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30 mar 21 Etapa ciclista: Isla de La Cartuja – Tablada – La Esclusa (28/03/2021)

El domingo 28 de marzo, de nuevo en Sevilla, realicé una etapa ciclista con Miguel y Manolo, consistente de bordear el río Guadalquivir a su paso por Sevilla. La idea era hacer kilómetros para ir cogiendo fondo, y a fe que se cumplió. Quedamos temprano, a las 8:30h, en la Isla de la Cartuja. En realidad, fue más temprano de lo previsto, debido a un error al interpretar el cambio horario de esa misma noche. A las dos pasaban a ser las tres, y no al revés. Cosas de organizar la etapa cansado, en mitad de un viaje. El resultado del mismo es que cuando salí de Santiponce aún era de noche, y tuve que acoplar una linterna al manillar de la bici para poder ver algo. Y es que en mi caso, decidí empezar a dar pedales desde casa, a fin del complementar un poco el trayecto.

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Como se puede ver, escogí para la etapa la Super BH L6000 Gravel, que entre unas cosas y otras no había utilizado desde el verano anterior. No es necesario decir que representaba un enorme cambio con respecto a la bici que vengo cogiendo últimamente, la Giant de 26” con doble suspensión. Esto viene a ser todo lo contrario: ligera, sin suspensión alguna, manillar de cabra, doble plato con el mayor de 46 dientes, y ruedas bien finas (unas 700×32). Eso sí, una verdadera flecha, tanto por asfalto como por pista. Salí de casa a las 8:15h, y no tardé demasiado en llegar a La Cartuja, donde ya me esperaban Manolo y Miguel. Y es que tardé algo más de lo previsto debido a que las puertas interiores del recinto de La Cartuja estaban cerradas, y tuve que dirigirme hasta la puerta que usan los autobuses. Solventado el problema, rodamos hasta Torre Triana para allí coger el camino de la margen izquierda del Guadalquivir. Ya no abandonaríamos este camino hasta llegar al estribo izquierdo del Puente de Hierro de San Juan. Pasado este, entramos en los terrenos de la Base de Tablada por un sendero, que nos encaminó hasta un nuevo camino, que a mano derecha de nuestro avance, nos llevó hasta la cabecera norte de la pista de aterrizaje. Recorrimos los 1800 metros de pista, hasta salir por la cabecera sur, en un sendero que parte hacia el este, y que bordea el antiguo cauce del Guadaira, y la estación depuradora de aguas.

Salimos del sendero, y llegamos la carretera de la depuradora, jugándome un poco el tipo con la gravel en una zanja en la que sinceramente pensaba que me iba a abrir la crisma. Ya en la carretera, tomamos en sentido sur la carretera de La Esclusa, hasta llegar a las mismas.

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Una vez allí, decidimos variar el programa, y en vez de retornar por el mismo camino, bordeamos la cabecera del canal Sevilla-Bonanza, y volvimos a Sevilla por la Avenida de la Raza. Subimos hasta el puente de las Delicias, y allí cruzamos la Dársena, para entrar de nuevo en Tablada. Pasamos junto a la antigua CASA (hoy Airbus) hasta llegar al paso de la SE-30 que permite ganar el Puente de Hierro de San Juan. Cruzamos el río, y ya en la margen derecha, subimos junto al río hasta llegar al Puente de la Señorita, en Camas, para entrar en La Cartuja. Paramos en Torre Triana para tomar un café en el Starbucks (lástima no haber recordado que la cafetería del Museo de Arte Moderno estaría abierta), y finalizamos la etapa junto a nuestra oficina. Y ya desde allí, el trámite de volver a casa, para complementar 50 kilómetros de etapa.

Datos de la etapa

  • Distancia: 49’694km
  • Distancia (según el GPS): 49’68km
  • Altitud ascendida: 127m
  • Tiempo de etapa: 2:34:51
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:40:31
  • Calorías consumidas: 1949kcal

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29 mar 21 El último viaje del Mercedes

El recordatorio más grande -al menos en tamaño- que teníamos de nuestro periplo irlandés era un Mercedes C180 Sportcoupe de 2002. Fue el coche que nos compramos al año de estar allí, y con el que nos recorrimos la Isla Esmeralda de punta a punta. Desde Tramore a La Calzada del Gigante, y de Dublín a los Acantilados de Moher. Incluso al remoto Condado de Kerry, y la estupenda Killarney, por no olvidar la muy especial Sligo, así como Carlingford.

