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23 abr 21 Etapa ciclista: San Miguel de Presqueiras – Monte Seixo – Nacimiento del Río Verdugo (17/04/2021)

El sábado 17 de abril realicé una etapa de ciclismo de montaña por el Monte Seixo. Salí de Forcarey temprano por la mañana, a fin de aprovechar el día, y me dirigí en coche hasta San Miguel de Presqueiras, en una de las laderas del monte Seixo. La temperatura era fría, apenas 0.5ºC al pasar por Cachafeiro, y sólo 3ºC al empezar la etapa, a las 8:50h. Había aparcado al lado de la iglesia de San Miguel, justo al comienzo de una pista que ascendía hasta Monte Seixo, y ese era mi recorrido.

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La pista subía de manera continua durante 3 kilómetros, con una pendiente media del 8%, aunque con puntos ocasionales en donde la cosa se ponía interesante, con rampas máximas del 17%. Y para colmo, con viento de frente. En cuanto a las condiciones de la pista, eran bastante buenas, al estar ese tramo del monte bastante explotado, entre ganadería, explotación maderera, y algún recinto minero, tanto del pasado como del presente.

La pista ascendía, poco a poco, hasta enlazar con la carretera del parque eólico. Y era aquí en el único punto donde la cosa, desde el punto de vista de la vegetación, se ponía peor. A unos 100 metros de llegar a la carretera hay una bifurcación: un mal sendero a mano izquierda, en fuerte subida y cerrada vegetación, y un camino completamente devorado por la vegetación, con menos pendiente, a la derecha. Y aunque sobre el papel mi idea era tomar el de la derecha, lo cerrado de la vegetación pronto hizo que volviera sobre mis pasos, y tomara el de la izquierda. No iba a poder ir montado igualmente, y al menos la vegetación era menos cerrada. Una vez en la carretera, el resto del ascenso, otros 2’5 km hasta la subestación, no revestía mayor problema que el de pendientes de casi el 15%, pero al menos era por asfalto.

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Una vez en llegado a la subestación, tomé la pista que a mano derecha sube hacia el mirador de Monte Seixo, que se alza a 1014 msnm. En la zona había caballos salvajes y ganado bovino, pero lo mejor fue llegar a la cota máxima de la jornada, y poder disfrutar el paisaje en un día completamente despejado. Alcanzaban a verse de manera simultánea las rías de Vigo, Pontevedra y Arosa. Sencillamente espléndido.

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Tras un breve descanso, emprendí el descenso hasta la subestación, para desde allí dirigirme a la bajada hacia A Barcia. Se toma para ello la pista que conduce hacia Portalén, pero un poco antes de llegar, a mano izquierda, hay un pequeño bosquecillo de coníferas -Campo da Porteliña- donde se inicia el descenso de A Barcia. Vale la pena detenerse en una fuente de donde brota un agua estupenda.

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La bajada es divertida y trepidante, pese a ser una pista bastante convencional. No es mala, pero no es para meterse con una furgoneta, como hizo un paisano que me adelantó en plena bajada. Ya me lo había tropezado a la subida, y en el desvío del mirador, pero verlo de nuevo -tercera vez- en la bajada fue algo que no entraba dentro de mis planes. Pero que tuvo algo bueno: si no hubiera sido por eso, no me habría apartado del camino, y no me habría fijado en una roca con una erosión diferencia tan llamativa como esta:

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De nuevo en faena, continué descendiendo hasta A Barcia (3 kilómetros desde el desvío, con desniveles del 17%), y desde allí, ya por carretera, me encontré con el río Verdugo, uno de los tres (Lérez, Umia y el mentado Verdugo) que nacen en Forcarey, a la altura de un bonito vado con varios hórreos en su cercanía.

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Desde allí mi siguiente objetivo era el cercano aeródromo de Beariz, conocido por el ser punto de llegada de los indianos cuando vuelven a su tierra a pasar las vacaciones de verano. Tocaba un tranquilo ascenso por carretera, con paredes de hasta el 12%, hasta llegar al aeródromo. Éste, aparte de las bonitas vistas del entorno, no tenía nada en especial. Pero hay que admitir que valen la pena.

