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10 jul 21 Etapa ciclista: De Castro a Castro. Forcarey – Ponte Maril – Castro de Loureiro – Parque Eólico – Castro de Garellas – Camino Miñoto (26/06/2021)

El sábado 26 de junio realicé una etapa ciclista en Forcarey que he venido en denominar como “De Castro a Castro”. Se trató de un recorrido circular que enlazó Forcarey con el Castro de Loureiro, para desde allí ir al Castro de Garellas, y retornar a Forcarey por el recientemente limpiado Camino Miñoto de Santiago. Salí de Forcarey al filo de las 9:00h, por carretera en dirección a Dosiglesias. Seguí la carretera hasta llegar a las cercanías de Ponte Maril, en donde tomé una pista que bajaba hasta el vado del río Lérez.

Por segunda vez en dos días, me vi metido en las frías aguas del Lérez. No puedo decir, en ninguno de los dos casos, que fuera algo accidental, si bien no calculaba que el río iba a llevar tanta agua y tener unas piedras tan grandes precisamente en el vado. Aun así, la cosa no tuvo mayor trascendencia. Pasado el Lérez, transité junto al área del campamento juvenil, para tomar el camino que sube al Castro de Louireiro. Como de costumbre, no pude resistirme a entrar en el castro.

De nuevo en la carretera, giré a la derecha para dirigirme hacia Loureiro, población que atravesé, tomando la carretera secundaria que sube hasta la carretera de Lalín y, posteriormene, una pista a mano derecha que sube hasta el parque eólico de Lamasgalán.. Un ascenso desde el castro de 4,5 kilómetros sostenido, duro a ratosy que me llevó a la cota máxima de la etapa, situada a 845 msnm.

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Una vez en el primero de los generadores, mi idea era tomar la pista de mantenimiento de los mismos para ir hasta las neveras de Fixó, y continuar desde allí hasta Vilariño, pero quise explorar una pista que surgía a mano derecha, y que en teoría llevaba al mismo sitio sin tener que subir hasta la cresta de la montaña, y que en realidad me acabó llevando casi al fondo del valle, hasta Millarada.

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Una vez abajo, y de nuevo en la carretera, seguí por la misma hasta después de Fixó, y desde allí, tomé la carretera que lleva hasta Garellas. Apenas a 200 metros de tomado el desvío, se llega al Castro de Garellas, cuya silueta inconfundible destaca a mano derecha de la carretera.

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Al igual que en el caso de Castro Louireiro, no pude resistirme a explorarlo un poco.

Tras volver a la carretera, continué en bajada hasta Garellas, donde hice una breve parada junto a la Ermita de San Antonio, para beber un poco del agua que mana de la fuente que hay cerca de la misma.

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Tras dejar atrás Garellas, tomé la carretera de Cachafeiro, con el objetivo de volver a Forecarey haciendo uso del trazado del Camino Miñoto de Santiago, que como decía más arriba, había sido limpiado y señalizado recientemente. No era la primera vez que recorría ese trazado. Ya en la etapa del 14 de febrero de 2021 lo había recorrido, si bien en sentido inverso, y había podido experimentar la pena de que lo que parecía ser un camino estupendo se encontrara completamente devorado por la maleza. Por fortuna, esta vez sería distinto. Tomé la carretera en sentido hacia Cachafeiro, y no tardé en encontrar las flechas que indican el Camino, si bien es cierto que se nota que están pensadas más para ser seguidas por peregrinos a pie que por alguien que vaya en bici. El tamaño y la ubicación de las mismas no es precisamente el mejor, la verdad.

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A apenas 1 kilómetro desde Garellas, se toma a mano izquierda una pista que se adentra en la espesura. Curiosamente, es uno de los tramos menos limpios de como ha quedado el Camino Miñoto.

