudad surgiendo de la niebla, en la que destacaban la mole de la Catedral, con su sorprendente torre mud\u00e9jar, y la forma ovalada de la Plaza de Portugal, megal\u00edtico monumento a mayor gloria de un dictador con un curioso sentido del humor. Las luces de una ciudad que a\u00fan se despertaba iluminaban la niebla desde su interior, y la rojiza luz del amanecer, que ba\u00f1aba el cielo por encima de la niebla te\u00f1\u00eda las formas de un tono sangre tan bello que casi dol\u00eda. Una preciosa imagen que llevarse en la retina al otro mundo si \u00e9sa era su hora. S\u00ed, decididamente aquel no era un mal momento para morir. Y entonces, justo entonces, algo obstaculiz\u00f3 la luz del sol que ba\u00f1aba el Lancia desde que surgiera del banco de niebla, con lo que Jon\u00e1s supo inequ\u00edvocamente que se le hab\u00eda acabado la suerte.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/bitacora.eniac2000.com\/?p=558\">Cap\u00edtulo III<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I II. 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