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Camino a San Andrés de Teixido 2024

Camino a San Andrés de Teixido. Introducción

Camino a San Andrés de Teixido. Etapa 1: Forcarey – Sigüeiro (22/09/2024)

Imagen destacada

El 22 de septiembre de 2024 empezamos la primera de las etapas de nuestro Camino a San Andrés de Teixido. Empezamos a rodar bien pasadas las nueve de la mañana, a las 9:22h. El día pintaba bien, pero en lo meteorológico amenazaban problemas. La mañana había empezado fría, muy fría, incluso para esta épica del año. Habíamos amanecido superando por no mucho los 5ºC, y esto era algo que, no mucho más adelante, sabíamos que nos iba a pesar.

Salimos de Forcarey por la antigua aldea de Sorribas, enlazando primero por asfalto con la Chamosa y, posteriormente, con Las Casetas. Este sería el primer tramo de nuestro recorridocoincidente con el Camino, en concreto con el Camino Miñoto Ribeiro, pero pronto pasaríamos a rodar con coincidencia con el Camino de la Geira Romana y de los Arrieros. Y es que tomamos la carretera que va hacia La Estrada para seguir con nuestro rodar, tomando este primer tramo de asfalto.

No tardamos mucho en tener que parar, ya en plena bajada hacia Codeseda, debido al tiempo. La mañana estaba fría, pero es que también estaba tremendamente húmeda. No nos quedó otra que parar en el arcén para echarnos al cuerpo unas chaquetillas más adecuadas para el invierno que para el recién finalizado verano de ese 2024. Tras esta parada, seguimos con el descenso. Pero en vez de seguir todo el rato por asfalto, optamos por hacer una breve parada en la cercana A Grela, donde se encuentra un sorprendente santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe.

El santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de A Grela, en la parroquia de San Xurxo de Codeseda (A Estrada), es una pequeña iglesia rural del siglo XVIII, rodeada de carballeiras y muy vinculada a la religiosidad popular de la Galicia interior. Nació en 1748 por iniciativa del presbítero Domingo Cabada y su familia, que financiaron la capilla y una misa anual ligada a la festividad de la Virgen en septiembre, como acto de acción de gracias por haberles protegido en sus viajes a América. Con el tiempo pasó de ser una sencilla ermita a convertirse en un santuario de referencia comarcal, incluido en el inventario oficial del patrimonio religioso del concello.

​Arquitectónicamente responde al modelo de templo recto de una sola nave con crucero, fachada sobria y una torre campanario centrada con tres campanas. En el interior destaca el gran retablo mayor, de unos ocho metros de altura, con un cuerpo único de tres calles y un relieve de la aparición de la Virgen a Juan Diego, donde se mezclan columnas corintias, dorados y policromías de gusto rococó. La imagen de la Virgen es de vestir, coronada, con cetro y Niño, y se alza sobre una peana de nubes y querubines que refuerza su carácter de protectora y mediadora.

​Su importancia no es solo artística, sino también devocional: desde hace siglos atrae romeros de La Estrada y de la costa, especialmente gente del mar y emigrantes que se encomendaban a la Virgen antes de partir o en momentos de peligro. La romería de septiembre mantiene vivo ese vínculo, con varias misas, procesión alrededor del templo y el paso de los fieles bajo la imagen como gesto de petición de amparo. A lo largo del tiempo ha recibido indulgencias de autoridades eclesiásticas, lo que consolidó su prestigio como lugar de gracia y de encuentro para las comunidades del entorno.

Tras esta parada, recuperamos la carretera de La Estrada a la altura de Codeseda, donde también hicimos una breve parada para ver su magnífica iglesia. Desde allí, de nuevo en el trazado del Camino Miñoto Ribeiro, seguimos un rato por la antigua carretera, hasta pasar el río Umia por el viejo puente de piedra.

Desde ahí, empezamos a seguir las indicaciones de las flechas amarillas, que nos sacaron por primera vez en el trayecto del asfalto. Empezamos a seguir viejos caminos rurales que nos llevaron por las distintas aldeas de la zona de Tabeirós, antigua cabeza comarcal, y que perdió su preponderancia ante la población de La Estrada, pero que aún da nombre a la comarca donde se ubica. Esta importancia histórica no podía menos que notarse en la iglesia de Santiago de Tabeirós, una de las más llamativas de los contornos, y que conserva aún en su arquitectura reminiscencias de su origen románico.

Pasado Tabeirós, seguimos rodando por antiguos caminos rurales, algunos asfaltados y otros sin asfaltar. Así, llegamos a Guimarey, donde destaca su arruinado Pazo, con apenas los restos de su torre en pie, y acabamos llegando a La Estrada por carretera. Hicimos una breve parada justo a su estupendo edificio consistorial, y aprovechamos para estirar las piernas y reponer algo de fuerzas. A lo tonto, a lo tonto, estábamos ya cerca del mediodía. Hasta entonces, salvo la subida inicial hasta Las Casetas, a la salida de Forcarey, habíamos realizado un recorrido eminentemente descendente, algo que seguiría así hasta que llegáramos a Pontevea, junto al río Ulla.