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Volví un poco sobre mis pasos, hasta tomar la carretera que va a Ricovanca. Esta pequeña aldea guarda un gran secreto, en forma de puente medieval sobre el río Verdugo, ubicado en donde se alzaba un antiguo puente romano, junto a un estupendo molino hidráulico.

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De nuevo en la carretera, y apenas 900 metros aguas arriba del Verdugo, llegué a mi siguiente parada: el nacimiento de este río, junto a la aldea de Fontegrande. La llegada a la misma es llamativa, porque se tiene que abandonar la carretera que desciende hasta Devesa de Arriba, y coger una carreterita que transcurre justamente por entre dos vertientes: a la izquierda la del Río Verdugo, y a la derecha la del Rego de Alfonso, tributario primero del Río do Castro, y luego del Lérez. El nacimiento del Verdugo no tiene nada en especial, un prado como tantos otros, y al que no se puede entrar por estar cercado. Pero está ahí.

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Lo divertido es que un poco más arriba, en Fontegrande, hay una botina fuente de un manantial que acaba vertiendo sus aguas en el Verdugo, y que sí tiene bastante más empaque que el nacimiento en sí del Verdugo:

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Desde Fontegrande se puede volver a San Miguel por carretera, pero tenía previsto hacer algo más divertido: bajar por un sendero de montaña hasta Devesa de Abaixo. Una opción excelente. Para ello hay que salir de Fontegrande por una pista forestal con una cancela que se puede abrir; la pista al poco empieza a ascender de nuevo al monte Seixo, pero a la derecha, junto a una cerca de piedra, se abre un sendero, que es el que tenemos que tomar. Y qué sendero. Empieza bajando suave, pero tras unos cuantos sube y baja que tienen su puntito, al ser un camino de piedra, tiene una subidilla comida de vegetación, y luego empieza a descender, primero casi como un cortafuegos, que permite visualizar el valle del Castro, y a nuestra izquierda el monte Seixo, con los restos de una sorprendente mina de Wolframio, explotada durante la época de la II Guerra Mundial. Posteriormente se acaba entrando en una plantación de eucalipto, para acabar saliendo a la carretera, justo a la entrada de Devesa de Abaixo. Apenas 2 kilómetros, pero con rampas del 22% que harían las delicias de cualquiera. De cualquiera al que le guste esto, claro. :mrgreen:

Desde allí, la vuelta hasta San Miguel de Presqueiras es por carretera. Son 3.5 kilómetros, más sube y baja que descenso en sí, que acaban llegando a San Miguel, donde queda por realizar una pequeña subida a la iglesia, donde tenía aparcado el coche, para totalizar 25’9 km de divertidísima etapa.

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Datos de la etapa

  • Distancia: 25’9km
  • Distancia (según el GPS): 26’15km
  • Altitud ascendida: 706m
  • Tiempo de etapa: 2:13:54
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:48:09
  • Calorías consumidas: 1200kcal

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22 ene 21 Etapa ciclista: Cerdedo – Monte Seixo – Mirador de las Tres Rías (17/01/2021)

El 17 de enero realicé una nueva etapa en las cercanías de Forcarey: se trató de una nueva subida al Parque Eólico de la Sierra de Cando, pero por una pista distinta, y saliendo desde Cercedo. Bajé desde Forcarey a Cerdedo en coche, y aparqué en la travesía de la Nacional que atraviesa el pueblo. Empecé a rodar a las 9:32h, con -1.5ºC y una humedad del copetín, a una altitud de 371 msnm. La mañana iba a estar fresquita, pero no iba a tardar mucho en entrar en calor. Tras una primera bajada hasta cruzar el Río do Castro, y pasar a su margen derecha. Y tras la bajada, la inevitable y criminal subida, con rampas superiores al 14%, hasta la aldea de Meilide, a 421 msnm. Desde allí la pendiente afloja bastante, pero se ve reemplazada por una subida constante, por carretera, de unos 4 kms. hasta encontrar un primer falso llano. Y con carretera helada.

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Tras un poco de descanso, se llega a la aldea de Cavadosa, donde se encuentra la primera sorpresa del día: las cascadas, en el mismo casco urbano de la misma. Existe una senda que se puede seguir, arroyo arriba, para ver más cascadas, pero en mi caso, y dado que iba a tener subida sobrada a lo largo del día, decidí quedarme en la primera, que ya valía mucho la pena.

