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09 oct 12 Camino Portugués 2006. Etapa 1: Ponte de Lima – São Pedro de Rubiães

Esta entrada es la parte 3 de 3 de la serie Camino de Santiago 2006

Como decía, salimos de Ponte de Lima al filo de las 12:30h, con el sol en todo lo alto, dispuestos a realizar la primera de nuestras etapas hasta Santiago. Habíamos preparado para ese día, en previsión de esa contingencia, realizar la etapa más corta, de tan sólo 16 kms. hasta San Roque, y buscar algún hostal donde pasar la noche en la zona.

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Dejamos atrás el puente romano y giramos a la derecha, tras pasar la iglesia de San Antonio, buen ejemplo de arquitectura religiosa portuguesa, con curioso estilo en sus campanarios que no dejaríamos de obsevar en todas las iglesias con las que nos fuimos cruzando en el periplo portugués de nuestro viaje. Nos incorporamos a una carretera que corría paralela al río Limia, para, posteriormente, seguir el camino de las indicaciones de la Quinta de Arquimio. Avanzamos entre finchas -quintas- para llegar a Arcocelo por el camino de Tojeira, una más que probable vía romana.

Pasado Arcocelo continuamos por una zona de fincas, subeindo y bajando entre ellas, hasta llegar al puente de Geira sobre el río Labruja, que cruzamos para pasar a su margen izquierda. El camino seguía prácticamente plano, pero el calor empezaba a hacer mella en nosotros. Seguimos en dirección norte, siempre en paralelo al río Labruja, hasta llegar a la autopista, que salvamos por un paso subterráneo. Seguíamos avanzando en dirección a los montes de los que descendía el río Labruja. Pasamos Paredes y volvimos a cruzar, algún tiempo después, el río Labruja, ya de manera definitiva, por el puente do Arco.

Pasaban ya de las dos de la tarde -al menos, para nosotros- y estábamos deseando encontrar algún sitio para parar a comer. Sin embargo, en todo nuestro trayecto desde Ponte de Lima no habíamos encontrado sitio alguno con restaurante donde parar. Finalmente no nos quedó más remedio que parar en Codeçal, donde se encuentra la Capilla de Nuestra Señora de las Nieves. El sitio no disponía más que de una pequeña tienda, mezcla de colmado, estanco y estafeta de correos, donde compramos el queso más insípido del mundo, y el peor jamón -entiendo que lo llamen presunto- que he comido en mi vida, para hacer unos bocatas y tener algo para comer. El sitio parecía sacado directamente de una película de posguerra -mesas con tablero de formica, sillas venerables…- y un aire aburrido que incluso llegó a reflejarse en la única foto que sacamos del lugar. Tan sólo desentonaba el típico sonido de conversación del Messenger que de cuando en cuando se dejaba oír.

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La capilla de Nuestra Señora de las Nieves tampoco ofrecía mucho interés a la vista, salvo un bonito aunque sobrio cruceiro a la entrada, y una imágenes de la Virgen de las Nieves y de San Roque. A Ana se le ocurrió pedir algo de nieve, para que aliviara el calor que nos machacaba, pero huelgo decir que sus oraciones no fueron atendidas.

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Una vez matada el hambre de mala manera, continuamos nuestro caminar. Fue dejar atrás Codeçal y empezar a advertir que el camino se empinaba. Apenas llevábamos 9 kms. de etapa, y aún teníamos lo peor por delante: la subida del Alto da Portela, de 400 m. de altitud. El calor seguía apretando. Seguimos pasando por una zona de fincas vinícolas. En Espinheiro dejamos atrás la vía romana, tomando un camino medieval en dirección a Labruja y Vinhó. La subida se iba haciendo cada vez más dura, y el calor de las cuatro de la tarde caía sobre nosotros como plomo fundido. Y así llegamos, para nuestro alivio, a la Fuente das Tres Bicas, donde no pudimos menos que hacer una parada para refrescarnos.

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Pasamos la fuente y pronto llegamos a Bandeira, la última población por la que habríamos de pasar hasta prácticamente el final de etapa. Iniciamos así nuestra ascensión del monte Portela. Allí nos encontramos con una pareja de senderistas españoles, a los que dimos un poco de conversación. La subida, que alternaba el sendero en el que se había convertido el camino medieval (Caminho Real) y pistas forestales, y se nos hizo durísimo.

A mitad de la subida llegamos a un monumento singular del Camino en Portugal: la Cruz de los Franceses. Por la descripción que de ella se hacía en las guías que habíamos consultado, así como por ese calificativo de “singular”, esperábamos algo espectacular o grandioso. Y esto fue lo que encontramos:

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Una simple cruz de granito, tirando a pequeña, como las que cualquier cordobés de pro observa camino de las Ermitas. Y con el cuerpo superior simplemente depositado sobre el brazo vertical de la cruz, sin unir con argamasa ni nada. Daban ganas de desmontarla, del cabreo. Pasábamos ya de las 17:00h, y ni siquiera habíamos alcanzado aún la cima del monte.

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Pero el camino seguía subiendo, entre pinos, camino del Alto da Portela. Seguimos ascendiendo, hasta alcanzar el puesto del guarda forestal. Ya habíamos recorrido 14 de los 16 kilómetros que teníamos previsto hacer. Y lo que teníamos por delante era bajada. Iniciamos un descenso en dirección a Cabanas. Allí pudimos ver algunos molinos de agua antiguos, a los que no pudimos menos que echar alguna que otra fotografía.

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Llegábamos al final de etapa y eso nos daba alas. Además, esa vertiente de la montaña era más fresca que la vertiente sur, y el haber pasado las horas de peor calor del día también ayudaba. Llegamos hasta Agualonga, donde cruzamos el río sobre un viejo puente, dejando en alto la capilla de San Paio. Allí nos reencontramos con la vieja calzada romana, que habíamos abandonado antes de Labruja. El camino, al estar poco transitado, estaba cubierto de maleza, pero que no nos impidió alcanzar, poco después, la carretera a la altura de San Roque. Era allí donde teníamos previsto hacer noche, pero tuvimos conocimiento de que en la cercana São Pedro de Rubiães, a apenas 1 km. de distancia, se había abierto recientemente (20 de mayo de 2006) un nuevo albergue, muy cerca de la iglesia.

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Antes de llegar al albergue pasamos por la iglesia de São Pedro de Rubiães. Era de un románico muy avanzado, del siglo XIII según indicaba nuestra guía, y era una auténtica preciosidad. Pero lo que de verdad me llamó la atención fue el miliario de Caracalla que allí se encontraba. No sólo por el miliario en sí, sino porque éste había sido reutilizado posteriormente como tumba, por lo que en su parte posterior se encontraba tallado un nicho.

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Poco después llegamos al albergue. No pudimos menos que calificarlo como excelente. Allí se encontraba un pequeño grupo de peregrinos que habían completado la etapa con anterioridad a nosotros, entre los que había algunos españoles. Tras un poco de palique, nos dedicamos a lavar la ropa del día y dejar preparada la del día siguiente. La etapa había sido dura, pese a ser corta, y la del día siguiente, más sencilla sobre el papel, al ser la mayor parte en descenso hasta Tuy, iba a ser, por contra, la segunda más larga del viaje.

  • Trayecto previsto: Ponte de Lima – San Roque (16 kms.)
  • Trayecto realizado: Ponte de Lima – São Pedro de Rubiães (17 kms.)
  • Distancia acumulada: 17 kms.
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