Reanudamos nuestra etapa justo después del mediodía. Atravesamos La Estrada pasando junto a su famosa Farola, y descendimos por la calle de San Paio, desde donde enlazamos con la carretera de Santiago. Allí volvimos a seguir las flechas del Camino de Santiago, que nos apartaron por un momento del trazado nuevo de la carretera, hasta poco antes de llegar al tanatorio de San Pelayo, y la gasolinera SBC. Desde allí, las flechas nos apartaron definitivamente de la carretera, algo sumamente deseable, dado el tráfico que soporta. Empezamos a rodar por pistas rurales con buen firme, algo de agradecer cuando vas con alforjas. Y, al cabo de un rato, nos vimos metidos en una zona boscosa, donde la pista se transformaba en un camino bastante razonable. Sin duda, lo más bonito del trayecto hasta ese momento. Por carretera me constaba que había un pequeño alto que tendríamos que afrontar, a la altura del restaurante Regenjo, pero el hecho de rodar por campo hizo que, en realidad, lo bordeáramos. Y que pasáramos directamente a un divertidísimo descenso por campo que nos llevó hasta las cercanías de Souto de Vea. Desde allí volvimos a rodar por antiguas carreteras rurales, que nos llevaron, poco a poco, en descenso hasta el estupendo puente de piedra de Pontevea.

Este lugar marcaba el punto más bajo de nuestra etapa, y a partir de aquí todo iba a ser ascenso. Pero no pudimos dejar de disfrutar de la vista del estupendo puente desde la playa fluvial que lo bordea. Pero no era cuestión de detenerse. Tocaba cruzar el Ulla, y cambiar de provincia, de Pontevedra a La Coruña.

En realidad, era cuestión de detenerse. Habíamos recorrido ya más de 38 kilómetros de trayecto, era la una de la tarde, y estábamos al lado del estupendo restaurante Casa Pernas. Un lugar estupendo para hacer la pausa para el almuerzo de la jornada. Y Casa Pernas no defraudó.

Retomamos nuestra etapa a las tres menos cuarto de la tarde, y en ese rato se había producido un importante cambio meteorológico. Frente al día gris que estábamos teniendo desde que salimos de Forcarey, nos encontramos de buenas a primeras una tarde despejada, e incluso calurosa, donde la temperatura subió por encima de los 20ºC. No es exactamente lo que quieres cuando retomas una etapa de alforjas después de comer, sobre todo cuando te toca subir altos para llegar a Santiago, pero hay que admitir que era mucho mejor que una lluvia torrencial. Y así, empezamos a rodar de nuevo con un calor que no esperábamos.

Salimos de Pontevea por la carretera de Santiago, pero no tardamos en desviarnos por Caasal de Reis, a mano izquierda. Empezamos el ascenso a la Ramallosa, primero por asfalto, y en algún que otro tramo, por alguna corredoira en bastante buen estado. La subida se me atragantó un poco, pero era cuestión de tomárselo con calma y buena letra. Tras salir de una zona boscosa, dimos de nuevo con la carretera de Santiago, cerca de Cobas. A partir de ahí se empezó a notar la cercanía de Santiago de Compostela, con la aparición de urbanizaciones con bloques de pisos, y aspecto mucho más urbano que el rural que veníamos trayendo. Pero al menos no teníamos un tráfico muy intenso, ya que la mayoría de éste trascurre por la cercana autovía AG-53, lo que es un alivio.

Seguimos nuestro ascenso, ahora por una buena carretera, hasta Los Tilos, desde donde tuvimos una primera vista de Santiago. Enlazamos un rápido descenso, que nos hizo entrar en Santiago, pasando por encima de la autopista, pasando por la rúa do Restollal. Pasamos junto a la estación de tren, y entramos en el casco urbano, callejeando por su entramado de calles, hasta llegar, como no podía ser menos a la Plaza del Obradoiro. Eran las 16:15h, y el tiempo, de nuevo, se empezaba a nublar. Llevábamos ya algo menos de 55 kilómetros en las piernas.

Tras un rato de descanso y de vista contemplativa de la Catedral, seguimos con nuestro trayecto, ya que no nos deteníamos en Santiago. Dejamos atrás la plaza del Obradoiro, pasamos junto al Hostal de los Reyes Católicos, e iniciamos el ascenso de la avenida Juan XXIII para salir de Santiago. En ascenso, claro. Enlazamos con la N-550, la carretera que lleva a La Coruña, que ya no abandonaríamos hasta llegar a Sigüeiro.

Una vez pasada la salida en alto desde Santiago, el trayecto hasta Sigüeiro es una sucesión de subidas y bajadas, en un tramo prácticamente recto, que te acaba llevando a la mencionada población al cabo de un rato más o menos aburrido. La última vez que estuvimos en Sigüeiro habíamos pasado una noche infernal en el pabellón deportivo del pueblo, que estaba habilitado como albergue de peregrinos. Esta vez no nos habíamos querido arriesgar a nada por el estilo, y contábamos con alojamiento en la estupenda Pensión Vilanova, que se encuentra a la salida de Sigüeiro, y que no puedo menos que recomendar. Llegamos a la misma sobre las 17:25h, tras casi 72 kilómetros de recorrido, y 1180 metros de desnivel acumulado, en una etapa llena de subidas y bajadas, que disfrutamos enormemente, y 5 horas y 11 minutos de pedaleo, sin contar las paradas.

El resto de la jornada fue enormemente tranquila. La empleamos en la Pensión Vilanova, donde amablemente nos reservaron una estancia común sólo para nosotros, y donde disfrutamos de una estupenda cena con la familia que es dueña de la pensión. La primera de nuestras etapas hasta San Andrés de Teixido había ido estupendamente bien.

 

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