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Pero una vez dentro, la cosa camina. A unos 100 metros se ha de girar a la derecha, y el camino cambia completamente. Lo que antes era una maraña de zarzas, era ahora un estupendo camino entre cercas de piedra, estupenda para andar por ella, y algo fastidiosa para rodar, porque tras la poda no se retiran los restos de la misma, que forman una alfombra mullida en el camino, que hace que la bici se enganche algo más de lo normal. En cualquier caso, era una delicia comparado con la vez anterior que pasé por allí.

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Desde este punto tuve un rodar excelente hasta la Freixeira, que no pude menos que dejar inmortalizado:

Ya en la Freixeira, paré un momento para tomar unas fotos de la zona.

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…antes de volver a Forcarey. Tras pasar Cachafeiro, opté por tomar una senda a mano derecha que lleva directamente hasta Casanova, y desde allí bajar por el tramo de carretera vieja hasta el Lérez. Como de costumbre, ya sólo quedaba realizar la subida por carretera a Forcarey para dar por finalizada la etapa.

Datos de la etapa

  • Distancia: 25’533km
  • Distancia (según el GPS): 25’53km
  • Altitud ascendida: 585m
  • Tiempo de etapa: 1:42:53
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:02:51
  • Pulsaciones medias: 141ppm
  • Pulsaciones máximas: 177ppm
  • Cadencia media: 61 rpm
  • Cadencia máxima: 192 rpm
  • Calorías consumidas: 1699kcal

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12 jun 21 Etapa ciclista: Subida a La Tierna y Vereda de la Casilla de Los Locos (06/06/2021)

El domingo 6 de junio volví a realizar -y ya ha pasado bastante tiempo desde la última vez- una etapa ciclista por la ciudad de Córdoba y sus cercanías. Una etapa especial porque, igualmente después de mucho tiempo, conseguimos salir un grupito considerable de gente, 6 personas: mi padre y dos de sus colegas de pedaleo (los dos llamados Rafael), Antonio y su hijo Gabriel, una fiera de 12 años que el día menos pensado nos dejará a todos tirados en la cuneta. Pero no adelantemos acontecimientos.

La tarde anterior había estado acondicionando la bici que iba a llevar: la doble Rockrider 6.4 que le regalamos mi hermana y yo a mi padre hace ya unos cuantos años. Para esta ocasión le reemplacé su vieja horquilla, que ya se encontraba en estado algo precario, por la Rock Shox Tora que tenía en la Giant que me compré hace unos meses, y a la que le puse una Recon a principios de año. La idea era también reemplazar el amortiguador trasero con el de la Giant, pero era algo más corto que el que monta (procedente a su vez de a Ghost que me robaron), así que opté por dejar este último. El resultado, sumamente bueno.

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Como a priori el día prometía ser caluroso, habíamos quedado temprano, a las 8:15h en la antigua prisión de Fátima para empezar a dar pedales. Sin embargo, toda la tarde del sábado y la madrugada del domingo no había parado de llover en Córdoba, y el día se encontraba mucho más fresco de lo previsto. Aun así, mantuvimos el plan previsto, pese a que ya por la mañana se intuía que podíamos tener un tiempo algo diferente del previsto. Todo el mundo fue puntual, así que empezamos la etapa sin contratiempos, saliendo de Córdoba por la vereda de La Alcaidía, pasando junto a la antigua Cerca de Lagartijo y La Campiñuela Baja. Y no tardamos mucho rato antes de vernos metidos en la niebla. En efecto, el día era distinto a lo previsto. No tardamos en llegar al Canal, y allí aplicamos una variación sobre el plan previsto, que consistía en subir a La Alcaidía, desde allí tomar Las Pedrocheñas, y volver por La Tierna primero, y por la Casilla de Los Locos, después. El caso es que el tramo de La Alcaidía entre el Canal y su cruce con la Vereda de Alcolea está siendo adecentado, y los colegas de mi padre temían que con las lluvias precedentes estuviera completamente embarrado. Así que optamos por tomar el canal, y seguirlo hasta la urbanización El Sol.

