Hace algunas semanas me compré unas gafas de ciclismo polarizadas. No era algo que realmente necesitara, ya que dispongo de dos buenas gafas de ciclismo en Forcarey, y otro buen par en Santiponce, pero que me venía bien para evitar pagar gastos de envío en una compra, en la que el pago por las gafas era menor que los gastos de envío totales que tendría que afrontar. Esto da una idea de la calidad de las gafas, claro.

Las gafas reparadas y la multiherramienta
Las gafas reparadas y la multiherramienta

Sin embargo, tenían algo que me gustaba. Que no era, precisamente, el aspecto estético: había escogido las que menos me disgustaban. El aspecto que me gustaba es que se trataba de unas gafas transparentes con cristal polarizado y protección UV-400. A ver, era consciente de que difícilmente estas gafas cumplirían con esas características y esos niveles de protección. Pero es que, en la práctica, tampoco me hacían falta. Mi idea era utilizar estas gafas sólo en etapas nocturnas o, como mucho, en salidas muy nubladas, algo que suele darse bastante en Galicia.

El primer uso de las gafas, fue, precisamente, en una etapa nocturna, el pasado 7 de enero. Y tengo que admitir que las gafas cumplieron bien. Con el punto a favor de que no se empañaban. Nada más que por eso ya valían la pena. Pero apenas duraron íntegras una segunda salida más. El día 10 salí a rodar en un respiro del tren de tormentas que sigue azotando la Península, y en una de las paradas, al quitármelas y cerrarlas para ponerlas en el casco, me quedé con una de las patillas en la mano. Muy, muy malas. Terminé la etapa como pude, y tenía idea de desecharlas al llegar a casa, pero cual fue mi sorpresa cuando revisé el vídeo que había grabado durante la salida:

Resulta que sí, que sí están polarizadas
Resulta que sí, que sí están polarizadas

Se veían negras. Completamente negras. Y no estaban así en la vida real. Así que resulta que sí, que sí están polarizadas. Eso no garantiza, ojo que el tratamiento UV sea mínimamente efectivo. Pero el descubrir que el tratamiento polarizado sí que funciona hizo que desestimara mi primera idea de desecharlas. Así que sólo quedaba intentar repararlas.

Reparación con resina y una multiherramienta
Reparación con resina y una multiherramienta

El método de reparación fue sencillo. Dado que las patillas cuentan con un par de pivotes con un pezón cada uno, que es lo que se inserta en el marco de las gafas, y que era uno de estos pivotes lo que se había partido, opté por construir una superficie uniforme con resina. Posteriormente la perfilé para darle la forma aproximada del pivote perdido. Con eso bastaba (en realidad, ya bastaba de antes) para dejar la patilla en su posición correcta cuando estaba abierta, pero no bastaba para hacer que cerrara adecuadamente.

Ahí es donde entra la multiherramienta. Con una broca del tamaño exacto de un trozo de alambre rígido, taladré en el punto de pivotado de las patillas un agujero que atravesaba también el marco. Posteriormente introduje un trozo de alambre cortado a su medida, y con eso, quedó un sistema más sólido que la configuración original.

Gafas de nuevo con ambas patillas cerradas
Gafas de nuevo con ambas patillas cerradas

Sin embargo, el resultado no ha sido perfecto: durante el taladrado, la broca se me torció un poco, y el punto de salida superior está ligeramente desalineado con el punto de pivotado superior original. Esto hace que las gafas puedan cerrar, pero no del todo. En cualquier caso, el resultado es lo bastante bueno como para no tener que tirar las gafas.

Había otra solución, y era el imprimir una nueva patilla en 3D. Pero no pude encontrar ningún modelo existente para estas gafas y, dado que mi impresora no la tengo aquí, tampoco es algo que me diera una solución a corto plazo. Pero la idea, dicho sea de paso, está ahí.

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