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El pasado 18 de enero de 2026 nos regaló una de esas mañanas de invierno en Galicia que se quedan grabadas en la retina y en las piernas. Con un cielo completamente despejado pero una atmósfera gélida, Fernando y yo nos dispusimos a completar una ruta de BTT que prometía vistas espectaculares y desafíos técnicos a partes iguales. Seguía con el proceso de recuperación después de la caída de septiembre, y tras dos etapas más acotadas en distancia y esfuerzo, tocaba empezar a meter algo con un poco más de chicha. Y esta vez decidimos rodar por las cercanías de Vilarchán y Pontevedra capital.

El termómetro en Pontevedra marcaba una mínima de 2.8°C al comenzar, y aunque el sol brilló durante casi 4 horas ese día, el aire del norte (con rachas de hasta 5.3 m/s) mantenía esa humedad punzante tan característica de nuestras rías. Nuestra aventura comenzó cerca de las 09:03 en Vilarchán. Teníamos un plan trazado en Komoot, aunque como suele pasar en el ciclismo de montaña, teníamos claro que íbamos a realizar algunas variantes con respecto al recorrido previsto. De hecho, nada más salir, decidimos desviarnos ligeramente para pasar por el cruceiro del Campo das Cagallas, un pequeño guiño al patrimonio local antes de afrontar el primer gran reto del día: la ascensión al Alto de Cristo Rey.

Para subir a Cristo Rey, optamos por una variante que nos llevó inicialmente por el núcleo de Sobreiro. Sin embargo, al alcanzar un depósito de aguas, localizamos a mano derecha un sendero que conectaba con el trazado original. Fue una elección magistral: rodamos entre muros de piedra centenarios completamente tapizados de musgo, una estampa de una belleza espectacular que compensaba el esfuerzo inicial.

Al retomar el camino principal, nos enfrentamos a la subida más exigente de la jornada. El terreno estaba abierto pero plagado de piedra suelta, muy resbaladiza con la humedad: a pesar de que no hubo precipitaciones (0.0 mm), la condensación y la humedad invernal hacían que las ruedas patinaran constantemente sobre la piedra fría. Atravesamos después una zona de castaños donde la hojarasca ocultaba las trampas del terreno, exigiendo máxima concentración hasta que, finalmente, el firme se convirtió en asfalto en las inmediaciones de la cumbre.

Coronar el Alto de Cristo Rey (431 m), también conocido como Alto de Xustáns, es siempre una recompensa visual. Allí, junto a la gran cruz y la singular capilla-torre, nos detuvimos para capturar la majestuosidad del paisaje con el dron. Con la visibilidad que ofrecía aquel día tan limpio, las vistas se extendían desde el concello de Ponte Caldelas hasta la Ría de Vigo, con las Islas Cíes recortándose en el horizonte atlántico. Es un lugar donde el pasado prehistórico, marcado por petroglifos y mámoas, se siente en cada rincón.

Tras la pausa en la cumbre, descendimos con rapidez hacia Baltar. Antes de entrar en el núcleo, giramos a la izquierda para enfilar una pista forestal que ya conocíamos de etapas anteriores y que nos conduciría directamente hacia el Monte da Fracha. Este parque forestal, integrado en el anillo verde de Pontevedra, es un paraíso para el MTB gracias a sus senderos cuidados y su reciente recuperación ambiental.

El punto álgido de esta segunda parte fue el Mirador de A Fracha. Desde sus estructuras de madera, la ciudad de Pontevedra se despliega a tus pies como una maqueta detallada, con la ría abriéndose paso hacia el mar. La luz clara del invierno resaltaba cada relieve del terreno. Tras otra sesión de tomas aéreas para el recuerdo, iniciamos el regreso por asfalto, pasando junto al bike park y disfrutando del descenso por la zona de «piedra cortada», un tramo que siempre impresiona por su singularidad técnica y visual.

Para combatir el frío que nos había acompañado durante toda la ruta (la temperatura máxima apenas alcanzó los 11.7°C), hicimos una parada obligatoria en el polígono de La Reigosa para disfrutar de un café caliente. De vuelta hacia Vilarchán, el destino nos reservaba una última curiosidad: nos detuvimos un rato a observar el vuelo de maquetas de aviones guiados por cable, un espectáculo nostálgico y fascinante que puso el broche de oro a la jornada antes de completar los últimos kilómetros de subidas y bajadas por las pistas que indicaba originalmente nuestro GPS.

En resumen, una ruta de 17.28 km que, aunque corta en distancia, fue intensa en desnivel y rica en contrastes: desde la montaña más rural y espiritual de Cristo Rey hasta la modernidad del parque forestal de A Fracha.

 

Datos clave de la etapa:

  • Distancia: 17.28 km
  • Tiempo en movimiento: 1h 32m
  • Ganancia de elevación: 408 m
  • Velocidad media: 11.2 km/h
  • Velocidad máxima: 44.6 km/h
  • Fecha: 18 de enero de 2026
  • Tipo de actividad: Ride

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