Se notaba que la noche había sido lluviosa: el terreno estaba compactado, la niebla seguía marcando su ley, los cañaverales se encontraban caídos por el peso del agua, el canal lleno de barro arrastrado desde los campos, y había árboles partidos y ramas por doquier. Pero se rodaba bien, fresco y sin polvo. Una vez llegamos a El Sol, empezó la parte divertida. Subimos por carretera para entrar en la urbanización de Los Encinares, donde nos esperaban unas rampas del 15%. Una estupenda manera de entrar en calor. Y desde allí, la entrada a La Tierna, con una subida por piedra suelta que no dejaba lugar a dudas: iba a ser duro. Al menos habíamos salido de la niebla, y veíamos el sol.

En mi caso, era la primera vez que subía la Tierna. De hecho, no conocía ni el nombre, tan sólo había bajado una vez por ahí, proviniendo de Las Pedrocheñas. Y recordaba la bajada como rapidísima. Lo que quería decir que la subida tenía su miga. Y vaya si la tenía. Una subida más dura al principio, sostenida, por buena pista, pero con algo de piedra suelta. Y más con la que había caído la noche anterior. Pero una vez superada la primera pared, el resto se trataba de ir subiendo a ritmo. Y subimos, vaya que si subimos. Y a un ritmo bastante parejo el de todos, pese a la diferencia de perfiles. Me levanto no sólo el sombrero, sino el cráneo.

La pena fue que más arriba la vereda se encuentra bloqueada por una cerca. La gente ha hecho camino junto a la misma para poder enlazar con Las Pedrocheñas, pero en nuestro caso, al desconocer cómo estaría la bajada de La Alcaidía, optamos por volvernos. Hicimos una bajada rapidísima (al menaos Antonio, su hijo y yo) hasta el comienzo de La Tierna. Mi padre y los Rafaeles optaron por tomárselo con más calma, pero en mi caso no iba de desperdiciar un rato de diversión como ese. Y más estando la tierra compacta.

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Una vez reagrupados, tomamos la carretera y bajamos a Alcolea, donde tomamos unos cafés y tostadas. Y decidimos el plan para volver, y en mi caso había algo que tenía bien claro: no iba a dejar pasar la oportunidad de tomar tantas veredas como pudiera. Pero mi padre y los Rafaeles no tenían ganas de ir por Los Locos, así que dividimos el grupo en dos. Ellos volverían por el Canal, y Antonio y Gabriel se apuntaron a la diversión. Contoninuamos juntos hasta llegar al puente romano sobre el arroyo Guadalbarbo. En nuestro caso, cruzamos el puente (tercera vez en el día) y subimos de nuevo a Los Encinares, para allí enlazar con la Vereda de la Casilla de Los Locos. Para ello, cómo no, vadeando el Guadalbarbo. Se encontraba bajito, así que no supuso mayor problema, pero sí proporcionó bastante diversión. Subimos por las pizarras hasta llegar a la incorporación desde el Psiquiátrico, y pasamos por el Cortijo de Román Pérez Bajo. No tardamos en llegar al cruce de Veredas (Alcaidía, Casilla y Linares), y tomamos la de la Alcaidía en dirección a Córdoba. Finalmente ese tramo no se encontraba tan mal. Apenas tenía algunos charcos grandes de barro, en los que había que tener algo de cuidado, pero no era nada comprometido. Pasada esta parte, cruzamos el puente romano del Arroyo de Rabanales, y el canal, para seguir hacia Córdoba, sin grandes percances.

Me separé de Antonio y Gabriel en Fátima, y volví a casa, donde esperaba que mi padre hubiera llegado ya. Sin embargo, llegó algo más tarde, ya que uno de los Rafaeles había tenido un pinchazo lento, que les obligó a detenerse un par de veces para inflar la rueda. En mi caso, había llegado a casa algo justito en lo que se refiere a calzado. De hecho, mis zapatillas lo dieron todo en esta etapa. Y no es una metáfora:

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Una etapa estupenda, con mejor compañía, que espero repetir en breve.