Volvimos a España con él, cargados hasta los topes, y con un cofre lleno de trastos y de recuerdos. Solía decir que me valía con que el coche llegara a Santiponce, e hiciera un kilómetro más, pero no sólo fue capaz de eso, sino que nos recorrimos también España de punta a punta: Almería, Cuenca, Bilbao, toda la costa Cantábrica hasta Galicia, y por supuesto, Pontevedra, y desde ahí hasta abajo por la Ruta de la Plata. De hecho, tengo la sensación de que le hemos hecho más kilómetros en España que en Irlanda. Por no olvidar toda Francia desde Roscoff a San Juan de Luz, pasando por Burdeos.

Era un coche tremendamente divertido de conducir, con esa estupenda tracción trasera, su motor de 2 litros, y los 130 caballos de pontencia que desarrollaba. Pero toda historia llega a su fin, y tras más de un año sin conducir el Mercedes, y no teniendo sentido -desde el punto de vista económico- rematricularlo en España, y siendo un coche (volante a la derecha) que nadie compraría en España, hoy lo hemos vendido para desguace. Ha sido una pena verlo partir, pero no he podido menos que adecentarlo, para que en su último viaje luciera tan estupendo como en todos estos años en los que nos ha hecho felices.

Adiós, viejo amigo. Ojalá que todos los coches que tengamos nos salgan tan estupendos.

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19 mar 21 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena (14/03/2021)

Esta semana he estado en Sevilla para dar una vuelta por la oficina y por la casa. Y aprovechando que bajaba, hemos organizado una pequeña etapa ciclista para ir estirando piernas. La novedad es que hemos salido Manolo, Miguel y yo. Hacía ya bastantes años que no salía a rodar con Manolo (desde antes de que se fuera un par de años a Colombia, por lo menos), así que ha estado bastante bien. La etapa ha sido algo bastante convencional, ya que tanto Miguel como Manolo están empezando a coger el punto, y no era plan hacer algo demasiado disparatado. En el caso de Miguel y yo, salimos de Santiponce, pero Manolo venía desde su casa de Sevilla, y nos recogió al paso. De Santiponce seguimos por la vereda de Guillena, entre la N-630 y la A-66, hasta llegar a la pista de Aljarafesa por donde trascurre el Camino de Santiago.

Cruce del arroyo de los Molinos

Cruce del arroyo de los Molinos

Cruzamos sin mucha novedad el arroyo de los Molinos, y seguimos hasta el fin de la pista. Desde allí entramos en Guillena tras recorrer un tramo de camino junto a la carretera, en bastante mal estado por las lluvias y el paso de tractores. En Guillena hicimos una parada para tomar unas buenas tostadas. Tras ello, decidimos volver hacia Santiponce. Por variar, en vez de volver por la pista, seguimos por la Cañada Real en paralelo a la carretera, hasta llegar a la estación de servicio. Seguimos por la misma, pasando junto a la mina y el arroyo Galapagar. La idea era seguir hasta la vía verde de Itálica, pero Manolo empezó a tener calambres en una pierna, por lo que regresamos a Santiponce por carretera. Y Manolo, a Sevilla por la misma. Una buena etapa para rodar y hacer kilómetros. :)

Datos de la etapa

  • Distancia: 29’596km
  • Distancia (según el GPS): 29’59km
  • Altitud ascendida: 195m
  • Tiempo de etapa: 1:54:53
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:34:12
  • Calorías consumidas: 1252kcal

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13 mar 21 Despliegue de un servidor LoRaWAN libre con Chirpstack basado en contenedores

Estas semanas (en parte por afición y en parte por trabajo) he seguido avanzando con mis investigaciones con tecnología IoT basada en LoRaWAN. Ya había hablado anteriormente de comunicaciones básicas LoRa, uso de una red abierta LoRaWAN como es la red TTN, pero no había tocado el tema de disponer de un servidor LoRaWAN privado. Y es aquí donde entra en acción Chirpstack. Éste es un diseño basado en software libre que proporciona la capacidad de conectar dispositivos de campo LoRa y junto con los Gateway LoRaWAN permite constituir una red privada LoRaWAN. En este contexto, ChirpStack una solución que mediante una interfaz de usuario amigable permite gestionar dispositivos, usuarios, gateways, y que proporciona una interfaz de integración que permite interactuar con terceros sistemas.

