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16 dic 08 Camino de la Costa: Etapa 3. Luarca – Ribadeo

Esta entrada es la parte 4 de 7 de la serie Camino de Santiago 2008

Comenzamos la tercera etapa de la misma manera en que lo habíamos hecho los días anteriores: subiendo. El Camino salía de Luarca de vuelta a la N-634 yendo en dirección a Ribadecima que, como su nombre parece indicar, estaba “arriba de una cima” (y si no lo indica, lo propongo como etimología alternativa, pues le viene que ni pintado).

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El día comenzaba genial en lo meteorológico: completamente despejado, y agradable de temperatura. Lo único que resultaba fastidioso era un fuerte nordeste que nos acompañaría durante todo el día. Al poco de salir de Luarca nos tropezamos con la iglesia en ruinas de Santiago de Ribadecima. La iglesia fue abandonada en 1922 debido a que su cementerio estaba lleno de víctimas de la gripe de 1918, y el párroco temía que resultara contagioso para los vecinos. Impresionaba ver el grado de destrucción sufrido por la iglesia en apenas 90 años.

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La etapa transcurrió sin incidentes hasta Navia, donde hicimos la primera pausa de la mañana, en el parque dedicado a Ramón de Campoamor, nacido en esta localidad. En esta población intentamos comprar el billete de vuelta de mi padre a Sevilla desde Santiago, pero la oficina de la empresa Alsa se encontraba cerrada. Allí también pudimos ver a un gran grupo de ciclistas que parecían tambien estar realizando el Camino, a juzgar por las alforjas.

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La salida de Navia se hace en ascenso. El Camino se desvía poco después de cruzar el río que parte en dos a la localidad, dejando la Nacional a su derecha. Nosotros, sin embargo, optamos por seguir por la carretera. No fue una mala decisión, ya que no mucho tiempo después vimos cómo el grupo de ciclistas que ya nos habían pasado en Navia se volvían a incorporar de nuevo a la N-634 procedentes de caminos secundarios que atravesaban diversas aldeas. Seguimos nuestra marcha sin muchas novedades hasta El Franco, donde paramos en un bar de carretera a tomar café y tostadas. Allí tuvimos que tomar una decisión con respecto al camino a seguir: teníamos tres alternativas. La primera era seguir por la N-634 (que presentaba la problemática de transformarse no mucho tiempo después en autovía, y desconocíamos si presentaba vía de servicio), tomar carreteras por los pueblos que bordean la costa, o retomar el trazado recomendado del camino, por pueblos del interior. Optamos por esta tercera opción, no sin antes desviarnos para contemplar la playa de Porcía, otra belleza natural en la que Asturias parece ser tan pródiga.

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Una vez retomado el Camino, volvimos a rodar, por primera vez en dos días, por caminos de tierra. Fue una novedad interesante, con respecto al hasta entonces imperante asfalto de nuestro recorrido. Pasamos junto a casas de campo, donde perros del tamaño de osos nos acosaban, y rodamos entre campos sembrados, olvidándonos por un rato del tráfico y de su molesto ruido. Sin embargo, este plácido recorrido iba a causarme el primer problema mecánico de la jornada. A la altura de Tol, a unos 15 kilómetros de Ribadeo, noté que un radio de la rueda trasera se me había partido. Para más inri, correspondía al lado de la corona de piñones por lo que, pese a tener radios de repuesto, me imposibilitaba cambiarlo, ya que no disponía de llave para desmontar la corona. Tras pesquisas infructuosas en la constelación de aldeas por la que íbamos pasando, tuvimos que hacernos a la idea de no poder reparar la rueda hasta llegar a Ribadeo. Un señor nos aconsejó, si nos venía mejor, acercarnos a Castropol, ya que allí estaba seguro de que podrían repararnos la rueda. Pero como no nos venía de camino, optamos por ir a lo que creíamos seguro. Tendría que haberle hecho caso. Pero como en todo, estas cosas sólo se saben a toro pasado.

Otra de las curiosidades que nos ofreció esta excursión por las aldeas alejadas de la carretera principal fue la sorprendente fauna asturiana. No era, ni mucho menos, lo que me había imaginado:

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Pero claro, si luego te enteras de que el Circo Francés está acampado en el campo de fútbol de la zona, empiezas a comprenderlo.

Tras un rato de marcha algo molesta por el problema del radio, que hacía que la llanta me tocara un poco en los frenos, llegamos hasta Figueras, el último pueblo asturiano antes de llegar a Galicia. Allí nos encontramos un cartel que informaba a los peregrinos que el puente sobre la ría estaba en obras de conversión a autovía, lo que imposibilitaba a los peregrinos a pie cruzarlo, obligándolos a dar un rodeo por Vegadeo, al fondo de la ría, de unos 25 kilómetros. A nosotros no nos afectaba, pero las obras sí que nos impidieron tomar fotografías desde el impresionante puente a la ría, ya que los andaderos peatonales se hallaban desmantelados por la obra, no pudiendo, por tanto, detenernos. Nos despedimos de Asturias con un fuerte Noroeste, una vista preciosa de la ría, y ruido de obras a tutiplén.

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Una vez entrados en Galicia, y en Ribadeo, nos dirigimos a la oficina de Turismo para obtener algo de información del pueblo, y preguntar por tiendas de bicicletas para reparar el radio. Nos pasaron dos direcciones. Una de las tiendas ya no existía, y la otra, tras conseguir dar con el dueño, me informó de que no realizaba reparaciones, pero que si yo me atrevía me dejaba las herramientas. Un buen señor, ex-ciclista retirado por problemas cardíacos, ya nos había avisado de que tendríamos que ir a Castropol, al otro lado de la ría, para que me arreglaran la bicicleta. Un polícía local que lo hace por afición y amor al Camino, dijo. Vista la situación, optamos por dirigirnos al albergue de peregrinos, descargar allí las cosas, y encaminarme yo de nuevo a Asturias (que se dice pronto) para realizar la reparación.