Datos de la etapa

  • Distancia: 44’939km
  • Distancia (según el GPS): 44’92km
  • Altitud ascendida: 592m
  • Tiempo de etapa: 2:42:54
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:51:31
  • Pulsaciones medias: 138ppm
  • Pulsaciones máximas: 198ppm
  • Cadencia media: S/D
  • Cadencia máxima: S/D
  • Calorías consumidas: 2756kcal

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04 jun 21 Etapa ciclista: sendero PR-G-100 desde el Monasterio de Aciveiro (30/05/2021)

El domingo 30 de mayo realicé la segunda etapa de una sesión doble de bici que me marqué ese fin de semana. O al menos, eso era lo que pretendía con esta etapa, que acabó siendo en una parte considerable del recorrido una nueva demostración de cómo arrastrar la bici entre la maleza de los montes de Galicia. En este caso, en plena sierra de Candán.

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Salí del Monasterio de Aciveiro al poco de pasar las 9 de la mañana, con abundante niebla y un frío más propio de otros meses del año que del penúltimo día de mayo, Seguí las indicaciones del PR-G-100, que es el sendero circular de la Sierra de Candán, pero realizando el recorrido en sentido contrario al previsto. Esto traería posteriormente algunos dolores de cabeza, pues en algunos tramos del recorrido la señalización está pensada para ser leída sólo en un sentido, lo que hace que te puedas llegar -como fue mi caso- a despistar.

Tras dejar atrás el monasterio se ha de seguir la carretera, con marcas blancas y amarillas a mano izquierda, hasta pasar por debajo del nuevo puente de la carrerera de Lalín. No se tarda en salir a un pequeño prado, en el que encontramos a nuestra derecha el río Lérez, apenas un regato a estas alturas.

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La primera indicación de que éste no es un camino pensado para bici es que no tardamos en tener que descender por unas escaleras de piedra, y tomar una senda llena de vegetación, que conducía a algunos molinos harineros del monasterio, y que a día de hoy están abandonados y perdidos en la vegetación. Pese a todo, la senda es clara y se puede seguir sin dificultad, pese a los riesgos de acabar con tus huesos en el Lérez.

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El primer punto de dificultad está precisamente en algo que parece obvio: un vado del Lérez. El instinto nos lleva a cruzarlo, lo que constituye un error: el camino acaba llevando a un prado donde desaparece, y llegamos a un meandro del río lleno de maleza que nos impide continuar. Me tocó dar la vuelta buscando las marcas blancas y amarillas, que volví a encontrar en el punto menos obvio: justo antes del vado, llevándonos por un estrecho sendero por la margen izquierda.

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Pasado este punto, el río empieza a tener desnivel y ganar en velocidad, lo que proporciona unos interesantes rápidos, por un lado, y un lugar estupendo para emplazar un molino.

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Pasado el molino, las aguas vuelven a calmarse un poco, y nos encontramos con un nuevo vado, y un antiquísimo puente medieval.

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Hay una pista al otro lado del vado, que volveremos a encontrar más adelante. Pero de nuevo, en contra de lo obvio, tenemos que girar abruptamente a mano izquierda, y tomar esa misma pista, pero alejándonos del río, para entrar en la población de Andón.

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Desde Andón se vuelve a bajar al río, para dar con su famoso Puente, y un área recreativa.

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En este punto se bifurcan las señales de PR, separándose el PR-G-113 (Puentes del Lérez) y el PR-G-100 (Sierra de Candán), siguiendo en mi caso por este último. Se ha de cruzar el puente y seguir de frente por una pista empedrada. Y aquí pasó algo curioso: el camino se encontraba cortado por un cordel de color naranja, tendido de punta a punta del camino. Tengo visto estas cosas en Galicia para delimitar la entrada a fincas particulares, pero el camino se trataba claramente de dominio público, por lo que salté el cordel y seguí mi camino. Esto mismo volvió a acontecer un poco más arriba, lo que hizo que tuviera que zigazaguear un poco, hasta llevar a la pista que, en continuo ascenso, me tenía que llevar hacia Taboadelo, y que en uno de sus ramales comunicaba con el viejo puente medieval comentado más arriba.