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Una vez pasada la cascada, se vuelve a retomar el ascenso, siempre por carreteras secundarias, para llegar, 1’2 kms. después, a la aldea de Cima de Vila, a 624 msnm. Mal nombre, ya que -lejos de ser la cima- no es sino el punto inicial del ascenso a Monte Seixo.

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Un muy duro ascenso, una vez cruzas un paso canadiense, por pista de tierra con rampas del 18%, que dura algo más de 3 kms. hasta llegar a la Capilla de Santa Mariña. Por el camino hay una nevera, que no pude visitar, al haber una partida de caza en la zona que imposibilitaba salirse de la pista.

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Una subida tremenda, tanto por la belleza como por la dureza de la misma, a 931 msnm.

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La zona tiene unas vistas estupendas, y pese a lo frío de la mañana, en la que aún se podía encontrar hielo de las pasadas nevadas, permitía contemplar unas vistas estupendas del entorno, y de la propia capilla.

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Desde la capilla tenía un par de alternativas: dirigirme hacia el noreste, camino de Portalén, y bajar por la aldea Carballás, o bien dirigirme al suroeste, alcanzar el Mirador de las Tres Rías, y descender del monte por la vertiente de La Lama. La presencia de la partida de caza en las cercanías de Portalén me hizo decidirme por esta segunda opción. Y no puedo menos que alegrarme de ello.

Decidido el rumbo a tomar, seguí por la pista del parque eólico, que no ofrece dificultad alguna para ubicar el camino correcto. Se empieza con una divertida bajada de unos 800 metros, para luego volver a ascender otro tanto. Llegué en primer lugar a una agrupación de piedras muy llamativa: dados los antecendentes de la zona, bien podría ser algún tipo de túmulo celta, o bien piedras sobrantes de la construcción de la pista del parque. En cualquier caso, llamaba la atención.

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Pasado el grupo de piedras, se sigue en ascenso, para llegar poco tiempo después al desvío al Mirador de las Tres Rías, donde se puede divisar, en un día claro, las rías de Vigo, Pontevedra y Arosa. En mi caso, se divisaban bien las dos primeras, e incluso llegaba a atisbarse entre la bruma el Puente de Rande. En cuanto a la de Arosa, por desgracia estaba algo cubiera de nubes, por lo que su visibilidad no era buena. Aun así, era una vista espectacular. Y no era para menos, ya que se trataba de la cota máxima de la etapa, a 965 msnm.

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Una vez dejado atrás el mirador, empieza una estupenda bajada. Pasados tres aerogeneradores se acaba la pista del parque eólico, y se baja por un antiguo camino que es una delicia para realizar descenso. No pude menos que alegrarme de la presencia de la partida de caza, que posibilitó que conociera este espectacular descenso, en el que pude encontrar hasta caballos salvajes. Y algún que otro caballo de vapor, en un sitio donde no pensarías en encontrarlo. :mrgreen:

La bajada termina en las cercanías de la aldea de Barbeira. Desde allí hay que recorrer unos 6 kms. de carretera secundaria, con abundantes subidas y bajadas, hasta volver a alcanzar A Cima de Vila y desde allí, una bajada casi constante que nos devuelve a Meilide, pasando por Cavadosa, Abelaindo y la propia Meilide. Por último, se vuelve a bajar hasta el puente sobre el río do Castro, para finalizar en subida en Cercedo, para totalizar 33’2 kms de trepidante etapa.

Datos de la etapa

  • Distancia: 33’266km
  • Distancia (según el GPS): 33’26 km
  • Altitud ascendida: 930 m
  • Tiempo de etapa: 2:44:24
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:23:49
  • Calorías consumidas: 1519 kcal

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15 dic 20 Etapa ciclista: subida a Portalén durante la Tormenta Dora (06/12/2020)

El fin de semana del 5-6 de diciembre se sufrieron en España los efectos de la Tormenta Dora. En lo que respecta a Forcarey, dichos efectos se tradujeron en lluvias muy intensas, al inicio, seguidas de nevadas, que no tardaron en dejarnos un resultado como el que sigue en el cercano Monte Seixo:

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Sabiendo que en lo alto de la Sierra de Cando, a la que pertenece Monte Seixo, se encuentran diversos restos megalíticos, no hizo falta demasiado tiempo para que me empezara a gotear el colmillo ante la perspectiva de poder rodar un poco en la zona con nieve. Y tenía un claro objetivo en mente: Portalén, la puerta al otro mundo. Y es que entre los elementos megalíticos de la zona destacan dos: el menhir de Marco do Vento, y su cercano compañero, Portalén, o la Puerta de Alén, un grupo de restos graníticos cuarteados por la intemperie, pero sobre los que un par de ellos se alza una insólita roca a modo de dintel, constituyendo una suerte de puerta.

El domingo por la mañana tuve la suerte de que el tiempo concedió una tregua por la mañana, ante lo que me faltó tiempo para cargar la bici en el coche, y dirigirme a los aledaños de la Sierra de Cando. Dado que desconocía el estado y tráfico de las carreteras, no quise arriesgarme a recorrerlas con tiempo tan complicado, y opté por un plan conservador: dirigirme a la aldea de Carballás, a media subida hacia lo alto del monte. Llegué allí al filo de las 9 de la mañana, y a las 9:11h ya estaba rodando. Y con frío, bastante frío: 2ºC según el termómetro del coche.

Por suerte iba a entrar en calor pronto. La subida es directa (en realidad, desde prácticamente la cercana Cerdedo no se deja de subir), dura y sostenida. Rampas de hasta el 15% por asfalto, cruzando pasos canadienses y en los que al poco de salir del pueblo empecé a ver la nieve. La paliza dura algo más de dos kilómetros antes de conceder un breve respiro, para a continuación tener otro tanto de lo mismo.

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A medida que iba ascendiendo, en una pista asfaltada sin tráfico alguno la nieve, que al poco de salir del pueblo ya se había hecho presente, pasó a ser algo más que una anécdota. Lo que, combinado con las espectaculares vistas que tenía ya desde medio ascenso, prometían una etapa fuera de lo común. Y lo acabaría siendo, pero no por lo que yo esperaba. Cuando me aproximaba a la cima (968 msnm), la niebla, o más bien nubes bajas, hicieron acto de presencia, convirtiendo las estupendas vistas en una sucesión de borrones blancuzcos que emergían de la gran mancha blanca en la que se había convertido el entorno. Hermoso a su manera, pero estremecedor al aproximarse a la cota máxima de la etapa, y el lugar donde empezabas a encontrar aerogeneradores.

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A esas alturas la pista se había reducido a apenas dos surcos en la nieve, gracias a la presencia el día anterior de operarios en el parque eólico, y que no prometían nada bueno para mi integridad física en caso de salirme de ellos. No es que mi experiencia con la nieve sea muy grande: una bajada del puerto de Cebreiro en 2007, una etapa en Ballinastoe (Irlanda) en 2017, y esa mañana. Pero por suerte las estupendas Kenda Navegal que monta la Giant hicieron su trabajo. Más adelante iba a necesitarlas.

Una vez ascendido Monte Seixo, no existe una cima propiamente dicha, sino una especie de falso llano en altura, por el que se encuentran ubicados los aerogeneradores del parque eólico. Avancé por la pista de mantenimiento en busca del Marco do Vento y Portalén, que sabía cercanos a la pista, junto a un aerogenerador, a mano izquierda en el sentido de mi avance. Pero la niebla poco a poco estrechaba su abrazo, y la visibilidad se veía claramente perjudicada, con el riesgo de pasármelos… como fue el caso. Tras consultar el GPS y volver sobre mis pasos, di con el aerogenerador, pero ni rastro del Marco do Vento ni de Portalén. No se veía a más de 20 metros. Quedaba explorar un poco. El grosor de la nieve era a esas alturas de unos 10-15 cm, pero en la práctica se encontraba sobre matorrales, por lo que al poco de salirte del camino te veías con nieve hasta la rodilla. Y así, tras explorar un poco, di con el primero de los monumentos: el Marco do Vento.