Interfaz web de administración de Chirpstack

Interfaz web de administración de Chirpstack

ChirpStack proporciona una serie de componentes que interactúan entre sí para proporcionar la infraestructura necesaria para recibir información de dispositivos y gateways LoRa, con el objeto de proporcionar capacidades de gestión de dichos dispositivos (por un lado) y de poner la información que envían los dispositivos a disposición de terceros sistemas para que la consuman. Esto se articula en base a los siguientes componentes:

  • Dispositivos LoRa: Dispositivos de campo que envían por LoRa información de los sistemas que controlan (final de carrera, sensor de temperatura, el propio estado del dispositivo, etc…) a un Gateway, o bien que reciben información de este Gateway para realizar una acción (activar un relé, encender un led…).
  • Gateway LoRaWAN: Elemento que recibe información de los dispositivos, y transforma un paquete LoRa en un paquete IP (bien TCP o UDP, aunque lo más común es lo primero), transfiriendo la información que proporciona el dispositivo hacia un servidor donde esta información es procesada. También tiene capacidad de enviar información o solicitud de acciones a los dispositivos por parte de este servidor. Junto con los dispositivos LoRa, constituyen los elementos de campo, y aunque no forman parte estrictamente hablando de ChirpStack, sí tienen una interacción muy cercana con él.
  • Gateway Bridge: Es el primero de los componentes de ChirpStack, si seguimos el flujo de datos desde los dispositivos de campo hasta los servidores de computación. Su función es recibir la información de los gateways y procesarla, volcándola en un servidor MQTT de mensajería. Este bridge puede residir en el servidor donde se despliegue ChirpStack, en los propios gateways LoRa o estar instalado en un tercer componente aparte. Su función primordial, en pocas palabras, es volcar la información proveniente de la red LoRaWAN en el sistema de mensajería MQTT, donde será consumida por el resto de servicios de ChirpStack.
  • Network Server: Segundo de los componentes de ChirpStack. Es el servidor de red LoRaWAN propiamente dicho. Se encarga de monitorizar el estado de la red, los dispositivos conectados a la misma, y administrar el acceso de nuevos dispositivos a la red. También se encarga, en el caso de redes con múltiples gateways, de resolver duplicidades de dispositivos (dado que un paquete enviado por un dispositivo puede ser recibido y procesado por más de un Gateway), consolidar la información, y ponerla a disposición del servidor de aplicaciones de ChirpStack. También se encarga de las siguientes funcionalidades: Autenticación de dispositivos; gestión de la capa mac LoRaWAN; gestionar el envío de mensajes desde ChirpStack a los dispositivos, haciendo uso del canal descendiente de comunicaciones.
  • Application Server: Tercer componente de ChirpStack. Es corazón de la arquitectura. Permite crear “aplicaciones”, que en este contexto son grupos de dispositivos que envían una información del mismo tipo. Relaciona la información enviada por uno o varios dispositivos, almacenando un histórico, y la pone a disposición de terceros sistemas mediante diversos métodos de integración.
  • Geolocation server: Componente opcional que permite dotar de mayores capacidades de geolocalización de los dispositivos, en caso de que el Gateway no proporcione esta información, o en el que queramos hacer un tratamiento personalizado de la misma.
  • Broker MQTT: Utilizado como sistema de mensajería interna para el resto de componentes de ChirpStack y la comunicación con los gateways.
  • Redis: Motor de base de datos en memoria, que gestiona la información que se intercambia entre los dispositivos y aplicaciones creadas en ChirpStack.
  • Base de datos PostgreSQL: Almacena información de configuración de ChirpStack, organizaciones, aplicaciones, usuarios, etc… además de información histórica enviada por los dispositivos. Existen diversos mecanismos (HTTP, MQTT, InfluxDB, RabbitMQ, PostgreSQL, Azure Service Bus, AWS SNS, API REST).
Arquitectura de alto nivel de Chirpstack