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Llegado a este punto el paisaje sufrió un acusado cambio: se acabó el bosque de ribera, y me topé con paisaje de montaña y arbustos. No es que fuera un mal cambio. Al menos podía rodar cómodamente, y el día se había despejado, pero no dejaba de llamar la atención cómo podía variar tanto la vegetación en tan poco espacio. Aquí volví a tener problemas con la señalización, lo que hizo que me equivocara un par de veces antes de dar con la senda buena, que por encontrarse poco transitada, estaba bastante más cerrada de arbustos que otros caminos que se internaban en fincas privadas.

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Aun así, pude seguir el camino sin mayores inconvenientes, salvo un par de despistes por zonas cerradas de vegetación y carreteras secundarias, pero en los que no tardaba mucho tiempo en recobrar el camino correcto. Y así, acabé llegando a Lamasgalán de Abajo. Y allí empezó la locura.

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El PR-G-100 discurre -en teoría- por un camino entre Lamasgalán de Abajo y de Arriba, pero el camino era más bien una vía fluvial, barrizal en la mayor parte de sus puntos. Barrizal que se abría a caminos privados por fincas que al poco había que abandonar. Finalmente pude localizar el camino correcto, para verme de nuevo metido en la tríada galaica (recordemos, zarzas, tojos y ortigas), a unos 300 metros de Lamasgalán. Como ya me conocía la película, y todo tenía visos de empeorar, opté por volver sobre mis pasos, y en Lamásgalán de Abajo tomar una carretera que al principio me había parecido enormemente tentadora. Tan tentadora, que en vez de ir a Lamásgalán de arriba, opté por salir a la carretera de Lalín, para coronar el Alto de Candán por carretera.

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…y desde allí, esquivando Lamasgalán, subir a la cota máxima de la etapa, el puesto de observación de Penadoiro, a 902 msnm. Con unas vistas estupendas, todo hay que decirlo, del valle del Deza, del Lérez, y de las Sierras de Cando y Candán.

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Tras un breve descanso, bajé del puesto de observación, y crucé la carretera para seguir por el PR-G-100, entrando en el parque eólico. Desde allí tenía previsto seguir las marcas del PR-G, pero pronto pude ver que abandonaban entre abundante maleza la pista del parque. En mi caso, ya había tenido bastante sufrimiento en lo que llevábamos de día, por lo que volví sobre mis pasos, con idea de descender al monasterio por carretera. Pero me topé con una pista a mano izquierda que permitía bajar a La Rochela, esquivando la subida al monte, y la verdad es que me entraron ganas de realizar el último tramo del PR-G, de nuevo junto al Lérez, hasta el monasterio. Grave error.

Como decía, tomé la pista hasta salir a una carreterita, que recorrí en descenso hasta dar de nuevo con las marcas del PR-G a la entrada de La Rochela. Allí giré a la derecha, para descender hacia el cauce del Lérez, en lo que parecía al inicio un estupendo camino. Y lo era, pero fue llegar al río y dejar de serlo. De nuevo una senda estrecha, llena de maleza, desniveles, y absolutamente imposible para la bici. Eso sí, con sus marcas blancas y amarillas, y su paisano sentado en una piedra haciendo sudokus. Ver para creer.

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Con todo, no fue eso lo peor. Donde el paisano me despisté de las marcas, y me encontré pronto con avisos del GPS de que me había desviado de mi ruta, que se alejaba del río y subía por la ladera del monte. Atravesé maleza para dar con el camino, que era claro entre cercas de piedra. Pero que se encontraba comido de tojos. Siempre tojos. Pero -al menos esta vez- sólo tojos. La subida fue penosa, y me dejó de nuevo con las espinillas en carne viva.

