Hay días en los que la montaña no te recibe con los brazos abiertos, sino que te pone a prueba con toda su furia. El pasado 25 de enero de 2026 fue uno de esos días. Con la llegada de la borrasca Ingrid a las costas gallegas, el pronóstico de la AEMET era claro: avisos naranjas por vientos huracanados y lluvias intensas. Sin embargo, la curiosidad de ver el entorno de Portalén, en el mítico Monte Seixo, cubierto por el manto blanco de la nieve caída el día anterior, fue más fuerte que la prudencia. Cargué mi Giant Trance X4 en el coche y puse rumbo a las tierras altas de Pontevedra, sin saber que estaba a punto de vivir una de las jornadas más duras sobre la bicicleta.

Comencé la actividad a las 09:05 desde Carballás. En ese momento, las condiciones parecían razonables para un ascenso invernal. Aunque el cielo estaba encapotado, el aire soplaba con moderación y, sorprendentemente, durante los primeros metros de la subida hacia el parque eólico, el sol llegó a asomarse tímidamente entre las nubes, creando un juego de luces precioso sobre el paisaje gallego. Me sentía animado, pensando que quizá Ingrid me daría una tregua suficiente para llegar a la cima y disfrutar de las vistas.

A medida que ganaba altura, el panorama comenzó a cambiar de forma dramática. La mole de la montaña me servía de escudo natural contra lo peor del viento, pero la lluvia no tardó en hacer acto de presencia. Lo que empezó como una fina lluvia se transformó rápidamente en un persistente aguacero. Aun así, la pendiente de la pista y el esfuerzo por mantener la tracción me mantenían caliente. El GPS de Strava marcaba una progresión constante mientras me adentraba en los dominios de la ‘Montaña Máxica’.

La verdadera cara de la borrasca Ingrid se mostró al alcanzar la zona de la subestación eléctrica. Al llegar a la cresta, la protección que me brindaba la ladera desapareció por completo. Me encontré de frente con un vendaval infernal. La nieve, que en las cotas inferiores aguantaba en las cunetas, aquí arriba parecía haber sido barrida por la fuerza del viento. La niebla se volvió tan densa que apenas podía ver unos metros por delante de mi rueda delantera. El frío era ya helador, y la lluvia, impulsada por rachas de viento huracanado, caía de lado, golpeando y ‘taladrando’ la poca piel que llevaba expuesta bajo el casco.

Al llegar a las inmediaciones de Portalén, el mítico ‘portal del más allá’, la tormenta pareció darnos un respiro de apenas unos minutos. Cometí el error de intentar volar el DJI Neo para captar la majestuosidad del lugar. Nada más despegar, una racha violenta arrastró el dron como si fuera un juguete de papel. Me costó Diox y ayuda recuperarlo, luchando contra el viento para evitar que se perdiera en el abismo de niebla. Desistí de volar y opté por mi Motorola G73 para grabar algunas tomas a pie. El sonido del viento en las grabaciones es ensordecedor; es el rugido puro de la sierra del Seixo bajo un temporal.

El regreso fue una lucha de supervivencia. Durante la bajada, el viento volvió a arreciar, llegando a desequilibrarme y casi tirarme de la bici en varias ocasiones. No fue hasta que superé de nuevo la subestación y volví a la protección de la mole montañosa que el castigo cesó. El descenso final hasta Carballás fue tranquilo pero gélido, con la sensación térmica muy por debajo de los cero grados. Terminé la ruta con 15.13 km en las piernas y la satisfacción de haber respetado y sobrevivido a un día de montaña extremo. Monte Seixo y Portalén siempre guardan leyendas, y hoy entendí por qué bajo la batuta de la borrasca Ingrid.
Datos clave de la etapa:
- Distancia: 15.13 km
- Tiempo en movimiento: 1h 18m
- Ganancia de elevación: 410 m
- Velocidad media: 11.5 km/h
- Velocidad máxima: 43.2 km/h
- Fecha: 25 de enero de 2026
- Tipo de actividad: Ride