El pasado 10 de enero de 2026 di un paso más en el proceso de recuperación tras el accidente del pasado mes de septiembre. En este caso se trataba de hacer unos pocos kilómetros más, incrementando la dificultad. Nada aún demasiado exagerado, pero sí algo que tuviera algo más de chicha que una circular por las cercanías de Forcarey. Así que hablé con Fernando, y tras comprobar que el sábado 10 tendríamos una ventana de tiempo razonable entre los trenes de borrascas que llevan semanas batiendo Galicia, nos decidimos a hacer una etapa en lo alto de Monte Seixo.
Como aún no me sentía con confianza para subir a lo alto del Seixo, ni siquiera desde Carballás, optamos por algo un poco más acotado: subimos en coche hasta la subestación eléctrica del Seixo, y dirigirnos hasta el Mirador de las Tres Rías. Dicho y hecho. La mañana en lo climatológico estaba en una especie de calma tensa: no llegábamos a los 3ºC en la subestación a eso de las 9:30h, no llovía, pero sí había esa niebla húmeda que te pone chorreando a las primeras de cambio. Al menos, no había viento.
En primer lugar nos dirigimos a Portalén. Como le decía a Fernando, uno de mis lugares favoritos en el mundo. Y al que esta vez nos costó algo llegar. Entre mi lamentable estado de forma y el barro pegajoso de la pista, debido a la impresionante humedad circundante, se me hizo tremendamente pesado rodar con la Giant hasta allí. Pero llegamos.

Portalén siempre impresiona, pero es especialmente sobrecogedor cuando la niebla lo envuelve. Es en estas ocasiones cuando de verdad empiezas a plantearte si hay algo de verdad en las leyendas que se cuentan de este sitio. Algo que debe plantearse mucha gente, porque nunca he estado en él sin haber encontrado alguna nota, ofrenda, exvoto o similar. Y esta vez no fue una excepción.
Tras esta breve parada, y en un clima que no paraba de empeorar, seguimos nuestro camino. La siguiente parada fue la Ermita de Santa María del Seixo, donde el paisaje tenía aún más esa sensacion de irrealidad que da la niebla. En realidad, me alegré de llevar la Lupichin y el reflectante trasero. Aquí se trataba no sólo de ver, sino de ser visto. Solo faltaba que nos atropellaran o que nos lleváramos un perdigonazo en medio de la niebla.

Seguimos adelante, con el objetivo de llegar al Mirador de las Tres Rías. A esas alturas de la etapa ya había podido notar que el brazo me seguía respondiendo bien, y tenía mejores sensaciones que en la breve etapa anterior. Sin embargo, a medida que el trayecto se ponía más y más cuesta arriba, se dejaba notar que estaba hecho un escombro humano en el aspecto físico. Pero bueno, habíamos venido a pasarlo bien e ir cogiendo fondo, y el objetivo se estaba cumpliendo. Además, a medida que íbamos ascendiendo, íbamos dejando por debajo nuestro a la niebla. Siempre tiene algo especial eso de alzarte por encima de las nubes, como lo estábamos haciendo. Y así, tras un poco de machacamiento, llegamos al Mirador de las Tres Rías.

Desde el Mirador de las Tres Rías, en días despejados, se pueden divisar las rías de Vigo, Pontevedra y Arosa. No fue así exactamente este día, ya que apenas se podían entrever entre las nubes y los bancos de niebla, pero igualmente pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares. Y por primera vez en la etapa, no nos estábamos mojando con la niebla.
Pero tocaba volver. La ventana sin lluvias se estaba reduciendo, y no queríamos que nos pillara en mitad del monte, cuando a esas horas la temperatura no llegaba ni a 5ºC. Era el momento de emprender una divertida bajada hacia Santa María del Seixo, que no dudé en registrar con el dron. Antes de salir, sin embargo, confirmé que las gafas polarizadas que había comprado hace poco eran una castaña: al meterlas en el casco partí la patilla. Por suerte, cuando estaban abiertas la patilla rota se quedaba en su sitio, así que no iba a tener problemas de visibilidad. Mi idea era desecharlas al llegar a casa, hasta que revisé la grabación del dron, ¡y vi que realmente estaban polarizadas! Eso me hizo pensar en hacerles un arreglo, que relaté en otro artículo.

El descenso fue divertido, con de nuevo la sensación de irrealidad que da la niebla al paisaje, que poco a poco se va dibujando a medida que te aproximas a los elementos concretos. Brezales, árboles, y los enormes brazos de los aerogeneradores poco a poco se manifiestan, dando al descenso un toque estremecedor, que no es sólo por la niebla que poco a poco te va calando.
Así, tras alcanzar Santa María del Seixo, volvimos a pasar junto a Portalén, y acabamos llegando a la subestación, dando por finalizada la etapa con una buena decena de kilómetros a las espaldas, y tras haber disfrutado de una de las etapas más bonitas que recuerdo, pese a su corta duración.

Etapa que tuvo un pequeño tercer tiempo: en casa dimos buena cuenta de unas raciones de una de esas joyitas que tenemos en Córdoba:

…y es que, aprovechando nuestra estancia en Córdoba durante las Navidades, no pude evitar subirme un estupendo Pastel Cordobés de San Rafael. Una estupenda manera de cerrar la jornada.
Datos clave de la etapa:
- Distancia: 12.68 km
- Tiempo en movimiento: 1h 0m
- Ganancia de elevación: 280 m
- Velocidad media: 12.5 km/h
- Velocidad máxima: 34.6 km/h
- Fecha: 10 de enero de 2026
- Tipo de actividad: Ride