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Al menos, una vez coronado el cerro, el camino se volvía más claro, y permitía rodar, en vez de tener que tirar de la bici. Pude hacer un descenso entre tojos hasta llegar a un camino un poco más abierto, que no tardó en llevarme a la pista que une O Forno con La Rochela.

Contra todos mis instintos, crucé el camino, para seguir por pista en dirección a Vilaverde, mi última escala antes de volver al monasterio. Y por una vez, no me equivoqué. Era una pista bastante decente, que permitía cruzar un pequeño arroyo sin dificultades, antes de entrar en Vilaverde. Y desde allí, volver por carretera al Monasterio fue coser y cantar. Lo que no venía mal, después de tantos quebraderos de cabeza a lo largo de toda la etapa.

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Datos de la etapa

  • Distancia: 21’280km
  • Distancia (según el GPS): 21’28km
  • Altitud ascendida: 772m
  • Tiempo de etapa: 2:51:49
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:15:91
  • Pulsaciones medias: 139ppm
  • Pulsaciones máximas: 174ppm
  • Cadencia media: 61rpm
  • Cadencia máxima: 213rpm
  • Calorías consumidas: 1017kcal

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04 jun 21 Etapa ciclista: Forcarey – Acivedo – Neveras de Fixó (28/05/2021)

El viernes 28 de mayo realicé una etapa con mi cuñado Juan por las cercanías de Forcarey. Salimos pasadas las 17:15h, bajando desde Forcarey a Ponte por el camino viejo. Desde allí fuimos a Casanova, para tomar el camino que sale a la carretera de Cachafeiro. A continuación atravesamos Cachafeiro, haciendo una pequeña parada en el área recreativa de A Freixeira.

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Dejamos atrás el área recreativa para dirigirnos por una corredoira hasta Acivedo. Esta corredoira forma parte del camino de la Geira Romana y de los Arrieros, y pese a este detalle, no se encuentra en muy buen estado. Cuando pasamos nosotros se encontraba muy cerrada de vegetación, y con abundante agua corriendo por todo el recorrido de la misma, que en determinados lugares provocaba la existencia de barrizales. Poco antes de entrar en Acivedo nos encontramos con una señora, que nos comentó que ambos problemas eran uno mismo: la falta de gente que mantuviera limpios los caminos y los cauces de agua laterales al camino, que se acababan colmatando y haciendo que el agua corriera sobre éste. Una pena, pero completamente real.

Dejamos atrás Acivedo por carretera, y alcanzamos Vilar. Allí cruzamos la carretera de Soutelo, y empezamos un ascenso hacia Fixó. La idea era tomar poco después un camino para salir de la carretera, pero pudimos comprobar que también se encontraba lleno de maleza, por lo que optamos por seguir por carretera. Una vez ya en Fixó, tan sólo tuvimos que seguir las indicaciones para subir a las Neveras, por una exigente pista que ya había transitado hace unos meses. Una vez llegamos al parque eólico, no tardamos en dirigirnos a las Neveras, donde estuvimos un rato echando fotografías.

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Volvimos sobre nuestros pasos, para tomar la pista que asciende a lo alto del parque eólico, con idea de descender luego hacia Loureiro y pasar por su impresionante castro.

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…sin embargo, al salir a la carretera de Lalín, nos dimos cuenta de que se nos había echado el tiempo encima, por lo que optamos por recortar. Volvimos a Cachafeiro bajando por la carretera. Una bajada divertida y a gran velocidad. Poco antes de entrar en Cachafeiro, nos desviamos a la derecha, para enlazar con Casanova, y desde allí bajar hasta el Lérez, para emprender la última subida, de vuelta a Forcarey.

