El pasado 1 de mayo de 2025, aprovechando la festividad, decidí emprender una pequeña pero intensa aventura sobre dos ruedas en el corazón de Forcarey, Pontevedra. Mi objetivo era claro: remontar el curso del río Chamosa hasta su cabecera, un rincón de la comarca de Tabeirós – Terra de Montes que destaca por su naturaleza virgen y sus paisajes de postal. La ruta, aunque corta en distancia, prometía ser un reto técnico y visual, especialmente porque contaba con la compañía de mi DJI Neo para capturar cada pedalada desde el aire.

La jornada comenzó con una atmósfera típicamente gallega. Según los registros históricos de la AEMET en la estación de Beariz (Ourense), la más cercana a mi punto de partida, el día amaneció fresco con una mínima de 6.1°C, aunque el mercurio llegó a alcanzar unos agradables 21.2°C durante el mediodía. Lo más significativo fueron los 14.4 mm de precipitación registrados; esa humedad residual se sentía en el ambiente y, sobre todo, en el terreno, haciendo que los senderos estuvieran algo más pesados y las aguas del Chamosa bajaran con esa fuerza y limpieza características de la montaña gallega. El aire puro de Forcarey, mezclado con el olor a pino y tierra mojada, era el combustible perfecto para empezar el ascenso.

Inicié la marcha desde Forcarey, adentrándome rápidamente en pistas forestales que serpentean entre plantaciones de pinos, y algún que otro roble y vegetación de ribera. A medida que ganaba altura, el terreno se volvía más exigente. El río Chamosa, afluente del Lérez, era el objetivo. Uno de los momentos más emocionantes de la ruta fue el vadeo del río. El agua, transparente y gélida como advertía la descripción de la zona, cubría lo suficiente para aportar ese toque de adrenalina necesario en cualquier salida de MTB. Crucé con cuidado, sintiendo la corriente, y continué el ascenso hacia la cabecera del río, donde la biodiversidad de la zona se muestra en todo su esplendor.

Mi intención principal era enlazar el sendero con uno de los antiguos molinos que salpican el cauce del río, vestigios de un pasado agrícola que hoy se esconden entre la maleza. Sin embargo, la naturaleza en Galicia es indomable. A pesar de estar a escasos metros de la pista que conducía al molino, me encontré con un muro infranqueable de tojos. Los tojos, cerrados y afilados, me impidieron el paso, recordándome que en la montaña manda el entorno. Ante la imposibilidad de avanzar sin dañar el equipo o a mí mismo, decidí que era el momento de dar media vuelta, no sin antes disfrutar de las espectaculares vistas que el DJI Neo captaba desde las alturas, revelando un mar de verde infinito.

El regreso fue una experiencia totalmente distinta. Desandé mis pasos, enfrentándome de nuevo al vadeo del Chamosa, pero esta vez con la satisfacción de haber explorado un rincón poco explotado turísticamente. Tras dejar atrás los senderos técnicos, la ruta finalizó con un descenso vertiginoso por carretera hacia casa, donde pude soltar frenos y disfrutar de la velocidad máxima de 44.3 km/h que registró mi GPS. Forcarey nunca deja de sorprenderme: es el lugar ideal para quienes buscamos tranquilidad, paisajes auténticos y esa magia especial que solo los ríos de montaña en Galicia poseen.

Datos clave de la etapa:

  • Distancia: 7.87 km
  • Tiempo en movimiento: 0h 48m
  • Ganancia de elevación: 240 m
  • Velocidad media: 9.8 km/h
  • Velocidad máxima: 44.3 km/h
  • Fecha: 1 de mayo de 2025
  • Tipo de actividad: Ride

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