Aquel 8 de junio de 2025 amaneció con esa luz especial que solo tiene el interior de Galicia cuando las puertas del verano comienzan a abrirse de par en par. Me encontraba en Forcarey, con la Giant lista y un compañero de aventuras que no necesitaba pedalear para desbordar energía: mi perro Ulises. La jornada prometía ser una de esas salidas cortas pero intensas, donde el paisaje y la compañía importan mucho más que los kilómetros acumulados en el cuentakilómetros.

Según los datos de la estación meteorológica de Beariz, la jornada presentaba un contraste térmico brutal, con una mínima de 6.7°C que recordaba que la noche aún era fresca, pero con una máxima que alcanzaría los 29.4°C. Al salir a las 09:39 de la mañana, el aire todavía conservaba un punto de frescura agradable, ideal para afrontar los 250 metros de desnivel que nos esperaban en apenas 8 kilómetros de recorrido. Sin una gota de lluvia en el horizonte y con el cielo despejado, puse rumbo a mi primera parada desde las cercanías de la piscina municipal de Forcarey.

El inicio fue de lo más estimulante. Comenzamos bajando con rapidez, dejando atrás el núcleo urbano para sumergirnos en la vegetación que rodea el Puente de Gomail. Es un descenso que permite estirar las piernas y sentir la velocidad antes de que el terreno se ponga serio. Ulises, como siempre, corría a mi lado con una alegría contagiosa, disfrutando de cada olor y cada rincón del camino. Al llegar al puente, la sensación de paz era absoluta, solo rota por el sonido de la Giant rodando sobre el firme.

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Disfrutando de los primeros compases de la ruta con Ulises atento a cada movimiento.

Tras cruzar el puente, la tregua del descenso se acabó. Tocaba remontar hacia Gaxín y decidí hacerlo por campo, evitando el asfalto siempre que fuera posible. Aquí es donde los 250 metros de ganancia de elevación empezaron a hacerse notar. El terreno, algo exigente por la inclinación y el firme irregular, puso a prueba mi tracción, pero la Giant respondió de maravilla. Ulises, por su parte, parecía no notar el esfuerzo, subiendo por las laderas con una facilidad envidiable mientras yo buscaba el desarrollo adecuado para no atrancarme en las rampas más duras.

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Posando con la Giant antes de emprender la subida a Gaxín

Una vez coronamos la zona de Gaxín, el paisaje se abrió ante nosotros. Desde este punto, enlazamos con la carretera para dirigirnos hacia Cachafeiro. Rodar por el asfalto en esta zona permite recuperar un poco el aliento y disfrutar de las vistas de los montes circundantes. El sol empezaba a calentar con fuerza, acercándose a esos 29 grados previstos, lo que hacía que el esfuerzo fuera más físico. No tardamos en llegar al área recreativa de la Freixeira, un lugar idílico donde decidimos hacer una parada técnica. El agua y la sombra eran necesarias tanto para el ciclista como para el can, que ya empieza a estar mayor, y estas salidas le cuestan cada vez más.

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Un merecido descanso en el área recreativa de la Freixeira antes de emprender el regreso.

Tras reponer fuerzas en la Freixeira, emprendimos el camino de vuelta hacia Forcarey. Para variar el recorrido, optamos por pasar por A Casanova, utilizando un camino rural que serpentea entre fincas y cercas de lajas de piedra, tan típicos de esta zona de Pontevedra. Es un tramo precioso que invita a la contemplación, aunque siempre manteniendo la atención en el GPS de Strava para no perder el track previsto. El silencio solo se veía interrumpido por el jadeo rítmico de Ulises y el crujir de las cubiertas sobre la tierra seca.

El tramo final nos llevó hasta A Ponte, desde donde afrontamos la última ascensión hacia Forcarey. Esta subida la realizamos por carretera, un ascenso constante que servía para terminar de quemar las últimas energías de la mañana. Entrar de nuevo en el pueblo, con el objetivo cumplido y viendo a Ulises cansado, pero contento, fue la mejor recompensa. Han sido poco más de 8 kilómetros, pero la intensidad del terreno y la belleza del entorno gallego hacen que cada metro haya valido la pena.

Como conclusión, esta salida por las cercanías de Forcarey demuestra que no hace falta realizar etapas de cien kilómetros para disfrutar de la bicicleta de montaña. La combinación de pistas de campo, caminos rurales y pequeños tramos de enlace por carretera, sumado a la compañía inmejorable de mi perro, convirtió una mañana calurosa de junio en una experiencia fantástica. La Giant se portó como una campeona y los paisajes de Terra de Montes nunca dejan de sorprender.

Datos clave de la etapa:

  • Distancia: 8.01 km
  • Tiempo en movimiento: 1h 6m
  • Ganancia de elevación: 250 m
  • Velocidad media: 7.3 km/h
  • Velocidad máxima: 18.0 km/h
  • Fecha: 8 de junio de 2025
  • Tipo de actividad: Ride

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