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El Marco do Vento es un menhir de unos 5-6 metros de altura, que destaca insólitamente del resto de rocas graníticas de su entorno, precisamente por su colocación vertical. En días normales tiene que ser impresionante, pero esa mañana, entre la niebla, resultaba algo siniestro. Y una vez dado con el Marco do Vento, sabía que Portalén no se encontraba muy lejos. Y en efecto, tras un rato de arrastrar la bici por la nieve, pude distinguir su tremenda silueta. Portalén: la Puerta del Mas Allá.

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Como se aprecia, son tres secciones de granito separadas entre sí por grandes espacios vacíos en vertical, que podrían ser naturales, pero sobre dos de ellas se encuentra una piedra de manera completamente antinatural, que hace muy difícil pensar que sea un capricho de la naturaleza, y más resultado de la mano del hombre. Como son indudablemente mano del hombre las ofrendas que se encuentran bajo el dintel de la puerta:

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La Porta do Alén según la mitología, es la puerta al otro mundo y por ello se debe pasar por ella para comunicarse con los muertos y allí preguntarle lo que se desee. Se debe entrar desde el Norte hacia al Sur. El viento os dará la respuesta pero nadie debe saberlo. Es preciso volver a salir por la puerta ya que si no quedaremos en el mundo de los muertos.

(GaliciaMáxica)

Por mi parte, tuve buen cuidado de cruzar de norte a sur, y de no preguntar nada, por el viejo principio de no hacer preguntas cuya respuesta no quieras saber, ni quién te puede responder. Así, tras un rato haciendo el indio, y con cierto problema de congelación en los pies (a diox gracias había reemplazado ya los pedales automáticos por rastrales y llevaba mis botas de campo, pero me encontraba de nieve hasta media pierna), desandé el camino, y me dispuse a volver a Carballás, no sin antes contemplar el paisaje circundante una vez más:

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Nieve y niebla hasta donde alcanzaba la vista, que no era mucho.

Una vez volví al camino, desandé mis pasos hasta un cruce a mano izquierda. Un supuesto camino sin salida, pero que en los mapas aparecía con enlace a media subida que había hecho anteriormente. Y con más nieve. Cómo contenerse. Un descenso bastante divertido, pero en el que me despisté dos veces, lo que me costó afrontar duras subidas que me podía haber ahorrado. Pero fue esfuerzo bien invertido, ya que pude disfrutar de pequeños lagos helados de montaña…

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…unas estupendas vistas del valle, una vez hube bajado lo suficiente, y el encontrarme con caballitos salvajes. Tras volver a la pista de mantenimiento del parque, afronté el descenso a Carballás, antes de volver a caer en la tentación. Había previsto bajar al pueblo por una pista forestal que se abría a mano derecha, sentido descendente, y que suponía una variación sobre el camino de ascenso. No tardé en encontrarla, cubierta de nieve sin sendero, surco o marca alguna. Nadie en su sano juicio iría por ahí.

En efecto, nadie. La gracia de rodar en nieve fresca es que una vez clavado en la nieve ésta te hace rodar recto. Lo que no está mal, salvo que quieras cambiar de dirección, o sea el camino el que lo haga. Y esto último era precisamente lo que pasaba en la revirada pista por la que iba bajando, sin ver ni torta de las piedras, surcos, ramas o agujeros que había bajo la uniforme capa de nieve.

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Me asombra decir que salí del trance sin un rasguño ni un solo extraño de la bici. Gracias por las Kenda Navegal que llevaba montadas, se demostraron a prueba de todo. Pronto dejé atrás la nieve, para quedarme con un camino embarrado que me hizo sufrir las de Caín antes de llegar de nuevo a Carballás, donde, antes de dar por finalizada la etapa, hice un pequeño recorrido turístico por su exiguo -pero bello- casco urbano.

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Tras finalizar la etapa, cargué la bici en el coche, y me dirigí de vuelta a casa. Al poco de bajar de la montaña y entrar en el casco urbano de Cerdedo, empezó a llover. Ya no dejaría de hacerlo hasta dos días después.

Datos de la etapa

Distancia: 19’672km km
Distancia (según el GPS): 19’66 km
Altitud ascendida: 453 m
Tiempo de etapa: 1:48:22
Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:18:52
Calorías consumidas: 935 kcal

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