Arquitectura de alto nivel de Chirpstack

El aspecto clave de ChirpStack hace referencia al modo en el que se procesa la información. ChirpStack hace uso de los componentes anteriores para componer y almacenar información estructurada proveniente de los dispositivos de campo, en un formato similar al siguiente:

{
“applicationID”: “123″,
“applicationName”: “temperature-sensor”,
“deviceName”: “garden-sensor”,
“devEUI”: “0202020202020202″,
“rxInfo”: [
{
"gatewayID": "0303030303030303",
"name": "rooftop-gateway",
"time": "2016-11-25T16:24:37.295915988Z",
"rssi": -57,
"loRaSNR": 10,
"location": {
"latitude": 52.3740364,
"longitude": 4.9144401,
"altitude": 10.5
}
}
],
“txInfo”: {
“frequency”: 868100000,
“dr”: 5
},
“adr”: false,
“fCnt”: 10,
“fPort”: 5,
“data”: “…”,
“object”: {
“temperatureSensor”: {“1″: 25},
“humiditySensor”: {“1″: 32}
},
“tags”: {
“key”: “value”
}
}

Otro aspecto interesante es que Chirpstack se puede desplegar de muy diversas maneras, al estar estructurado en una serie de componentes bien definidos que se comunican entre ellos mediante puertos e interfaces estandarizados. Permite tanto realizar un despliegue convencional en un único servidor, a desplegarse en un modelo de microservicios en un entorno Docker o Kubernetes. Para el caso en el que estoy trabajando, he optado por hacer un despliegue basado en contenedores Docker en una máquina virtual, aunque he realizado algunas pruebas con un despliegue más monolítico, y en el ámbito laboral estoy haciendo uso de un entorno Kubernetes.

El despliegue mediante Docker es tremendamente sencillo, ya que los propios desarrolladores de Chirpstack proporcionan una configuración de ejemplo con todos los elementos necesarios. Y una vez desplegado, es bastante sencillo añadir los componentes necesarios. En mi caso, he integrado un gateway Dragino LG308. La integración es tan sencilla como apuntar el servicio LoRaWAN del gateway al puerto 1700/UDP del servidor donde se encuentre levantado el componente Network de Chirpstack. Es posible desplegar un paquete software en el gateway Dragino para convertirlo en un Gateway Bridge de Chirpstack, pero si tenemos éste desplegado en otro sitio, no es necesario realizarlo.

Registro de un gateway en Chirpstack

Registro de un gateway en Chirpstack

Y en cuanto al registro de los dispositivos, tampoco supone mayor inconveniente. Es necesario definir de manera previa unos perfiles de configuración de dispositivos y la aplicación donde registramos estos últimos, y a partir de ahí, se puede crear la propia aplicación, y registrar los dispositivos, bien por OTAA o ABP, en función de nuestras preferencias. Con todo ello, se tiene una red privada LoRaWAN perfectamente funcional.

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (1)

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (1)

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (2)

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (2)

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07 mar 21 Etapa ciclista: Monasterio de Acibeiro – Alto de Candán – Grobas (06/03/2021)

El sábado 6 de marzo realicé una etapa en Forcarey cuyo objetivo principal era visitar la aldea abandonada de Grobas, que se encuentra en uno de los cañones más recónditos de la Sierra de Candán. Una visita que vale muy mucho la pena realizar, pero que exige armarse de valor para realizarla. Cargué la bici en el coche a las 9 de la mañana, y me dirigí al Monasterio de Acibeiro, que sería mi punto de partida. Empecé a rodar un poco antes de las 9:30h, en dirección al parque eólico de Masgalán. Y es que parte de la gracia de ir a Grobas, encajonada en el fondo de un valle a unos 600 metros de altitud, es que tienes que hacer primero la subida al Alto de Candán, a 1014 metros. Y en mi caso, saliendo desde los 720 metros del Monasterio. Una etapa que iba a tener su miga.