Datos de la etapa

  • Distancia: 26’353km
  • Distancia (según el GPS): 26’35km
  • Altitud ascendida: 614m
  • Tiempo de etapa: 2:01:06
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:48:58
  • Pulsaciones medias: 142ppm
  • Pulsaciones máximas: 199ppm
  • Cadencia media: 59rpm
  • Cadencia máxima: 103rpm
  • Calorías consumidas: 2376kcal

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25 may 21 Etapa ciclista: Ruta 1 Centro BTT de Carballedo (23/05/2021)

El domino 23 de mayo realice una etapa ciclista en la zona de Cotobade. En concreto, recorrí parcialmente el recorrido 1 del Centro de BTT de Carballedo, cercano a Forcarey. Empecé la etapa recién pasadas las 9:00h, saliendo junto al edificio antiguo del Ayuntamiento de Cotobade. El recorrido empieza en subida, dirigiéndose por el pequeño casco urbano desde el ayuntamiento a la capilla de San Roque. Allí el camino gira a mano derecha, y continúa por carretera local.

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Apenas 1 km después se llega a la PO-232, que hay que cruzar, y emprender un breve tramo de subida por carretera. En mi caso, tuve que hacer una pequeña parada para ajustar las mordazas de freno, merced al cambio de pastillas que tuve que realizar tras la etapa de la semana pasada. Reanudada la marcha, tras algo menos de 500 metros se abre a la izquierda de la carretera un camino empedrado, que hemos de tomar, en continuo ascenso por la montaña. Se trata éste de un viejo camino romano, que nos acompañará prácticamente en todo nuestro ascenso hasta Monte Coirego. La subida es sinuosa y va ascendiendo poco a poco por una montaña que se encuentra abundantemente explotada en el aspecto maderero, lo que tiene la ventaja de que los caminos se encuentran bastante limpios.

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Tras un rato de ascenso, se llega a un pequeño robledal donde el camino se bifurca en dos. A la derecha está señalizado como “Carballeira de D. Elías”, y en sus cercanías se puede encontrar el Molino de la Iglesia. Se trata ésta de una calzada romana que asciende hasta las cercanías del observatorio astronómico. Siguiendo de frente se continúa por otro ramal, también acreditado como romano, que se acaba volviendo a encontrar con el primero.

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El ascenso es bastante técnico, a tramos con una cierta pendiente, pero permite disfrutar en todo momento de este gran deporte, además de unas estupendas vistas del entorno.

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Tras 1’3 kilómetros de ascenso desde el robledal anterior, se llega a una pequeña turbera, la Braña de las Pozas Secas. Allí realicé un pequeño descanso, donde pude observar varias cosas curiosas: un ciervo que huía en la distancia, el calvero creado por la turbera, y lo que parecían ser emanaciones de gases provenientes de la descomposición de la materia orgánica que genera la turba.

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En este punto el camino desaparecía brevemente, pero tras pasar una pequeña corriente de agua, y al fondo de la turbera, junto a un abrevadero, el camino vuelve a aparecer, siempre en ascenso, en una zona en la que se había realizado una tala recientemente. Al poco se llega a una pista forestal, que se ha de tomar a mano derecha, para ascender de una manera bastante cómoda hasta el observatorio astronómico de Cotobade.

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Tras dejar atrás el observatorio, se continúa por la misma pista, que describe un giro a la izquierda para alcanzar una pequeña laguna, junto a la que encontré una manada de caballos salvajes, que no pude menos que pararme a grabar.

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Tras esta breve parada, reemprendí la marcha con el objetivo de alcanzar la cota máxima de la etapa: el alto de Monte Coirego. Pasada la laguna, se cruza una pista asfaltada, y se sigue de frente por una pista que serpentea el monte, buscando su cima. Al principio empieza suave, pero poco a poco va ganando en dureza, llegando en esta primera parte a alcanzar pendientes del 12%. A los 800 metros, a mano derecha se abre un atajo que permite subir de manera más rápida al monte. Rápida y brutal, con tramos al 17% de desnivel, pero con un firme fiable, aunque algo pedregoso. Tras estos 300 metros de recorte, se vuelve a salir a la misma pista de antes, que permite culminar la subida al alto 300 metros después, a 771 msnm.

