This entry is part 3 of 3 in the series Camino a San Andrés de Teixido 2024

Camino a San Andrés de Teixido 2024

Camino a San Andrés de Teixido. Introducción

Camino a San Andrés de Teixido. Etapa 1: Forcarey – Sigüeiro (22/09/2024)

Camino a San Andrés de Teixido. Etapa 2: Sigüeiro – Betanzos (23/09/2024)

Imagen destacada

El 23 de septiembre de 2024 realizamos la segunda de nuestras etapas en el viaje de alforjas a San Andrés de Teixido. Como comentábamos en el artículo anterior, habíamos terminado nuestra primera jornada en Sigüeiro, y para la segunda de nuestras etapas teníamos previsto realizar unos 50 kilómetros hasta la bella ciudad de Betanzos, en La Coruña. Esta etapa estaba planteada como una etapa de transición antes de acometer la tercera y definitiva, que nos tendría que llevar hasta San Andrés de Teixido.

Nos despertamos bien temprano por la mañana, con la idea de terminar nuestro recorrido lo antes posible. Y es que teníamos previsión de que por la tarde entraba un temporal en Galicia con abundante lluvia y viento. Por ello, queríamos asegurarnos el llegar a Betanzos antes de que tuviéramos que sufrir las inclemencias meteorológicas.

La noche, por otro lado, había sido muy fría; no tanto por el frío como por la humedad. Y, en efecto, esa mañana nos despertamos con una abundante niebla, y temperaturas que no llegaban a los 10ºC en el cercano aeropuerto de Santiago. Tomamos un buen desayuno en la pensión Vilanova, y empezamos a rodar al filo de las 8:45h. Como decía, con abundante niebla. Salimos en subida por la Nacional, pero por suerte no tendríamos que recorrer mucha distancia en esas circunstancias. Al poco de salir de la pensión, encontramos una carretera rural que nos llevaba directamente hasta uno de los mejores descubrimientos de este viaje: Vía Verde Compostela-Tambre-Lengüelle, creada a partir del antiguo trazado del ferrocarril Santiago-La Coruña.

Allá por 2005, cuando realizamos el Camino Inglés hacia Santiago, recordamos el tramo entre el Mesón do Vento y Sigüeiro como uno de los menos atractivos de nuestro viaje, ya que gran parte de él transcurría por una pista forestal, recta como una flecha, que subía y bajaba por cerros sin gracia ninguna. Así que saber que teníamos una alternativa mucho más agradecida, como suelen ser las vías verdes, era algo que no íbamos a dejar pasar.

Tomar la vía verde fue una decisión tremendamente acertada. La vía se encontraba en un estado perfecto, con buen firme, estupendo trazado, pasos bien protegidos, y transcurre por una zona boscosa en las cercanías del río Tambre, cuya cercanía se dejaba sentir en forma de una niebla helada que no parecía propia de finales de septiembre. En cualquier caso, el recorrido valía la pena en cada centímetro de los 8 kilómetros que recorrimos por él, hasta llegar a la antigua estación de Órdenes.

Paramos un rato antes de seguir con nuestro recorrido, que aprovechamos para explorar las cercanías y, aunque la estación cuenta ahora con un bar para los usuarios de la vía verde, excusamos tomarnos algo.

Pasadas las 9:40h retomamos la marcha. Nuestro siguiente objetivo era la población de Órdenes, a algo más de 4 kilómetros. Enlazamos con ella -como no podía ser menos- por la carretera de la estación. La niebla seguía envolviéndolo todo, y rodar por una carretera en esas circunstancias no era exactamente plato de nuestro gusto. Pero no había mucho más que pudiéramos hacer.

En Órdenes nos volvimos a encontrar con las marcas del Camino Inglés de Santiago. Salimos de la población por el norte, siguiendo en sentido inverso las marcas. Volvíamos a territorio conocido, rodando por carreteras rurales con alternancia de subidas y bajadas, pero con tendencia general de ascenso. Y es que teníamos que ascender hasta el cercano Mesón do Vento.

Llegamos hasta A Rúa, y allí abandonamos la carretera. El Camino se mete por una zona boscosa que hizo mis delicias para dejar de comer asfalto por un rato. Era muy llamativa la afluencia de peregrinos que se dirigían a Compostela, sobre todo si lo comparamos con nuestra experiencia previa, de 2005, en la que apenas encontramos gente en pleno inicio de verano. En este caso, empezado el otoño, era una verdadera romería.

Así, llegamos -de nuevo por asfalto- hasta el Café Bar Uzal. Es un punto significativo de este tramo del Camino, pues cuenta con una curiosa colección de elementos escultóricos (dudo en llamarlas esculturas) que adornan el lugar.

Sí, probablemente el dinosaurio no sea el más llamativo. Si bien tengo que admitir que ver de repente una especie de diplodocus entre la niebla pone los pelos de punta al más pintado.