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Como decía, dejé atrás el Monasterio, siguiendo en un primer momento las marcas del PR-G100 (circular de la Sierra de Candán) hasta llegar a la cercana O Forno. Desde allí se abandona el asfanto un poco antes de llegar a la carretera de Lalín, por un camino que, a mano derecha, baja hasta el Puente Viejo do Forno. Tras esta bajada se emprende un ascenso por buena pista, casi constante, que no se detiene hasta llegar hasta A Rochela, a 2’5km de distancia. En todo momento se tienen unas estupendas vistas del valle donde se alza el monasterio, que no dejará de ser nuestra referencia visual durante casi toda la etapa.

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Tras llegar a la aldea de A Rochela (atención, perros cruzados con oso sueltos) se gira a mano derecha por carretera para encaminarse hasta A Noveliza. Un poco antes de llegar a las casas, una amplia pista que sale a mano izquierda nos permitirá empezar la verdadera subida al parque eólico. Es posible hacerlo también desde la propia A Noveliza, pero en mi caso, ese sería el camino de vuelta. La subida por la pista es larga, sostenida y dura (con rampas del 11%), pero no es complicada. Toca armarse de paciencia, echar la vista abajo y pensar en cualquier cosa que no sea terminar cuanto antes. Casi al final de la subida volvemos a recuperar el recorrido del PR-G100, que en mi caso había abandonado casi desde la salida, pero es por poco tiempo, ya que éste se desvía a mano izquierda poco antes de llegar a la subestación eléctrica del parque eólico.

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Una vez llegado a la subestación, se ha de tomar la pista de mantenimiento del parque eólico, con un buen firme de grava asfaltada, y que sigue el ascenso hasta llegar al Alto de Candán, subiendo por la cresta de la Sierra homónima. La vista es espectacular, y permite ver tanto los valles del Lérez como del Deza. La pena es que el día, pese a estar despejado, mostraba algo de brumas hacia el Deza, y la vista por esta parte no era clara.

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Seguí con el ascenso, para llegar a las cercanas ruinas de la Ermita de San Benito, que formaba parte de los terrenos del monasterio de Acibeiro, y que a día de hoy se encuentra prácticamente desaparecida, pero en cuyas cercanías hay, de nuevo, unas imponentes vistas del valle del Lérez, con el monasterio en lontananza.

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Poco después de dejar atrás los restos de la ermita se llega a la cota máxima de la etapa, el alto de Candán (1014 msnm), inconfundible con su vértice geodésico, junto al que se encuentran una antena de comunicaciones, una estación meteorológica… ¡y un geocaché a los pies del vértice!

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De vuelta en el camino, dejé atrás el alto, y empecé la verdadera diversión de la etapa. El descenso a Grobas. Un descenso que tiene su miga: en menos de 3 kilómetros se bajan más de 400 metros de desnivel, hasta llegar a la aldea minera abandonada de Grobas. Un descenso que en el que se llegan a bajar por rampas de más del 30%. Primero por la pista del parque, hasta llegar al último aerogenerador -alternando la grava y el cemento en las partes donde la pendiente es más acusada-, y desde allí, por el viejo camino minero, que no es sino una sucesión de grava y piedras sueltas, pendientes criminales y curvas y contracurvas, hasta que bajas al fondo del cañón. Una bajada con bastante mala idea, en la que se me aflojó el cierre de la rueda delantera, y tuve que parar un par de veces ante el riesgo de salir por encima del manillar, y por no sentirme los dedos con los que frenaba. Una bajada bastante fastidiosa, pero que valía la pena cada instante de la misma. Tanto por la bajada en sí, con unas vistas espléndidas, como por la maravilla que esperaba en el fondo.

La aldea se encuentra junto al cauce de un regato que corre por el fondo del cañón, y que forma un verdadero vergel, que más parece un trozo del paraíso caído en lo más profundo de una sima como pocas.

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La primera visión del cauce es espléndida, pero al poco cede a una nueva maravilla, que es la Poza Verde, que se encuentra apenas a una decena de metros de donde termina el camino. Y es algo que a nadie puede dejar indiferente.

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Como en días anteriores, no pude menos que lamentar mi suerte por llegar a este lugar en pleno invierno, y no en verano. Lástima de que no hiciera tiempo de pegarse un chapuzón.