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Las vistas son estupendas, y en un dia tan despejado como el que tuve, se podía observar fácilmente la ría de Pontevedra, aunque el resto de puntos cardinales dejaban vistas que no desmerecían en nada la anterior, y entre las que destacaban la vista de la laguna y el observatorio, esta vez desde arriba.

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Tras un pequeño descanso, emprendí la bajada por el monte, que no pude menos que grabar.

De vuelta a la carretera, tomé ésta en suave descenso hasta O Cádavo, donde destaca la Capilla del Santo Ángel de la Guarda.

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Desde allí, se toma una pista que en descenso suave, con algunas subidas y bajadas, se dirige a la población de Vila de Arriba, por una pista forestal en zona explotada por madereras.

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Hasta ese momento el recorrido estaba siendo estupendo, pero al llegar a las cercanías de Vila de Arriba se consumó el desastre. La pista que había ido trayendo hasta ese momento, muy clara, llegó a un cierre con alambre de espinos que impedía el paso. Tras consultar el rutero GPX, observé que me había desviado parcialmente del recorrido. Desandé mis pasos para encontrar una nueva senda, que tampoco correspondía exactamente con el recorrido GPX. Volví adelante y atrás, hasta encontrar un camino casi completamente perdido por la maleza.

Camino que volvía a desviarse del recorrido, y que moría en una nueva alambrada. Había otra pista clara, pero se alejaba bastante de Vila de Arriba, y que ni siquiera aparecía en los mapas, lo que podía significar grandes dolores de cabeza. Así que me decidí a cruzar la cerca, e intentar recuperar el camino, que supuestamente cruzaba la torrentera que tenía frente a mí. Mala decisión. No había camino, y pronto me encontré andando entre la maleza, saltando cercas y con la bici al hombro, para llegar a una plantación de la tríada galaica: tojos, zarzas y ortigas. Desesperado, salté otra nueva cerca para emprender el descenso por la torrentera, con agua hasta las rodillas. Avancé unos 50 metros de esta guisa, hasta un punto en el que el torrente estaba bloqueado por un arbol caído. Ahí salí de nuevo a la maleza, menos densa que antes, y pude avanzar entre unos eucaliptos, hasta llegar de nuevo al camino que indicaba el GPX. Cómo no, comido de maleza, aunque no tan cerrada como en espantos anteriores.

Pude avanzar sin demasiadas penurias los 300 metros que me separaban de Vila de Arriba. Tan sólo para descubrir que había pinchado. La verdad, me sorprendía no haberlo hecho antes. Me tocó cambiar de cámara, y por alguna razón que no alcanzo a comprender, la cubierta que había podido sacar sin problemas se resistió enormemente a ser colocada de nuevo. En fin. Solucionado el pinchazo, emprendí el ascenso por carretera hacia Trabazo. Al llegar a la cima me percaté de que iba de nuevo pinchado, aunque con una fuga lenta. Eso supuso la puntilla a la etapa. En vez de girar a mano derecha por una pista forestal que tendría que llevarme hacia Cuspedriños primero, y luego en descenso hasta Paraños antes de volver a Carballedo, opté por seguir por carretera a Trabazo, y luego seguir recto -también por carretera- y dar por finalizada la etapa con un recorte de 5 kilómetros sobre el recorrido previsto. Etapa, que pese a las penurias del final, no puedo menos que calificar de estupenda.

Datos de la etapa

  • Distancia: 22’106km
  • Distancia (según el GPS): 22’01km
  • Altitud ascendida: 580m
  • Tiempo de etapa: 2:00:41
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:12:59
  • Pulsaciones medias: 145ppm
  • Pulsaciones máximas: 187ppm
  • Cadencia media: 59rpm
  • Cadencia máxima: 153rpm
  • Calorías consumidas: 2805kcal

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