Paramos en el bar a tomar unos cafés bien calentitos, que nos vinieron estupendamente para sacarnos del cuerpo el frío de la jornada. En el bar nos encontramos con un grupo de peregrinos irlandeses, con los que no me pude resistir a darle a la hebra. Este tipo de encuentros aún hacen que me alegre y que recuerde con cariño los años de Irlanda.

La parada también nos vino muy bien en el aspecto climatológico. Cuando retomamos la etapa la niebla empezaba a deshacerse, y pudimos disfrutar de los primeros rayos de sol del día. Es más, seguimos ascendiendo hasta llegar a la cercana Bruma, donde se encuentra un estupendo albergue de peregrinos del que guardamos un grato recuerdo. Irónicamente cuando llegamos a él disfrutábamos de un estupendo sol que desdecía el nombre del sitio.

Poco después de Bruma alcanzamos la carretera AC-542. Volvíamos a tomar una carretera de una entidad importante y que, de haberla seguido, nos hubiera llevado directamente a Betanzos. Pero optamos por llevar un recorrido más tranquilo. No mucho después llegamos a un punto muy significado del trayecto: la confluencia entre los ramales coruñés y ferrolano del Camino Inglés. Por nuestra parte, en este punto giramos a nuestra derecha, para dirigirnos hacia Betanzos por el trazado del ramal ferrolano. Estábamos, además, muy cerca del punto más alto de la etapa, el cercano Alto de Castromaior.

Llegamos a él por una pista en buen estado, y no tardamos mucho en empezar un descenso bastante acusado, que nos llevó a las cercanías de la autopista AP-9. Desde allí, ya por asfalto, seguimos descendiendo hasta llegar a la cercana Abegondo. Sin embargo, había algo que nos tenía extrañados, desde que emprendimos la bajada desde Castromaior, y es que no reconocíamos el entorno. Hasta entonces, habíamos recordado el trayecto, pero desde que llegamos a la carretera a la altura de la autopista, no reconocíamos nada. Es más, ni siquiera encontrábamos Leiro, la aldea donde habíamos pasado la noche en la antigua escuela, ni el bar Zapatero, ni nada. Luego descubrimos que la señalización del Camino había sido cambiada, para discurrir algo más cerca de Abegondo.

Desde Abegondo reemprendimos el descenso hacia Betanzos. La temperatura era bastante más elevada que a primera hora de la mañana, y tuvimos que deshacernos de la ropa más de invierno, para optar por algo más ligero. No en balde, estábamos cerca de los 20ºC, y a pleno sol. Los últimos coletazos del recién acabado verano.

La carretera continuó descendiendo hasta que cruzamos la autopista. La intuición nos decía que teníamos que seguir descendiendo hasta la misma Betanzos, pero la intuición no tenía en cuenta que estábamos en Galicia. No iba a ser tan sencillo: quedaba un último ascenso hasta Montellos, que tengo que admitir que se me atragantó un poco. Lo cual era normal, llevábamos a esas alturas 45 kilómetros de etapa, la mayor parte del tiempo en subida. Pero una vez superada Montellos, entonces sí, emprendimos el descenso final hasta Betanzos.

Llegamos a nuestro destino, la plaza de la Constitución de Betanzos, a las 13:05h, tras 50 kilómetros de etapa. Disfrutamos de una estupenda mañana de sol, y nos relajamos un rato en uno de los bares de la plaza.

Ese día el alojamiento lo teníamos en una residencia turística en el mismo Betanzos, y justo detrás de la Iglesia de Santiago: Tras do Atrio. Y es que no sólo íbamos a estar nosotros, sino que se nos iban a unir Ana, mi madre, y Ulises, por lo que pensamos en estar en un sitio más cómodo para todos. Algo que los dueños del alojamiento tuvieron en cuenta:

El resto del día lo empleamos en visitar tranquilamente Betanzos. Disfrutamos de las delicias locales como la tortilla de Betanzos, muy poco cuajada, y pimientos de Padrón, entre otros. Dentro de la visita no faltaron lugares señalados de Betanzos como la iglesia de San Francisco de Betanzos:

…con el famoso sepulcro de Fernán Pérez de Andrade:

…o la no menos destacada iglesia de Santa María del Azogue, con su magnífica portada románica:

…como también el convento e iglesia de Santo Domingo:

Sin embargo, a medida que pasaba la tarde, el clima fue empeorando. Empezaron a hacer aparición las tormentas que habíamos venido temiendo desde el inicio de la jornada, y pronto empezó a descargar la lluvia sobre Betanzos. El problema añadido es que la previsión para el día siguente era muy, muy mala. No sólo lluvias, sino también vientos huracanados en la zona de San Andrés de Teixido. Mucho nos temíamos que nuestro recorrido con las alforjas iba a tener que terminar en Betanzos. Aún así, aplazamos la decisión hasta el día siguiente, para ver cómo empezaba el día y si había cambios en las previsiones.

Como balance de esta etapa, habímos tenido una combinación de un terreno rompepiernas con más de 700 metros de desnivel positivo, y las condiciones de humedad típicas de la zona, que hicieron de esta ruta una prueba de resistencia y técnica.

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.