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Aguas abajo el aspecto sigue siendo genial, pero poco a poco el día se iba alargando, y aún me quedaba mucho por explorar. Recorrí los restos de la aldea, de la que apenas queda un grupo de casas con los techos hundidos, diseminadas a lo largo del río. La aldea fue abandonada a finales de los años 60, y el tiempo ha hecho estragos en ella…

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…si bien hay una construcción que resiste el paso del tiempo. Es una casa, más bien un galpón, que se alza justo encima de la Poza, y que ha sido reconvertida en un refugio de montaña. Una estupenda idea, ya que se encuentra habilitada para poder refugiarse en ella, con mesas, bancos, utensilios de cocina y hasta un colchón y una radio. Pero por desgracia, los últimos visitantes de la misma no respetaron la petición de los que habilitaron el refugio: por favor, no deje basura. En fin, una lástima.

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Tocaba volver, y volver deshaciendo mis pasos. Lo que había sido duro para bajar, para subir iba a ser una verdadera tortura.

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Al poco de empezar la subida estaba claro que me iba a tocar echar el pie a tierra, y tirar de la bici durante un buen rato. Al final fue casi más tiempo andando que montado en la bici, pero es que la salida de la garganta se las traía. Iba a ser, en total, 1100 metros de distancia, con una pendiente media del 18%.

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Al llegar al aerogenerador pude dejar de arrastrar la bici, pero aunque la tortura ya no era tan intensa, la subida se las seguía trayendo. Quedaban 900 metros de subida con rampas del 19% hasta llegar a un sendero que se abría a la izquierda, y que permitía volver a A Noveliza esquivando el Alto de Candán. Un sendero que, pese a que empezaba con una pendiente del 15%, constituía un alivio con respecto a la barbaridad por la que estaba subiendo por carretera. Y fue ahí donde pasó la cosa más extraña de la etapa: a medida que subía dos moteros en sendas motos de trail, con sus alforjas y todo, bajaron hacia Grobas. Se me quedaron mirando con cara extraña, la misma que se me debió de quedar a mí al verlos de esa guisa camino de la aldea. Si hubieran sido motos de campo no habría tenido nada de extraño, pero con esa clase de motocicletas lo iban a pasar mal bajando… y peor aún subiendo. Algunos minutos después tuve la confirmación de que algo no parecía ir del todo bien. Por toda la garganta resonaban acelerones de moto que, teniendo en cuenta el tipo de firme, no presagiaban nada bueno. Espero, en fin, que no tuvieran problemas graves.

Seguí mi camino, aún en ascenso, pero cada vez más relajado que con respecto a lo que venía realizando antes, y tras recorrer 1 kilómetro de sendero, salí a una nueva pista de mantenimiento del parque. Desde ahí empecé un descenso hasta A Noveliza (dejando la pista principal por una salida a mano derecha) que me hizo volver a pisar el asfalto, y que ya no abandonaría en el resto de la jornada. Tras dejar atras A Noveliza, seguí en descenso hasta A Rochela, para girar en ella a mano derecha, y por carretera seguir hasta enlazar con la carretera de Lalín, justo tras pasar una granja de cerdos. Es posible evitar este ascenso tomando el PR-G100, que nos volvemos a encontrar, al poco de salir de A Rochela, pero a esas altura estaba tan reventado de la tortura de Grobas que no quise ir por la senda, pese a que tenía una pinta estupenda.

Una vez en la carretera de Lalín se emprende un descenso que no tarda en llevar de nuevo a O Forno. En esa bajada se tienen, otra vez, unas vistas estupendas del Monasterio.

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Tras dejar la carretera principal, se entra en O Forno, para volver al monasterio, que no deja de estar siempre a nuestra vista, y que no permite equivocarnos. Finalicé la etapa al filo de las 12:30h, tras 20 kilómetros tremendamente duros, pero que valieron la pena en cada una de las pedaladas que di a lo largo del día.

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Datos de la etapa

  • Distancia: 20’75km
  • Distancia (según el GPS): 20’75km
  • Altitud ascendida: 804m
  • Tiempo de etapa: 2:39:33
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:07:04
  • Calorías consumidas: 1270kcal

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