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El albergue de peregrinos de Ribadeo es de nueva construcción, y se encuentra bastante cerca del puente de la ría. Cuando llegamos al albergue sólo nos encontramos a un turista extranjero, y a un matrimonio formado por un catalán y una sevillana que estaban realizando el Camino. Trabamos conversación y el catalán, muy amablemente, nos informó, guía del Camino de Santiago en mano, de que no podíamos quedarnos en el albergue porque los peregrinos a pie tenían preferencia, y que tendríamos que buscarnos otro alojamiento. Mi padre y yo nos miramos en silencio. Era una información que ya conocíamos, pero no es que fuera ésta la persona más adecuada para decirnos esto. Especialmente cuando unos minutos antes se había mostrado muy ufano por cruzar a pie el puente de la ría, cuando expresamente estaba vedado el paso a personas a pie por las obras. Pero se ve que era de las personas que creen que las normas están para cumplirlas, salvo cuando se le tienen que aplicar a uno. Decidimos esperar a que los responsables de Protección Civil dijeran algo al respecto. Yo mientras tanto iría a Castropol para que me repararan la bici. Era ya la una y media pasada.

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La vuelta a Asturias la hice volando como el viento. Esta vez el viento me soplaba casi a favor, e iba sin lastre. Pero lo de Castropol era un tiro a ciegas. Sólo sabía que tenía que llegar al pueblo, y averiguar dónde estaba la tienda del policía local. Por el camino, un radio contiguo al anterior dijo “basta”. El oscilar de la rueda empezaba a ser intolerable, y pronto se hizo imposible rodar sobre ella.

Llegué a Castropol, que se encuentra a unos 8 km. de Ribadeo, al filo de las dos de la tarde. Tras buscar infructuosamente, la farmacéutica del pueblo me puso en contacto con el policía en cuestión. Éste me citó a las tres de la tarde, cuando salía de servicio, en la nave donde realizaba las reparaciones, en un edificio casi en ruinas a la salida del pueblo, camino de Vegadeo.

Estuve esperando un rato hasta que llegaron las tres, en el que hablé con mi padre, y me comentó que los de Protección Civil no le habían puesto ninguna pega para que nos quedáramos en el albergue. Pero como yo me había llevado inadvertidamente las credenciales de peregrino conmigo, no pudieron registrarnos en el albergue. Que tendríamos que esperar hasta las ocho de la tarde.

Poco después e la tres, llegó el policía de Castropol, y me realizó la reparación. Sólo quiso cobrarme el importe de los radios, y se negó a que le pagara por la mano de obra. Desde aquí le agradezco todo lo que hizo por mí. Quiero manifestar que es un orgullo para todos los que amamos el ciclismo, y el Camino.

Una vez realizada la reparación, volví, una vez más, a Ribadeo. Eran las tres y media pasadas. No había comido nada desde media mañana, tenía de nuevo el viento de frente, y empezó a darme un bajón. Pero ya me daba todo igual. Tan sólo quedaba disfrutar del paisaje y volver a entrar en Galicia.

De nuevo en el albergue, decidimos recoger bártulos e ir a comer. Acabamos comiendo -necesitaba comida basura- en una pizzería donde, aparte de comer, nos informaron de la existencia de un cibercafé donde alquilaban habitaciones. Nos dirigimos hacia allá, y nos encontramos con el palacio de Versalles.

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Consistía en una habitación triple, que no era ni más ni menos que un pequeño apartamento (sin cocina), con tres camas, un enorme sofá y una magnífica televisión. Por 50€ la noche, lo tuvimos bastante claro.

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La tarde, como el resto de los días, la dedicamos al turismo. Ribadeo es una preciosa villa en la que se nota la mano de los indianos: emigrantes que se fueron a hacer las américas, y volvieron ricos a su pueblo, donde se preocuparon de construirse palacetes en los que lucir el dinero ganado a base de sangre y sudor al otro lado del charco.

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Además, tiene un casco histórico con el sabor de los pueblos del norte, en los que la Historia te sale al paso en cada paso. Y para colmo una ría, la del Eo, que le da un magnífico entorno natural. La única pena es que sólo disponíamos de una tarde para realizar la visita. Y todo ello sin hablar de la maravillosa Playa de las Catedrales, que no pudimos visitar debido a que sólo puede hacerse con la marea baja, habiendo sido ésta a las dos de la tarde, y encontrarse la Playa a unos 4 km. del pueblo.

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Pese a todo, disfrutamos enormemente la visita, y anduvimos arriba y abajo por el pueblo, contemplando la ría, viendo los palacetes, tomando un rato el sol en la plaza principal, junto -obviamente- a la iglesia y el ayuntamiento.

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A la caída de la tarde, hicimos la compra para la cena, y de nuevo, preparamos la etapa del día siguiente. Supuestamente hasta Abadín, pequeño pueblo lucense a mitad de camino entre Villalba.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según cuentakilómetros): 85’000 km. (contando el viaje a Castropol)
  • Tiempo empleado: 4:59:16

Incidencias: rotura de dos radios en la rueda trasera de mi bicicleta

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Camino de la Costa: Etapa 3. Luarca - Ribadeo, 10.0 out of 10 based on 1 rating
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Comentarios de los lectores

  1. |

    ¿Donde puedo encontrar un mapa de esta ruta?

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  2. |

    Hola toni. Para realizar este camino me basé en la guía que venden en Jacobeo.net. En esta página, asimismo, tienes bastante información sobre mapas de ruta, etapas, perfiles y geolocalizaciones con Google Maps.

    Un saludo.

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